Image Image Image Image Image Image Image Image Image

The Wire, el hilo sin fin

Por Telmo Graña

Alfred Hitchcock definió una vez el cine como “un trozo de vida al que se le han extraído los momentos aburridos”. Lo que tal vez sea una definición simplista encaja en The Wire de forma inmejorable, porque esta serie de la HBO no conoce el aburrimiento y al mismo tiempo es, en verdad, LA VIDA MISMA.

Un cable es un objeto de sección tan reducida que para poder observarlo con precisión uno debe acercar la vista mucho a él, si quiere distinguir los múltiples hilos metálicos entrelazados que lo componen. Sin embargo, de este modo sólo está viendo una porción del cable. Para poder aprehenderlo en su totalidad, el observador debe mantener la vista a esa corta distancia (o perderá información) y recorrer toda su longitud centímetro a centímetro hasta llegar al final (si lo hubiera), y en el caso de que se ramificara hacer lo propio con las derivaciones, etc.

Básicamente, eso es The Wire. Un recorrido paciente e incisivo a través del filamento que une las vidas humanas de un ámbito de convivencia, que es Baltimore. Es un drama porque no es un documental y porque lo que narra es dramático, pero no verás en ella ninguna hipérbole, truco o fantasía que el cine aporta a la vida para convertirla en ficción. Todo es tan real como lo que sucede al otro lado de las paredes de tu habitación. Yonkis, camellos, asesinos, policías, abogados, políticos, obreros, periodistas libran su dura batalla individual. No encontrarás aquí un héroe global que resuelva el problema unidimensional del “cine”. El efecto mariposa del capricho (o decisión) de uno llevará a la ruina (o éxito) de otro, a su debido tiempo.

thewire2

Actores profesionales se unen a gente reclutada directamente de la calle para formar un elenco increíblemente uniforme, sin estrellas, y donde el carisma no es forzado por el guionista, un enemigo acérrimo del cliché y de cualquier forma de sentimentalismo. Escenas de humor y tragedia se suceden unas detrás de otras sin ningún cambio en el respirar de la serie, caen como hojas que se van acumulando poco a poco para formar algo más grande de lo que únicamente el espectador será consciente en el último capítulo de cada etapa. Este capítulo no sería distinto al resto, de no ser por su carácter evocador y unitario, que invita a reflexionar sobre lo que se ha visto las últimas doce o trece horas. Cada episodio alimenta al siguiente y cada temporada hace lo propio con la consecutiva, formando una catedral de una solidez y coherencia nunca vistas en una serie de televisión.

Por todo esto el poder de The Wire va más allá del entretenimiento y del placer, para convertirse en un verdadero peldaño de experiencia, como lo hacen verdaderas obras de arte. Una ventana que permite a cada espectador arrojar luz sobre la complejidad de la vida, mirar más allá y aplicar el paisaje a su propio camino.

Que siga el juego…

It's only fair to share...Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on LinkedIn0Email this to someone

Escribe un comentario