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Smith & Wesson & Callahan. Harry “El sucio” y su tiempo

Por Íñigo Bolao

Estamos en una calle cualquiera del centro de San Francisco (California, Estados Unidos). Hay un coche parado en medio de la calle, frente al banco. Ante la gente que pasea por allí no pasa desapercibido, ya que el vehículo echa demasiado humo y eso incordia bastante a los transeúntes. Algo extraño sucede… Un poco más lejos, en una cafetería y centro de comida rápida, se encuentra un inspector de policía que observa la escena: se teme lo peor, pero no pierde los nervios, lo tiene todo controlado. Le pide al camarero que llame a la policía, y él lo hace.

De repente, salta la alarma del banco. «Oh, mierda…», dice el inspector mientras tiene la boca llena de comida. Finalmente, el hombre, con toda la calma del mundo, sale de ahí mientras saca de su traje un revólver Magnum del calibre 44. Entonces, corriendo y armado, sale del banco un atracador. El inspector le dice que se detenga, pero éste responde con un disparo de escopeta. El disparo no ha alcanzado a nuestro hombre, que responde con un potente disparo de su pistola, dejando gravemente herido al atracador. Salen otros dos atracadores y el inspector, sin desbocarse como un caballo enloquecido, dispara otras tantas veces. El conductor del vehículo indebidamente estacionado, uno de los secuaces, intenta huir, pero el policía dispara su última bala, mata al conductor y el coche da la vuelta sobre sí mismo. Ha habido destrozos por doquier; la gente está asustada. El inspector ha recibido una bala, pero no es nada, tiene cura.

Lo que hace nuestro contenido policía de mirada de hielo a continuación es acercarse al único superviviente del atraco. Malherido, intenta recuperar su escopeta, pero el inspector le apunta con su Magnum y, como si de un salmo se tratase, en tono de broma sombría, le dice (traducido del original):

-«Sé lo que estás pensando, si he disparado las seis balas o solo cinco. La verdad es que con tanta emoción he perdido la cuenta. Pero siendo éste un Magnum 44 el mejor revólver del mundo, capaz de hacerte volar la tapa de los sesos, no tendrías más remedio que hacerte esta pregunta: ¿Me siento con suerte? ¿Te sientes así, cabrón?»

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De este modo dejó huella uno de los personajes cinematográficos más grandes de la historia del cine: el inspector de la Policía de San Francisco Harry “el Sucio” Callahan, interpretado por el siempre polivalente Clint Eastwood (1930), quien hizo uno de los mejores regalos al mundo del cine (y a nosotros, espectadores). Con el personaje de Harry comenzó a aparecer un personaje habitual del cine de acción: el antihéroe carismático que recurre a métodos ortodoxos para lograr sus objetivos. No se puede hablar de la historia reciente del género, o de personajes de acción como John Rambo o de John McClane de la saga de La jungla de cristal, sin antes mencionar a Harry “el Sucio”.

Este artículo para OjoCrítico.com, que pretende “alegrar el día” a los lectores y demás colaboradores de la revista, trata sobre el personaje de Harry Callahan, de su tiempo y de la ciudad en la que se desarrollan las películas protagonizadas por este agente tan peculiar, junto con las críticas y valoraciones personales de las cinco entregas de la saga, estrenadas entre 1971 y 1988.

EL PERSONAJE, LA CIUDAD Y SU TIEMPO

Harry Callahan es inspector del Departamento de Homicidios de la Policía de San Francisco (SFPD), California, y recibe el apodo de “el Sucio” porque es el hombre al que siempre le tocan los trabajos que ningún otro policía quiere hacer: salvar la vida de suicidas, hacerse pasar por un falso cliente o por un falso traficante para acabar con los criminales, etc. Siempre lleva consigo un revólver Smith & Wesson Magnum 44, una pistola de seis balas del calibre 44 que normalmente se utiliza para la caza de elefantes. Precisamente, el arma dice mucho de Harry, porque él lleva la vida del cazador en la jungla urbana. Es la persona que no tiene muchas relaciones afectivas estables, sólo tiene en el frigorífico un par de cervezas o siempre está en un sitio de comida rápida o en el pub. Vive para la calle y acaba con cualquier amenaza con la que se encuentre.

Aun así, el personaje nos parece un completo desconocido porque no sabemos nada de su pasado. ¿Cómo es que Harry llegó a ser policía? ¿Qué infancia tuvo para que llegara a ser lo que fue? Lo único que sabemos, y es algo que se nos dice en la primera entrega de la saga, es que estuvo casado, pero su esposa murió en su coche, asaltada por un delincuente de poca monta. Harry, desde entonces, solo piensa en una cosa: que cualquier crimen que se cometa sea castigado, incluso por el ejercicio de la fuerza si es preciso.

Ahora bien, los métodos ortodoxos del inspector Callahan no son bien vistos por una parte importante de la ciudad de San Francisco, incluso por sus jefes del Departamento. Cada acción del propio Harry cuesta al Ayuntamiento y al propio Departamento de la ciudad miles de dólares en daños y perjuicios, de modo que los jefes intentan deshacerse de él. Pero nuestro amigo sigue en sus trece y prefiere resolver sus problemas a la vieja y violenta, pero eficaz, manera. Asimismo, “el Sucio” es un hombre que siempre prefiere trabajar solo. Nunca le gusta tener compañeros, ya que siempre acaban de dos maneras: muertos o en el hospital. Pero aun así, acepta estar en compañía si no queda otro remedio.

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Para entender un poco más al personaje de Harry Callahan hay que saber en qué lugar se desarrolla la acción en cada una de las cinco entregas y los rasgos de la época en la que tienen lugar las historias de nuestro antihéroe. La ciudad de San Francisco, un lugar agradable y bastión político de los liberales estadounidenses, fue objeto de una de las mayores olas de criminalidad jamás habidas en la historia reciente de los Estados Unidos de América.

Existen muchos factores históricos que explican el porqué de esta gran ola que sacudió al país. De una parte estaba la derrota de los Estados Unidos en la guerra de Vietnam (1954/1965-1973/1975), tras la cual volvieron a casa muchas personas que quedaron trastornadas por aquel innecesario conflicto, y provocó que los propios ciudadanos americanos perdieran la confianza en sí mismos y en sus propios gobernantes. Lo cual quedó agravado por el escándalo del hotel Watergate (1972) que causaría la dimisión del presidente Richard M. Nixon (1969-1974). Habiendo esa flaqueza y grado de decepción en el ambiente nacional el crimen tuvo más facilidades para extenderse.

A ello habría que añadir el hecho de que algunos de los movimientos sociales y culturales que emergieron en la década de los sesenta, como el movimiento hippy, los de estudiantes de extrema izquierda y del Black Power surgido a raíz de la rama radical del Movimiento por los Derechos Civiles, degeneraron en bandas de criminales. Si antes defendían el cambio por los medios pacíficos, entonces, o lo defendían por medios más violentos o, simplemente, lo utilizaban como tapadera para lograr objetivos más materiales. Aunque el índice de criminalidad no sólo aumentó por todos estos acontecimientos, sino también por los efectos que trajo consigo la Crisis Económica de 1973, que provocó que miles de personas se viesen en la pobreza y no les quedara más remedio que delinquir para sobrevivir.

Otras causas: debido al ambiente demasiado liberal y permisivo, y a la corrupción política, que existía en San Francisco, delincuentes de poca monta y grandes capos del crimen organizado veían en la ciudad el lugar más adecuado en el que poder hacer negocios ilícitos relacionados con la droga, el tráfico de armas, la prostitución, etc. Por si fuera poco, la década de los setenta conoció la aparición de una nueva clase de criminal que era objeto de los titulares de las noticias en la prensa, la radio y la televisión: el psicópata trastornado capaz de aterrar a toda una ciudad. En fin, ésa era la clase de sujetos a los que tenía que enfrentarse Harry Callahan entre las décadas de 1970 y 1980.

No obstante, los creadores del personaje, la pareja de guionistas Harry Julian Fink y Rita M. Fink pretendían abordar, no sólo el tema del aumento de la criminalidad, sino otro que era de flagrante actualidad por entonces: el de los supuestos derechos del criminal. En todas las entregas de Harry “el Sucio”, el inspector Callahan se enfrenta siempre a las instituciones judiciales por este espinoso asunto. Mucha gente se preguntaba: «¿cuándo es lícita una detención si sabemos que éste delincuente ha perpetrado éste crimen? ¿Puede defenderse ante un tribunal para que el presunto sospechoso demuestre que no es culpable de los crímenes que se le imputan?» Pero las preguntas que subyacen en realidad son: si el criminal tiene derechos, ¿acaso no los tiene la víctima? ¿Acaso un crimen no tiene que ser castigado?

Es posible que las instituciones judiciales intenten cumplir la ley. Pero Harry lo que hace es hacer justicia para que esas personas no sigan alterando la paz y la seguridad en San Francisco. Mucha gente, que había sufrido en sus propias carnes muchos delitos, se llegaba a tomar la justicia por su mano, lo cual se reflejaba en otras películas. Una de ellas es El justiciero de la ciudad (1974), la primera de las muchas cintas en las que Charles Bronson (1921-2003) hace del hombre que lleva a cabo estas acciones; pero la que se lleva la palma es, sin duda alguna, Taxi Driver (1976), de Martin Scorsese (1942), en la que mejor se representa la locura y el sinsentido en el que América se encontraba sumida en el personaje de Travis Bickle (Robert de Niro).

Como conclusión, el cine estadounidense de los años 70 presentaba muchos personajes de este tipo: heridos y trastornados, con el deseo de hacer algo por o contra la comunidad. Eran la viva imagen de un país que parecía haberse vuelto loco y Callahan, a pesar de su forma de ser, sabía mantenerse cuerdo ante toda la adversidad con su mirada de hielo, su testarudez y su revólver Magnum.

LAS PELÍCULAS

-Harry el Sucio (Don Siegel, 1971).

-«Ahora ya sabes por qué me llaman Harry “el Sucio”, me toca toda la mierda que haya.»

Un francotirador trastornado llamado Escorpio (Andy Robinson) está atemorizando a toda la ciudad de San Francisco con sus asesinatos mientras presiona al Ayuntamiento y a la policía para que éstos le paguen fuertes sumas de dinero. Es necesario detener al psicópata y el único que puede hacerlo es el inspector Callahan, aunque no lo hará solo, a pesar de las reticencias de Harry, le acompañará en la investigación Chico González (Reni Santoni), un estudiante de origen mexicano licenciado en Sociología para capturar a ese loco de las armas.

En la primera entrega de la saga cinematográfica de Harry “el Sucio”, dirigida por uno de los grandes mentores de Clint Eastwood, el director Don Siegel (1912-1991), se exponen los temas que se han abordado en los párrafos anteriores, así como la caracterización básica del personaje del inspector Harry Callahan. Repleta de acción, tiroteos y persecuciones, la idea ya rondaba en la cabeza de los productores de Hollywood a finales de la década de 1960 y el propio Eastwood estaba tras el proyecto desde su productora, The Malpaso Company (actualmente llamada Malpaso Productions). Finalmente, fue una de las majors más destacadas del sector, la Warner Bros., quien se encargó de llevar adelante el proyecto, así como de las siguientes entregas de la saga, junto al esfuerzo aportado desde la productora del célebre actor, productor y futuro –y de ideas claras- director de cine.

La película había causado bastante polémica al mismo tiempo que tuvo una enorme acogida en su estreno. La crítica y la opinión pública más conservadora del país consideraban que era demasiado violenta y que el personaje de Harry Callahan era un ser “fascistoide” que representaba el odio de los norteamericanos. Otros muchos se sintieron sobrecogidos –en el sentido positivo- porque el inspector representaba una respuesta a la impotencia acumulada de miles de ciudadanos ante el aumento del índice de criminalidad en Estados Unidos. Se viera como se viese, el hecho es que, cuarenta años después de su estreno, el tiempo la ha convertido en un clásico inigualable del género y en uno de los filmes más icónicos de la historia cinematográfica estadounidense.

Atendiendo al conjunto actoral la película es enteramente de Clint, quien hizo un trabajo inigualable e imitado por muchos cinéfilos y aficionados a lo largo de los años. El asesino, Escorpio, a pesar de ser un personaje muy unidimensional, es uno de los malvados más perturbadores de la historia del género, siendo la representación del veterano del Vietnam trastornado por la guerra y que incluso intenta aprovecharse de los medios para acusar a Callahan de brutalidad policial. Por otra parte, cabe mencionar que el resto del reparto es muy solvente en sus respectivos papeles.

Respecto a los aspectos técnicos, destaca la fotografía de un colaborador asiduo de las películas de Don Siegel y del propio Clint, Bruce Surtees (1937-2012) y la banda sonora del compositor argentino de jazz Lalo Schifrin (1932), célebre por haber escrito las sintonías principales de series como Misión: Imposible (1966) o Starsky y Hutch (1975-1976), junto a las de películas como La leyenda del indomable (1967) o Bullitt (1968). El compositor, a excepción de la tercera entrega de la saga, Harry el ejecutor (1976), participó en la composición de las bandas sonoras del resto de cintas de Harry “el Sucio”.

-Harry el fuerte/Magnum Force (Ted Post, 1973).

-«Un hombre bueno conoce sus limitaciones.»

Los principales criminales de la ciudad de San Francisco que han salido impunes de los tribunales ante las protestas de los ciudadanos están siendo asesinados por un escuadrón de policías de Tráfico, empleando pistolas Magnum en sus crímenes. En principio se piensa en que el inspector Harry Callahan ha sido quien ha perpetrado todas estas muertes pero, para demostrar su inocencia, investigará los asesinatos junto a su nuevo compañero, el agente afroamericano “Early” Smith (Felton Perry) y bajo la atenta mirada de su superior, el teniente Neil Briggs (Hal Holbrook), un hombre que emplea otros métodos y que se enorgullece de no haber sacado su pistola para matar en muchos años de carrera.

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Con un guión escrito por los directores Michael Cimino (1939) y John Milius (1944), Harry el fuerte fue una película filmada tras el éxito de la primera entrega de la saga del inspector Callahan. Con mucha más acción que Harry el sucio, nos encontramos ante un Harry que sigue siendo el mismo cabezota pero eficaz policía de la anterior entrega, pero un poco más moralizado respecto al film de 1971. Lo vemos como un hombre más familiar y galante con las mujeres y que, a diferencia del escuadrón de policías que asesina a los criminales, justifica sus métodos argumentando que sólo recurre a ellos cuando no queda más remedio, o cuando la situación realmente pinta mal; no por una cuestión de limpieza por medio del derramamiento de sangre.

Poco más se puede decir sobre esta segunda entrega, una cinta de acción muy convencional. Los guionistas abordan en la historia la pregunta de “¿y si hubiera una policía de la policía que pretendiera controlar la ciudad debido al aumento de la criminalidad y al exceso de corrupción y burocracia?”. También destaca de nuevo Lalo Schifrin en la banda sonora, y la cinta cuenta con un montaje y una fotografía adecuada al género de la película.

-Harry el ejecutor (James Fargo y Robert Daley, 1976)

-«Es usted un hombre sucio, Callahan.»
-«El más sucio.»

Al igual que en Italia con las Brigadas Rojas, en la antigua RFA con la Banda Baader-Meinhof, o en España con los GRAPO o el FRAP, una banda terrorista de extrema izquierda llamada “Fuerza de Acción Revolucionaria del Pueblo” está causando estragos en la ciudad de San Francisco, exigiendo al Ayuntamiento el pago de millones de dólares a no ser que sigan atentando contra los ciudadanos. Una vez más, el inspector Callahan es el hombre indicado para esta tarea tan sucia pero, una vez más, no lo hará solo y de nuevo tendrá a un compañero peculiar. ¿O, debería decir, compañera?

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La agente Kate Moore (Tyne Daly) deberá acompañar a Callahan en su misión de acabar con los terroristas, estableciéndose durante sus investigaciones una buena relación de compañerismo. Evidentemente, no resulta un misterio que el guión gira en torno al tema de la creciente presencia de la mujer en aquellos oficios que se consideraban exclusivos para los hombres, como el de policía, además de ser abordado el tema de la paridad entre hombres y mujeres en determinados sectores. Cabe decir que la actriz de televisión Tyne Daly acabó interpretando el papel de la agente Moore porque Clint Eastwood consideraba que era mejor para un hombre como Callahan tener como compañera una mujer normal y corriente y no toda una belleza glamurosa de Hollywood como Faye Dunaway (1941) o europea como Catherine Deneuve (1943).

Aun así, poco más queda destacar de Harry el ejecutor. Tan convencional como la anterior entrega, y rodada y estrenada para que la Warner Bros ganara unos millones de dólares más, cabe destacar las escenas de persecuciones, el abordaje de otra temática que se explora en el film (el aprovechamiento político de la incorporación de la mujer al mundo laboral para que los políticos ganen más millones de votos) y la banda sonora, no de Schifrin, sino del colaborador habitual en las bandas sonoras de Sam Peckinpah, Jerry Fielding (1922-1980), con muchos elementos y estilo musical tomados del jazz, que tan de moda estaba en muchas bandas sonoras de películas.

-Impacto súbito (Clint Eastwood, 1983).

-«Venga… alégrame el día…»

Ya entrada la década de los ochenta, Clint decidió ponerse de nuevo en la piel de Harry Callahan en la cuarta entrega de la serie, famosa por una de las frases cinematográficas más célebres y repetidas de la historia del cine. No obstante, y además de haberla protagonizado, Clint la dirigió, pudiéndose apreciar varios de los elementos característicos de la filmografía del cineasta/actor, historias y personajes con un pasado turbio que crecen y viven en un mundo violento, tal y como se vería en Sin perdón (1992) o Mystic River (2003).

Asimismo, y según se cuenta, Impacto súbito surgió como resultado de una encuesta que hizo la Warner Bros. –que, por entonces, no pasaba por buenos momentos- a los espectadores americanos para que éstos dijeran qué tipo de película querían ver. Y la mayoría respondió que quería ver una nueva película de Harry “el Sucio”. ¡Y así se hizo!

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Respecto a la historia, Harry “el Sucio” Callahan sigue siendo el hombre que emplea sus singulares métodos para hacer frente a los criminales. Mientras que sus jefes quieren alejarlo de San Francisco como sea, delincuentes de poca monta y jefes del crimen organizado intentan acabar con él como venganza. Finalmente, a los superiores de Callahan se les presenta la oportunidad de quitárselo de encima un tiempo con la aparición de un nuevo caso apropiado para él.

Una misteriosa mujer (Sondra Locke, una de las novias de Clint en la vida real), pintora de cuadros expresionistas, asesina, disparando primero en la entrepierna y luego en las sienes, a una serie de hombres procedentes de una pequeña localidad costera del norte de California, San Paulo, quienes la violaron junto a su hermana pequeña, ingresada en un manicomio, hace unos años, tomándose ella la justicia por su mano.

Las pistas conducen a Harry a dicha localidad, donde también su manera de hacer frente al crimen será mal vista por la policía local. Armado esta vez con una pistola Magnum del 44 semiautomática y teniendo como nuevo “compañero” a una mascota (un Bull Dog inglés al que Harry llama “Mentecato”), el inspector se enfrenta a otro caso en el que encontrará en esa mujer a su equivalente femenino, una mujer que cree que sus derechos no se han tenido en cuenta y que debe ejercer la justicia. Pero, una vez más, hay un pequeño pero importante abismo entre ella y Callahan, y ambos no acaban siendo pareja.

A la hora de añadir algo más respecto a Impacto súbito, se podría decir que la mano de Clint Eastwood como director da al film un tono interesante en el tratamiento de la historia y en el desarrollo de la trama. Presenta una atmósfera oscura, aunque no tan pesimista como en Harry el Sucio, a lo cual contribuyen la fotografía y la banda sonora. Por lo demás, seguimos ante un tipo de historia muy convencional.

-La lista negra/The dead pool  (Buddy van Horn, 1988).

-«Has olvidado tu galleta de la suerte…»
-«¿¡Qué!?»
-«Dice… “La has cagado.»

En la quinta y última entrega de la saga de Harry “el Sucio”, la cual no es la mejor de todas, el indestructible e incorruptible inspector de fría mirada se ha convertido en todo un personaje público que atrae las miradas de los medios de comunicación de San Francisco por sus métodos en la resolución de casos, estando especialmente interesada en entrevistarle y conocerle una reportera de televisión llamada Samantha Walker (Patricia Clarkson).

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Mientras Harry experimenta esta popularidad repentina, nuestro protagonista tiene otro nuevo caso. Una estrella del rock (Jim Carrey en sus comienzos), que protagonizaba una película de terror de serie B titulada Hotel Satan, ha sido misteriosamente asesinada con drogas. Todos sospechan de que el responsable del asesinato, y de las siguientes muertes, es el director de cine Peter Swan (Liam Neeson), un egocéntrico y mal director de películas de dicho género que no se lleva especialmente bien con Callahan y que, junto a unos amigos y miembros del equipo de sus películas, juega a un macabro juego conocido como “la lista negra” (“the dead pool” en inglés), en el que figuran los nombres de importantes celebridades de San Francisco que el director desearía matar, entre ellos el propio Harry.

Acompañado esta vez por un detective chino-americano, Al Quan (Evan Kim), “para dar una mejor imagen ante los medios del departamento de Homicidios” según los superiores de Callahan, una vez más vemos al personaje de Clint Eastwood como siempre lo hemos visto en entregas anteriores: como el hombre rudo e inteligente que usa su Magnum 44 para acabar con los criminales.

No obstante, estamos ante una película que, aunque aborda el tema de la búsqueda del sensacionalismo por parte de los medios de comunicación, presenta una historia muy floja, aunque tiene una acción trepidante. Aun así, se aprecia que el personaje de Harry Callahan ya se había convertido en un cliché dentro del género de acción y la realidad social y mental de Estados Unidos había cambiado mucho; la atmósfera cruda y deprimente de los años 70 fue reemplazada por la atmósfera superficial y cegadora de los años 80 y, por lo tanto, Harry ya no tenía cabida ahí. Además, surgieron otros héroes del cine policíaco y de acción (John Rambo, John McClane o la pareja formada por Martin Riggs y Roger Murtaugh de la saga Arma letal) que representaban mejor que otros el sentir de la América de aquella década.

CONCLUSIONES

Después del estreno de La lista negra no se ha vuelto a recuperar para la gran pantalla al personaje de Harry “el Sucio” Callahan. En muchas entrevistas posteriores se le ha preguntado mucho a Clint Eastwood si en el futuro se hará una nueva película sobre el inspector armado con una Magnum 44, a lo que el propio Clint ha respondido muchas veces que no tendría sentido recuperarle. «¿Qué estaría haciendo: pescar, beber una cerveza en el porche? Yo creo que es mejor dejar en paz las cosas buenas», dijo Eastwood en una de ellas.

Y lo cierto es que tiene razón. El personaje de Harry “el Sucio” ya hizo lo que tenía que hacer en el mundo del cine. Como se ha citado anteriormente, cambió para siempre las convenciones del cine de acción y policíaco, surgiendo de él otra clase de antihéroe, rudo y dolido en su interior, pero carismático ante los demás. Hoy en día es todo un icono de la historia del cine, y fue uno de los mejores personajes cinematográficos de su tiempo en expresar el sentir generalizado de la sociedad de un país en un momento determinado.

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Esta ha sido la historia de un regalo que nos hizo un gran actor/director/productor, de un personaje inimitable y de una época convulsa en un país que parece que está volviendo a vivir esa misma situación, reflejada esta vez, no en la mirada fría y contenida de Harry “el Sucio” Callahan, sino en los ojos nerviosos de una mujer agente de la C.I.A., Carrie Mathieson (Claire Danes), en la serie de televisión Homeland (2011 en adelante). ¿Volveremos a oír los disparos de una Magunm 44 o similar? El tiempo lo dirá… y la cámara lo grabará.

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Comentarios

  1. Enrique Fdez. Lópiz

    Iñigo, tu artículo es de lujo, me he quedado maravillado; lo digo de corazón y te animo a que continues escribiendo de cine, aunque creo que podrías escribir de lo que quisieras. Felicidades y un fuerte abrazo. Enrique

    • Iñigo

      Muchas gracias, Enrique. Tú también podrías ser capaz de hacerlo. De hecho, a un ritmo mucho más rápido que yo, porque eres el colaborador más prolífico de la página. Un abrazo igualmente.

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