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Black Mirror, historias (tecnológicas) para no dormir

Por Toni Ruiz

De lo más estimulante que he visto en televisión en mucho tiempo y una confirmación de que los mejores guiones están hoy en día en la pequeña pantalla y no en el cine. Todo eso y mucho más es Black Mirror, miniserie británica de la que se han emitido dos temporadas, cada una de las cuales consta de tres episodios. Seis episodios en total. Dos de ellos magistrales, tres muy buenos y uno entretenido. Casi nada.

Los episodios, aunque independientes entre sí, tienen todos como hilo conductor la influencia deshumanizadora que la tecnología -la actual y las que probablemente están a  la vuelta de la esquina- ejerce en nuestras vidas, y tocan diversos géneros, desde el humor negro hasta la intriga, pasando por el melodrama romántico, la sátira sociopolítica y, por supuesto, la ciencia-ficción.

Intentando no destripar demasiado el argumento de los capítulos, a continuación expondré un resumen de cada uno, que espero baste para despertar en los lectores que aún no conozcan Black Mirror la curiosidad por echar un vistazo a esta maravilla ideada por la mente saludablemente enferma de Charlie Brooker.

En El himno nacional se explora el impacto demencial que las redes sociales y los medios de comunicación sensacionalistas tienen sobre las corrientes de opinión pública, hasta el punto de hacer tambalear el gobierno de una nación y, más concretamente, al Primer Ministro, magistralmente interpretado por Rory Kinnear. La historia está además narrada con un cáustico sentido del humor que convierte a esta primera entrega de la serie en una sarcástica tragicomedia. Y, por si fuera poco, es también un thriller de ritmo endiablado. Todo en uno. Con un par.

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Quince millones de méritos es un episodio de temática algo más simple (aunque igualmente de “rabiosa actualidad”, que se dice ahora) pero visualmente deslumbrante. Nos presenta una sociedad futurista obsesionada con innumerables aplicaciones tecnológicas (rutilantes fuegos de artificio para adormecer las mentes) en la que la mayoría de la población vive esclavizada, en absoluto marasmo existencial y con la única aspiración de triunfar en un programa que se parece sospechosamente a Britain’s Got Talent o a nuestro patrio Tú sí que vales. Sí, todo se lleva a un extremo grotesco… precisamente para que, al compararlo con nuestra situación presente, nos percatemos de que son muchas más las concomitancias que las diferencias y que, después de todo, no estamos tan lejos de esa absurda sociedad distópica.

El último episodio de la primera temporada constituye, junto con Ahora mismo vuelvo de la segunda temporada, la cumbre de esta ficción televisiva.  Se titula Tu historia completa y, en tanto en cuanto aborda el deterioro de un joven matrimonio y cómo las tecnologías enturbian mortalmente nuestro espacio más íntimo, posee un calado emocional que corta la respiración. Si eres de los que le coges el móvil a tu pareja para ver con quién intercambia mensajes por whatsapp, a partir de ahora te lo pensarás dos veces antes de hacerlo.

(Por cierto, Robert Downey Jr., al que debe de salirle el dinero por las orejas con toda la pasta que habrá ganado con las pelis de Iron Man, ha comprado los derechos de este episodio para convertirlo en película. Ojalá le salga bien la jugada, porque material hay)

La segunda temporada se inicia con Ahora mismo vuelvo, análisis del modo en que se puede perder el norte a base de un empacho de realidad virtual y de cómo las nuevas tecnologías interfieren en nuestra asimilación del dolor. Y lo más impactante de todo es que este análisis esta hecho sin perder ni un ápice del cinismo que caracteriza a la serie pero mostrando al mismo tiempo una sensibilidad conmovedora. Para no desvelar más de la cuenta, diré que la protagonista (estupenda Hayley Atwell) recurre a un “avance” tecnológico de última generación que le ayude a superar una trágica pérdida, pero que, paradójicamente, no hace sino impedirle “avanzar” en su proceso personal de duelo (negación-ira-negociación-depresión-aceptación, según el modelo de Kübler-Ross), dejándola patéticamente instalada en la tercera etapa e impidiendo la sanación de la herida emocional. La escena al borde del acantilado, epítome de esta incapacidad para enterrar de veras a nuestro ser amado, a mí me rompió el corazón.

Oso Blanco juega de manera perversa con nuestras expectativas, reflexiona sobre la morbosa trivialización de la violencia (os sonarán los trillones de especiales sobre el caso Bretón de estos días, ¿no?) y nos presenta, una vez más, a una sociedad ávida de emociones fuertes… Aquí sí que no puedo revelar más detalles del argumento porque entonces me cargaría gran parte de la gracia del episodio. Sólo decir que su ritmo narrativo es aún más trepidante que el de El himno nacional y que nos retrata de forma por desgracia muy acertada. “Zas, en toda la boca”.

 Finalmente, El momento Waldo es probablemente el capítulo más flojo del conjunto, sin la mordiente o la complejidad que cabría esperar. Interesante y resultón, no mucho más. Pero tampoco menos. La premisa de la que parte es la siguiente: un personaje de ficción (para más señas, un oso un tanto irreverente cuya especialidad son los chistes de pedos) que es manejado por un cómico de tercera acaba concurriendo a unas elecciones. Y lo más alarmante es que no parece el peor candidato. Da que pensar. Con la que está cayendo, yo igual lo votaría.

Relatos inquietantes, espeluznantes, divertidos, mordaces, enternecedores… Quien todavía no los haya visto se está perdiendo un acontecimiento de tremenda magnitud. Los que ya los hemos disfrutado, esperamos impacientes la tercera temporada. Larga vida a Charlie Brooker.

Comentarios

  1. Abraham L.

    La serie por suerte ya la conocía y soy como tú un gran admirador de ella. Pero si no la conociera, tu crítica desde luego me animaría a visionarla. Eso sí, a mí hay un tercer episodio (National Anthem) que también me parece excelente. Magnífico análisis. La mejor descripción de la serie que he leído hasta ahora. Enhorabuena.

  2. Toni Ruiz

    Muchas gracias por tu comentario. Y más viniendo de un fanático de la serie como yo. Esperemos que haya una tercera temporada y que sea tan buena como las anteriores, que han sido la leche.

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