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Carnivàle, la gema olvidada

Por Telmo Graña

Es como un rubí en el desierto. Pocos la vieron, menos aún la siguen viendo hoy en día y apenas goza del estatus consolador de “obra de culto”, fue cancelada y no pudo acabarse, simplemente está ahí, guardando su brillo para quien dé con ella.

No tenía intención de mencionar a Twin Peaks, aquí pero se hace inevitable. Carnivàle es una de las poquísimas hijas dignas de Laura Palmer,  su influencia va desde los personajes frikis y extravagantes, pero no exentos de humanidad, pasando por los elementos del terror, la dicotomía del bien y del mal y la voluntad de construir algo muy grande partiendo de algo muy pequeño. La presencia de M.J. Anderson, por si todo ello fuera poco, nos recuerda permanentemente el origen de todo esto.

Y aún así, es muy distinta. Carnivàle es ante todo una “serie HBO”, con sus tacos, su crudeza y su ausencia de melodramatismos, y las reminiscencias de TP están pasadas por el filtro de su autor, que da a la obra un apego a la tierra que aquélla no tenía. También es más terrenal en el aspecto artístico, aunque compensa esta leve derrota en el terreno de la magia con algunas virtudes rotundas.

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Lo mejor que tiene es una solidez a prueba de dinamita. No hay altibajos y la calidad (muy alta) se mantiene a lo largo de las dos (que iban a ser seis) temporadas. Ni titubea en su desarrollo y el tempo es modélico: todo pasa cuando tiene que pasar. Acierta en la elección de sus dos protagonistas: Nick Stahl (el chico ambulante) y Clancy Brown (el sacerdote) no son unos virtuosos de la interpretación y ni falta que les hace: simplemente han nacido para hacer esta serie.

Especialmente relevante es su expresividad cinematográfica: no sólo huye del plano-contraplano como de la peste se tratara sino que arriesga con tomas poco frecuentadas en TV que ayudan a hacer más memorables algunos momentos. Recuerdo con especial cariño  “el de la niña” un travelling con grúa que cierra el capítulo piloto, y “el de los pájaros”, un clímax situado hacia el final de la serie verdaderamente emocionante, magistral.

Todo esto le hace escalar, a mi juicio, al podio de las grandes series, junto a Twin Peaks y The Wire. Las tres se caracterizan por uno: saber adónde van; dos: ser complejas, que no complicadas; tres: estar creadas y desarrolladas por una mente sensible y creativa y cuatro: basar sus cimientos en cualidades principalmente cinematográficas. ¡Ah!, no es un podio cerrado, aunque sí exigente. Futuros (y deseados) descubrimientos serán bienvenidos.

Comentarios

  1. Jose Luis Ferreirós (XLiS)

    Impresicindible serie. Cargada de surrealismo, de lírica visual, de escenarios impresionantes y de un vestuario atroz, sumergida por una atmósfera con un impacto emocional sublime. Rememorando todo el cine hecho hasta entonces, desde Browning a Lynch,.. Una ‘freakada’ genuinamente bella…

    +1 Telmo Graña, tus aportes seriéfilos = de lo mejor de la página…

  2. Telmo G.

    Efectivamente, Tod Browning es otra referencia innegable. ¡Gracias por tu comentario!

  3. Benjamín Obiang

    Una serie imprescindible; una de las mejores historias escritas en la historia del cine diría.

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