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It is a story of many

Por Marcos Cañas Pelayo

It is a story of many, but begins with one-and I knew her”-The Log Lady, Twin Peaks, Episodio Piloto. 8 de abril de 1990.

Después pasaron muchas cosas. Llegó la popularidad y el éxito, también las críticas por la irregularidad y lo estrambótico. También la idolatría y las quejas por sus rocambolescos misticismos. Sin embargo, convendremos en que fue necesario para la historia de la televisión. Ese episodio de prueba de Twin Peaks sigue siendo una cumbre del género, la forma ideal que todas las productoras del mundo querrían embotellar cuando estrenasen un programa.

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Muchas veces imitado, pocas veces igualado, se trató de un arranque de más de una hora que atrapó a toda una generación. Ahora, veinte y cinco años después, está inminente un nuevo desembarco. No sabemos si será lo mismo. Las cenizas que quedan del fuego de Laura Palmer son poderosas todavía, pero no debe volverse a donde se ha sido muy feliz y exitoso.

Y puede ser injusto comenzar con ese párrafo. Porque acaso deberíamos hacerlo con Kyle MacLachlan y su inolvidable agente Cooper, un excéntrico investigador que recibió la misión de investigar el asesinato de una hermosa joven; triste suceso que trastorna a la pequeña comunidad de Twin Peaks, con poco más de 50.000 habitantes. No obstante, cuando llegó Cooper, Laura ya estaba allí.

El rostro de Sheryl Lee se convertiría desde entonces en un símbolo de la ficción audiovisual. Descubrir las verdaderas causas de su muerte fue un juego del gato y el ratón por parte de dos talentos como Mark Frost y David Lynch. La audiencia lo aceptó encantada. Un primer acto que alternaba la cotidianeidad más plena con los lados más oscuros del alma era una fruta prohibida demasiado tentadora. Laura sería desde entonces letras de canciones, cara estampada en camisetas; penetró en el imaginario popular como pocos personajes lo han podido hacer.

Yo no soy lo que la gente cree, confesó esta reina de la belleza a su mejor amiga en una jornada extraña. Apenas se iniciaban las pesquisas, comprendíamos a qué se refería. Aquella chica no era Ofelia, mucho antes la habríamos emparentado con Lucrecia Borgia. Alejandro Casona hubiera podido usar a la joven hija de los Palmer para La dama del alba. Sí, aquella americanita ideal estaba lejos de lo que debía ser su comportamiento, pero se había tornado en algo mucho más interesante.

Con ella como meta y pretexto, los creadores usaron a aquella invitada a la Corte del Rey Amarillo para indagar en unos lugareños que resultaban casi tan fascinantes como la finada. Y, de trasfondo, el propio pueblo como un personaje vivo, una serie de bosques ocultos y oscuros donde enterrar restos del pasado, cascadas que expiaban pecados y cuevas donde se ocultaban los demonios.

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Fire Walk with Me

Puede parecer una exageración, pero en apenas dos temporadas Twin Peaks marcó la senda de muchos. Sin la alianza que Cooper fraguaría con el sheriff Harry S. Truman (Michael Ontkean), quizás nunca hubiéramos terminado teniendo productos como True Detective (2014). Frost y Lynch hicieron una apuesta arriesgada y que, en cierto sentido, terminó engullendo a la propia creación por las expectativas creadas.

Y es que lo le sucedería a los guionistas de Lost (2004) en el futuro ya les ocurrió a ellos. Pronto, al igual que su psicoanalista, padres, amantes y compañeros de instituto, cada persona que veía el show pensaba que ellos si comprendían las motivaciones de la enigmática y manipuladora Laura. Resultaba imposible hallar un final satisfactorio, cualquier decisión agradaría a muchos y enfurecería a otros tantos.

Quedaría pues pensar en el camino recorrido. ¿Qué dejaba aquella comunidad una vez deteníamos el coche allí? Por un lado, aunque suene frívolo con tanto misterio por resolver, café. En pocas series de televisión ha apetecido tanto tomar una taza caliente como allí, habríamos de esperar a Fargo (2014) para tener algo parecido. Y, en aquel lugar perdido de Minnesota, no contaríamos con la presencia de Mädchen Amick (Shelly Johnson) y Peggy Lipton (Norma Jennings), dos de las encantadoras trabajadoras de un hogareño local con un don pésimo a la hora de elegir a sus respectivas parejas.

Que Lynch tiene un toque genial es innegable. Solamente con ese daimon se puede comprender que hiciera una cinta tan perturbadora y atractiva como Terciopelo azul (1986). Eso también viene acompañado de un carácter extravagante que se refleja en Twin Peaks, habrá muchos momentos y escenas interminables que tendrán ese toque raro, sin que realmente aporten nada al absorbente argumento. Son las reglas del juego, un estilo que se ama u odia sin posibilidad de términos medios.

Y eso incluye los viajes psicodélicos del bueno de Cooper, cuya metodología termina resultando tan efectiva como cuestionable bajo los parámetros deductivos de todo Sherlock Holmes que se precie. A Twin Peaks le gusta ser inusual y no tiene ningún pudor en reafirmarse como tal, lo cual lo convierte en un objeto de culto, mientras que también explica su fuerte bajada de share conforme fueron avanzando los episodios y el pequeño esoterismo que reflejaba el inicio iba invadiéndolo todo.

A mask tells us more than a face”-Oscar Wilde.

La historia coral que se iba tejiendo resultaría paulatinamente cada vez más peculiar. Hubo personajes como el de Audrey Horne (Sherilyn Fenn) que se fueron tornando imprescindibles. Su arco iría llevando a un viaje iniciático que podríamos incluso identificar inclusive con Eyes Wide Shut (1999).

Si alguien esperaba una historia de amoríos de culebrón en un apacible rinconcito de los Estados Unidos andaba muy errado. Los lugareños escondían no pocas obsesiones, gustos exóticos y deseos tras la inocente fachada. Lo curioso es que por momentos son excentricidades muy bien llevadas, recordando que lo inusual o inesperado es simplemente aquello que no sabemos. Se pueden decir muchas cosas de Lynch y Foster, pero que saben un trecho largo de los secretos y esqueletos que el ciudadano de a pie guarda en su armario es algo indiscutible.

Pocas lo reflejarían mejor que Catherine Martell (Piper Laurie), alguien de quien es muy fácil tener emergentes dudas conforme más se va sabiendo de ella. La historia de la buena de Cat es una mezcla de intereses económicos, Capuletos y Montescos, pasando por una nada sencilla relación con su hijastra Jocelyn (Joan Chen). Puede parecer la saga principal de una temporada, pero en Twin Peaks era el pan nuestro de cada día.

Se observa con claridad la mano de Lynch para elegir al marido y padre de las citadas, uno de sus actores de confianza, Jack Nance, con quien había debutado en Cabeza borradora (1977). Intérpretes de su agrado y personalidad para hacer un conglomerado que funciona con extraña alquimia, jugando cada cual su papel.

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De cualquier modo, si hay una máscara que los seguidores del show quisieron quitar era aquella fachada de respetabilidad que presentaba Benjamin Horne (Richard Beymer), el hombre más rico e influyente del lugar. Beymer resulta caracterizado a la perfección como una especie de pequeño lobo de Wall Street en un reino de taifas donde es prácticamente una pequeña deidad. Por un lado está su influencia visible en la comunidad; en el otro, sus redes subterráneas que resultan, si cabe, más temibles.

Con todo, quizás no haya habido camino más oculto que el propio proceso mental de Cooper, cuyos míticos sueños donde se le presentaban pistas sobre el caso fueron parodiadas incluso por los mismísimos Simpson. Tantos recovecos que provocaron que el propio Lynch se colocase tras la cámara en 1992 para filmar Twin Peaks: fuego camina conmigo (1992), más de dos horas de muchas de las virtudes y vicios que poblaron el programa. Conveniente destacar la ausencia de Frost en el argumento en este caso, siendo aquí su socio Robert Engels.

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El diario de Tom Ryddle

Angelo Badalamenti y David Slusser no son los dos primeros nombres que vienen a la mente cuando se habla de Twin Peaks. De cualquier modo, el gran éxito de ambos es que cuando suena la música que idearon para ese rincón de la ficción, todo el mundo, incluso aquellos que nunca han visto un capítulo entero, saben exactamente a qué melodía corresponde aquello.

Habrá quien piense que algo se perdió y otro tanto se ganó en las páginas arrancadas del diario de Laura Palmer. También en aquellas grabaciones y pensamientos íntimos (aunque compartidos con algunos misteriosos desconocidos) que terminan siendo tan valiosas pistas como dagas en el corazón de algunos de los integrantes de su círculo cercano, amantes (James Marshall), amigas (Lara Flynn Boyle) o pareja (Dana Ashbrook).

Da la sensación de que habría que observar con atención entre las brumas para intuir por dónde van a tirar los derroteros en esta secuela, 25 años no son nada, habría dicho Gardel, pero resta por saber si, más allá de la fascinación que suele ejercer cualquier retrato de una mujer llamada Laura en la pantalla, resta algo por saber y, sobre todo, que nos siga embrujando el misterio.

It´s a story of many. Pero comenzó con una a la que siguieron muchos.

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