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Breaking Bad

Por Rodrigo Aliende

Hay algo de las series de televisión que me gusta particularmente y es que, si verdaderamente te ha gustado y la has seguido con fervor durante todos los episodios, reconoces a su creador. Después de ver varias decenas de veces el opening, en tu memoria se quedan marcados a fuego esos segundos finales en los que se lee “Created by…”, en este caso Vince Gilligan. Millones de personas han visto su nombre desaparecer al pasar un humo verdoso a través de él. Es por eso que Gilligan se reservó el puesto de honor de escribir y dirigir el último capítulo, la season finale, la guinda final, la puntilla de un fenómeno de masas como se ha convertido Breaking Bad.

Llevo unos días intentando empaparme de todo lo que hay escrito en Internet sobre la serie. Cualquiera diría que es porque quiero profundizar en algo que me ha gustado, pero me quedo con la explicación de otros que es una forma de negar la realidad, de no afrontar la muerte. El propio Brian Cranston compara el final de Breaking Bad con la muerte: «Puedes llorar, pero también tienes que celebrar la vida que has vivido, y así elijo verlo». Es por eso que a los fans sólo nos queda pasar por las cinco fases del duelo, como bien describen los chicos de La Parabólica.

Uno de los mayores logros de Breaking Bad ha sido, aparte de tenernos enganchados cada lunes a la televisión, es el de hacernos sentir simpatía por un criminal de altos vuelos. Es cierto que Walter White comenzó siendo un humilde profesor de química con baja autoestima y la sombra del cáncer acechando sobre él, pero de ese personaje no queda nada en la temporada final (salvo el cáncer, que es la menor de las preocupaciones). Aun así, el sentimiento de cariño hacia Walt seguía ahí, al menos por mi parte. Era consciente de que se merecía un castigo (¿recibió el que se merecía?), pero no quería perderle.

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Esto es la magia (o la maldición) del protagonista. Nos ponemos de su parte aun sabiendo que está mal. ¿Quién no ha fantaseado con fabricar meta mientras comentaba la serie con sus amigos? Le cubrimos la espalda a Walter mientras su propia familia se la da. Su hijo le odia a muerte (Walt Jr. no duda ni un segundo en decírselo) y su mujer, resignada, no quiere saber nada sobre él. No nos olvidemos que la familia es el principal motivo por el que se desencadena toda esta odisea. Durante cinco temporadas, no hemos hecho más que ver a Walter explicando que lo hace por su familia. Él se va a morir, pero quiere que a su familia no le falte de nada cuando él no esté allí. En los compases finales, Skyler grita lo que todos pensábamos, y Walter confiesa: ya no es por la familia, es por el poder que siente. Recordemos que él es “el peligro”, “el que llama a la puerta” y no el que recibe el disparo. Nosotros ya lo sabíamos, pues le hemos acompañado en cada paso que ha dado, pero es la confesión lo que importa. Walter se convirtió en el cáncer que él mismo padecía y cada mentira que soltaba no hacía más que agrandar el tumor y esparcirlo por toda su familia. Fue él quien destrozó y acabó con todos sus miembros, con lo que más quería y apreciaba. La chispa que hizo que todo prendiera acabó igual de chamuscada.

Si Walter White era la enfermedad, Hank Scharder era la vacuna. Hank no era el hombre perfecto: tenía mucho temperamento, a veces no se comportaba como debía con Marie (en especial durante su recuperación y su repentina adicción a los minerales), se ponía nervioso al hablar de sentimientos, decía tacos sin preocuparles los demás, etcétera. Con todo eso, Hank era un hombre de honor, quería hacer las cosas bien aunque no supiera cómo y, ante todo, era el mejor en su trabajo. Nadie puede culparle de no haberse dado cuenta hasta tan tarde de que su némesis estaba a su lado, porque él hizo todo lo que estuvo en su mano. Cuando lo descubrió, se echó encima la ardua tarea de construir un caso y hacer caer el peso de la ley sobre Heisenberg, su propio cuñado, a pesar del duro contraataque que éste llevó a cabo (esa confesión grabada de Walter como víctima). Hank lo consiguió, Hank le detuvo y Hank murió habiendo cumplido su trabajo. Las películas de Disney nos habían engañado, creíamos que los héroes siempre vivían para contarlo.

Si Cranston ha sido el primero en ganarse, Aaron Paul ha sido el segundo, con su personaje de Jesse Pinkman. Jesse no necesitaba ser envenenado por nadie, él mismo comenzó así por culpa de toda la droga que consumía. Aunque Walter intentaba por todos los medios sacarle de ahí, con sus actos no hacía más que lanzarle una y otra vez a ese mundo podrido. La representación de las drogas y sus consecuencias (aparte de las de traficar con ellas) es igual de brutal que el discurso principal de la serie. Breaking Bad nos deja escenas terribles de sus efectos. La muerte de Jane ahogada en su propio vómito junto a un Jesse dormido y un Walter impasible, la vida de un inocente niño (¡Peakaboo!) con ambos padres comidos y destrozados por las drogas, las inacabables y sucias fiestas en el apartamento de Jesse… Pero Jesse es más que otra víctima de las drogas, es una pieza clave en la maquinaría. Su relación con Walter es quizás lo más enigmático de toda la serie, esa relación de amor-odio con muchos altibajos. Walt le salva la vida en su matanza final y después deja en sus manos la decisión de matarle. Jesse, desatándose de las cadenas que le ataban a su maestro de la meta, deja de acatar sus órdenes y pasa de él. Cabe destacar que Walt salva a Jesse, pero no se sacrifica por él. La bala que recibe en el costado fue un accidente (quizás provocado por designios divinos como castigo final), no se pone en su camino intencionadamente, sino que fue algo que no pudo prever y acabó matándole.

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¿Fue el final satisfactorio? En mi opinión, el final fue lógico, coherente, previsible, mejorable y algo cobarde. Con esto no digo que sea malo, ni mucho menos, y me alegro de que al menos fuera como muchos imaginábamos. Fuera bueno o fuera malo (cada cual tendrá su opinión), el final son sólo unos minutos, una gota en la inmensidad del océano, y no es capaz de quitarnos lo que hemos visto con anterioridad. En cuanto a si fue un final satisfactorio, no del todo. Walter se merecía un castigo por todos los crímenes cometidos, ¿pero ése era la muerte? Existe la concepción de que la pena de muerte es la madre de todas las penas, ¿pero no es peor vivir consciente de tus pecados? El mismo Gilligan confiesa que barajó ir aún más allá de esta opción, lo dice en voz baja, como arrepentido del mero hecho de que ese pensamiento se le hubiera pasado por la cabeza. Vince se planteó acabar con una masacre mayor, con la muerte de la misma familia de Walter, como si el cáncer hubiera llegado a la fase final. Sólo de imaginármelo se me parte en la corazón, pero hubiera sido un gesto valiente y coherente por parte de Gilligan, hubiera sido una patada al espectador donde más duele, y es algo a lo que no estamos acostumbrado en la cultura audiovisual actual.

Breaking Bad es un universo enorme, casi inabarcable. Después de todo lo escrito, he dejado atrás a muchos personajes, todos ellos memorables: la sufrida Skyler White, el incomprendido Walter “Flynn” White Jr., el cómico Saul Goodman, el frío profesional Mike Ehrmantraut, el enorme Huell Babineux, el implacable Gustavo Fring, el leal Steven Gómez, los inseparables Skinny Pete y Badger… Cada uno aporte su pequeño granito de arena para crear un cuadro tan perturbador como maravilloso.

El gran éxito de Breaking Bad no se lo debe sólo a un casting de actores tremendamente convincentes, también a un equipo técnico digno de admiración. Cada capítulo de la serie está grabado con sumo cuidado y cada encuadre elegido después de mucho meditarlo. Incluso el uso del silencio está milimétricamente medido.  Gracias a esto, muchas escenas se nos quedan grabadas en la memoria y se niegan a irse.

Aquí termina un viaje que comenzó allá por el año 2008. Eran tiempos en los que Walter era un buen intencionado padre de familia y Jesse un desecho corrompido por las drogas. Años después, los acontecimientos llevaron a darle una vuelta completa a la tortilla. Ha sido un camino que ha valido la pena recorrer y que será imposible de olvidar.

Comentarios

  1. Sí, quizás el final fue azucarado en comparación, sobre todo, con esos últimos capítulos llenos de tensión e intriga. No sé cómo me habría hecho sentir esa hecatombe de la que hablaba Gilligan, posiblemente me conmovería más que el resultado final, pero también me dejaría con una sensación de abandono absoluto. Nunca he odiado a Walt, es más, he intentado justificarle a pesar de que sabía que sus actos no eran correctos (ni mucho menos). Estos sentimientos encontrados son los que más valoro de la serie, porque te posicionan en disyuntivas ficticias en las que te sientes, de una u otra forma, muy implicado.

    Como bien has dicho, sería estúpido juzgar la serie por los minutos finales, más aún cuando han salido del paso con bastante elegancia. Muy buenas reflexiones! :)

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