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Oportunidad desaprovechada

Por Enrique Fernández Lópiz

La forja de un rebelde es una serie para TV de seis capítulos donde se cuenta la historia del socialista y republicano Antonio Barea, a la sazón uno de tantos vencidos en la contienda civil española (1936-39). Barea, hijo de una mujer modesta, estuvo 18 años en el exilio, en el Reino Unido, sin poder regresar a España. Falleció en Inglaterra el 24 de diciembre de 1957. Sus cenizas fueron esparcidas en el jardín de su casa, en una aldea a las afueras de Faringdon, en la finca del aristócrata Lord Faringdon, quien apoyó activamente la causa de la República española y en 1936 trabajó en un hospital de campaña en el frente de Aragón. Esta serie es un homenaje a las víctimas de la dictadura franquista.

La serie está basada en la novela autobiográfica que escribió el propio Antonio Barea: La forja de un rebelde. Aunque escribió artículos, cuentos y otra novela tardía, La raíz rota, la obra cumbre de Barea son las tres novelas autobiográficas escritas en Inglaterra entre 1940 y 1945. Se publicaron juntas traducidas del inglés, pues los originales en español se perdieron. Así, fue el conjunto el que se tituló La forja de un rebelde. La primera, La forja (The Forge), cuenta la niñez y adolescencia de un muchacho madrileño cuya madre era una humilde lavandera en el río Manzanares; en ese entonces Barea intentaba ganarse la vida en un Banco. La segunda, La ruta (The Track), habla de su experiencia militar en Marruecos, cuando se luchaba contra los independentistas rifeños; relata el denominado Desastre de Annual, batalla en la que España sufrió grandes pérdidas a manos del líder Abd el-Krim, e incluso cuenta cómo conoció a Francisco Franco, entonces comandante, y también a Millán Astray, fundador de la legión española. La tercera, La llama (The Clash), es la experiencia de la Guerra Civil. Barea dijo que la novela (la trilogía podríamos decir), retrata más lo colectivo que lo individual. Gabriel García Márquez llegó a decir que esta novela fue uno de «los diez mejores libros escritos en España después de la Guerra Civil».

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Barea tiene un estilo literario lleno de una fuerza y vigor, que pone negro sobre blanco la verdad, su verdad, de lo que vivió. Entre las novelas del exilio es, junto con las nueve novelas cortas que constituyen Crónica del alba de Ramón J. Sender, y la secuencia de seis novelas, El laberinto mágico, de Max Aub, lo mejor de esa época histórica de nuestra Historia. Argumento y lenguaje son las características principales de la obra, utilizando el lenguaje cotidiano e incluso el lenguaje regional.

Pues bien, la adaptación de la novela para TV la hace Juan Antonio Porto Mario, y Camus dirigió la serie donde participaron actores como Antonio Valero (Arturo Barea), Lydia Bosch (Aurelia), Emilio Gutiérrez Caba (Pla) y Carlos Hipólito (Antonio). La música la compuso Lluis Llach. La dirección de fotografía fue de Fernando Arribas y Javier Aguirresarobe. Los efectos especiales fueron dirigidos por Reyes Abades, y Javier Tusell fue el asesor histórico. Todo de lujo, podría decirse. Pero a veces, la calidad de las partes no garantiza la calidad del conjunto, de la unidad; es éste un principio conocido desde el principios del pasado siglo con la importante escuela psicológico-perceptiva de Gestalt que afirma que el todo es primero que las partes. Esto es lo que yo opino de esta serie, sobre todo, que sus buenas partes no concluyeron con buen “todo”.

Con un presupuesto de 14 millones de euros, fue la serie más cara rodada por la TVE de aquellos entonces. Se destacó el meticuloso trabajo de recreación histórica, que incluyó una reconstrucción de un segmento de la Gran Vía madrileña como era en los años treinta, y el rodaje de escenas en el norte de África. Participaron 20.000 extras (que se dice pronto). Finalmente se estrenaría el 30 de marzo de 1990.

Lamentablemente, la calidad literaria y de experiencia de Barea no tiene un buen desarrollo ni plasmación en esta serie. Se trata de una serie atonal, pesadita, oscura y con el tema de siempre, incluida la guerra de España en Marruecos, amén de la Guerra Civil española.

Dirección profesional de Camus, guión más o menos de Arturo Barea, Mario Camus y Juan Antonio Porto, e interpretaciones tampoco muy brillantes. La música, bueno, la fotografía oscura por demás y la puesta en escena, quizá lo mejor.

A mí, francamente, me aburren estas series con más de lo mismo, maniqueas y sesgadas. Creo que Camus desaprovechó en este lance la oportunidad de haber hecho algo diferente, más acorde con la calidad del relato de Barea.

Esta es mi opinión. Lo que ocurre es que cuando se habla de películas que tocan de lleno nuestra Guerra Civil, el exilio de los que perdieron y la dictadura, los comentarios se tornan muy sesgados políticamente. No es mi caso, lo que quiero decir es que a mí esta serie me dio la impresión de que sus productores, director, etc., pensaron que por tener el libro de Barea como ingrediente principal y tocar el sensible tema de la guerra civil, etc., pensaron que ya tenían ganado un puesto de calidad cinematográfica. Y no es así. Calidad es calidad, y no tiene que ver con la temática. Por ejemplo, Por quién doblan las campanas, película que ya comenté aquí, basada en una obra de otro contendiente en nuestra guerra, Hemingway, grandes actores (Cooper y la Bergman), la guerra civil, buen director, Wood, y sin embargo el resultado fue nefasto filmográficamente hablando. Pues eso.

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Comentarios

  1. Yo he tenido la oportunidad de ver algun fragmento y fotografías de cómo se rodó la serie y el trabajo fue impresionante. Decorados gigantescos en lo que hoy es la Ciudad de la Imagen, un trabajo con maquetas (tanto de vidrio o madera) perfecto, miles de extras, buen vestuario etc…

    La serie no la he visto aunque si que he leído varios comentarios parecidos al tuyo, a veces un proyecto tan grande se come a sí mismo si no cuida todo, narrar una obra así siempre es un reto muy grande. Pero como digo el trabajo artístico es uno de los mayores que se han realizado en España tanto en cantidad como en calidad.

  2. Enrique Fdez. Lópiz

    Gracias por tus observaciones…

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