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Querida Jennifer

Por Señor Ojete

Ayer me enrollé Jennifer López. Al menos ella me dijo que era como se llamaba, aunque también pudiera ser su nombre de guerra cuando sale de fiesta.

“I know you gotta clap your hands on the floor.”

Ya digo que desconozco si era ella, pero sí que pagué en invitarla a copas el equivalente a una entrada para escucharla cantar, aunque en este caso el que entraba y salía era yo y la boca no la usó precisamente para deleitarme el oído. Casi mejor, fuese ella o no, porque lo que tengo claro es que suenan mejor sus nalgas cuando golpean contra mi pelvis que su voz sin los retoques de los programas informáticos que usan en los estudios de grabación.

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Al tenerla tan cerca no pude evitar rememorar su carrera de actriz y quizás porque mi pene apuntaba hacia su cara o porque soy un depravado, la primera película que me vino a la cabeza fue Anaconda. La película no era buena pese a contar con Jon Voigt, especialmente porque el bicho daba más risa que miedo, pero reconozco que la escena en la que Jenni se agarra con una mano el pelo para sujertarlo como si fuera una coleta y se comienza a acariciar el cuello con un suave masaje y mirada inocente me puso bastante bruto y eso que yo no suelo ser tan romántico. Soy más de pechos grandes a punto de reventar camisetas o de culos generosos que se mueven invitando a que les regales un buen cachete como el que lucía en Giro al infierno con ese vestidito que seguro Oliver Stone escogió personalmente mientras se agarraba el paquete y soltaba un gruñido de satisfacción.

-Me encantaste en Giro al infierno, casi me dio pena cuando Sean Penn te mata.
-Que dices cielo ¿Qué quieres que me ponga a cuatro patitas?
-Eeeeeh, sí… eso es. Vamos a hacer sonar los timbales.

Pero si hay una película que he visto y revisto cientos de veces por su culpa es Sangre y vino. Bueno, miento porque realmente solo hay una escena de esa película que he repasado fotograma a fotograma hasta congelar el momento exacto que quería. Para mucha gente habrá pasado desapercibido, pero no para alguien como yo, alguien con mi nivel de perversión no iba a conformarse con ver una única vez esa escena en la que Stephen Dorff arranca las sábanas de la cama y Jennifer tan sólo lleva una camiseta puesta sin nada que tape la parte inferior de su cuerpo. Madre mía, aquel día me enamore de su culazo en todo su esplendor. Repasando una y otra vez la escena era cuestión de tiempo que me percatase de algo que ni el director ni los montadores vieron o si lo vieron quisieron dejar para gente como yo, y era la maravillosa visión de su “chochete”. Con tanta agitación tuvo el maravilloso descuido de quedarte abierta de piernas durante décimas de segundo con el “minijenni” saludando a cámara. Gracias a la informática no sólo he podido congelar ese momento, sino que lo he ampliado e imprimido para crear un gran poster y colgarlo en el techo de mi habitación. Vale que se ve pixelado, pero yo sé lo que hay detrás de esos píxeles.

Y por eso se lo perdono todo, por ese segundo de cine le perdono todas y cada una de las películas ñoñas en las que ha participado y que me niego tan siquiera a mencionar, por miedo a que esta noche mientras duermo venga a mi mente alguna de ellas y me despierte entre sudores sobresaltado. Prefiero pensar en Asalto al tren del dinero una película de lo más entretenida capaz de engancharte si la ves repuesta en la televisión a pesar de que ya la hayas visto una docena de veces. Quizás ella no la considere una de sus mejores actuaciones porque se limita a ser un mero adorno sexy y todo el protagonismo se lo llevan Wesley Snipes y Woody Harrelson, pero bueno… al menos no molesta.

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Comentarios

  1. Cinepata

    Si quieres disfrutar del erotismo de Jennifer Lopez coge cualquiera de sus videoclips.

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