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Una pequeña historia de la televisión en España

por Íñigo Bolao

La televisión. Esa caja que transmite programas, noticias, competiciones deportivas, series, películas, etc. Como en el resto de países, el desarrollo de la televisión en España comenzó después del final de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), convirtiéndose en algo que más que un simple aparato. Es el alma de cualquier hogar. Se podría afirmar incluso que es el sustituto de las hogueras de fuego que existían en muchas casas antes de que Thomas A. Edison inventase la bombilla y se recurriera a la energía eléctrica; frente al fuego se contaban historias y la gente se fijaba en las llamas para despertar su imaginación, como los invisibles rayos catódicos ante los que caemos como moscas inocentes.

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Dado que la tele ha condicionado nuestras vidas prácticamente desde que hemos nacido –llegando a crear muchos de nuestros sueños y de nuestras pesadillas cotidianas-, y define la mentalidad de un país (incluso contribuye a cambiar su historia), en este artículo de OjoCrítico.com se ha decidido escribir este artículo sobre la historia de la televisión en España, desde sus orígenes hasta el presente. Contándolo de manera amena pero, a la vez, crítica, el objetivo de este artículo es responder a una pregunta interesante: ¿cómo hemos cambiado los españoles a través de la caja tonta? Vamos a verlo. El viaje empieza… ¡ya!

LOS ORÍGENES (DESDE LA DÉCADA DE 1930 HASTA 1956).

En sus inicios la televisión fue considerada como un invento experimental que tuvo varios precedentes tecnológicos desde finales del siglo XIX. Tras la invención del primer sistema de transmisión de imágenes televisadas por el físico escocés John Logie Baird (1888-1946) a finales de la década de 1920 por medio de la B.B.C, diversos países del mundo empezaron a experimentar con este nuevo medio a través de las emisoras de radio, tanto de titularidad pública como privada.

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En la España de la década de 1930, en tiempos de la Segunda República y de la Guerra Civil (1931/1936-1939), y dado el atraso tecnológico en el que se encontraba el país, solo se oían rumores y hubo debates entre los estudiantes de las universidades y escuelas politécnicas sobre el nuevo medio. Pero los primeros experimentos serios no llegaron a realizarse hasta el año 1948, ya en plena dictadura de Franco (1939-1975). Fueron durante los años de la autarquía, la escasez y del NO-DO cuando, en Barcelona en junio, y en Madrid en agosto, se realizaron las primeras retransmisiones televisadas de actuaciones musicales, corridas de toros, etc.

A pesar de los fallos ocurridos en las primeras retransmisiones, las pruebas continuaron hasta que, el 28 de octubre de 1956, desde un chalé situado en el Paseo de la Habana en Madrid, y a iniciativa del Ministerio de Información y Turismo, apareció la primera cadena de televisión nacional, de carácter público, encargada de emitir programas de manera regular, y cuyo alcance se iría extendiendo con el paso de los años por todo el territorio nacional. Sí, amigos lectores, aquel día surgió Televisión Española (T.V.E.), perteneciente a la corporación Radiotelevisión Española (R.T.V.E.), y desde entonces nos sigue acompañando en nuestras vidas.

DE RÉGIMEN EN RÉGIMEN Y TIRO PORQUE ME TOCA (DE 1957 A 1979).

Durante los poco más de veinte años de existencia de T.V.E., entre la aprobación de diversos decretos y leyes para regular el sector, la introducción de nuevos avances tecnológicos (como el paso del blanco y negro al color), e incluso con la inclusión de un segundo canal llamado U.H.F. en 1966 (la actual La 2), la tele se fue convirtiendo en el símbolo del desarrollo de miles de familias españolas, comparable a los coches. Ofrecía, a través de programas de entretenimiento o de la publicidad, un mundo con el que los españoles se podían evadir durante unos momentos, aunque no se emitía las 24 horas del día, sino durante algunas horas, desde la tarde hasta que se ponía la carta de ajuste por la noche.

Es evidente que, habiendo surgido en plena dictadura, al régimen franquista le sirvió, no solo para divulgar la cultura española y mantener conectado a todo el territorio, sino también para poder controlar ideológicamente a la sociedad del momento, que estaba muy poco informada y que necesitaba ajustarse al modo de vida de las clases medias. Una muestra de ello: los dibujos de la Familia Telerín, que sirvieron para condicionar los hábitos de vida de los niños españoles a la hora de irse a dormir. Precisamente al régimen le interesaba eso: que hubiera españoles dóciles, formales y disciplinados desde la cuna hasta la tumba.

A pesar del control político de T.V.E. por el Estado, a la mayor parte de la sociedad española no parecía importarle. Solo soñaba con vivir bien y con tener cubiertas todas sus necesidades, y la televisión ofrecía todo aquello que la sociedad deseaba (entretenimiento, calidad de vida, cultura, etc.), tanto si se hacía en los estudios de Prado del Rey como en otros países. Ya fueran las obras teatrales representadas en el Estudio 1 o el concurso Uno, dos tres; Historias para no dormir o las series Bonanza o El fugitivo; los partidos de la Liga de fútbol o Eurovisión, la televisión en España cumplía con su función de una manera muy eficaz, hasta tal punto que los años 60 constituyeron la “edad de oro” del canal.

En fin, la televisión en España, desde su aparición, aún era como un niño pequeño que necesitaba crecer. Pero en los años 70 todo cambió con estos dos acontecimientos:

Con el atentado perpetrado por E.T.A. contra Luís Carrero Blanco en diciembre de 1973, la muerte de Franco en noviembre de 1975 y la Transición democrática, los dos canales de R.T.V.E. se convirtieron en dos agentes importantes de los cambios políticos y sociales que experimentó el país por aquellos tiempos. El mayor grado de apertura política y la muestra de ciertos contenidos se pudo realizar sin temor a la censura que practicaba el régimen. Hubo un precedente de ese aperturismo por aquellos años en forma de oscuro mediometraje televisivo, realizado por el que es considerado, junto a Narciso “Chicho” Ibáñez Serrador (1935), como uno de los mejores realizadores de la televisión española, Antonio Mercero (1936). Su título: La cabina (1972), coescrita junto a José Luis Garci (1946).

A partir de sucesivos acontecimientos (la coronación de Juan Carlos I de Borbón -1975-2014-, el nombramiento de Adolfo Suárez como Presidente de Gobierno en 1976, las primeras elecciones democráticas en 1977 y la aprobación de la Constitución de 1978), comenzó a fomentarse por entonces una pedagogía más próxima a los principios democráticos y progresistas (aunque, desde entonces, cambiantes según el partido político que estuviese en el poder) que a los de Falange Española de las J.O.N.S. Lo que se apreciaba: en el rigor informativo de programas como Informe semanal, que permitieron que España estuviese más y mejor informada respecto a los acontecimientos internacionales; en los espectáculos de los fines de semana; o de determinadas series de televisión, como la de aquel grupo de bandoleros de principios del siglo XIX que se saltaban tan ricamente cualquier norma.

TRANSFORMACIÓN, DIVERSIFICACIÓN Y REGIONALISMOS (DE 1980 A 1990).

A pesar del susto del 23-F de 1981, el proceso de modernización de la sociedad española iniciado en la década anterior continuó gracias a la televisión, siendo nuevo presidente Felipe González (1982-1996) tras seis años de gobierno de la U.C.D. y estando los socialistas en el poder por primera vez desde 1936.

Poco a poco se fue atendiendo a diversos sectores de la sociedad española con programas de toda clase: mientras los niños tenían a Espinete y Don Pimpón en Barrio Sésamo, a Willy Fogg o a David el Gnomo; y los adolescentes a los grupos musicales de la “movida” y otros movimientos culturales en La edad de oro o La bola de cristal, los adultos seguían viendo programas de actualidad y series de producción internacional y nacional (En portada, Un día es un día, Los gozos y las sombras, Corrupción en Miami…). Los dos canales de Televisión Española empezaron a contar con una programación mucho más diversificada y variada, mostrando ante los telespectadores una imagen de calidad, profesionalidad y eficiencia que siguen presentando. Fue una época de regeneración del medio nunca antes vista.

No obstante, y como se ha podido leer más atrás, desde la Transición sigue habiendo el problema de que, siendo Televisión Española, según los Estatutos de 1980, un ente público cuyo mantenimiento depende del Estado, siempre ha estado controlado por el gobierno de turno, que nombra a directores afines al partido gobernante. ¿Cuál es la consecuencia lógica? Sencillamente que, inconscientemente y desde entonces, la mentalidad de los españoles, aunque hubiera cambiado, siempre ha oscilado entre un polo político u otro por los vaivenes que se dan después de unas elecciones. Lo que prima en los contenidos es, simple y llanamente, los valores del partido en el poder, hasta que otro le sucede y se promueven valores diferentes.

En otros países de Europa, y es algo que diversas fuerzas de la oposición han defendido –pero no cumplido-, se llevó a cabo la creación de Consejos Superiores como instituciones independientes para poner orden en el funcionamiento de todo el sistema televisivo, controlar las emisiones y también la manipulación que los organismos políticos pueden llevar a cabo, tanto en las cadenas públicas como en las privadas. Pues bien: nadie en España ha llevado a cabo la creación de tal institución, y tanto La 1 como La 2 siguen en esa situación.

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Aún así, muchas cosas empezaron a cambiar en la década de los 80. Durante el Franquismo existió la práctica de monopolizar y nacionalizar cualquier sector económico y de información que hubiera en España. A partir de entonces se dio lo contrario: liberalizar y privatizar para que hubiera libre competencia y hubiese más empresas con las que diversificar la economía nacional. Y el sector televisivo no se libró de esa fiebre liberalizadora y privatizadora de la década, tomada de los principios del Neoliberalismo.

En primer lugar, desde los recién creados gobiernos autonómicos de Cataluña, País Vasco, Madrid, Andalucía, etc., se produjo la creación de canales de televisión autonómicos, con la finalidad de que, desde cara región española, hubiera un lugar propio para expresarse y difundir los valores regionales. Poco a poco fueron surgiendo estos canales (TV3, E.T.B., Televisión de Galicia, Canal Sur, Telemadrid, Canal Nou…) que, sin embargo, conocerían lo mismo que T.V.E. a nivel nacional: su control por el gobierno autonómico de turno al ser competencia directa de éstos el control de determinados medios de comunicación.

Mientras que, por otro lado, aparecieron las primeras cadenas privadas de televisión generalistas, encargadas de emitir a nivel nacional. Algunas de estas cadenas surgieron desde conocidas emisoras de radio, como fue el caso de Antena 3 en 1989; otras, como Telecinco en 1990, aparecieron con la presencia de grupos mediáticos internacionales propietarios de emisoras radiofónicas, cadenas de televisión y periódicos para contar con más audiencia y dinero en otros países (en este caso, la corporación Mediaset de Silvio Berlusconi -1936-); mientras que, desde Francia, y a iniciativa del grupo Sogecable (actual Grupo Prisa), apareció Canal Plus, que comenzó a emitir ese mismo año y se perfiló como la primera cadena de pago del país, aunque una parte de su programación podía verse en abierto.

A COMPETIR POR LA AUDIENCIA (1991-2006)

La caída del Muro de Berlín en 1989 y el final de la Guerra Fría permitieron que, a raíz de los avances científicos y económicos de la década de los 80, los medios de comunicación alcanzaran un desarrollo y expansión nunca antes vistos gracias al fenómeno de la Globalización y a la informatización. España, convertida en un país democrático, experimentó también ese conjunto de cambios. La información podía llegar a cualquier lugar y a todas partes, y la muestra más palpable de ello la encontramos en la enorme repercusión que tuvieron los atentados del 11 de septiembre de 2001 sobre las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York.

Pero volviendo a la situación nacional, y roto el monopolio antes ejercido por Televisión Española, durante las décadas de 1990 y los 2000 las cadenas españolas mantuvieron un fuerte competencia entre sí para ver quién de todas ellas se llevaría la mayor parte de la audiencia. Las dos cadenas de T.V.E., La Primera (ahora La 1) y La 2, se mostraron como dos cadenas serias y profesionales que daban un servicio público a sus espectadores a través de todo tipo de programas. Con la aparición de la televisión por cable y por satélite se llevó a cabo la creación de otras cadenas del grupo (Canal 24 horas o Teledeporte, entre otras) para diversificar su actividad.

E incluso el ente público –convertido en corporación desde 2007- se presentó como el único cuyos canales podían ser un testimonio “fidedigno” de la historia reciente de España y un protector de la cultura nacional, a pesar de los ya mencionados cambios que experimentó con cada nuevo gobierno que se formaba en España. La serie Cuéntame cómo pasó surgió, no solo para mostrar a los españoles lo que fuimos, sino también (tal vez sin que los creadores y los directores se hubiesen dado cuenta) para que viesen que Televisión Española siempre ha estado ahí cuando los españoles cambiaban, y que por ello debían seguir viendo la cadena.

Las principales rivales, sin embargo, fueron yendo por caminos distintos. Antena 3 se convirtió, desde los noventa, en una cadena que apostaba por desarrollar la ficción televisiva de producción nacional. Primero con telecomedias que tuvieron un éxito rotundo, como Farmacia de guardia o Manos a la obra, con las que se mostraba que, aunque los españoles tuviésemos una democracia y estuviésemos integrados en la Unión Europea, seguíamos siendo los mismos pícaros y chapuzas de siempre. Hasta que después se apostó por series de temática juvenil (Compañeros o El internado), épica (Hispania, en la década de los 2010) o cómica (Aquí no hay quien viva).

Con la siguiente cadena lo mejor será hablar con toda sinceridad. Italia, un país que siempre ha ejercido, junto con Francia, una influencia cultural muy notable en España, dejó una parte de su sentido del “espectáculo” televisivo en Telecinco. Aunque, como Antena 3, desarrolló también diversas series de producción nacional (Médico de familia, El comisario o Los Serrano) para entretener a toda la familia o a un público determinado, Telecinco siempre se ha definido como una cadena que apuesta por el espectáculo sensacionalista de la tele-basura con los programas del corazón (Aquí hay tomate o Sálvame), los late night shows (Crónicas Marcianas) y los reality shows (Gran Hermano).

Ese entretenimiento está formado por desnudos, tonos de voz escandalosos, comentarios estúpidos y arrogantes, insultos, tacos… De ahí surge la pregunta de si la televisión, inconscientemente, puede contribuir al embrutecimiento y a la incultura de una sociedad Si Telecinco fuese el único canal de televisión existente en España, la respuesta sería afirmativa. Aunque hay que tener en cuenta que la mayor parte de la población, sin que sea estúpida, ha crecido en familias y en entorno de un nivel cultural más bajo, aprovechándose los creadores de esos programas de las características de ese sector de la audiencia para mantenerlos en la parrilla de la audiencia. Estas cosas es mejor mostrarlas aquí por medio de esta genial parodia televisiva:

El extremo opuesto a Telecinco está representado por Canal Plus. Aunque fue, y sigue siendo, un canal que emite principalmente programas y series de otros países, junto a largometrajes de todos los géneros y nacionalidades, y la mayor parte de sus emisiones estaban codificadas a no ser que dispusiera de un descodificador, es una de las cadenas de televisión más innovadoras de la historia reciente de la televisión española. Lo más plus y Las noticias del guiñol estaban entre los mejores programas de humor y entretenimiento, y con El día después cambió la forma de ver el fútbol: ya no solo podíamos ver las jugadas de Hierro, Ronaldo o Messi, sino también las reacciones del público y de los entrenadores, y todo el mundo interior de este deporte.

Por otra parte, la mayor parte de las cadenas autonómicas formaron parte de la Federación de Televisiones Autonómicas (F.O.R.T.A.), contando a partir de los noventa con segundos canales (E.T.B. 2, C33…). Estas cadenas no solo llegaron a competir por el control de la audiencia contra las cadenas generalistas con programas como Tómbola en Canal Nou, Goenkale en E.T.B. o Poble Nou en TV3, sino que también sirvieron para definir los valores y la vida de los espectadores de cada comunidad autónoma.

Hubo también otros cambios importantes en la televisión en España desde los años noventa y los 2000. Dos plataformas de televisión digital y por cable, Canal Satélite Digital y Vía Digital, se unieron para formar una gran plataforma de acceso a decenas de canales llamada Digital Plus, ofertada a través de contratación directa o desde cualquier compañía telefónica. A su vez, aparecieron nuevos canales locales y autonómicos, a veces como competidores de los canales autonómicos de primera generación.

También se produjo la fundación de dos nuevos canales generalistas: de un lado, en 2005, Cuatro, como el sucesor de Canal Plus en abierto y cuyos programas representan otra clase de espectáculo televisivo a través de documentales de temática social al estilo de Cops como Callejeros, o de coaching (Supernanny o Hermano mayor); y de otro lado, en 2006, La Sexta, que apareció como un canal progresista con el que comenzó a darse un hueco al deporte en un comienzo, a los debates políticos y al humor políticamente incorrecto de la mano de El intermedio. Pero el gran cambio llegó con la TDT, la Televisión Digital Terrestre.

LA TDT, LOS GRANDES GRUPOS MEDIÁTICOS Y UNA NUEVA POLITIZACIÓN (2007 EN ADELANTE)

Efectivamente, la TDT supuso un nuevo cambio televisivo en España… pero el tiempo demostró que, como en otras cosas, los españoles pensábamos que iba a ser estupendo, pero no lo fue. Estoy seguro de que muchos lectores, cuando oyeron hablar de la TDT pensaron: “Bien, al fin podremos ver una tele de calidad muy variada y con la que podemos acceder a muchos canales que antes solo se podían ver por cable o por Digital Plus”.

No fue así. Los contenidos de las cadenas generalistas pudieron distribuirse en canales más pequeños, a la vez que los grupos mediáticos nacionales vertebrados en torno a éstas pudieron expandir su presencia en la misma. Coincidiendo con la aparición de canales en alta definición y la fusión de los canales generalistas entre sí (los de Antena 3 junto a los de La Sexta permitieron la aparición del grupo Atresmedia, y los de Telecinco con Cuatro, que dejó de estar en manos de Sogecable y Prisa, formaron el grupo Mediaset España), la situación televisiva actual está marcada por la presencia de grupos cada vez más grandes que concentran toda la información y el entretenimiento. La competencia se ha ido reduciendo y la TDT se ha convertido en un lugar en el que los grupos más pequeños y/o independientes (como el grupo Intereconomía) han tenido que emitir en privado por el peso de las “cuatro grandes”: R.T.V.E., Atresmedia, Mediaset España y F.O.R.T.A.

Este cambio en el mundo de la televisión es importante. Pero también ha habido otros, tanto en los canales generalistas como autonómicos: la tele-basura ha logrado alcanzar una consolidación importante en la parrilla televisiva nacional; las series de televisión han recogido elementos de las cadenas estadounidenses mezclándolos con un estilo nacional; los horarios de programación son distintos a los de hace diez años (casi todos los programas de la noche, por ejemplo, empiezan a las 22:30 y acaban hacia las 00:00), condicionando y alterando el horario cotidiano de cualquier hogar español; y los minutos de publicidad se han alargado demasiado y/o se dan cada poco tiempo durante la emisión de un programa.

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Y en relación con el “embrutecimiento” e “incultura” social provocados por la televisión, y combinado con los efectos de la crisis económica de 2008, lo más importante sería la politización de la televisión española, reflejado a través de tertulias y debates de todo signo político. Hubo cierta politización durante las décadas de 1970 y parte de la de 1980, pero nunca tanta como en este momento. Pero es una politización distinta: si antes era para inculcar unos valores democráticos en una sociedad que había salido del Franquismo, en esta ocasión surge para “indignar” tanto a la derecha como a la izquierda española, e incluso para fomentar un desentendimiento basado en el aprovechamiento de los miedos y de las preocupaciones de los españoles que genera espectáculo y un aumento de los índices de audiencia.

CONCLUSIONES

La televisión, y sobre todo en España, todavía es un medio muy joven que necesita de mucho más tiempo para alcanzar un nivel de desarrollo comparable al de la B.B.C. o las cadenas privadas norteamericanas (N.B.C, A.B.C….). A pesar de ello, siempre nos hizo compañía y ha contribuido enormemente a muchos de los grandes cambios políticos y sociales de la historia reciente de nuestro país –para bien y para mal. Hubo momentos en los que el medio, o un canal en concreto, pasaron por “edades de oro” más o menos largas, creativas, innovadoras o fructíferas. Baste mencionar el caso de Televisión Española en la década de 1980, Canal Plus en la de 1990, o Antena 3 en los 2000.

No obstante, la situación actual evidencia que ha disminuido el nivel y la calidad televisiva, si bien no desde el punto de vista técnico, no así en el modo de trabajar con unos contenidos y en la profesionalidad de una parte de quienes trabajan en la “caja tonta”. ¿Qué aspectos concretos han sido los que la han hecho disminuir?

1.- En primer lugar, la escasa profesionalidad vislumbrada a través del mal comportamiento y del lenguaje utilizado en varios programas por parte de periodistas, figuras de la prensa rosa, comentaristas y analistas deportivos, hasta por los analistas políticos. ¿Algún lector que sea estudiante universitario ha oído hablar de una asignatura llamada “Introducción al Español Correcto”? Puede que sea más necesaria que nunca en las facultades de comunicación y escuelas de periodismo si se quiere alcanzar una mejora.

2.- Un mal aprovechamiento del tiempo de emisión, habiendo horarios irracionales y espacios publicitarios demasiado largos. Todo ello por dos razones: ganar un mayor número de audiencia aprovechando esos intermedios y obtener ingresos, habiendo en esto último una interdependencia cada vez mayor entre las cadenas y las empresas de otros sectores.

3.- Si entre 1956 y 1989 hubo un monopolio televisivo, y hasta el 2006 un momento de variedad, ¿no habremos pasado desde 2007 a un “oligopolio” difícil de romper en el que los grandes grupos mediáticos se han quedado con su trozo del pastel catódico y no van a querer repartirlo? La única solución parece ser pasarse a la televisión por cable o por satélite para que haya una auténtica variedad.

4.- Por último, parece que en algunos canales los presidentes y directores de estos grupos han recurrido a la ignorancia (tanto a la involuntaria y pasajera, como a la voluntaria y permanente) de todo un país para llevar a la televisión a donde se encuentra. No se sabe si con mala fe, o simplemente es como resultado de que no conocen España (en el sentido de que no saben cómo es la realidad social y la mentalidad de su gente para que los contenidos puedan ser más próximos a su forma de pensar y de actuar) o que creen que no hay más remedio que seguir poniendo lo mismo porque no hay otra alternativa.

En este último apartado, siempre pienso en el ejemplo de Félix Rodríguez de la Fuente (1928-1980) y su programa El hombre y la tierra: fue un hombre capaz de transmitir una ciencia de un modo que pudo llegar a todos los españoles sabiendo cómo era y pensaba la sociedad de un país en un momento determinado. Si la Biología se llega a transmitir de la misma manera en la actualidad, aunque cambiando el lenguaje y la actitud para hacerlo más próximo a la forma de ser de la sociedad actual, se podría sensibilizar y educar, a la par que entretener, a todo un país y contribuir indirectamente a su desarrollo. Es algo que se está logrando con la Geografía y la Meteorología con el programa de La 1 Aquí la Tierra.

Pero llevar adelante un proyecto de esta clase es muy difícil por la existencia de un fuerte rival para la televisión: Internet. Cada vez con más frecuencia, y para evitar minutos de publicidad, horarios extraños y otros inconvenientes, se recurre a ver los programas y las series en otras plataformas, descargarlos ilegalmente o verlos en vivo a través de decenas de aplicaciones. Ello supone que los grandes grupos mediáticos efectúen modificaciones (y ya las están haciendo) que, a su vez, les hagan abandonar la caja tonta y convertir cualquier ordenador (portátil), o tablet, o teléfono móvil en un “dispositivo tonto” desde el que cualquiera pueda ver sus programas.

Al menos sigue habiendo libertad y espacio para otros canales, e incluso para grupos de aficionados que realizan sus propios programas y series a través de Youtube (con los ejemplos, muy recientes, de Qué vida más triste, Cálico electrónico, Hola, soy Germán y un largo etc.) que están consiguiendo ingresos a través de la plataforma conforme sus programas son cada vez más vistos por más gente. Un nuevo negocio se ha constituido y puede que alcance un desarrollo mayor. Como le pasó al cine en sus inicios, tuvo que coger elementos de otras artes para que llegara a ser lo que es; con los programas de Internet sucederá lo mismo.

Algo nuevo está surgiendo con estas plataformas: si desde hace diez años cualquier persona podía hacer su propia película con muy poca gente y medios, también pasará lo mismo con los programas y las series. Y, sin que los responsables de la televisión sean conscientes de ello, los viejos medios están cayendo y están siendo reemplazados por otros. ¿Qué veremos dentro de unos años y cómo lo veremos? ¿Reflejarán los cambios históricos de los países? Solo el tiempo tiene la respuesta, y esperemos que traiga consigo cosas buenas para España…

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Comentarios

  1. Enrique Fdz. Lópiz

    Felicitaciones, tu artículo es riguroso y completo. Me ha gustado. Saludos de tu colega de Ojo Crítico. Enrique Fdez. Lópiz

  2. Íñigo

    Gracias Enrique. Un abrazo.

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