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Les Revenants, absorbente y muy francesa fábula de zombis

Por Toni Ruiz

Definitivamente voy a empezar a considerarme “seriófilo” en lugar de “cinéfilo”, pues, dadas las horas bajas que vive el séptimo arte, la mayoría de los placeres como espectador me han llegado en los últimos años en forma de ficciones televisivas.  Con pocas películas he disfrutado tanto como lo he hecho con Homeland, Los Soprano, Juego de tronos, The Walking Dead, Breaking Bad, Black Mirror o Crematorio. Y lo dice alguien que durante mucho tiempo se negó a equiparar la calidad de una serie con la de una obra del celuloide. Rectificar es de sabios.

La última en engancharme ha sido Les Revenants, producción de ocho episodios que se ha convertido en la creación original de Canal+ Francia con mayor audiencia y que ha cosechado excelentes críticas en el país vecino. Y es que cuando los franceses se pasan de existencialistas e intelectuales son para echarles de comer aparte, pero cuando lo hacen bien y le dan el toque justo hay que quitarse el sombrero. Chapeau, que dirían ellos.

La serie se basa en una cinta homónima de 2004 (aunque en español se la llamó La resurrección de los muertos) y su título -algo así como “los que regresan”- hace referencia a varias personas que resucitan y vuelven a su pueblo, en un bellísimo enclave alpino donde intentan adaptarse a su nueva “vida”, años después de haber desaparecido. Paralelamente, un embalse cercano (que da muy mal rollo y que es una presa auténtica, la de Tignes) comienza a perder agua velozmente sin que nadie pueda entender por qué.

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Los dilemas y reajustes que tanto los resucitados como sus seres queridos deben afrontar ante tan inexplicable situación vertebran una obra que –salvo en gozosas excepciones- se aparta de los derroteros gore y la casquería típicos de las historias de zombis, pero no prescinde del aspecto paranormal. Como amante de todo lo bestia y lo slasher, jamás diré que prefiero un enfoque en el que no haya sangre por doquier y, sin salir de tierras galas, el “Nuevo Extremismo Francés” (Sheitan, Haute Tension, A l’interieur, Martyrs) me ha deleitado con imágenes francamente indelebles,  pero sí es cierto que la perspectiva que adopta Les Revenants resulta tremendamente atractiva y abre la puerta a la exploración de nuevas posibilidades que, en la mayor parte de las ocasiones, la serie sabe aprovechar. Asimismo, la combinación del realismo y el elemento sobrenatural supone todo un acierto, pues el que los enigmas planteados transcurran en la esfera de lo cotidiano acentúa el carácter siniestro de este hermoso cuento gótico.

A todo ello contribuye también la minimalista puesta en escena, con sólo algunos momentos visualmente efectistas. Así, en lugar de mediante excesos formales (alternativa totalmente válida, como en American Horror Story), Les Revenants, francesa hasta la médula, opta por una sutil depuración que enfatiza el efecto de misterio, sin que ello vaya en detrimento de una formidable fotografía y una sombría, inquietante y elegante banda sonora a cargo de la banda escocesa Mogwai, factores ambos que ayudan a conformar una atmósfera calmadamente espeluznante.

En línea con la sobriedad estilística de la serie están también la contención en el tempo narrativo y en las interpretaciones. Con respecto a lo primero, se paladea un guión que va desvelando secretos y conexiones sin atropellos, de forma gradual y con un ritmo pausado, que no exasperante. Las interpretaciones de todo el reparto, por otra parte, son consistentemente sólidas -algunas de ellas espléndidas- y de carácter introspectivo, por lo que cuando se dan estallidos emocionales el impacto es mucho más demoledor. Este tipo de actuaciones no implica, por supuesto, que la caracterización de los personajes sea de algún modo simplista o incompleta. Lejos de eso, cada “retornado” muestra una personalidad y conflictos propios e intenta salir adelante a su manera, y no por pertenecer a la misma clase de seres muestran un patrón de conducta común. Apatía, deseo de integración, afán vengativo y muchos más matices tienen cabida en la amplia gama de emociones desplegada por los protagonistas.

Les Revenants, eso sí, no es perfecta. Una de las pegas que se le pueden poner es, por ejemplo, que hay algún fleco que no acaba de cuadrar (¡Atención: spoilers!): asumo que por motivos que aún no conocemos o que no importan demasiado, estos muertos vivientes no puedan dormir o que siempre estén hambrientos, y no pido explicaciones racionales para unos fenómenos que no lo son, pero sí coherencia y lógica internas. Así pues, ¿qué hacía Victor ya en plan zombi el día del accidente del bus, muy anterior a que la ola de resurrecciones se produjera?, o, ¿a qué se deben las reacciones poco comprensibles de algunos personajes, como el revolcón de Léna y Serge? De igual modo, hay líneas argumentales que quedan en el aire, como la cicatriz de Léna, la acusación a su padre de haberle pegado, la implicación de Pierre en el asesinato de Victor, o la vena cabrona del propio Victor. Si estos embarullados asuntos se retoman y esclarecen en la siguiente temporada, tendré que pedir disculpas y callarme, pero no sé por qué me da que no será así… Quizá sea que el temor a que se repitan las idas de olla -en plan “todo vale” de Perdidos-  está nublando mi juicio.

Con todo, la expansión del guión en todas estas ramificaciones obedece claramente a un propósito de tocar más puntos de los que se pueden abarcar. Y, en este sentido, que el mayor defecto de una obra sea un exceso de ambición temática es algo más que perdonable.

El otro defecto que se le puede atribuir a la serie tiene que ver con el desenlace de su primera temporada. Los mejores cierres son aquellos en que se alcanza un punto culminante y adicionalmente se deja una interesante puerta abierta para la continuación en la siguiente entrega.  En el caso de Les Revenants esto se cumple solo a medias: nos quedamos con muchísimas ganas de saber qué ocurrirá en la próxima temporada, pero el clímax final se antoja algo flojito y previsible.

Son estos algunos peros que jamás constituyen un pesado lastre y que apenas restan valor a una propuesta audaz, que destila magia y ambigüedad, y deja en la retina secuencias de una frialdad hipnótica. Esperemos, no obstante, que la falta de pegada de su conclusión y las derivas confusas que a veces toma el guión sean enmendadas, porque entonces podríamos encontrarnos ante algo histórico, y no estoy exagerando.

Por desgracia, Les Revenants no tiene de momento fecha de estreno en España, pero siempre hay otros medios para poder verla (no estoy animando a la piratería, ¿eh? ¡Por Dios, qué barbaridad es esa!). Ha sido ya exportada en cambio a Suecia, Bélgica y el Reino Unido, donde además Paul Abbott trabaja ya en una versión British con el título provisional de They Came Back. No me extrañaría que la original fórmula de esta serie se reproduzca en muchos otros países. De cualquier modo, las posibles adaptaciones me traen ahora mismo sin cuidado, y sólo puedo pensar en zamparme la segunda temporada, que no verá la luz hasta finales de 2014. Un larguísimo año de espera para volver a disfrutar de una obra poética, fascinante, de surrealista normalidad y condenadamente buena.

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Comentarios

  1. Franca Z

    Desconocida serie que en Francia ha triunfado muchísimo. He visto los primeros capítulos y son geniales. Enhorabuena por este gran artículo.

    • Toni Ruiz

      Gracias por tus palabras, Franca Z. Me alegra que cada vez seamos más los que conocemos y disfrutamos con esta excepcional serie.

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