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El cuento de la criada (The Handmaid’s Tale): Una distopía sin sentido.

Por Áralan Aidir

Si vas a contar algo a través de una distopía, más vale que esta tenga una fuerte lógica interna como la magnífica The Man in the High Castle, por ejemplo. Si no es así, todo lo demás cae como un castillo de naipes.

Pues este es el principal problema con The Handmaid’s Tale.

No se explica (ni interesa hacerlo, parece ser), cómo de una amenaza terrorista, se supone que islámica, y de un nivel de fertilidad casi 0, donde se culpa a los tóxicos y a la contaminación, se pasa a abolir los derechos de la mujeres hasta el punto de, casi un día para otro, despedirlas a todas de los trabajos y anular sus cuentas bancarias. Anonadado, en este punto uno se pregunta: ¿qué tiene que ver una cosa con la otra? ¿Cómo se sigue que por esos problemas, EEUU (porque el resto de países siguen a lo suyo) se den esas soluciones y traigan un estado de esas características?

La falta de lógica de la idea es abrumadora en base a la historia, la política, la religión y el sentido común, y más en un país como EEUU donde hubieran sacado de sus casas los millones de armas que tienen y se hubieran liado a tiros en un santiamén. Solo en el tercer capítulo se esbozan unas protestas y represiones filmadas de una manera tan penosa como exagerada, puras tomas sensacionalistas. Hasta tal punto lo son, que las represiones se hacen con ametralladoras pesadas de mano con balas trazadoras. Matando moscas a cañonazos, vaya. Y poco después, así, como por ensalmo, tienes que ver que todo el mundo, proveniente de libertades hace nada perdidas, adopta esa forma de vida y creencias de un día para otros como si ya fueran centenarias.

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Pero si el comienzo no tiene ni pies ni cabeza, el desarrollo no es menos lamentable. Nos describe una relaciones intrafamiliares que no sobrevivirían en ninguna sociedad conocida ni siquiera con los problemas de infertilidad (solo femenina, claro) existentes. Y esta es otra. En ningún momento se menciona la fertilización artificial, de lejos con más índice de éxito que la reproducción tradicional. Ni una palabra. ¿Se ha pasado entonces de la infertilidad a crear el ritual y el sistema de las criadas? ¿Se ha chequeado que todos los comandantes son fértiles aunque sus mujeres sean infértiles? Nada se explica. Todos son agujeros en la historia que empiezan a irritar tras el minuto cuarenta.

Tras esto, viene el tema de los pasajes religiosos. Todo el rato se mezclan pasajes cristianos con otros judíos y con otros comportamientos y costumbres de cariz islámico (como el ahorcamiento en grúas y la ablación) de una forma que da vergüenza ajena. La propia religiosidad que profesan no tiene sentido alguno. Los guionistas se limitan a coger lo peor de cada casa (y todas tienen muchas cosas muy malas, de sobra es sabido), meterlo en la coctelera y lo agitan creyendo que de ahí va a salir algo mínimamente coherente y todos nos vamos a rasgar las vestiduras conmocionados. Pero no, la maldad no es caótica. Nunca lo fue. Ella también debe tener una coherencia interna. Siempre la ha tenido. Las religiones siempre la han tenido y ni en las peores pesadillas del cristianismo ni del judaísmo de hace milenios las mujeres eran tratadas así.

¿Y la invención del parto? O sea, que lo más importante de esta sociedad es que nazca un niño… y las criadas los tienen en las casas bajo ritos pseudoanimistas, sin atención médica especializada por si algo va mal y en una silla de partos de madera al estilo de siglos anteriores mientras a las que les hacen la ablación por transgredir la ley al cometer “traición de género” las ingresan con todo mimo en centros hiperesterilizados.

 ¿Estamos todos tontos?

Cinematográficamente, se abusa en todo momento del los primeros planos y los primerísimos planos, a menudo en contrapicado. Y sí, crea una atmósfera claustrofóbica, pero cuando todo el rato se usa el mismo recurso, la verdad es que señala más falta de maña que otra cosa, lo que da como resultado desidia y aburrimiento.

Interpretativamente, todos están soberbios, desde la actriz principal hasta el último secundario. Lamentablemente, los malos son tan malos (excepto Fiennes en sus breves y estupendas apariciones y la ambivalencia del chófer) y los buenos son tan buenos, que aburren. Los buenos sufren tanto y los malos están tan mal trazados, que te da igual lo que pase. Además, faltan personajes y otros puntos de vista. Por ejemplo, ¿por qué una lesbiana a la que le obligan a tener sexo con un varón o una heterosexual que está siendo violada (muy ritualmente, eso sí) no generan pensamientos contra la procreación, el futuro bebé o algo? No digo que aborten, porque entonces las matan (ahí sí hay lógica). Pero que el pensamiento aparezca, se esboce, se tenga en cuenta al menos.

Pues nada. A todas las criadas se les cae la baba cada vez que aparece un niño. Me están follando contra mi voluntad y lo que hago para abstraerme es… recodar la carita de mi bebita. Estoy pariendo a un niño de alguien a quien no deseo, con la propietaria haciendo el ganso detrás, y todas con cara de arrobo ante el nacimiento del bebé. Ni un leve atisbo de gesto de asco. ¿En serio? ¿Ningún pensamiento proabortista a la vista? ¿Ni siquiera la intención de tenerlo?

En resumen, se entiende la buena intención de la autora y de la serie al querer denunciar la sociedad heteropatriarcal y sus puntos de vista (la mujer no vale nada sin hijos, su vida es vacía sin ellos, el macho ha de dominar y la mujer debe de ser sumisa, la religión siempre ayudando a someterlas en cuanto encuentra un candidato reaccionario que puede darles ese poder…), pero semejante mensaje tiene que estar envuelto en un historia coherente que te haga emocionarte. Si cada dos por tres estás resoplando por las incoherencias de la trama, dejas de creerte la historia, a los personajes y lo que les pasa.

Hay infinitas series y películas que tratan este tema y lo han hecho con coherencia, emoción y realismo. La autora Atwood (porque el libro sufre las mismas carencias) quiso hacer una distopía a lo Orwell pero no tiene la habilidad ni los conocimientos para crear una sociedad alternativa como la de 1984, por lo que quizá hubiera sido conveniente, además de tener pluma, haberse preocupado mínimamente de construir una buena historia sin pies de barro.

Comentarios

  1. Marcos

    Me gusta tu estilo al criticar sin que te tiemble el pulso, jajaja. Además en este caso coincido contigo y opino que es un tostón.

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