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Una reflexión sobre la fuerza

Por Javier Fernández López

Me pregunto qué rumbo le espera a una franquicia que mueve tantos millones de dólares en todo el mundo, una franquicia capaz de movilizar a la gente. Pero Star Wars es como la vida misma, aunque esté ambientada en una galaxia muy lejana, y es que parece que nunca nos pondremos de acuerdo. El boom inicial con Star Wars: El despertar de la fuerza ha desaparecido. Basta con ojear sitios web como Metacritic para darse cuenta de que este Episodio VII no ha sido el éxito que muchos quieren que sea. Al final se ha convertido en la gran polémica del 2015, donde unos la aman, otros la odian y luego hay un público que está en un terreno neutral.

Pero está claro que este Episodio VII ha sacado la verdad a la luz. Durante años me he preguntado con indignación qué necesidad había en machacar tanto a las precuelas de la saga, los episodios I, II y III, una trilogía que, al igual que lo hizo la original hace décadas, marcó a otra generación de espectadores, pero en lugar de estar unidos por un mundo ficticio, estos dos grupos han estado enfrentados igual que lo estuvieron la Alianza Rebelde y el Imperio Galáctico. Después de tanto escuchar y tanto leer estos días, ahora sé qué ha sucedido todo este tiempo. Star Wars jamás le perteneció a George Lucas, pues en el momento en el que apareció Una nueva esperanza, la franquicia quedó en manos de la masa y del merchandising. Aquel público se enamoró de Luke, Han y Leia, vendieron su alma por esos personajes y por un viaje en el Halcón Milenario. Se proyectaron ellos mismos destruyendo la Estrella de la Muerte y escuchando las palabras del sabio Yoda. Y esos espectadores, jóvenes por entonces, incluso adultos que llevaban un niño en su interior, crecieron con esos personajes y esas historias. Y claro, una trilogía a modo de precuela sólo sirvió para manchar aquella brillante y luminosa experiencia. De nada servía profundizar en el origen de Darth Vader y de otros grandes personajes, porque eso conllevaba contar una historia diferente a lo que ellos conocían, aunque la mitología de Star Wars siempre estuvo ahí desde que Obi-Wan le contó a Luke que hace años hubo una guerra llamada “Las Guerras Clon”. Ya no estaba Chewbacca disparando a los imprecisos Stormtroopers ni la sinvergüencería de Han Solo. De nada sirvió una historia sobre bloques comerciales, conflictos políticos, corrupciones en las altas esferas y clones. Bastó con un alien jamaicano llamado Jar Jar Binks y un repelente Jake Lloyd para hundir una trilogía que enamoró a una generación posterior.

A esto tengo que añadir una reflexión personal, lo que concluyo después de haber visto este Episodio VII, y es que más que una película, parece ser el antídoto a una enfermedad que se había gestado y expandido durante años gracias a esta postmodernidad social que impera en los últimos años. Entre “todo tiempo pasado fue mejor” y “la trilogía moderna carece de encanto”, los puristas de Star Wars necesitan un producto así que les curase de esos episodios I, II y III, porque fueron tres duros golpes a su corazón, a aquella infancia que se maravilló con la “Guerra de las Galaxias”. El despertar de la fuerza es la cura que esperaban, porque ese público ha podido ver de nuevo a sus personajes favoritos, a Leia, a Han y Luke, y ni siquiera cabe la crítica sobre si es muy coherente que en una historia ambientada treinta años después los personajes no hayan caminado hacia adelante, evolucionando en su vida, porque Han sigue siendo un contrabandista, Leia sigue creyendo que es una buena jefa militar y Chewbacca sigue siendo el compañero fiel que todos quieren.

Como excusa, ponemos ese filtro de nueva generación en donde lo artístico queda subordinado a la comercialidad más insana del mercado, obteniendo unos personajes “nuevos” que no son más que la figura que recoge el testigo de un producto anterior. Un remake a modo de secuela, con la supuesta promesa de que lo próximo no seguirá siendo tan parecido, aunque de no ser así, la teoría del eterno retorno o los argumentos cíclicos siempre servirán para justificar este tipo de dinámicas cinematográficas, aunque eso signifique la muerte del cine.

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A mí personalmente que Disney Abrams afirmasen haber hecho lo que han hecho, y no ocultarse bajo una capa melancólica de lágrimas, porque sí Abrams, a todos nos gusta la escena donde Luke mira las lunas de Tattoine. No es que sea tu favorita, es que en esa película, que marcó una época, es la única donde uno puede sacar una lectura profunda del protagonista, por lo cual no es difícil quedarse con esa escena. La música de John Williams también apoyaba mucho ese momento. Luego vino El Imperio Contraataca para que pudiéramos ver a unos personajes no tan planos, un argumento más profundo y oscura y una estructura narrativa más madura. Es una lástima que El Retorno del Jedi terminase con una batalla final en la que participaban ositos de peluche, porque todo lo demás estaba genial.

Pero como dice George Lucas, el hacedor, al menos él quiso que en sus películas siempre hubiese una novedad, algo por lo que distinguirlas. Y ahí está Disney para demandar al hacedor, porque un cheque de 4000 millones de dólares y unas cuantas cláusulas en un contrato es suficiente para justificar el “poder hacer lo que nos dé la gana”. A tal punto se ha llegado que el villano “nuevo” es un otaku de manual. Pero eso sí, el papel de hombre postmoderno lo borda con su rabieta, la misma que han tenido algunos con la sorprendente muerte, nótese la ironía, de Han Solo. Pero esto da igual, porque ha vuelto el Halcón Milenario, donde reside el corazón de los fans más acérrimos de la saga. Muchos han soñado con viajar en ella, saltar al hiperespacio y visitar la puerta de Tannhäuser. Perdón, eso es otra película, pero como aparece Harrison Ford me confundo.

En definitiva, se podría escribir y decir mucho más, porque la situación es realmente triste. Voy a pedir a los lectores que hagamos una simple operación matemática pero sin números. Vamos a sumar la estructura-remake de Jurassic World, la poca honestidad promocional de El corredor del laberinto: Las pruebas y también el fenómeno merchandising de Los Minions. ¿Qué nos queda? Efectivamente, obtenemos Star Wars Episodio VII: El despertar de la fuerza. Os dejo una conversación filtrada de Abrams con algunos directivos de Disney después de la adquisición de la franquicia:

“-Dir. Disney nº1: Bueno, ya tenemos el pastel, ¿cómo lo vendemos?

-Dir. Disney nº2: De antemano voy a ir llamando a las diferentes cadenas de televisión, cadenas comerciales, anunciantes publicitarios, distribuidoras de merchandising y vamos a empezar desde el minuto 1 a vender la película.

-Dir. Disney nº1: ¿Pero tendremos que saber lo que vamos a vender?

-Abrams: Es sencillo, los fans de verdad de la saga llevan años soñando con el día en el que puedan olvidar las precuelas de la saga. ¿Habéis visto Jurassic World? Ha sido un éxito sin originalidad alguna. Y la peña ya sabe que soy un postmoderno al que le gusta hacer homenajes de películas antiguas, véase mi excelentísima Super 8.

-Dir. Disney nº3: Entonces, ¿qué tienes planeado exactamente?
-Abrams: Un remake del episodio IV vendido como si fuese una secuela. Los fans más puristas lo fliparán, pondré a Harrison Ford y a Leia poniendo caras de “ey, hemos vuelto” y magia, éxito asegurado.
-Dir. Disney nº 1: Al final se darán cuenta.
-Abrams: Sólo se darán cuenta aquellos que no se metan de lleno en las emociones que evoca la película, todas alimentadas con mis poderes postmodernos, los cuales son capaces de hacer que la gente aplauda incluso la vuelta de Luke Skywalker aunque no diga palabra alguna. Por cierto, llama a los de Pixar, que necesito que me presten a Wall-E para la peli. Lo llamaremos BB-8, el nuevo R2-D2.
-Dir. Disney nº2: Y a C3PO le ponemos un brazo rojo para poder seguir vendiendo figuritas de él.
-Abrams: Veo que lo captas. Que empiece la fiesta.”

Que la fuerza os acompañe…

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Comentarios

  1. Ar Tu Ri To

    Lo de la conversación filtrada esa ha sido sublime.

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