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The Leftovers (1ª temporada). Imperfecta y devastadora disección del duelo

Por Toni Ruiz

Quien mucho abarca, poco aprieta” es un refrán que bien podría aplicarse a The Leftovers, una de las últimas propuestas de la HBO que expone la traumática situación que debe arrostrar nuestra especie cuando el dos por ciento de la población mundial desaparece de un plumazo sin explicación alguna.

Y es que esta serie peca en ocasiones de exceso de ambición, queriendo mostrar, sugerir y explorar demasiados temas y de demasiadas maneras. No hay nada malo en que no se sigan las pautas narrativas convencionales, y esto de hecho puede resultar incluso estimulante, pero en The Leftovers la impresión es que sus creadores no siempre tienen claro adónde quieren ir ni cómo cerrar las múltiples posibilidades argumentales, conceptuales y estilísticas que abren. Esta incapacidad (o deseo deliberado, he aquí la cuestión) de ofrecer un sentido de coherencia lastra en cierta medida la primera mitad de la temporada, que a menudo parece avanzar sin rumbo fijo. Pero entonces llega esa obra maestra que es el episodio 6 y la serie, además de seguir siendo enigmática y evocadora, realza su componente humano y levanta el vuelo en otros aspectos fundamentales. Muchas piezas que hasta ese momento se antojaban inconexas comienzan a encajar episodio tras episodio para conformar un engranaje lleno de significados que roza la perfección y que hace que se nos escape más de un “¡ostras!” ante los continuos giros y hallazgos que nos depara. Si el primer segmento es confuso y atractivo a partes iguales, el segundo desorienta como se debe desorientar y cautiva de modo hipnótico.

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Por medio de puñetazos emocionales que nos dejan K.O., esta obra inclasificable se adentra en la desolación, la autocompasión, el autodesprecio, el standby emocional  y las ansias de redención que experimentan los supervivientes en una sociedad que no tiene más remedio que seguir adelante pero que no tiene tampoco más remedio que hacerlo rota de dolor… Y cuando creemos que estamos K.O., entonces The Leftovers nos deja K.O. de verdad propinándonos un último y contundente puñetazo.

Así, lo que en principio podría parecer el misterio central (la súbita e incomprensible desaparición de ese exiguo pero significativo porcentaje) se convierte en realidad en un pretexto para abordar diversos temas que van adquiriendo cada vez más calado conforme avanza la serie y que acaban cortando nuestra respiración más veces de las que uno puede soportar.

A todo ello contribuye, por supuesto, un reparto en casi permanente estado de gracia en el que sobresalen Justin Theroux (sí, el macizorro novio de Jennifer Aniston), Ann Dowd (¡cómo estaba esta señora en Compliance!) y Carrie Coon, auténtico descubrimiento de esta serie que, tras lucirse en teatro pero apenas prodigarse en cine y televisión, realiza aquí un papelón por el que debería ganar todos los premios del mundo. No me extraña que David Fincher se haya fijado en ella para su thriller de próximo estreno Gone Girl (Perdida). Coon es la protagonista absoluta de ese excelso episodio 6 (Guest) que marca un punto de inflexión en esta temporada y que está dirigido con exquisita delicadeza por Carl Franklin. El tipo, por si no les suena, ya había estado tras la cámara en varios episodios de Roma, House of Cards, Homeland y en esa pequeña joya de película que es Un paso en falso (One False Move, 1992).

Entiendo el cierto grado de división que The Leftovers ha causado entre la crítica americana. Sus primeros episodios tienen mucho de caótico (como lo tiene el nuevo mundo tras semejante catástrofe humana, por otra parte) y en realidad la serie nunca deja de serlo del todo. Su narrativa difusa y zigzagueante, impresionista, surrealista, desconcierta y exige paciencia al espectador. Es además ligeramente pretenciosa y de cuando en cuando a sus responsables el asunto se les va de las manos y se cuelan queriendo hacerla parecer demasiado intensa, críptica y “artística”, hasta llegar a hacernos dudar si no se trata todo de una colosal tomadura de pelo. Bordea a veces lo ridículo o incluso cae directamente en él (ese abuso de la música celestial en escenas ralentizadas, esos cansinos cigarros de los “Guilty Remnants” como símbolo igualmente cansino) para recuperarse luego de modo inapelable. A algunos puede frustrar asimismo que la volatilización de tantas personas permanezca como un misterio sin resolver, y sin visos de ser resuelto. No busca tampoco la lágrima, sino que conmociona más que emociona. Asume demasiados retos y no siempre emerge triunfante de ellos. Y plantea muchos interrogantes que no siempre encuentran respuesta. También, como dije antes, parece que a veces la serie no sabe bien hacia dónde se dirige, pero a cambio el trayecto suele ser fascinante.

Estamos, en suma, ante una obra tan brillante como desigual, pero su impacto es de veras demoledor, y el mundo enfermo de desesperanza que retrata, su marasmo sentimental, su opresora atmósfera de pesadilla y ese estrés postraumático a escala global resultan descorazonadores. No es una serie fácil ni para todos los paladares, ni lo pretende. Algunos la desecharán de inmediato. Otros, como un servidor, esperamos impacientes la segunda temporada. Gracias una vez más, HBO.

P.S.: la banda sonora de Max Richter, para enmarcar.

Calificación: 9/10.

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Comentarios

  1. Carmen Steelman

    Impresionante crítica, Toni Ruiz, como de costumbre. Nunca hasta ahora he comentado ninguna de ellas pero lo haré hoy porque todas me parecen de categoría. Tu análisis de The Leftovers, de la que también soy fan, es simplemente magnífico. A mí también me costó pillarle el punto pero una vez que se lo pillé he estado totalmente enganchada. Y ese episodio 6 me ganó también a mí definitivamente. ENHORABUENA.

    P.s. Max Richter es uno de los mejores compositores en la actualidad. :)

  2. Toni Ruiz

    Mil gracias de nuevo por tus palabras, no sé si del todo merecidas. Es un placer intercambiar impresiones con otra fan de esta impactante serie. Me alegra que para ti el episodio 6 también fuera una pasada… y reconozco que no conocía a Más Richter hasta ahora, pero con la BSO de ‘The Leftovers’ me ha conquistado :)
    Que la espera de la segunda temporada se nos haga leve. ¡Muchos saludos!

  3. Una crítica muy aguda. La verdad que lo que más me ha gustado es que está escrita de forma dinámica y no se hace pesada a la lectura, quizás la saturación de adjetivos en algunas partes confunde pero enlazas bien de cara al desenlace.
    No he visto la serie y algo que agradezco al leer la crítica es que no me ha destripado ni “spoileado” nada, es decir, puedo ver la serie sin temer ni esperar algo que sé que va a ocurrir, cosa que agradezco muchísimo. Es una delicia poder leer críticas argumentadas y perderte en las reflexiones sin que éstas manchen tu visión del proyecto. Max Ritcher es una brutalidad de compositor, es verdad.

    Felicidades por este post.

    M.R

  4. Toni Ruiz

    Gracias por tus palabras, Mike. Un verdadero gustazo leer la opinión de otros amantes de esta serie.

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