Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Melrose Place Vs. Sensación de vivir

Por Toni Ruiz

Locos frente a mojigatos. Análisis comparativo de dos series legendarias (para bien o para mal…)

Empecé a ver Sensación de Vivir a mediados de los 90 en la “cadena amiga”, durante las calurosas siestas veraniegas de mis primeros años de adolescencia. Desde un principio, las vivencias de estos niñatos de Beverly Hills (código postal: 90210) y el cursi tratamiento de los típicos temas de alcohol, drogas, primeros amores, despertar sexual, bulimia, sida, homosexualidad, conflictos generacionales con papá y mamá, etc. me resultaron tremendamente soporíferos. Incapaz de entender el apabullante éxito (se emitieron nada menos que diez temporadas) de una serie tan tediosa, luché con denuedo por conseguir que me gustara, pero no había por donde cogerla. Cuando mis esperanzas de divertirme en las lentas horas de la sobremesa estaban a punto de esfumarse, decidí darle una oportunidad a una serie que creía similar a la primera (¡error!) y que emitían a continuación de esta: la inefable Melrose Place.

Concebida como una suerte de spin-off de Sensación de vivir (el personaje de Jake sirvió de nexo entre ambas), Melrose Place no estaba centrada en las vicisitudes de adolescentes sino en las de veinteañeros y treintañeros que se enfrentaban a las responsabilidades y dificultades propias de la vida adulta. Aunque inicialmente se me antojó tan insufrible como la serie que la precedía, todo cambió radicalmente con la llegada de Amanda Woodward, jefa de Alison Parker en D&D (¡mítica agencia publicitaria!) y propietaria del complejo de apartamentos donde vivían la mayoría de los personajes. Su presencia dio un gran impulso a una serie que pasó de encontrarse al borde de la cancelación a prolongarse durante siete temporadas.

 En todas ellas Heather Locklear (la actriz que daba vida a Amanda Woodward) apareció siempre en calidad de Special Guest Star como colofón de los títulos de crédito iniciales, clara muestra de un estatus refrendado además con cuatro nominaciones a los Globos de Oro (no es broma), algo más llamativo aún si tenemos en cuenta que Heather había ganado un Razzie en 1989 por El regreso de la cosa del pantano. En 2010 la revista Entertainment Weekly la incluyó en su lista de los 100 mejores personajes de cine y televisión de las dos últimas décadas. Y es que el personaje de Amanda era grandioso. Inteligente, atractiva y bastante cabrona, sus principales aficiones eran hacerle la vida imposible al personal y tirarse a todo lo que se meneara. Lo mejor de todo es que creó escuela, de manera que muy pronto el resto de personajes siguió la senda marcada por ella y las tramas fueron llenándose de infidelidades, traiciones, secuestros de bebés y adultos, abusos sexuales, bombas, mentes trastornadas, asesinatos y muertes accidentales. Todo un emocionante carrusel de despropósitos que hizo que esta serie rebasara el límite de lo ridículo para sublimarse y convertirse en una joya. Si Sensación de vivir era mala a secas, Melrose Place era tan mala y poseía tal nivel de desvarío que era imposible apartar la vista de ella.

Por nombrar un caso significativo, uno de los mayores dramas de Sensación de vivir fue el momento en que a Brenda le dio por fumar y los miembros de la súper pandilla (¡nazis!) la repudiaron. Muy fuerte. Si comparamos este “trágico” episodio con la veintena de muertes que acontecieron en Melrose Place, habrá que convenir que las ñoñas tribulaciones de los habitantes de Beverly Hills se quedaban en meras anécdotas al lado de las de Amanda y sus amiguitos.

melrose2

El puterío (palabra recogida por la RAE) reinante en Melrose se convirtió sin duda una de las señas de identidad de la serie, ejemplo paradigmático de lo que en matemáticas se denominan combinaciones y permutaciones: todos se acostaban con todos, lo cual, una vez completadas varias rondas, obligaba a la inclusión periódica de nuevos personajes que aportaran carne fresca y, por tanto, más posibilidades de apareamiento. Y mientras, en Sensación de Vivir, la pobre Donna (Tori Spelling, hija de uno de los creadores de la serie, quien no querría que su retoño se mostrara en televisión como el pendón que realmente era) se pasó varias temporadas siendo virgen…

Junto al puterío, Melrose Place también se caracterizó por unas antológicas cotas de “bajunerío” (esta palabra ya en cambio no la recoge la RAE) que quedaban patentes en sus conversaciones ricas en palabras soeces e improperios de todo tipo, con frases que permanecerán para siempre grabadas en mi memoria, como el «Sé que lo tienes tú, zorra» que Jo (Daphne Zuñiga) espetó a la loca de Kimberly (con cierta razón, pues le había birlado a su hijo recién nacido) o este edificante diálogo entre dos de los personajes más chabacanos de todo el elenco:

Amanda: «Eres un gusano y un cabrón.»
Michael: «Debes cuidar tu vocabulario, Amanda. Si no te conociera, diría que eres una puta.»
De cinco sustantivos, tres insultos, más o menos en la media de la serie.

Otro punto débil (es decir, fuerte) de este fenómeno televisivo eran sus agujeros argumentales, algunos de dimensiones próximas a las del Cañón del Colorado. Como muestra, un episodio en que la hermana de Alison se metió en la cama de Billy (en aquel entonces novio de Alison) para que Alison creyera que su prometido le era infiel. ¿Alguien adivina qué continuación tuvo este conflicto en el siguiente capítulo? Ninguna. Los guionistas debieron de olvidarse, algo por otra parte lógico dadas las delirantes correrías que tenían que estructurar constantemente.

La jugarreta de la hermana de Alison no fue de todos modos un hecho aislado, pues Melrose Place nunca dejaba de sorprendernos con las confabulaciones urdidas por sus personajes, que se aburrían de lo lindo si no conspiraban contra un semejante. Aunque en este aspecto sería harto difícil señalar a algún protagonista por encima del resto, yo me quedaría (además de con Amanda, of course) con Kimberly (Marcia Cross, Bree Van de Kamp en Mujeres desesperadas) y Sydney (Laura Leighton), que jamás nos decepcionaron y aprovechaban la mínima oportunidad para deleitarnos con sus maquinaciones e idas de olla. Valga como ilustración la siguiente historia, en la que participan tanto Kimberly como Sydney: la primera comienza dándose revolcones con Michael  Mancini (Thomas Calabro), pero no sin remordimientos, pues su amante está casado con Jane (Jossie Bisset) y ella no es ninguna guarra. Meses más tarde, con Michael ya divorciado, Kimberly y él sufren un accidente mientras Michael conduce borracho después de haber celebrado una reconciliación, pues el tipo se ha beneficiado a Sydney, hermana de su ex mujer Jane (Lo sé,  todo un poco alambicado) y Kimberly no se lo ha tomado bien. Como resultado del accidente, Kimberly se pasa varios meses en coma y, cuando reaparece, lo hace un pelín desquiciada, con más mala leche que nunca y utilizando una peluca que cubre una horrible cicatriz. A todo esto, a su regreso se encuentra a un Michael parapléjico y ahora casado con Sydney, quien lo ha chantajeado amenazándole con revelar que conducía ebrio la noche del fatídico accidente si no accede a todas sus peticiones. Hasta ahí todo normal.

melroseplace

Michael abandona a Sydney para volver con Kimberly, aunque esta última en realidad une fuerzas con Sydney para vengarse por todo el dolor que Michael ha causado a las dos. La manera: ponerse una peluca rubia (nunca me quedó claro si sobre la peluca que ya lleva o en lugar de la misma) para disfrazarse de Jane (la primera esposa y ahora cuñada de Michael) y de esa guisa atropellar a Michael, que vuelve a sobrevivir, aunque esta vez queda amnésico. A continuación, la policía detiene a Jane pero enseguida es liberada al disponer de coartada, y Kimberly, que está loca pero no es tonta, antes de que la pillen se las ingenia para implicar en solitario a su compinche Sydney (las alianzas eran así de frágiles), que es acusada de intento de asesinato. Mientras todo esto ocurre, Michael recupera la memoria y cae en la cuenta de que fue Kimberly quien intentó mandarlo al otro barrio, pero decide perdonarla. (La verdad sea dicha, los personajes de esta serie podían tener muchos defectos pero no eran rencorosos; sin ir más lejos, la propia Amanda acabó casándose con Peter Burns después de que este hubiera intentado asesinarla)

Finalmente, Michael y Kimberly hacen las paces, esta vez en serio, pero entonces ella descubre que es estéril y, como todos sabemos que las listas de esperas para adoptar a un churumbel son eternas, opta por robar el niño que Jo (embarazada a consecuencia de una violación, por cierto) acaba de tener. De ahí el entendible malestar de Jo y su «Sé que lo tienes tú, zorra» al que aludíamos anteriormente.

Podríamos narrar muchas otras intrigas similares, pero para ello necesitaríamos más espacio, tiempo y ganas. Baste decir que los demás personajes tampoco se quedaban cortos y que siempre ocuparán un lugar especial en la memoria de un servidor, incluso algunos menos proclives a estratagemas de dudosa ética, como Billy Campbell (Andrew Shue) o Jake Hanson (Grant Show).

Durante años, todos despertaron mi lado más friki, de manera que si por casualidad me topaba con un telefilm protagonizado por alguno de ellos, su visión era obligada. Así las cosas, me tragué películas en la que Alison (Courtney Thorne-Smith, que luego triunfó en Ally McBeal) era una pobre chica acosada por un militar, superior de su marido (Conducta inmoral, 1994) o la pirada reina de la belleza con instintos homicidas de un pueblecito americano (Beauty’s Revenge, 1995), en las que Jake se enfrentaba con un par a una glaciación global (Hielo, 1998) o en las que Jo era una presentadora de televisión juzgada por cargarse a un famoso escritor (Grado de culpabilidad, 1995).

No obstante, uno siempre tiene sus preferencias, y, si tuviera que elaborar una lista de favoritos absolutos, esta incluiría a Amanda, el salido de Michael (y destacar en esta serie por salido tenía mérito, créanme), Alison (“la gata Flora”, que si se la metes chilla y si se la sacas llora, siempre jugando al gato y al ratón con Billy), la mandíbula de Alison, los pechos de Alison, la psicopática Kimberly y, prima inter pares, la lianta de Sydney, una incomprendida que en el fondo no era mala chica y a la que uno no podía evitar cogerle cariño. Por algo su intérprete (Laura Leighton) gozó en su día de tremenda popularidad, siendo portada de Rolling Stone, People y Entertainment Weekly, amén de recibir una nominación al Globo de Oro por su papel en la serie en 1995. Además, Sydney fue la única que, ya que le gustaba retozar, le echó bemoles y se dedicó profesionalmente a ello. Es cierto que la primera vez se sintió sucia, pero se dio la ducha purificadora de rigor y se le pasó.

Y frente a personajes de tal “entidad”, los de Sensación de vivir me parecieron siempre vacuos, simplones y gazmoños. No soportaba al coñazo de Dylan (típico rebelde de alma sensible, que años después contaría con una versión patria de la mano de Quimi en Compañeros), ni a la empollona de Andrea (muy sesuda pero a la que le faltó tiempo para quedarse embarazada nada más pisar la universidad), ni a David, ni a Steve, ni a Kelly, ni a la fea y casta Donna, ni a los insufriblemente comprensivos padres de Brandon y Brenda (qué mal gusto al elegir nombres tan parecidos para sus hijos), ni a los propios Brandon y Brenda, y recuerdo que mi mente calenturienta solo se animaba con la fantasía -de improbable cumplimiento, pues esto no era Melrose Place- de que los hermanitos se lo montaran juntos alguna vez. Únicamente la llegada de Valerie (rotunda Tiffani Amber Thiessen), con un perfil que habría encajado perfectamente en Melrose Place, animó un poco el cotarro, pero por desgracia ya era demasiado tarde.

Que no me malinterpreten los fans de Sensación de vivir: me alegro de que esa serie existiera. Nunca se le podrá negar el lugar de honor que ocupó en la televisión de los noventa y su influencia en posteriores subproductos juveniles como la ya mencionada Compañeros o Al salir de clase en España. Empero, atendiendo a cualquier criterio artístico que podamos considerar, jamás le llegó ni le llegará a la suela de los zapatos a Melrose Place, que por sus dislates, poca vergüenza e indisimulados excesos es sin duda una de las series más grandes que ha parido la televisión mundial. Viva para siempre en nuestros corazones.

It's only fair to share...Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on LinkedIn0Email this to someone

Comentarios

  1. Lourdes lueiro

    Hola Toni, me encantó tu crítica, me vi las dos series , y por aquel entonces las dos me encantaban, que le vamos a hacer?? El personaje de Amanda me gustaba aunque era mala de “cojones”, jajaja, y el sensación de vivir pues me encantaba Dylan, rebelde y sexy, a las niñitas es lo que nos iba más que aquel Brandon tan mojigato, eso si, no aguantaba demasiado a Brenda, tampoco Kelly era santo de mi devoción. Desde luego que si me pongo a ver estas series ahora igual me entraría la risa, o tal vez no. De todas formas mi favoritisma por aquel entonces (tal vez algún día me ánimo y la destripo en una crítica) era la divertida Salvados por la campaña, con aquellos Zack y Kelly tan monos. Saludos! Este tipo de críticas me traen nostalgia…jeje

    • Toni Ruiz

      Sí, la verdad es que en aquella época casi todos vimos estas series, y era difícil resistirse a sus “encantos”, jaja. A mí también me ha resultado nostálgico escribir sobre ‘Sensación de vivir’ y ‘Melrose Place’ porque recuerdo cómo me reía de ellas y lo divertidos que eran esos momentos de mi adolescencia.

      Gracias por tu comentario, Lourdes.

  2. Asia

    Ahora ya parece que paro de reirme! que grande!
    siempre me parecieron una bastardada de series, pero es cierto y admito que las tardes de verano en Benidorm las pasaba mucho mas entretenidas mientras la familia se echaba la siesta gracias a Melrose Place sobre todo, super grande, me has recordado escenas que habia borrado de mi mente, si ahora pusieran una serie asi, sin duda actuaria la censura! ¿como nos dejaban ver de crios esto? recuerdo que a mi me echaban del salon las mujeres de mi familia cuando veian en corrillo la mitica telenovela “doña bella” por que era demasiado pequeña….. pero sin duda alguna tanto esto como la pelicula de Dirty Dancing le daban mil vueltas en puterio y retorcimiento.

    un saludo! y de nuevo repito QUE GRANDE!

    • Toni Ruiz

      Muchas gracias por comentar mi artículo, Asia. ;)
      Lo cierto es que ‘Melrose Place’ de tan disparatada que era, era sublime. Y algo debía de tener (o algo funcionaba mal en mi cabeza) cuando recuerdo escenas de la serie con una nitidez increíble.
      Me alegra que te haya divertido mi análisis, porque yo también me lo he pasado pipa haciéndolo.
      ¡Un saludo y gracias de nuevo!

  3. Rafa

    Hola Toni. Opiniones a parte, te has currado esta crítica. Si me permites te voy a decir que ahora es muy fácil hacer una crítica así a aquellas dos series pero, tanto una como la otra, son dos series míticas y pioneras. Completamente inolvidables y fáciles de introducir en cualquier conversación porque algo que decimos o hacemos (oímos o vemos hacer) nos puede recordar a algo de esas series. Los personas eran maravillosos y salvo Hillary Swank que se fue y ganó el Oscar, el resto del reparto siempre han llevado la etiqueta de la serie, ¿Por qué?, porque el éxito fue tan grande que les ha inmortalizado en el personaje. “Sensación de vivir” ha sido la serie de todos los tiempos con personajes más carismáticos, con escenas preciosas y con un guión que ha llegado a emocionar hasta el más escéptico. “Melrose Place” siempre tuvo guiones más intensos porque la trama en sí era más dura por lo general (Te has centrado mucho en las primeras temporadas. Desde la llegada de Valerie Malone, Sensación tuvo muchas cosas de Melrose). En todo caso, ambas son maravillosas y aunque diferentes, similares a la vez. Las dos han mamado de Aaron Spelling. E.Duke Vicent y Darren Star. Así que, por el estilo… A día de hoy sigo viéndolas porque son como el vino! Un abrazo!

  4. Toni Ruiz

    ¡Por supuesto que estas series fueron pioneras en lo suyo! Y el recordarlas me produce nostalgia. Eso no quita que estuvieran muy pasadas de rosca (era parte de su encanto) y que a veces fueran encantadoramente irrisorias.
    En cuanto al personaje de Valerie Malone en ‘Sensación de vivir’, lo menciono en el artículo y señalo que, en efecto, animó cantidad el cotarro de la serie. Pero para mí ‘Melrose Place’ era superior (o inferior, según se mire, ja ja).
    Muchas gracias por leer y comentar mi artículo, Rafa.

  5. Muy buen post, me he reído mucho. Yo el viernes también decidí rememorar la serie con algo de sentido del humor, porque es la única manera XD Aquí os lo dejo por si tenéis curiosidad ;)

    http://seriesanatomy.blogspot.com.es/2014/10/el-seriatrico-melrose-place.html

    Saludos!

    • Toni Ruiz

      Gracias, David.
      Perdona, en su día se me pasó responder a tu comentario y hoy, recordando la serie (la nostalgia de ‘Melrose Place’ pesa mucho jaja) y releyendo mi artículo, me he dado cuenta.
      Como más vale tarde que nunca, decirte que me alegra que te pareciera divertida mi crítica. Es un gustazo saberlo. Y muy bueno el blog que señalabas. Me ha hecho reír mucho también.

      Un saludo y muchas gracias de nuevo.

  6. Adidas

    Sagaz e hilarante crítica de un fenómeno televisivo que aún hoy me cuesta entender ja ja ja ja. No puedo parar de reírme.
    Enhorabuena y enhorabuena. Un placer leerte, Toni Ruiz

Escribe un comentario