Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Una pareja muy moderna

Por Marcos Cañas Pelayo

Hay películas que uno odia siendo niño. Suenan a melodía rancia, la clase de música que escucharían tus padres y, especialmente, los abuelos alabarían, en agraviosa comparación con esos ritmos modernos de los jovenzuelos. En definitiva, algo muy alejado de las referencias que pueden gustarle al adolescente incipiente con aires de estar de vuelta de todo, cuando en realidad no sabe nada. Esa clase de filmes quedan relegados en un baúl de recuerdos muy poco consultado.

parejamoderna1

Sin duda, Lo que el viento se llevó (1939) ha tenido esa etiqueta en mi mente durante mucho tiempo. No obstante, llega un momento en el que viejo tocadiscos suena y, de repente, lo que eran ecos atávicos y cubiertos de polvo, se descubren con una belleza e intensidad inusitada. Realmente, cada vez estoy más convencido de que la historia de amor que se adaptó a la gran pantalla de las páginas de Margaret Mitchell es muy moderna, mucho más de lo que podría pensarse de una trama que arranca en la década de los 60 del siglo XIX en las plantaciones sudistas de Georgia.

Cronos sigue dejando tierra quemada a su paso, pero, de alguna mágica manera, la peripecia de Rhett Butler y Scarlett O´Hara seguirá captando la atención de nuevas legiones de espectadores.

Ten paciencia, corazón, que es mejor deseo sin posesión que posesión sin deseo (Ramón de Campoamor).

Se trató de un inventó de la incipiente burguesía. El Romanticismo empezó a fabular con lo que antes había sido una cuestión familiar, de prestigio y comercial. La concepción de que el matrimonio tuviera que ver algo con los sentimientos era absurda. Comenzaba así una liberación anhelada y necesaria, pero también el inicio de una utopía que la ficción literaria y musical iba a eternizar, recogiendo el testigo platónico.

Nada de eso hubiera valido con Scarlett O´Hara. La creación de Mitchell, únicamente una mujer podía describir tan bien a otra dama, es una de las criaturas más egoístas y sinceras que nunca han desfilado por un dramón de época. De culebrón si lo prefieren. Pero, olviden todo cuando tienen pensado de los tópicos de los novelones porque, Scarlett O´Hara no fue nunca la más hermosa o la cautivadora damisela en apuros. Pero los hombres no se percataban de ello hasta que estaban perdidamente enamorados de ella.

No resultó fácil para Vivien Leigh hacerse con un papel codiciado,un casting tomado como una cuestión de orgullo nacional, porque Scarlett representa, en una sola persona, el sur que nunca existió, pero que nos gusta imaginar. La epopeya por la supervivencia de una niña de familia bien, entre limonadas y cortejos galantes, en la zona de confort de Tara, la tierra que sus antepasados irlandeses tomaron; hasta que estalla la guerra.

parejamoderna2

Y en la guerra solamente se aspira sobrevivir. Eso lo supo siempre Scarlett, obligada a crecer ante de tiempo. Su destino debería haber seguido siendo un camino de frívolos coqueteos, tratando de poner celoso a su idolatrado primo Ashley Wilkes, perfecto según todos los cánones de lo que debía ser un ideal de amor cortés. Sin embargo, estarían destinados a no ser nunca pareja, Ashley se casaría con Melanie Hamilton, un dechado de virtudes y moral, pero que debe al talento actoral de Olivia Havilland que resultase creíble en la gran pantalla semejante ángel del hogar, sin caer en lo risible.

Por esa frustración, muchos caerían en el proceso, el triste resultado de aspirar a un torrente de pasiones que podía engullir a quien se pusiera por delante. El primero sería Charles Hamilton, un idealista e imberbe voluntario a la guerra civil, poco consciente de que su buen corazón no es suficiente aún ni para afrontar los peligros de los cañones norteños… o meterse en lecho de una auténtica viuda negra, quien solamente acepta su propuesta matrimonial por poner celoso a Ashley.

En apenas dos semanas, Scarlett se había convertido en una esposa, y, apenas en dos meses, ahora era una viuda. Así lo resumía Mitchell con crudeza, la misma de su personaje femenino más recordado, alguien que, en su innegable egoísmo, no deja de ser una de las creaciones literarias más de carne y hueso que uno puede encontrar en un libro. Vivien Leigh transmite todo eso, pero también la honestidad brutal de Scarlett, ante su desmantelada familia y el espectro de la pobreza que empieza a embargarlas. La señorita O´Hara quiere huir de los fantasmas del hambre y del dolor, pero no esperaba que ningún caballero andante la saqué de ello, lucha y, en ese afán por la supervivencia, se convierte en una presencia fascinante durante todo el metraje.

Un afán que la llevaría a un luto escandaloso para las Bernardas Alba de la vida, a su segundo cónyuge, Frank Kennedy. Un arreglo conveniente y que comenzaría con él tendiéndole su mano para subirla a su coche de caballos… mientras la radiante prometida, bastante más joven que él, metía la mano en su bolsillo. Claro que la figura de Ashley seguiría en su mente, así como el odio a Melanie y… cruces de caminos inesperados.

parejamoderna3

La noche que ardió Atlanta

Chico conoce chica. Chica conoce chico. Hollywood se ha nutrido de esta fórmula tan simple y eficaz durante generaciones. Sin embargo, el cruce de miradas de Scarlett y Rhett fue mucho más que un cuento clásico o una canción de verano.

El duelo interpretativo de Leigh y Gable pasaría a los registros de los fans del séptimo arte. Un rodaje tenso y con baile de directores, guerras de facciones y muchos recelos mutuos, incluyendo ensayos clandestinos y acusaciones homófobas. Victor Fleming, George Cukor y Sam Wood pasaron por un agridulce potro de torturas que sellaría uno de los grandes clásicos de Metro y el avispado olfato de Selznick.

La plantación de los Wilkes es el lugar donde se produjo su primer encuentro, en el que míster Butler, un jugador de ventaja, miembro de una familia de lo más granada de la sociedad de Charleston, fue un involuntario testigo de uno más de los coqueteos de Scarlett con su primo Ashley. Desde ese momento, este caballero aspirará a conseguir que algún día la pequeña señorita O´Hara le mirara con la veneración con la que contemplaba a su primo. Quizá el único error grave de un hombre acostumbrado a saber manejar sus cartas (incluso sabiendo cuándo es conveniente perder con los altos mandos yankees en un campamento de prisioneros).

Si Scarlett se salta todo lo concebido sobre ejemplificadoras hagiografías de personajes femeninos, el capitán es la otra cara de su misma moneda. Lejos del idealismo bélico e ingenuo de Charles, él sí comprende que el mundo está cambiando, que los norteños tienen artillería, ferrocarriles y todos los elementos que llevan a un ejército a vencer a otro. Sin embargo, abandona a la supuesta mujer de su vida con tal de participar en la última batalla de los chicos del general Lee… sabiendo que está perdida.

Una galantería atávica de otra época que no esconde el telón de fondo en el que se amparada aquel universo, nostálgico y secesionista. Hermosas plantaciones de algodón que escondían generaciones de esclavitud y atrocidades, el propio e incorruptible Ashley decidiría, tras la guerra, que era menester colocarse sábanas y salir a poner orden con otros caballeros, dejando el germen de lo que posteriormente sería el infamante Ku Klux Klan. Contra ese universo, cuesta poco pensar en el carisma que emana la dionisíaca figura de Butler, a quien Terenci Moix llamó “El único”.

Contrabandista de éxito durante la guerra civil, frecuentador de casas de mala nota y despreciado por sus propios pares por su disoluto estilo de vida, sin concederle la menor importancia al qué dirán, el personaje de Gable reconoce en Scarlett a una igual, una apuesta demasiado arriesgada pero a la que no puede resistirse. No tiene nada de extraño que acabase siendo su tercer esposo. Tampoco sorprende el fracaso de dicha unión.

parejamoderna4

Ayer no me querías, hoy no te quiero, mañana no tendremos a quien querer- Joaquín Sabina.

El matrimonio suele ser el clímax y final feliz de muchas películas románticas, también de los sinsabores de las tragedias de amores imposibles que luchan contra viento y marea. Ya sea pasando por el altar o fugándose a vivir juntos en una autovía camino a la felicidad, parece que poco queda por contar; vivieron felices y comieron perdices.

Rhett y Scarlett siguen siendo más modernos. Su unión marca el inicio del último y, quizás más interesante acto de esta epopeya de época que es Lo que el viento se llevó. No es poco decir en un film donde la heroína (¿aunque en este caso no sería más oportuno hablar de antiheroína?) es capaz de matar a un saqueador yankee con sus propias manos, mientras que el héroe galante y de intachable sonrisa se ve atormentado por los celos e inseguridades que le produce la más difícil de sus conquistas.

Si bien la película simplifica su número de hijos, el enlace se mantiene como la catarsis de un universo que se ha extinguido en las tierras de Tara, una infancia que va a volver y muchas insinuaciones subidas de tono para la época, incluyendo una mítica subida de escaleras que era el prefacio a lo que era.

Probablemente Mitchell tuvo razón al negarse a cualquier clase de secuela. Una vez llegaron, pese al talento de libretos y el talento de los nuevos intérpretes, pareció que nos habían robado en una furiosa ventisca la esencia de un ingobernable dueto, una historia de amor con personajes de carne y hueso.

¿Y por qué vamos a ganar esta guerra? Lo único que tenemos es algodón, esclavos y arrogancia-Rhett.

Estoy cansada de decir Qué maravilloso eres a hombres que son idiotas y no tienen la mitad de inteligencia que tengo yo. Estoy cansada de hacer ver que no sé nada… y así los hombres podrán decirme las cosas y sentirse importantes mientras lo hacen-Scarlett.

It's only fair to share...Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on LinkedIn0Email this to someone

Escribe un comentario