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Fawlty Towers: Never forget!

Por Sergi Monfort

Basil Fawlty es Donald Sinclair. Y nunca sabremos si Donald Sinclair es ese neurótico, esquizofrénico, conservador, racista y maniático propietario de hotel que es Basil Fawlty. Algunos dicen que sí, otros dicen que la televisión lo exageró. Sinclair era el co-propietario (junto con su mujer, Beatrice Sinclair) del Hotel Gleneagles en Torquay (la zona costera donde para el hotel de nuestra serie), que, durante la estancia de los Monty Python en una gira de 1970, se comportó de manera excéntricaesnob con los integrantes del grupo cómico más famoso del Reino Unido (y uno de los mejores del mundo), haciéndoles pasar experiencias bastante parecidas a los surrealistas gags a los que se ven sometidos los pobres invitados de este hotel de locos de la BBC2. No lo sabremos nunca, ni lo vamos a comprobar en vivo y en directo (el hombre falleció en 1981). Lo que sabemos seguro es que Basil Fawlty es John Cleese.

Ese genio, John Cleese, ese hombre que lo que tú entiendes por expresión corporal él lo llama juego de niños, el Rey de los Andares Tontos. No contento con ser mi Monty Python favorito, también me demuestra aquí que es un maestro del comic timing. Y no sólo él: todos y cada uno de los personajes de esta serie la convierten en una obra maestra del comic timing, en una lección de comedia a todos los niveles. ¿Guiones? Más bien relucientes engranajes sin rastro de óxido (no como el desastroso hotel que, pese a esto, todos queremos visitar… aunque desgraciadamente ya no se puede, ya que un incendio desintegró hasta los cimientos el Wooburn Grange Country Club, el edificio original de la sitcom).

Cada uno de los guiones de los episodios (de alrededor de treinta minutos) tardaba seis semanas en ser escrito, cinco días en ser ensayado y una noche en ser rodado en estudio ante el público (lo que suman 84 semanas para producir ambas temporadas en total). Gracias a esta precisión inglesa, las carcajadas ya vienen de fábrica. Es prácticamente imposible sentarse ante treinta segundos de Fawlty Towers sin encontrar un detalle gracioso, exagerado o vergonzoso.

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Como muestra inigualable de comedia de enredo, la exageración está servida y llega hasta límites insospechados y absurdos (pero no absurdo en plan Los caballeros de la mesa cuadrada), embadurnado además con este humor inglés que tanto nos gusta, un fino y cruel cutter que disecciona los clichés, juega con los puntos débiles (atentos al espléndido último episodio de la temporada primera, mi favorito, en el que se hace una burla, como mínimo, deliciosamente ofensiva y negra acerca del trauma de la II Guerra Mundial), no deja títere con cabeza y no deja ni medio átomo de espacio para el sentimentalismo o los finales fáciles. Como perro de Pavlov, provoca una sonrisa automática el recordar su tema musical. Son doce episodios y en los doce he recibido, sin falta, la primera pantalla de los créditos finales con una risa atroz después del chiste final.

Después de esta (un poco demasiado) entusiasta crítica, no podría dejar de destacar algunos aspectos negativos. Por lo que he podido comprobar, las series británicas aventajan a las americanas en una cosa: SINTETIZAN y son cortas. Pero ésta lo es demasiado. Se desvirtuaría si se estirara à la Cómo conocí a vuestra madre, pero un par de temporadas más de un genuino John Cleese cagándola y cayéndose con todo el equipo, perdiendo la cabeza y sufriendo ataques de nervios como un condenado (para gritar así en cada episodio, ya se necesita voz) no habrían hecho ningún mal. Falta algo. Tampoco es una serie demasiado innovadora en cuanto a sus personajes o la situación (hay miles de comedias sobre hoteles con el mismo planteamiento y parecidos personajes, aunque lo que se hace con ésta es casi exprimir el tope de estas escasas posibilidades).

También queda un poco anticuada en el aspecto un tanto ambiguo respecto al estereotipo del español torpe e incompetente, encarnado en el también hilarante Manuel (que no digo que sea un estereotipo que no se cumpla, pero…), lo cual, si se piensa, agrava un poco el hecho de que sea un personaje continuamente maltratado físicamente por su jefe y que esto nos haga gracia. Supongo que por eso lo llaman risa culpable.

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Comentarios

  1. María Rosa

    Muy bueno,.como todos tus artículos.

  2. Jaro

    No conocía esta serie, habrá que “bucear” a ver si la encuentro porque siendo de los Monty Python ya es garantía de echarse unas buenas risas.

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