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Walter White, El diablo en silencio

Por Benjamín Obiang

Una esposa aterrada y confundida y temerosa mantiene una tensa conversación con su marido; a quien no reconoce por sus actividades delictivas. Una de las causas de su continuo terror es el peligro que puede correr su marido; a lo que éste contesta: “No estoy en peligro, yo soy el peligro. Si llaman a la puerta de un hombre y le disparan, ¿Piensas que ese seré yo? No, yo soy el que llama”. La mujer sale más aterrada de lo que estaba.

¿Cómo puede llegar un hombre a decir eso a su mujer? Eso no es nada si sabes su historia.

Ese hombre de gafas, peinado y con vestimenta clásica, una mujer, un hijo y otro por venir. Un trabajador como cualquier otro. ¿Qué hay dentro de esa mente? Quizá lo que se ve es sólo una muestra equivocada de la realidad. A lo mejor su profesión es el fracaso frente a unos conocimientos desaprovechados, a lo mejor ese día en el que él y su mujer iban a comprar esa casa de la piscina iba a ser el nido de lo que pudo ser y no fue. Lo que está claro es que Walter White no es dueño de su vida.

Quizá el punto de inflexión en su vida fue el anuncio de un nuevo “amigo”, el cual le dijo: “Si tu vida ya es irrelevante fíjate ahora”. Ese amigo, llamado “cáncer de pulmón”, iba a ser –en cierto sentido- un cambio de sentido en esa trayectoria descendiente. La parte racional y patriarcal de Walter White tenía que proteger a su familia, por eso inició un arriesgado plan junto a un antiguo alumno para ganar dinero rápido. Sin embargo, la parte diabólica (aún latente), despertó poco a poco creando un verdadero monstruo.

Tú conoces el negocio, yo conozco la química”, una sustancia azul, la más pura. ¿El Frank Lucas de Nuevo México? Lo que es cierto es que cuando comienzas un negocio como el de la droga y creas un género tan bueno llamas la atención de ciertos personajes. Sin embargo, en una conversación con un socio, éste le dice: “¿Por qué hace esto?”, Walter contesta: “Me siento vivo”. Eso lo dice todo.

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Todo lo demás es vender, ganar dinero y enfrentarse a personas muy raras. Empiezas a presenciar actos ultraviolentos y ver armas homicidas. Y cuando haces lo que haces tienes que guardar secretos y mantienes una doble vida, lo que deteriora la vida familiar. No sólo no abandona el negocio, sino que decide continuar y ganar más y más.

Walter White no sólo se convierte en el mejor “cocinero” de una droga, la metanfetamina, sino que se convierte en un personaje calculador y maquiavélico. El fue capaz de dejar morir a la novia de su socio, quien le había chantajeado y todo eso.

Lo mejor de todo esto es que su mejor comprador; quien después le ofreció ser su cocedor en el negocio; parecía el malo de toda la película. Un Batman tiene su Robin, Walter White encontró a Gus Frings. Dos personas sencillas, nada ostentosas, respetables aparentemente; pero capaces de pasarte un cúter por el cuello sin decir una palabra y sin cambiar el rostro.

Para Walter White, ganar la batalla; ya no era supervivencia. Después de ocurrir muchísimas cosas y encenderse la llama del versus Walter White y Gus Frings; el primero llama a su mujer y le dice: “He ganado”. Para esa victoria tuvo que idear planes y desarrollar el arte de la manipulación. Ese hombre de familia había desaparecido; no sólo su mujer no le reconocía; su propio socio era consciente de su cambio y le temía más que a nada.

Walter White ya no tenía dos partes, Walter White sólo tenía una; era más que un gánster. Después de acumular kilos y kilos de dinero, reflexiona y decide abandonar su vida criminal, ¿pero puede Bruce Wayne abandonar Batman? Yo lo dudo.

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