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Una trilogía para atraernos a la grandeza

Por Javier Fernández López

Cuentan que J.R.R. Tolkien, autor de El señor de los Anillos y El hobbit, entre otras obras, vivió de primera mano cómo la industria llegó para arrasar con las tranquilas vidas de unos ciudadanos. En un documental sobre la trilogía de Peter Jackson, son muchas las personas que afirman que El señor de los anillos es, en esencia, una historia basada en hechos reales. Probablemente así lo sea.

New Line Cinema, la conocida productora de las películas de Freddy Krueger, apostó fuerte por un proyecto que inició el neozelandés Peter Jackson mucho antes del estreno de la primera entrega. Jackson, que en principio había planteado una adaptación de dos entregas, necesitaba más recursos económicos, y fue entonces cuando apareció New Line Cinema para decirle: “Oye, ¿pero no son tres libros? ¿Por qué entonces son sólo dos películas?”

Dado este detalle, sería justo decir que fue Mark Ordesky, trabajador de la productora que le logró la entrevista a su amigo Peter Jackson, uno de los primeros responsables y artífices de una de las trilogías más redondas de la historia del cine. Con el dinero ya sobre la mesa, se iniciaron los preparativos para dirigir una trilogía que se rodaría de forma simultánea con el fin de ahorrar medios. ¿La clave? Un enfoque más real gracias al uso de unos efectos especiales punteros, nada que ver con el género fantástico propio del cine de los 80’s. Steven Spielberg había estrenado su Jurassic Park, y unos años antes del estreno de La Comunidad del Anillo se estrenó Titanic, de James Cameron, con una increíble factura técnica. Después de que se estrenara la trilogía por completo, el propio director canadiense James Cameron volvería a los cines animado por los efectos especiales de El señor de los Anillos.

¿Se conocía El Señor de los Anillos antes de que llegara Peter Jackson? Por supuesto que sí. No obstante, es con la obra cinematográfica con la que ha llegado la repercusión mediática, convirtiéndose en un fenómeno de masas. No sólo es una de las trilogías más rentables de la historia del cine, sino que tiene el privilegio de haber sido nominada con 30 premios Óscar, de los cuales ganó 17 entre las tres películas, todo un hito histórico. Con la trilogía, comienza a expandirse la comunidad de seguidores del universo creado por Tolkien. Las películas con elfos y orcos empiezan a tomar sentido y coherencia. La solemnidad forma parte del relato, todo unido a una épica grandiosa. También empieza a asentarse la idea de que una buena película no puede durar hora y media. Jackson propone doblar la duración, recreándose en las escenas, enriqueciendo cada minuto con algún detalle.

“Henos aquí, igual que en las grandes historias, señor Frodo, las que realmente importan, llenas de oscuridad y de constantes peligros, esas de las que no quieres saber el final, porque cómo van a acabar bien. ¿Cómo volverá el mundo a ser lo que era después de tanta maldad como ha sufrido? Pero al final… todo es pasajero. Como esta sombra, incluso la oscuridad se acaba para dar paso a un nuevo día. Y cuando el sol brilla, brilla más radiante aún. Esas son las historias que llenan el corazón, porque tienen mucho sentido, aun cuando eres demasiado pequeño para entenderlas. Pero creo, señor Frodo, que ya lo entiendo, ahora lo entiendo. Los protagonistas de esas historias se rendirían si quisieran, pero no lo hacen, siguen adelante… porque todos luchan por algo.”

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Este discurso sacado de Las dos torres contiene más contenido, mensaje y fuerza que muchas películas que sacan cada año. Acompañado de unas imágenes poderosas, bélicas y emotivas, Samsagaz Gamyi le hace ver a Frodo que el mundo necesita un héroe. La oscuridad es un temible villano, nos atrapa hasta dejarnos apenas sin fuerzas. Pero es aquí cuando aparece la esperanza para hacer frente, como una poderosa luz, a la oscuridad que asola el mundo. Como ya se dijera en Kick-Ass, el mundo necesita de héroes pero nadie quiere serlo; todos queremos ser millonarios, pero nadie quiere ser Spiderman realmente. Samsagaz Ganyi se da cuenta que los verdaderos héroes, figuras que se convierten en personajes eternos, logran hacerse un hueco en nuestro recuerdo porque siguen adelante, luchando contra la adversidad y el mal.

No falta de discursos, nuestro amigo Aragorn nos ofrecerá otras emotivas palabras al final de El retorno del rey. El actor Viggo Mortensen (La carretera) hace el papel de su vida, una caracterización perfecta e impecable. Impresionante oírlo en la versión original (la versión doblada tampoco está falta de calidad), mientras vemos a los últimos hombres luchando por algo tan básico y natural como la libertad. Tienen ante ellos la tiranía, la representación de un mundo oscuro sin amor. Tolkien, que era un hombre llano amante de la vida tranquila y los paisajes carentes de industrialización, crea un cuento donde Mordor simbolizo eso mismo, la industria. Sauron es el eje del mal, el que atrae a todos a un mundo de terror y esclavitud, donde el hombre ya no es dueño de sí mismo.

Como toda buena historia, se necesita un comienzo que avise de lo prometedor de la historia. Jackson crea uno de los prólogos más brillantes de la historia del cine. Sorprende el hecho de que un mundo donde habitan elfos, enanos, orcos y demás criaturas fantásticas sea ahora un lugar serio, carente de aspectos que muchos tacharíamos de infantiles. Obras como La historia interminable crearon un mundo mucho más desenfadado (aunque su argumento no dejaba de ser una genialidad), pero prueba de ello es la importancia de este enfoque que hasta las últimas películas que estamos viendo sobre el universo creado por Tolkien, es decir, las películas de El hobbit, muestran un mundo mucho más alegre, colorido, fantástico e infantil (no confundir con el infantilismo, un término que refiere a lo despectivo).

Así pues, La comunidad del anillo es una cinta que sirve de introducción a la historia. Personalmente, cuando la visioné por primera vez sólo destaqué el prólogo y la famosa escena del mago Gandalf contra el Balrog de Moria. Había solemnidad, seriedad en el relato, unos diálogos inteligentes y unos personajes fascinantes, pero el guión se mostraba flojo, algo fallaba, falta de acción quizás. Posteriormente, tuve la suerte de ver la versión extendida de la misma. Contrariamente a lo que pueden pensar después de lo dicho, vi la cinta con otros ojos, vi un producto muchísimo más sólido. Unas pocas escenas más sirvieron para ofrecer una perspectiva mucho más amplia sobre ese mundo, lo cual hizo que me interesara mucho más por la saga. Poco después llegaría Las dos torres, mi favorita dentro de la trilogía. Curiosamente es la menos premiada de las tres, y sin embargo la considero la más completa y magistral. La batalla en el Abismo de Helm sólo es comparable a la grandeza del cuento, una cruenta y épica batalla por la supervivencia de un pueblo asolado por la tiranía del mago Saruman, convertido al lado oscuro para seguir a Sauron (curioso que el actor Christopher Lee se pase al lado oscuro tanto en El señor de los Anillos como en Star Wars). Luego tenemos el maravilloso discurso de Sam ya citado y, por último, una escena que siempre me pondrá los pelos de punta, pura simbolización de cómo la naturaleza marcha contra la tecnología que pretende destruir el mundo que vivimos: “La última marcha de los Ents”. Acompañada por una sensacional banda sonora, vemos árboles vivientes marchando contra el villano. Dos pequeños hobbits observan cómo estos poderosos seres mágicos preparan una venganza contra el que tiempo atrás era un sabio amigo.

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Y ya que hablamos de la banda sonora, sobre esto tengo un firme pensamiento. Hay bandas sonoras que perdurarán para toda la vida. Lo hará la banda sonora de Titanic, la de El último mohicano o la de Eduardo Manostijeras. Pero lo que hizo Howard Shore en El señor de los Anillos creo que es algo inigualable. Jamás he tenido el placer de escuchar una banda sonora que esté tan bien ligada a las imágenes. Muchas veces una banda sonora de un film queda bien en otro. Con este trabajo, sucede, o al menos lo pienso, lo contrario. Cuando escucho esta banda sonora en las recientes películas de El hobbit, salgo de contexto, cuando lo irónico es que son sagas ambientadas en el mismo universo, pero aquí el enfoque y la forma adquiere una relevancia indiscutible. Cuando pusieron uno de los temas del soundtrack en uno de los avances promocionales de El hombre de acero, rápidamente supe de qué banda sonora se trataba. Y tal fue mi reacción, que me dije a mí mismo: “esto no queda igual de bien”. Por fortuna Hans Zimmer crearía una banda sonoral sensacional propia para ese film, me temía lo peor viendo ejemplos como el de Gladiator y Piratas del Caribe, cintas que compartieron uno de sus temas principales aunque alterados.

Por todo esto, pienso que la banda sonora de El señor de los Anillos es la mejor de la historia, sabiendo perfectamente que es una afirmación arriesgada y difícil. Se admiten contraejemplos y opiniones acerca de esto, por supuesto. No creo que todos opinen igual acerca de esto.

En conclusión, El señor de los Anillos es una de las trilogías más hermosas, placenteras e impresionantes que un espectador puede ver, recomendable para todo tipo de público. Con esta breve análisis personal sobre la trilogía (porque podría dar para mucho más), quiero darle la enhorabuena a Peter Jackson y el resto del equipo por lo que crearon, por el legado que han dejado. Y aunque la trilogía El hobbit pueda finalmente ser un producto de menos calidad, eso no manchará los logros de una obra espléndida, épica y bella. Héroes contra villanos, el bien contra el mal, la superación del individuo,… hasta el mensaje que simboliza la relación entre Frodo y Sam, dos personajes de clases distintas, resulta ser un hermoso cuento sobre la amistad. Sencillamente, una trilogía magnífica.

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