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Vidas paralelas – El secreto de Montaba y Brigante

Por Marcos Cañas pelayo

Carlito Brigante había resoplado de preocupación al ver a aquel individuo intentando entrar en su club. Sí, sin duda reconocía a los de su especie, porque él había sido uno de ellos. Una mirada dura y decidida, ese aire caribeño al andar, un traje de muchos dólares y comprado hacía poco con dinero sucio, una mirada descarada a la chica de su jefe…

Probablemente, en ese momento, el boss del chico cubano hubiera dejado caer un fajo de billetes, mientras la preciosa chica rubia que lo acompañaba disimulaba una expresión de indiferencia. Pachanga, su antiguo lugarteniente, quien no entendía por qué Carlito estaba tan puritano con el tema de que no se trapichease en su garito, le habría susurrado algo al oído de no ofender a aquellos individuos, gente con contactos en Miami.

Finalmente, el portorriqueño habría asentido con la cabeza, de una forma lenta e imperceptible. Frank López, aquel tipo de modales engominados y sonrisa perenne, le hubiera dado las gracias y entrado del brazo de Elvira, su amante. De cualquier modo, Brigante repararía menos en ellos que en el muchacho, quien se ajustaría su traje blanco, dejando constancia de que se sentía decepcionado. Colegas suyos en Florida le habían hablado del antiguo narco y sus hazañas, de cómo se mantuvo en el trullo sin delatar a los suyos, de la pasta que hizo traficando, de los tipos grandotes que tumbó a puñetazo limpio en callejones; sin embargo, se había encontrado a un hombre de expresión cansada….

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Tony Montana se pasó la mano por su cicatriz, su primera gran marca de guerra, sin comprender la extraña sonrisa que el dueño del local le dedicó. Más tarde, por una vez, Montana parecía menos preocupado por el escote de Elvira que por apurar su copa; de alguna forma, sentía que aquel tipejo de Puerto Rico conocía su pasado, presente y futuro. Aquella mueca que le había dedicado era la piedad de quien conocía el futuro y había visto lo que el destino le deparaba a la gente de su clase.

Sintió un extraño picor en la nunca, pero al día siguiente despertaría como si hubiera sido un mal sueño, pensando que el mundo era suyo, porque la sociedad necesitaba tipos como él para poder odiarlos. Simplemente, él hacía lo que los demás temían, aunque lo deseaban.

Las dos óperas carmesíes de Brian de Palma

Entre Scarface (1983) y Carlito´s Way (1993) hay una década exacta. Una distancia que no impide que tengan muchas cosas en común. La primera, su director, Brian De Palma. Un cineasta visceral, repleto de homenajes a sus admirados maestros (especialmente, Sir Alfred Hitchcock), capaz de lo mejor y lo peor dicen sus detractores, pero un artista que respira celuloide por los cuatro costados y logra el gran mérito en la pantalla de no dejar indiferente. La segunda, es su actor protagonista: Al Pacino.

Actor semidesconocido para el gran público hasta su aparición en El Padrino (1972), abrazar la causa de Michael Corleone supuso el punto de inflexión en la carrera de este intérprete italoamericano, hasta el punto de ser, aún hoy en día, uno de los rostros más reconocibles en el Panteón de Hollywood.

Dentro de su extensa filmografía, Tony Montana, protagonista de la visceral Scarface, y Carlito Brigante, rol principal de su otra gran colaboración Brian de Palma, son dos de sus más importantes muescas en un revólver con muchos aciertos.

Si bien pudiera parecer que son dos películas bien diferenciadas (la primera es un personalísimo remake de la clásica pieza del mismo nombre, dirigida por Howard Hawks; la segunda, una adaptación de parte de las novelas de Edwin Torres, juez y escritor, quien se basaba en los casos reales que conocía para inspirar su obra), hay muchos cordones umbilicales que unen a Tony a Carlito.

Un camino que se comprende a través de la edad. Tony Montana podría ser el hermano pequeño del portorriqueño o, mejor aún, una versión juvenil en Miami del personaje ya maduro que narra el letrado Torres. Brian de Palma habla de un ascenso y su precio con uno, mientras que la otra obra le permite hacer una mirada atrás, un discernido ocaso de un criminal atípico, quien ha visto ya de todo y ha perdido la inconsciencia juvenil, esa que era bien visible en Goodfellas (1990) y en el propio Montana, quien tiene un letrero bien visible en su lujosa mansión: El mundo es tuyo.

Oliver Stone tuvo luz verde para hacer evolucionar el espléndido trabajo de Hawks, hasta el punto de que obra original y remake son sumamente distintas entre sí. El director y guionista norteamericano imbuyó a Montana en un viaje de mucha heroína, violencia, mujeres y crimen organizado, un poderoso cóctel que terminaría. Se trata de una persona arisca, tosca, pero, sin embargo, plagada del carisma del individuo que tiene la decisión de un propósito claro. Cualidades que hacen a un importante jefe del mundillo, Frank López, darle una oportunidad pese a sus malas formas: Cuando tienes a alguien así, se parte el pecho por ti.

Carlito es totalmente diferente, lo cual hace que el ritmo de Atrapado por su pasado (traducción española para la epopeya de Brigante) sea más pausado y sosegado. Scarfaces una montaña rusa, conducir a ciento veinte por hora en una autopista rasa; el Brian de Palma de los noventa es menos explosivo, pero más pícaro, consciente de lo que quiere contar y dónde poner el acento de sus historias.

Uno es un antihéroe que ambiciona el poder y lo que ello conlleva. Lo quiere todo y conseguirlo rápido. En el otro caso, es un viejo guerrero cansado y desengañado, quien comprende las leyes de la calle e intenta escapar de los viejos hábitos y las amistades peligrosas (que incluyen abogados con las fosas nasales amplias).Carlito desea escapar, aunque sabe que debe hacerlo paulatinamente, poco a poco, con una espada de Damocles.

Dos mujeres, dos estilos

Elvira Hancock es un personaje escrito a la altura de las Verónica Lake del mundo noire, a esas rubias platino a las que canta Joaquín Sabina. En Scarface pasa de ser la chica del jefe, Frank López, a la de Tony Montana por una simple cuestión de fuerza. Comparte el vicio de la coca con su nuevo compañero, aunque su relación será turbulenta y basada en el poder del uno sobre el otro, mientras que hay incluso un conato borgiano en la sobre-protección de él por su hermana.

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Una vida sexual visceral es lo mínimo que se pide a una incursión en el género mafioso. Muchas de esas noches interminables existían también la vida de Carlito y sus compinches. De cualquier modo, cinco años en la jaula cambian a cualquiera, ahora, mira con ese aire de veterano odioso a sus primos y parientes que quieren emularle, a aquellos que ansían saber sus batallitas, pero el viejo y cansado narco busca ya otra cosa. No se enfada si un desconocido sacar a bailar a su chica, porque alberga confianza en ella, también se vuelve más selecto en buscar a la dama en cuestión.

Michelle Pfeiffer sería la encargada de hacer de la femme fatale Elvira, si bien es curioso que Penélope Ann Miller, encargada de dar luz a Gail, la bailarina que tuvo un hermoso idilio con Carlito antes de que esté acabase entre rejas, fuera una de las grandes polémicas del rodaje de Atrapado por su pasado. Un pulso constante con el director y miembros de reparto que, afortunadamente, no hizo resentirse el resultado final, quedando una química en pantalla muy buena con Pacino.

Un amor estival y otro otoñal, hubiera dicho Valle-Inclán, los intereses siguen siendo los mismos, aunque la fuerza, intensidad y habilidad varían con los años. La conducta cambia, pero los viejos instintos permanecen alerta.

Quizá, siendo tan antagónicos, Montana y Brigante resultan tan atractivos en la ficción por poseer el hilo de la vida de Ulises, una búsqueda constante de la supervivencia. En cierto sentido, uno es el whatifdel otro, ese reverso en el que ha estado a punto de encontrarse.

Los dos saben que han vivido más de lo que el mejor de los vaticinios por sus circunstancias podría haberles augurado, pero el enfoque de esta extraña pareja es distinto, también en materia relativa a sus amantes. Aún siguen siendo una cita ineludible en el videoclub ambas tragedias.

Aquí no queda sitio para nadie:

Las últimas bebidas se habían pedido y la barra estaba cerrando. El dueño de El Paraíso volvía a hacer recuento de la caja. El negocio iba viento en popa, aunque era difícil mantener alejados a los polis y, peor aún, a los antiguos compañeros que no habían perdido las malas costumbres. Precisamente había unas semanas había tenido una fuerte decepción con Lalin, antiguo camarada, quien se había presentado con un micrófono oculto.

Uno ya no se podía fiar de nadie. Incluso Topanga había empezado a mirarle de forma distinta por no haber acabado con aquel payaso del Bronx. Dios sabía que le estaba costando, pero merecía la pena por ella, estaba tan guapa en la pista del baile el otro día…

Si todo iba bien, tendría el dinero en un mes más, pero estaba claro que no podría hacerlo solo, no con tantos tipos que podían querer su cabeza… Carlito suspiró profundamente y vio al muchacho de la cicatriz acercándose para realizar el último encargo de su patrón, un wishky dick para su chica. Él mismo se lo sirvió, mientras notaba que Tony Montana le sostenía la mirada. Junto a la copa, sirvió también otro escocés, el cual tendió al cubano.

-¿Qué se debe? – preguntó en español, mientras se escuchaba la risa de Frank López en su mesa reservada.
-Invita la casa… – contestó el dueño del local.

El invitado asintió con gesto de agradecimiento, bebió su copa de un trago a una velocidad poco recomendable y cogió la copa de Elvira. Justo entonces, escuchó la voz clara del portorriqueño:

-Puede que dentro de unas semanas necesite ayuda… alguien decidido y que tenga poco que perder…
-Solamente tengo mis cojones y mi palabra…-resopló Montana-¡y ten la seguridad de que si cuentas conmigo, no vas a perder ninguna de las dos cosas!

Lentamente, Carlito Brigante disimuló una sonrisa al verlo alejarse. Era exactamente lo que él habría dicho hacía seis años.

Always knewI´dmake a stop there, but a lotl aterthan a wholegang of people thought…Last of the Moh-Ricans… well may be not the last- C. Brigante.

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