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Sinfonías urbanas (I): Manhatta, Berlín, sinfonía de una gran ciudad y lluvia

Por Clara Castro

No se descubre nada cuando se afirma que la década de los años 20 fue una de las más prolíficas en cuanto a la cultura. Momento histórico que alternó la estabilidad, la depresión económica, el frenesí y la incubación de futuras guerras, en esta década las vanguardias y la consagración de la lucha social tuvieron una influencia clara en el séptimo arte.

Es precisamente en este contexto en el que aparecen las “sinfonías urbanas”, obras cinematográficas que encuentran en las ciudades y en su desarrollo a sus máximos protagonistas. En esta primera entrega temática, hablaremos de tres de sus obras clave.

La primera película catalogada como city-film fue Manhatta, realizada en 1921 por el fotógrafo Paul Strand y el pintor Charles Sheeler. Esta obra no sólo es importante por ser pionera entre las sinfonías urbanas, sino que también fue la primera obra vanguardista en EE. UU.

Manhatta está inspirada en un poema de Walt Whitman (cuyos fragmentos aparecen en el film a modo de intertítulos) y está  compuesta por 65 fotogramas en los que la cámara, salvo por escasas panorámicas, se mantiene inmóvil intentando captar el movimiento y la energía que llenan la ciudad. Las diferentes escalas de planos así como el abundante uso de picados y contrapicados acentúan la magnificencia de un barrio que, aún en construcción, es inmenso y robusto en comparación con las personas que circulan por él.

La película comienza contemplando el barrio al amanecer desde Brooklyn para luego, tras cruzar el río en ferry, unirse a las miles de persona que llegan a la isla para trabajar y que la abandonarán apenas unas horas después.

Aunque el objetivo de Manhatta sea más el de contemplar la ciudad y captar su mundo inmediato, se pueden apreciar en esta película los temas que se desarrollarán con mayor profundidad en otras obras sucesivas, como Berlín, Sinfonía de una Gran Ciudad.

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Realizada en 1927 por Walter Ruttman con colaboración en el guión de Karl Freund y basada en una idea de Carl Mayer, Berlín, Sinfonía de una Gran Ciudad (Berlin: Die Sinfonie der Grosstadt) es la película de referencia en cuanto a las sinfonías urbanas.

Dividida en cinco actos, muestra con una forma y estilos diferentes cinco momentos del día en la ciudad de Berlín, que se erige como paradigma de modernidad y desarrollo en la época de entreguerras.

Por una parte, la ciudad es la protagonista (su fuerza y su energía lo dominan todo) y, por otra, Berlín funciona como una máquina de la que derivan el resto de sus engranajes (las personas, las máquinas, los transportes…) adquiriendo, a su vez, una vida propia: juntos transmiten un ritmo singular que envuelve y arrastra a quien se adentra en él. Para transmitir estas sensaciones, Ruttman utiliza inteligentemente el montaje (sobre todo el analítico, descomponiendo la realidad en partes para formar la idea de un todo superior) y efectos (como los fundidos y la repetición de planos) para conseguir trasladar al espectador y hacerle sentir parte de ese todo.
Aunque la película no muestra una temática concreta más allá de mostrar el transcurso de un día en Berlín, sí se pueden apreciar ciertos temas que eran de interés en la época de las vanguardias. Así, BSGC muestra la evidente fascinación y culto a la máquina y a la sociedad mecanizada y moderna que representaba el progreso, el caos que este progreso generaba y también (aunque de manera sutil ya que la película pretendía captar la realidad y no realizar una denuncia) las diferencias económicas y de clase que este avance provocaba en la sociedad: la película recoge la atmósfera de desenfreno y desigualdad de los felices años 20 y no retrata a las masas como individuos, sino que los contempla como grupo y sólo se acerca a ellos en momentos concretos y de evidente angustia (como en el momento del suicidio).

BSGC termina con la vuelta a casa, cuando las máquinas y las luces se apagan y la vida moderna ya no tiene más que ofrecer.

Finalmente, y en contraposición con estas dos películas, la película Lluvia (Regen), realizada en 1929 por Joris Ivens, se revela como una aproximación a la ciudad de Ámsterdam de una manera mucho más pausada y esteticista.

Resultado directo de las anteriores obras de Ivens, Lluvia es un retrato de la capital holandesa a partir del flujo del agua y de las situaciones que la lluvia provoca. Aprovechándose de sus posibilidades cinematográficas, el agua permite mostrar la ciudad de una manera indirecta (a través de los charcos, que no muestran otra cosa que reflejos) y con una imagen “impura” e indefinida por su presencia continua e intermediadora entre la lente y lo “real”.

De esta manera, la alteración de la rutina que provoca la lluvia no deja de ser una evidencia más de las alteraciones que la realidad nos ofrece cada día.

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Manhatta, Berlín, Sinfonía de una Gran Ciudad y Lluvia son tres obras fundamentales como documento histórico y de registro de una época y de una sociedad, pero también por su contribución a la historia del cine: no sólo conforman un subgénero propio, sino que también evidencian el avance del lenguaje cinematográfico al mostrar lo real de una manera (valga la redundancia) no realista, alejándose del modelo canónico de representación que se evidencia, por ejemplo, en obras como Nanuk el esquimal.

En los próximos artículos podremos comprobar la importancia de las sinfonías urbanas también desde la perspectiva del avance en temático y estilístico.

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Comentarios

  1. Irene Pardo

    Exquisito artículo.

  2. Enrique Fernández Lópiz

    Ya veo que tu especialidad son los documentales; y lo haces archibién, como también en este “Sinfonías urbanas (I): Manhatta, Berlín, sinfonía de una gran ciudad y lluvia”; quizá, si me permites, yo le daría un poquito más de mordacidad cuando se trata de documentales de épocas malignas de nuestra Historia reciente. Saludos amiga y colega

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