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House of Cards (2ª temporada): más de lo mismo pero mejor

Por Toni Ruiz

Si la primera temporada de House of Cards me dejó un regusto agridulce, la impresión causada por la segunda entrega de las estratagemas de Frank y Claire Underwood ha sido muy similar, aunque al alza. Y es que las interpretaciones principales siguen siendo soberbias, el montaje, impecable, y el talento tras la cámara, evidente. Se han subsanado también en parte algunas carencias que lastraban el resultado final… Pero House of Cards es lo que es y, si bien algunos aspectos me satisfacen más en esta segunda temporada, al final acabo topándome con los mismos problemas que radican en la propia concepción de la serie.

El primero de ellos tiene que ver con los protagonistas, bastante unidimensionales. Nada que objetar a las magníficas interpretaciones de Kevin Spacey y Robin Wright, que bordan unos papeles que en manos de otros actores se habrían convertido con facilidad en meras caricaturas. El primero, como Frank Underwood, construye un personaje con mayúsculas y aporta además el único contrapunto cómico-irónico a una serie que quizá se beneficiaría de un poco menos de impostada seriedad. Robin Wright, por su parte, corta la respiración haciendo gala de una gelidez que la vuelve prácticamente inmune a cualquier muestra de compasión o sentimentalismo. El momento en el que se acicala fríamente frente al espejo mientras en las noticias informan de una muerte “accidental” perpetrada por su esposo es antológico. Uno casi desea que este dúo logre sus aviesos objetivos, prueba de las magistrales composiciones de estos dos tremendos actores.

La escritura de estos personajes, empero, muestra pocas aristas. Cuando se deja traslucir la humanidad de un personaje que actúa sin escrúpulos, el resultado es mucho más inquietante, ya que el que alguien con dilemas, una persona que sienta y padezca, sea capaz de atrocidades como las que cometen esta pareja de arribistas despiadados resulta mucho más desasosegador que si el responsable es un monstruo integral. En este sentido, el matrimonio Underwood apenas evidencia su pertenencia a nuestra especie; son máquinas sin matices ni dobleces, y su faceta humana solo es visible de forma puntual (la pérdida de compostura de Claire cuando se reencuentra con el militar que la violó, la reacción visceral de Frank ante esta circunstancia, etc.).

Es en estos momentos cuando el impacto de sus tropelías –y con ello los personajes en sí mismos- deviene mucho más desgarrador y el efecto dramático de la serie infinitamente más potente. El resto del tiempo, la ausencia de humanidad o los ensayos fallidos de mostrarla -como el poco convincente llanto de Claire en las escaleras en el episodio final- privan a House of Cards de alcanzar mayores cotas de profundidad. Con todo, es justo reconocer que los intentos de humanizar a los dos personajes principales dan en la diana con más frecuencia que en la primera temporada.

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Algo parecido sucede con los secundarios, cuya entidad es superior a la que poseían con anterioridad. Doug Stamper, Remy Danton, Rachel Posner, el presidente Garrett Walker, o nuevas incorporaciones como Jackie Sharp, sin llegar nunca a la altura de Frank y Claire, son personajes que suscitan interés y que se mueven en subtramas que, al contrario que en la temporada inicial, no están exentas de autenticidad. Hay excepciones, como Christina Gallagher, a la que da vida una Kristen Connolly que intuyo es buena actriz pero que poco puede hacer con el desdibujado y prescindible personaje que le ha tocado en suerte. Y hablando de personajes prescindibles (¡alerta, spoiler!), la segunda temporada gana bastante con la muerte de la inane Zoe Barnes (Kate Mara) a manos de Frank. Si no se llega a decidir él, igual la mato yo antes.

Las numerosas conspiraciones que atiborran la serie y que constituyen otra marca de la casa también plantean un problema. A veces sería recomendable hacer un croquis para seguirlas, no por su complejidad sino por su cantidad. Esto consigue captar la atención del espectador, pero por el camino fácil (bombardeándonos con información) y pagando el peaje de la pérdida de profundidad y calado, que son mucho mayores cuando las líneas argumentales son menos pero están mejor exploradas y explotadas, como ocurre en The Wire o, más recientemente, en True Detective o Top of the Lake. Claro, que estas series están cocidas a fuego lento, mientras que el espíritu de House of Cards es otro bien distinto, uno que persigue la inmediatez. Engancha, pero sin conseguir dejar una impresión duradera en nuestra mente y a expensas de un guión cuya escritura “no es (precisamente) la de Shakespeare”, como señala la crítica Alessandra Stanley en el New York Times. No es de extrañar pues que el guión no haya optado a ningún premio importante, como sí lo han hecho las interpretaciones, el montaje, la música o la dirección. Y eso que el guionista de casi todos los episodios es Beau Willimon, artífice de la obra -Farragut North- en la que George Clooney se inspiró para Los idus de marzo, que también se centraba en tejemanejes políticos pero presentando conflictos más redondos y sin tantos apresuramientos.

Aquí el ritmo que imprimen el guión y el montaje es vertiginoso –en ocasiones más atropellado que trepidante- y esto resta peso a los conflictos. Que el resultado sea menos gratificante que si hubiera menos prisas y más pausas puede que responda a una cuestión de gusto personal. Me hago cargo. Por ello, siempre en términos de mis gustos personales, es en las escenas en que se levanta el pie del acelerador y los sentimientos afloran (y no me refiero solo a los lloros o ataques de ira sino también a las calmadas escenas de camaradería íntima entre Frank y Claire, como sus cigarrillos compartidos junto a la ventana o el plano final -2×04- con un lento movimiento de cámara que nos deja a Claire mirando a Frank mientras él le canta) cuando la serie puede respirar y deja poso. Mucho poso.

Sigo admirando los momentos en que esto sucede, las réplicas cáusticas e ingeniosas, el juego metaficticio con el que Kevin Spacey atraviesa la pantalla, el trabajo de cámara –cada encuadre está estudiado al detalle- y me sigue pareciendo ejemplar un montaje que engarza los segmentos de manera precisa y alterna con notable acierto escenas vibrantes con necesarios tiempos muertos, colocando las piezas justo donde deben ir. Otra cosa es que algunas de esas piezas sobren o estén defectuosas.

¿Me entretiene House of Cards? Siempre. ¿Me fascina? Intermitentemente pero cada vez más. ¿Roza la perfección? A veces. Es cierto que la segunda temporada ha potenciado los aciertos de la primera, pero sigue adoleciendo de los mismos defectos. Me quedo con la sensación de que esta interesantísima serie tiene adheridas ciertas rémoras que impiden que llegue tan arriba como podría. Y no creo que el panorama cambie demasiado, pues estas rémoras son ya sus señas de identidad.

En definitiva, he llegado a la conclusión de que a esta criatura hay que quererla o no tal como es. Yo, tras ciertas dudas, la quiero.

Calificación: 7/10

Nota: el estreno de la tercera temporada de House of Cards está previsto para febrero de 2015.

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Comentarios

  1. Jordi P.

    A ti en el fondo te gusta la serie, ¿eh? Intuyo que es un estupendo análisis de esta segunda temporada, al igual que el que escribiste de la primera, que era magnífico. Todavía no he visto la segunda temporada (de ahí lo de “intuyo”), pero en cuanto la vea compartiré mis impresiones. Enhorabuena por tu completísima crítica. Da gusto leerla.

    • Toni Ruiz

      Sí, ¡en el fondo me está gustando! Gracias por leer y mi crítica y gracias por tus palabras. Espero conocer tus impresiones.
      Saludos.

  2. Manuel Milla

    Me parece que en tu crítica de la primera temporada haces una seria omisión cuando te refieres a la supuesta falta de motivación de Zoe para transformarse de una periodista acomodada a la corrupción a periodista “seria y mordaz”. Este cambio está bien sustentado por su interacción con su colega Skorsky quien le habla abiertamente de los peligros de ser manipulada por un personaje de poder, entre estosos el perder credibilidad profesional. Es así que Zoe le pide a Underwood dejar la relación personal a un lado y mantener la profesional. Al percatarse ella que las cosas cambiaron en general y comenzar su relación con Lucas, la catapultan a convertirse en mucho más agresiva. En la segunda temporada creo que haces una omisión trascendental, Edward Meechum, el chofer-guardespaldas-amante de la pareja Underwood. Este puede ser el talón de Aquiles tanto de los personajes principales como de la serie en si. No se entiende cómo dos experimentados manipuladores y estudiosos de cada uno de sus movimientos pueden exponerse a un personaje con claras muestras de inestabilidad emocional…
    toc- toc.

  3. Toni Ruiz

    Toque de atención recibido, Manuel Milla, aunque discrepo…Obviamente en toda crítica se omiten cosas, puesto que no es factible hablar de cada detalle. Dicho lo cual, la transformación de Zoe Barnes me sigue pareciendo inverosímil, por mucho que sea cierto que Skorsky la avise de los peligros que entraña su actitud. ¿No sabía ya eso ella antes? ¿A una trepa como ella que prácticamente se lanzó en plancha sobre Frank le entran escrúpulos de sopetón? Muy cogido con pinzas y nada creíble. Y el personaje, flojito flojito. Guapa, eso sí.
    En cuanto a la omisión de Meechum en mi análisis de la segunda temporada, estamos en las mismas: no se puede desmenuzar cada dato de la serie. Estoy de acuerdo contigo en que la relación con este chico promete complicar las andanzas de los Underwood, y estoy muy intrigado por comprobar como se desarrolla esa trama…pero eso ya se verá en la tercera temporada. De momento, en la segunda no deja de ser un mero apunte.
    Gracias por leer mis reseñas. Saludos.

  4. Baudelino

    Por lo regular no me gusta comentar en foros ni páginas en general, pero en esta ocasión no pude resistirme. Esta serie dista de ser perfecta por muchas razones, algunas apuntadas en ambas críticas. Pero lo realmente molesto de leerlas no es la falta de halagos zalameros (a muchos les encantan que adoren lo que ellos adoran); se hace coba a los aspectos técnicos de la serie, porque es innegable la pulcritud en este apartado. Lo molesto es el enfoque que se tomó para para atacar los puntos que al autor considera defectuosos. Decir que el guión no satisface su necesidad de ritmo y que los personajes son tan inhumanos que se echa de menos una capa o arista para borrar la implacable unidimensionalidad. ¡Pues hombre! Es justamente lo que ellos son. Una historia que fluye a una velocidad en que las desaceleración en el frenesí de poder no tiene cabida dentro de los personajes. Que SON monstruos. Lo que desvirtúa en ocasiones a los personajes principales son los visos de humanidad. Sí es interesante la duda y los conflictos emocionales, morales, éticos en un cuento, en cualquier narración. Pero para eso están los demás personajes, que en mi opinión no carecen de peso en la trama general. Nos dejan respirar después de ver la pareja protagonista.

    Hacer una “criticar” lloriqueando por la falta de elementos que el autor de la crítica quiere ver no en lo más mínimo una crítica. Es un berrinche.

    Para el que quiera ver la serie: hágalo. Si no le gusta, no la siga viendo. Creo que no es una serie del estilo que agrada a todo mundo.

    Mi crítica: el guión se excede en licencias para que las conspiraciones de Underwood tomen lugar. Muchos personajes, el Presidente Walker por ejemplo, sólo tienen vida en escena, aún si pasan meses en la línea de tiempo parecen salidos de la última escena en que aparecen.

    Saludos!..

  5. Toni Ruiz

    Gracias pues por comentar mi berrinche.

  6. Leandro

    Hola! coincido en casi todo, sobre todo comparto las ganas de que muriera Zoe (no tanto como Joffrey, pero casi). Igual a mi lo que menos me convence de la serie es el rol del presidente Walker… poco más que es un idiota, ¿no dispone de ningún recurso de poder más que los consejos de Frank? con tan poco aparato, ¿cómo llegó el a ser presidente? ¿sólo con la ayuda de Raymund? no me convence, tampoco la última jugada de Frank, ¿sólo con esa carta vuelve a convencer al presidente?, como es que éste se entrega a la renuncia y a perder todo si sabe que es inocente… no se. Me parece que una cosa es que Frank haya eliminado a adversarios menos poderosos como en la primera temporada, pero que el presidente disponga de tan pocos recursos no me convence. igual la serie en sí me gusta.

    Saludos desde Uruguay.

    • Toni Ruiz

      Un placer tener lectores desde el otro lado del charco, y más aún desde ese precioso país que tantas tengo de conocer.
      Comparto contigo la opinión sobre el presidente, se me antoja una figura demasiado pusilánime.
      ¡Muchas gracias y saludos!

  7. Gustavo

    Humanizar a los personajes? vaya despropósito… si es lo más cargante que pueda haber, que lloren entonces, que se convierta la serie en un despropósito humanizante y repleto de dilemas morales. Esta serie va de la destrucción del sentido, del discurso. La humanidad está tan lejos de entender la política real, la de verdad. Ellos gozan con los discursos, los gestos y los remates actorales con frases rimbombantes, vaya guión… esto es Shakespeare. Esta serie va de tomar con pinzas la estercolera que es el mundo real, con su simpleza, su tosquedad y brutalidad. Sí quiero serie de corte tradicional, con guiones “brillantes”, remates con gesto de actor e “irónias” del corte inglés me veo una de Disney. Esta serie transgrede y retrata la vida real, y es muy cierto que tiene muchos fallos, que sí, pero dejará escuela. Una aire rompedora y honesta en su sentido de la política, eso, señores, es impagable.

    • Toni Ruiz

      Siento decirle, Gustavo, que ‘House of Cards’ es una serie muy tradicional, sin que esto sea en absoluto algo negativo. Pero … personajes desalmados con una ambición que destruye todo a su paso… No sé, si esto no es un argumento convencional, entonces apaga y vámonos.
      Su comentario sobre “ironías del corte inglés”, ” Disney” (por cierto, ¿ahora resulta que Disney también implica ausencia de calidad? Flipo), etc. es de una desfachatez de altura, si me permite rebajarme al mismo nivel de prepotencia que usted. Creo que saca conclusiones basadas en los prejuicios o vaya usted a saber en qué.

      La serie ni transgrede ni es rompedora. Punto.

      Humanizar a los personajes no significa que echen lagrimitas (¿Hola? Si precisamente critico los pasajes cursis que esta serie, entérese, tiene), sino que no sean personajes planos. Punto.

      La serie me gusta bastante. Punto.

      Gracias y saludos.

      • Adán N

        La intención de este comentario no es cometer el mismo error de manifestar mi agrado por opiniones similares a la mía, ni disgusto por quienes discrepan. Simplemente me llamó la atención la frecuencia de las coincidencias en mi perspectiva sobre la serie con respecto a la tuya. Y no son pocas: me agrada mucho, pero no me apasiona. Igualmente considero que es tradicional y que no es trasgresora ni rompedora. También creo que el personaje de Kate Mara es endeble y hasta irritante, tanto como su interpretación, e incluso pienso que una actriz con ese aspecto pueril no encaja con la pretendida agresividad de una periodista así de ambiciosa. Probablemente, aunque de manera innecesaria, ésa fue la intención original: que deseáramos y posteriormente disfrutáramos verla hacerse pomada. Las volubilidades de los personajes tampoco cuadran con su propia psicología, y me parecen intentos pauperizados por humanizarlos. Leí con gusto las críticas a ambas temporadas, sobre todo porque en pláticas de café o en otros blogs me he encontrado con frecuentes sobrevaloraciones desproporcionadas de la serie. Por otro lado, no tengo escozor ni urticaria por mencionar o incluso comparar otras series o películas (me es útil para acercarme a las que no conozco); y me agradaron las menciones de Ides of March, Game of Thrones y de mi favorita: The Wire. Por cierto, sugiero una consideración especial para la poco apreciada Boss, que no continuó al aire quizá por lo intrincado y complejo de su trama y personajes, lo cual no siempre es del gusto del gran público.

        Felicidades por la agilidad y buena puntería de tus líneas. Saludos desde México.

  8. Toni Ruiz

    Muchas gracias por tus comentarios, Adan N. y disculpas por la demora en responderlos.

    No he visto ‘The Boss’, pero me lo apunto, y coincido en que la complejidad argumental a veces espanta al gran público y a veces es una pena.
    Por cierto, no solo me alegra que coincidamos en las valoraciones sino que un placer leer tus palabras. Me encanta cómo escribes.

    ¡Saludos hasta el otro lado del charco y espero seguir contando con tus aportaciones!

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