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Il terzo triumvirato

Por Marcos Cañas pelayo

Aquellos ambiciosos e inteligentes personajes lo comprendieron. Desde que Tarquinio el Soberbio había caído presa de una conjura, el mensaje estaba claro: Roma no quería reyes. Pese a ello, Pompeyo, Craso y César fueron conscientes de que una alianza de sus influencias los haría una fuerza irresistible ante el Senado. Apenas una generación, Marco Antonio, Lépido y Octavio les emularían. Lástima que la naturaleza humana se impusiera y, al final, siempre terminasen enfrentándose unos con otros.

Eran los días antiguos para los retoños de la Loba. Movámonos más adelante, bastante de hecho, para encontrar una Ciudad Eterna algo distinta. Nos situamos frente a la Italia de Aldo Moro, donde el pacto entre democristianos y comunistas se convertía en un tenso debate en un país convulso. En ese momento, la cámara de una serie muy especial, Romanzo Criminale (2008-2010) se centra en una banda de jóvenes raterillos romanos, unos imberbes de disoluto estilo y que sacan con sus actividades delictivas lo suficiente para darse pequeños caprichos.

Basado en la obra de Giancarlo de Cataldo, juez transalpino, el programa intenta explicar cómo ese pequeño grupúsculo va a terminar convirtiéndose en la temida Banda de la Magliana. Si Aníbal Barca seguía siendo el hombre del saco con el que las matronas romanas asustaban a sus niños para volver a casa, durante décadas, la frase Io stavo con Libaneseera el preludio de algo peligroso.

El taimado Frío, el sibarita Dandi y el terrible Libanés fraguaron una alianza que ya con anterioridad había sido llevada a la gran pantalla (2005). La película, titulada igual que la serie homónima, no había sido en lo absoluto un mal film, pero dejaba constancia de que ese relato descarnado de bajos fondos en la antigua capital del Imperio necesitaba de un formato más largo. Michele Placido, su director, había sembrado el camino para su sucesor, Stefano Sollima, quien tiene una mano muy especial para esta temática, como ha demostrado en Gomorra (2014) y Suburra (2015).

Rostros nuevos

Uno de los factores más sorprendentes del éxito que pronto alcanzó el producto en el país radicaba en el hecho de que la inmensa mayoría de sus intérpretes eran perfectos desconocidos para el gran público. Francesco Montanari, presencia brutal desde su primera escena, fue el encargado de dar vida al líder de la banda de delincuentes, los cuales decidieron re-invertir el botín mal ganado tras el secuestro de un aristócrata para hacer un fondo que les iría haciendo escalar entre las desorganizadas asociaciones de la hampa romana. No tiene nada de casual la popularidad que alcanzó tras su genial composición, si bien hemos de advertir que su Libanés está inclusive suavizado de la realidad, incluso dándole ciertos rasgos de brutal nobleza que le dotan de carisma.

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Si bien está tríada sería el motor del arranque de la serie, el resto de los integrantes de la banda están tratados con el mismo mimo por parte de los guionistas (Barbara Petronio, Leonardo Valenti, Paolo Marchesini, Daniele Cesarano y Giancarlo De Cataldo), añadiendo el interés de constituir el denominador común del grupo, personajes más simples y cotidianos en su manera de enfocar la ilegalidad como manera de prosperar económicamente.

El Jim Gordon de la città eterna y Dos Caras de Armani

Resulta curioso que Romanzo Criminale percibiera con tanta claridad un posible defecto que ha plagado este género, incluso en sus versiones más brillantes. La asfixia que termina generando que todos los integrantes de esta historia coral se sitúen al otro lado del Rubicón de la ley. Igual que no es aconsejable que todos los personajes de una trama rayen en las fronteras de la hagiografía, incluso Robert Graves daba algún descanso en las intrigas de la dinastía Julio-Claudia para introducir algo de ternura a su relato.

Sollima tiene para ello al joven detective Scialoja. Marco Bocci se enfunda del traje de un policía honesto que tiene cierta mala fama en el departamento por posibles coqueteos con el marxismo, siendo en realidad uno de los pocos que desde el principio intuye que se está gestando algo muy tenebroso en los bajos fondos de su ciudad. Ante la ceguera de algunos de sus compañeros, verá a estos jóvenes y ambiciosos bárbaros colocar los cimientos de un verdadero imperio que moverá millones de liras, empezando a aspirar a fraguar poderosas alianzas con la Camorra napolitana y la Mafia siciliana.

En la cumbre de su poder y capacidad de influencia, la Magliana llegó a trabar contacto con los mismísimos Servicios Secretos Italianos. A fin de cuentas, estamos en un marco urbano donde todo es posible, incluso que líderes criminales sean sepultados con honores en hermosos templos de la Piazza Navona o que las finanzas vaticanas no sean claras.

La labor de Bocci es fundamental en ese sentido para dar un respiro necesario, un alto en la barca de la laguna Estigia. Incluso se le inserta un arco amoroso con una hermosa prostituta de nombre Patrizia (Daniela Virgilio), cuya apariencia física y refinado estilo la convertirán en el capricho del sibarita Dandi. Un triángulo amoroso muchas veces visto (mujer fatal-detective-mafioso), pero no por ello menos vistoso si se hace bien como es el caso. Todos sacarán algo de ese encuentro, para Scialoja será una valiosa informante que se convierte en mucho más; para Patrizia, una oportunidad peligrosa de prosperar; finalmente, el Dandi demostrará que es, igual que Napoleón, una persona en unos tiempos excelentes para un joven emprendedor.

Alessandro Roja crea a un delincuente muy singular dentro de la Magliana. Apenas un delicioso flashback sirve para comprender a la perfección el trasfondo y la motivación de un chico de orígenes humildes que se deslumbra por los elementos que siguen poblando la publicidad orientada al público masculino: la ropa cara, los autos lujosos y las hermosas mujeres florero que acompañan a quienes poseen la riqueza de Midas. Si el Libanés es el líder guerrillero, brutal, astuto e implacable, el Dandi es el egoísmo refinado, la inteligencia que se eleva sobre la del resto de sus compañeros para ascender.

Meñique afirmaba que el caos es una escalera para el éxito si se usa bien. En una Italia donde el espectro del fascismo seguía vigente y hay extrañas alianzas ante las autoridades públicas y los sicarios de Suburra y alrededores, el Dandi comprenderá a la perfección los consejos de Petyr Baelish.

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Si puedes mantener la calma cuando a tu alrededor todos la pierden

Con un tipo inteligente como Scialoja pisándoles los talones, alternando el tribal y poderoso influjo de Il Libanese con el pragmatismo epicúreo del Dandi, la cámara de Sollima irá centrándose más y más en El Frío, Vinicio Marchioni. Un actor elegante para el que quizás sea el más humano de esta auténtica jauría de lobos.

Conforme avancen los capítulos, su presencia será más importante, postulándose como el pegamento que pueda mantener unido a los otros dos titanes. Con todo, también le veremos caer, igual que el resto, en el espiral de ambiciones, incluso en su vida personal, cuando se vea obligado a herir a una de las personas que más ama por estar enamorados de la misma mujer.

Alessandra Mastronardi será la dama en cuestión, solventando con talento una papeleta nada fácil. Igual que en el romance anterior, otro terreno muy trabajado: la pareja que intenta sacarle del mal camino. Sin embargo, cuando llegue la hora de tener al enemigo a las puertas y sus particulares idus de marzo, el Frío no tendrá dudas en su elección.

Uno di noi

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Chicos perdidos, sucios y hambrientos de los barrios de Trastevere y Testaccio. Andrea Sartoretti usa su físico a la perfección para trasmitir toda la rabia de esa desesperación en su Búfalo, el más leal de los amigos del Libanés, una de esas presencias que no siempre necesita salir para estar. Edoardo Pesce hace lo propio con su Ruggero Buffoni, también Mauro Meconi, Ricardo de Filippis y la ternura que sabe dar a Scrocchiapiazeppi, así como un amplio y distinguido etcétera. Personajes que verán cómo van forjando casi sin pretenderlo en su violencia un Imperio que tendrá tanto poder en su creación como furia en su auto-destrucción.

Al final, la única salida posible pasará por un río Tíber bañado de sangre. Se dejarán momentos cumbre como la primera estancia del grupo en la cárcel, cuando deban enfrentarse a la disyuntiva de ser engullidos o emerger. De sus rivalidades con El Terrible y otros caudillos enemigos, un unas intrigas que, pese a lo urbanita y el trasfondo del auge de la droga, no dejan de tener los cimientos del drama shakespiriano.

Tal vez uno de los pocos peros que se puedan poner a este fino ejercicio de orfebrería italiana sea un cierto bajón en la segunda temporada. No es tanto cuestión de peor calidad en el montaje como de que previamente se produce la pérdida de algún personaje fundamental que resulta prácticamente irremplazable. Con todo, merece la pena llegar hasta el final, puesto que también surgen nuevas creaciones como Donatella (Giovanna Di Rauso).

Finalmente, asistimos como audiencia a una verdadera hazaña. Da la sensación de que vista entera y con calma, Roma Criminal no deslucirá en ninguna estantería al lado de Los Soprano y otras joyas de la televisión noire.

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