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Woody Allen: El gran tenista

Por Marcos Cañas Pelayo

Dicen que lo ha vuelto hacer. Se habla de uno de sus mejores personajes femeninos, interpretado por Cate Blanchett, para ese nuevo proyecto que ha bautizado como Blue Jasmine. No es una comedia, suele ser la primera respuesta que reciben los interesados en el asunto. Es comprensible, aún no nos entra en la cabeza, ¿Woody Allen ha dejado de ser divertido? No, únicamente, es un cineasta que lleva ya muchos años jugando a ser cínico, tierno, alocado, trágico, cómico y sentimental.

No obstante, no será este modesto artículo la tribuna para hablar de su próximo estreno, en esa cita anual a la que acude con disciplina lacedemonia cada año con sus espectadores de todo el globo. Nos remontamos un poco más atrás, a la altura de 2011, cuando Robert B. Weide nos trajo un detallado documental sobre el genio judío de New York, el tímido más popular de la historia del celuloide. No faltaron rostros reconocibles como el maestro Martin Scorsese para dar sus impresiones sobre su ilustre colega de profesión; tampoco uno de sus grandes biógrafos y entrevistadores, Eric Lax.

Una cinta que, con el transcurrir de las generaciones, se convertirá en una de las referencias indispensables para los estudiosos de aquella carrera casi impensable, de monologuista y escritor de chistes para otros, a una especie de heredero de sus idolatrados Chaplin y Groucho (quien, en un ejemplo visionario y de entrega de testigo, le señaló como uno de sus príncipes herederos en el arte de la verborrea ingeniosa y ácida, donde el marxista fue rey de reyes). Pese a ello, la primera curiosidad es que Woody empezó soñando en ser como su admirado Bergman

Voces que nunca dudan en sentir lo que piensan, como el célebre crítico Carlos Boyero, denunciaban que este documental no arrastra información nueva que no supieran ya los estudiosos del cineasta. Bien, puede ser cierto, pero, digamos que es el primer recorrido visual, ordenado y medido, con impresiones de Annie Hall, perdón, queríamos decir de la siempre inteligente y atractiva Diane Keaton, de una trayectoria única en su especie. Un tipo tan visionario que nunca ha dudado que, de haber nacido en otro lugar, su genial don para la comedia no le habría impedido morirse de hambre… Modestia la del esforzado clarinetista, pero las oportunidades están ahí y solamente unos pocos son capaces de exprimirlas y recogerlas como él.

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Sospechoso habitual a la hora de hablar de hipocondriacos y excéntricos, en cierto sentido, pareciera que el propio Woody, con sus interpretaciones y parodias, haya dado más madera al fuego de sus detractores. Heterodoxo, distinto, no la llegada de sus años más maduros le han permitido permanecer alejado del ojo del huracán mediático, especialmente tras su divorcio de Mia Farrow. Llegados a este punto, ¿Podemos distinguir la fina línea entre el artista que se exhibe en la gran pantalla y su vida personal?

Al menos, él así lo ha intentado. Entre el humor absurdo y de gags continuados de forma brillante de Toma el dinero y corre, hasta Match Point, hay un abismo de diferencia, aunque ambos guiones fueron escritos con la misma máquina de escribir. Un hombre aferrado a sus costumbres, que Sheldon Cooper hubiera llamado orden… Los Óscar aún no han podido disfrutarle porque ninguno de ellos da su brazo a torcer los miércoles. ¿Integridad o arrogancia? ¿Amor al arte musical o repudio a los academicistas cinematográficos que tantas veces le dieron la espalda? ¿Cabezonería o chiste privado?

Y es que, aún se sorprende de su éxito en el extranjero. Incluso se burla de él en Un final made in Hollywood, a costa de su querido público francés, que lo ha adoptado como uno de los suyos. Lo único que aún sigue sin comprender, y el documental da muestra de ello, es la decepción de sus más fieles cuando, no comprenden porque salta de un género a otro, con lo divertido que ha sido él siempre…

Paradoja para un sujeto receloso de su intimidad pero que se exhibe sin pudor en una pantalla grande. El estudiante que hacía novillos para ir al cine, el tipo que se burla a las expensas de los círculos universitarios que le llaman para dar conferencias en la institución… de la que él mismo fue expulsado. Sus raíces, la familia, antes de cambiarse de nombre, previamente a ser, simplemente, Woody

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Después de su cine, la gente ha comprendido mejor el psicoanálisis y a hacer bromas a costa de Freud, pues, al final, ese pesimista jocoso no termina de tomarse esto de la vida muy en serio. Ya sea escribiendo o interpretando, detrás de los focos gritando acción o frente a Tony Roberts o Scarlett Johansson en la misma secuencia, siempre estará en el candelero, aunque a él mismo esa sanción le produzca arcadas…

Intelectual que no duda y se complace en asistir a los partidos que puede en el Madison Square Garden de sus sufridos New York Knicks, donde se le puede acercar el mismísimo expresidente Bill Clinton para estrecharle su mano o él mismo abstraerse y escribir acerca de por qué Michael Jordan no debía estropear su leyenda volviendo a las canchas. Y es que, aunque en una guerra solamente podría ser prisionero, Woody tiene algo en común con los grandes deportistas…

En el tenis, siempre se ha dicho que hay grandes maestros en la tierra batida, otros que lucen más en hierba… Por ello, los elegidos que logran despuntar en cualquier clase de superficie o tipo de torneo, llueve o truene, merecen la consideración de auténticos mitos, verdaderamente atemporales.

Por su filmografía y encuentro anual con más de medio globo, Allen sigue, hoy y siempre, resistiendo al invasor y haciendo las cosas a su manera, cual canción de Frank Sinatra, sin importarle los silbidos de los esnobs cuando hace un delicioso entremés cómico; tampoco deberá prestar muchos oídos a quienes le intentan condenar por abandonar la sonrisa en busca de objetivos dramáticos y agridulces.

Él, se limitará a hacer lo que siempre hace… continuar ese partido eterno contra los estereotipos y los tópicos sobre su cine, para volver a demostrar, una vez más, que no hay superficie que se le resista a un artista único en su especie.

«Mi familia no estaba preparada para alguien como Woody… porque, en realidad, no hay nadie como Woody» (Diane Keaton).

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