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Colorín colorado, el cuentacuentos

Por Mª José Toledo

Es posible que algunos de vosotros recordéis todavía, aunque de forma brumosa e imprecisa, a cierto personaje de rostro envejecido que sentado a la luz de una enorme chimenea y en compañía de su perro, narraba una historia desde la pantalla del televisor. Se llamaba El Cuentacuentos.

Cuando los niños españoles no teníamos cientos de canales para entretenernos y con apenas dos pasábamos tan felices la tarde, Televisión Española ofreció para deleite de varias generaciones esta serie de apenas nueve capítulos creada en 1987 por Jim Henson, padre de los internacionales The Muppets o, como diríamos en España, Los Teleñecos. Si aún no la recordáis, quizá os refresque la memoria si os digo que aquel narrador que se presentaba ante nosotros era nada más y nada menos que el actor británico John Hurt, de sobra conocido por papeles no precisamente infantiles, como el sufrido tripulante Kane en Alien, el octavo pasajero. El Cuentacuentos, desde lo que a todas luces parecía su hogar, nos contaba un cuento dramatizado donde personas reales y marionetas representaban lo que él iba narrando. Uno de los aciertos indiscutibles de la propuesta es que no se trataban de innovadores y anodinos cuentos, sino de clásicos tradicionales del folclore y la literatura europea, que es la fuente más hermosa y mágica si de mitos hablamos. El soldado y la muerte o la mismísima Cenicienta fueron adaptados con gran lucidez por Anthony Minghella, responsable de los guiones de cada capítulo. Los nombres propios no terminan aquí, sino que se extienden al plano interpretativo; sin ir más lejos, varios años antes de ser el príncipe Boromir, el apuesto Sean Bean hizo de príncipe cautivo en el correspondiente cuento La verdadera novia.

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Claro, que todos estos datos técnicos e informativos que realmente no tienen ninguna importancia, los descubres luego, después de mucho tiempo, cuando un día de esos y por motivos azarosos, alguien te remueve la memoria y aviva tus recuerdos sobre «aquella serie» de un cuentacuentos. Entonces, de golpe, retrocedes lo que parece un siglo hasta un castillo medieval, un hombre-erizo que te aterrorizó, un perro parlanchín y un enigmático Cuentacuentos que llenaba tu vida de auténtico misterio. Pero eso es después. Los niños y jóvenes de entonces, sentados en sus sillones, no pensaban en el trabajo que había detrás, sino en lo que se desplegaba ante sus ojos: maravillas inclasificables, valores de sacrificio, amor, lealtad, humildad y heroísmo; monstruos y princesas, reyes y brujas, soldados y niños huérfanos que forman parte, por mucho que el Cine y la televisión actuales se empeñen en olvidarlo, de nuestra más preciada y preciosa cultura.

¿Seguís sin recordarla? ¿Nunca llegasteis a verla? Pues siempre será un buen momento para que os adentréis, niños y adultos, en el mundo de los cuentos. Sentaos y escuchad.

Comentarios

  1. Iker Yañez

    ¡Qué recuerdos! Y qué mayor me estoy haciendo…

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