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Blackadder: La víbora negra

Por Íñigo Bolao

Antes de que Rowan Atkinson (1955) se hiciera mundialmente famoso con el personaje de Mr. Bean, creado junto con el popular guionista de comedias cinematográficas Richard Curtis (1956), el popular actor se convirtió en toda una celebridad en su Gran Bretaña natal gracias a una serie de televisión creada junto con el ya mencionado Curtis y un tercer autor, Ben Elton (1959). Con cuatro temporadas de seis capítulos cada una, tres especiales y todas ellas creadas para parodiar el pasado histórico del país, surgió una de las sit-coms más populares de la historia de la B.B.C.: Blackadder/La víbora negra (1983-1989).

En la serie, todas las temporadas se centran en los componentes de una misma dinastía, los Blackadder, llamados todos Edmund e interpretados siempre por Atkinson, que participan en algunos de los momentos clave de la historia de Gran Bretaña. Cada uno de los Blackadder presenta unos rasgos psicológicos parecidos: son personas maliciosas que quieren llevar adelante algún tipo de plan para conseguir lo que se proponen, pero siempre hay algún problema o inconveniente que impide a cada antepasado que el plan de sus frutos.

También en cada temporada los Blackadder están acompañados por personajes secundarios muy hilarantes. Entre ellos se encuentra otra dinastía de personajes que procede de los estratos más bajos de la sociedad y cuyos miembros se llaman Baldrick (Tony Robinson). También podemos destacar a personajes como Lord Percy Percy (Tim McInnery), la reina Isabel I (Miranda Richardson), el príncipe Jorge (Hugh Laurie en sus comienzos como actor) y Melchett (Stephen Fry también en sus inicios), que sacan a los Edmund Blackadder pretéritos y futuros de sus casillas.

Y para hacer una buena crítica sobre la serie, lo mejor sería describir cada temporada para hacer críticas más concretas. De modo que allá vamos:

Blackadder I (1983): de 1485 a 1498. La primera temporada está ambientada en el siglo XV, durante la transición de la Edad Media a la Edad Moderna. Los autores del guión, Atkinson y Curtis, nos muestran (todo lo que se cuenta, para el que no sepa nada de Historia, es una sátira ficticia) que el rey de Inglaterra, Enrique VII Tudor (1485-1509) ha engañado a todos los historiadores.

Hubo un conflicto llamado la Guerra de las Dos Rosas (1455-1485) que enfrentó a dos casas reales inglesas, los Lancaster y los York, por el trono de Inglaterra. Por la historia sabemos que Enrique Tudor venció a Ricardo III de York (1483-1485) en la batalla de Bosworth (1485)… pero no fue así. Edmund (Atkinson), su sobrino nieto, le cortó la cabeza por accidente; Enrique, aunque derrotado, salvó la vida; y un noble iracundo, fortachón y aficionado a la guerra, Ricardo de York (Brian Blessed), padre de Edmund, se convirtió en el nuevo rey de Inglaterra bajo el nombre de Ricardo IV (1485-1498).

A partir de ese momento, y ayudado por sus dos esbirros, Lord Percy Percy (McInnery) y Baldrick (Robinson), Edmund, nombrado Duque de Edimburgo y apodado “la Víbora Negra”, intentará por todos los medios hacerse con el trono de Inglaterra a base de urdir planes astutos… sin éxito en todas las ocasiones, siendo despreciado por su padre (que se equivoca de nombre), luchando contra el favoritismo prestado a su afable hermano Harry (Robert East), príncipe de Gales, y ante los reproches de su madre, la reina (Elspet Gray).

En esta temporada, bastante buena, tenemos a un Edmund que no llega a ser un gran villano pero tampoco un santo varón. Es alguien sin muchas luces que se cree intelectualmente superior y que está secundado por dos hombres tampoco tan listos. Hay gags bastante buenos (-“Dime, Baldrick, ¿exactamente que les hizo Dios a los sodomitas? –No lo sé, mi lord, pero no creo que fuera mucho peor que lo que se hacían entre sí”), muchas parodias a Shakespeare y se abordan cuestiones propias de la época (las alianzas matrimoniales, la brujería, las disputas entre Iglesia y Estado, etc.).

En este video se representa cómo surgió una leyenda… decepcionante (y cómo Edmund roba las ideas a sus compañeros):

-Blackadder II (1986): la época isabelina (1558-1603). Durante el reinado de Isabel I (Richardson), Lord Edmund Blackadder es uno de los nobles más importantes de la corte. A diferencia de su antepasado medieval, más tonto y cobarde, nos encontramos ante un Edmund más inteligente, malvado y cínico. Ahora ya no desea ser rey de Inglaterra, sino ascender por méritos para tener más poder e influencia sobre la reina, que aparece, no como la seria e inteligente “reina virgen” que desafió al Imperio Español, sino como una mujer tonta, autoritaria, infantil y sexualmente despierta con incesantes ganas de cortar cabezas.

Con la ayuda del nuevo Lord Percy Percy (McInnery), tanto o más estúpido que su antecesor del siglo XV y con cierta tendencia homosexual, y de un Baldrick (Robinson) mucho más simple y sucio, Edmund se embarcará en mil y una aventuras para alcanzar la posición que desea o para evitar cualquier problema (deudas, desafíos de nobles, viajes para descubrir nuevas tierras, etc.), compitiendo con otro de los favoritos de la reina, Lord Melchett (Fry) y ante la incómoda presencia de la fiel –y estúpida- consejera de la reina, Nursy (Patsy Byrne), la nodriza.

En lo tocante a la segunda temporada habría que decir que es mucho mejor que la primera. Los gags son mucho más divertidos, con un humor muy ácido y a la vez inteligente; los personajes están mejor trabajados, sobre todo el Edmund Blackadder de este periodo, totalmente diferente del hombre enclenque de finales del siglo XV; pero lo mejor de esta temporada es que las situaciones que se abordan, típicas de los ochenta, no rompen con la tradición británica de decir las cosas con educación y buenas palabras.

-Blackadder III (1987): de 1760 a 1826. Durante la época en la que Gran Bretaña comenzó a convertirse en la primera potencia mundial, y en la que coincidieron la Ilustración, la Revolución Francesa y Napoleón Bonaparte, el Romanticismo y la Revolución Industrial, el Edmund Blackadder de esta época es un sirviente muy inteligente que trabaja, junto con Baldrick, al servicio del príncipe regente Jorge (Laurie), un hombre juerguista y derrochador, no muy inteligente y obsesionado con el sexo y los pantalones muy anchos y gruesos para impresionar. Históricamente, durante una parte del reinado de Jorge III de Hannover (1760-1820), un monarca que enloqueció, su hijo, también de nombre Jorge ejerció, la regencia del reino, pasando después al trono como Jorge IV (1820-1830).

En esta temporada el tercer Blackadder es aún más inteligente y “británico” que su ancestro del siglo XVI. Es más educado, formal, pero a la vez más cruel y ácido. Tiene una mentalidad mucho más utilitarista y siempre quiere sacar provecho de cualquier situación para ser millonario y dejar de servir al príncipe regente por cualquier modo (escribiendo novelas, haciendo apuestas y triquiñuelas…), pero siempre tiene que sacarle las castañas del fuego al príncipe. Es, además, el primer Blackadder que no es noble o que forma parte de la alta sociedad, lo que lo hace un poco más cercano a pesar de ser tan malo, como en esta escena en la que dice todo el rato “Macbeth”, que está prohibido decirlo entre los actores.

En general, la tercera temporada mantiene el mismo ritmo que la segunda. Tiene muchos gags divertidos y situaciones bien planteadas en el guión, aunque al estar ambientada en el XVIII y en el XIX los diálogos y los comportamientos de los personajes están más cuidados y son más “elegantes” que en la Edad Media o en el siglo XVI.

-Blackadder IV (1989): año 1917. La Primera Guerra Mundial (1914-1918) sigue su curso, y en el frente occidental británicos y alemanes siguen combatiendo en una interminable guerra de trincheras. En dicha contienda se encuentra el capitán Edmund Blackadder, un hombre tan cínico y negativo como sus antecesores que tiene un deseo muy profundo: librarse de la guerra para no morir en tierra de nadie o por un bombardeo de la artillería alemana en las trincheras de Flandes.

Acompañado del sucio y estúpido pero inocente soldado Baldrick y del alocado teniente George (Laurie), un estudiante de Cambridge deseoso de salir de la trinchera y que no conoce la verdad del conflicto, Edmund intenta hacer de todo para salir de ahí (hacerse cocinero, no responder las llamadas de ataque, hacerse aviador…), pero dos personas se lo impiden constantemente: el loco general Melchett (Fry) y su asistente, el afeminado capitán Amor –Darling en inglés- (McInnery), que sirve y hace la pelota a Melchett como si fuera Smithers hacia el Señor Burns.

En mi opinión, la cuarta temporada es la mejor de toda la serie. En parte, debo confesar que me encanta la Primera Guerra Mundial y por ello es mi favorita. Pero también es buena porque el humor se mezcla de una forma excelente con la tragedia que supuso para el pueblo británico el conflicto. Además, vemos en esta temporada a un Edmund Blackadder que, a pesar de ser como sus antepasados, es más humano, ya que quiere evitar todo el horror de la guerra de trincheras y seguir vivo, por lo que se siente hacia él una mayor empatía.

Junto a estas cuatro temporadas, se hicieron unos capítulos especiales: The cavalier years (1986), un pequeño episodio de un cuarto de hora ambientado en 1649, durante los últimos años de la Guerra Civil Inglesa; Un cuento de navidad para Blackadder (1988), cuya acción tiene lugar en la Inglaterra victoriana y que es una parodia de Cuento de Navidad de Charles Dickens; y, a modo de despedir el milenio, Blackadder a través del tiempo (1999), en el que el último Blackadder, acompañado de Baldrick, viaja a través del tiempo con una máquina en forma de caja de madera con retretes.

En definitiva, debo decir que es una de las mejores comedias televisivas de la televisión británica y del mundo. No gustará mucho a los que no entiendan el sutil humor inglés –al menos en algunos chistes que solo se entienden en versión original y si el espectador está familiarizado con la cultura británica-, pero creo que merece la pena verla porque, cuanto menos te esperas de ella, aparece algo repentino que te hacer reír y, además, a plena carcajada. Es muy recomendable y entretenida, aunque no esté tan a la altura de las superproducciones de la H.B.O., lo cual se compensa con ese ingenio tan británico al que más de uno puede engancharse.

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