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Una cara con ángel

Por Borja Álvarez “Jita”

Hollywood siempre ha tenido caras bonitas, cuerpos esculturales o mujeres con carácter, pero lo que tenía Audrey Hepburn era diferente y único. Es posible que hayan existido actrices mejores (y miren que ella era buena), actrices más guapas (estaremos de acuerdo en que su belleza era indiscutible), pero de lo que estoy completamente seguro es que nadie tenía lo que tenía ella. Esa expresión tan coloquial que a veces utilizamos de “tiene algo, no sé lo que es, pero tiene algo” sería la más indicada. Podríamos llamarlo carisma, duende o una cara con ángel.

Precisamente este último es el título de un precioso musical interpretado por Fred Astaire y Audrey. Y fue en ese film dónde encontré la palabra que mejor describía a la actriz. Vean la siguiente secuencia:

Simpatía es entender lo que siente otra persona. Enfatismo es proyectar nuestra imaginación hasta sentir realmente el estado de ánimo de otra persona. Se coloca usted en el lugar de otro semejante

Empática, Audrey Hepburn era una mujer empática. La actriz tenía el don de hacer suyos los personajes y sentir realmente lo que sentían ellos. Y también lo hacía fuera de los rodajes, ya que la actriz dedicó mucho tiempo a trabajos humanitarios para UNICEF, en los que ayudó a numerosos niños enfermos y pobres.

Nací con una necesidad enorme de afecto y una necesidad terrible de darlo”

Su sencillez y humanidad eran desbordantes, era una de esas personas cercanas, afables, con un glamour innato, sin la locura enfermiza por el lujo propia de la mayoría de estrellas (rechazó por ejemplo ser imagen de la marca Tiffany). Quizás fue porque de pequeña sufrió las consecuencias de la II Guerra Mundial. Ella mismo confesó que llegó a sufrir anemia y problemas respiratorios por la carencia de alimentos.

Tenía la misma edad que Ana Frank cuando la fusilaron. En 1947 leyó su diario y contó que la destruyó por dentro hasta el punto de no volver a ser la misma. En un fragmento del diario, Ana Frank relataba como fue testigo del fusilamiento 5 hombres. Aquel día fue fusilado el tío de la actriz.

Audrey era una mujer sencilla, noble y con una enorme sensibilidad como desprenden estas palabras:

Si soy honesta debo decir que todavía leo cuentos de hadas y son los que más me gustan

Lo único que deseo es una habitación en alguna parte, lejos del aire frío de la noche. Con una silla enorme, chocolate y una estufa a leña

Tan especial y adorable, que sólo ella podía tener por mascota a un pequeño ciervo llamado Pippin (o Ip como le gustaba decir a Audrey). Ocurrió antes del rodaje de Mansiones verdes, una de sus películas más desconocidas y dirigida por Mel Ferrer, en aquel momento su marido.La película tenía lugar en la selva de Venezuela y la idea era que el ciervo siguiera a la actriz. Para adiestrarlo, se lo llevó a casa dónde se hizo muy amigo de otra de sus mascotas, su perro Mr. Famous. Bob Willoughby, un reputado fotógrafo de la época, captó algunos momentos tan impagables como este:

unacaraconangel2

Su carrera artística es de sobra conocida, su legado es imborrable, pero es el citado “empaticalismo” lo que la hace inimitable. Y si no, vean con atención otra secuencia de la película:

Fred Astaire tenia por entonces 58 años y la diferencia de edad con la actriz era un temor de los productores a que el romance no resultara creíble. Hablamos de un virtuoso bailarín, un hombre con una gigantesca vitalidad, capaz de hablar con el cuerpo y que poseía un sentido del ritmo prodigioso y una técnica exquisita. Y a la vez era señorial, elegante, con la caballerosidad por bandera.Otra cara de ángel que enamoraba al espectador deslizándose por el escenario. Etéreo y ligero,  así lo definía Vincente Minnelli. Era imposible que dos seres así no resultaran creíbles.

El peso de la secuencia cae sobre él. Al principio nos derrite yendo a visitar a Audrey. Como si de Romeo se tratará, la espera en el balcón, ella le mira y esa mirada es la que me derrite a mí. Es ahí dónde está el citado empaticalismo, en esos hermosos ojos vidriosos y en esa sonrisa de labios rojos. Es en ese preciso instante dónde se concentra la inherencia de su ser. Es un fotograma que tiene vida propia, en el quepervivirá eternamente la naturaleza de un ser humano (para mi divino) absolutamente irrepetible.

El resto de la escena es ver a otro ser casi divino hacer arte con un abrigo por capote. Poco después vemos de nuevo a Audrey sonreír, pero esta vez enseñando los dientes, su mirada ha pasado del amor al entretenimiento y a la admiración. Otra vez el “empaticalismo” haciendo de las suyas.

Este es mi pequeño homenaje a una mujer que hoy hubiera cumplido 86 años, una mujer por la que siento lo mismo que por Chaplin o Billy Wilder; el deseo irrefrenable de haber nacido en otro tiempo y en otro lugar para haberla conocido. Tendría sus defectos (los desconozco) pero aunque los tuviera, tampoco serían de mi incumbencia. Si algo nos enseñaron los griegos, es que los mortales no podemos cuestionar a los dioses.

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Comentarios

  1. Enrique Fdz. Lópiz

    Felicitaciones Borja, estpendo artículo, enorme la Hepburn -entre mis cinco favoritas- y genial Fred Astaire; pero sobre todo este homenage que les haces. Un abrazo colega.

  2. Enrique Fdz. Lópiz

    Quise decir “homenaje”, ja ja!! Saludos de nuevo

  3. Este reportaje era una deuda que tenía que saldar con Audrey. Gracias Enrique :)

  4. Excelente artículo de nuestra adorada AH -D. E. P.- que la recordaremos siempre, sin duda una de las pocas estrellas sencillas que merece permanecer en nuestras memorias.

  5. reyna varela

    Gracias por esta publicacion. A los 10 años vi “Vacaciones en Roma” en Venezuela “La princesa que queria vivir” y desde entonces la ame, junto a las Vespas y Gregory Peck…

  6. Jaume

    Bonita reseña. Estoy en todo de acuerdo, pero haría una precisión. En “Funny face” la pseudocorriente filosófica se llama “Emphaticalism” que, naturalmente, se traduciría como “empaticalismo”. Es decir, Audrey –en la peli– no es enfática, sino empática. De ahí que diga que empatía (o “empaticalismo”) es colocarse en el lugar del otro. Durante toda la peli se va jugando con esto, Fred Astaire para que cumpla con sus obligaciones como modelo de revista y Audrey para atraer al fotógrafo bailarín a su mundo bohemio.

    Saludos

  7. Cierto, ¡qué confusión!

    Les digo que lo cambien ;)

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