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Sin city 2 VS Machete 2: Double troublemaker

Por Sergi Monfort

*Nota antes de empezar: El gag del título es un poco inexacto; solamente la segunda película es de Troublemaker Studios… ¿pero y lo bien que queda?

 ” — hey roburt rodrigoz
 — wat
 — your not tarentino
— :’((((“

— @ThirtyDimitri

Ya se sabe: Robert The Wizard Rodriguez no es un director precisamente bueno. De hecho, es muy malo. Siendo optimistas, es cutre. Siendo muy optimistas, ¡bueno!, hizo Planet Terror Sin City. También sabemos que su historial con las secuelas deja bastante que desear. Por un lado, si vienen con la cara de Antonio Banderas y por otro (y ese es un lado fangoso)… cuando involucran espías pequeños e insufribles durante cuatro (¡cuatro!) películas.

La otra vez tuve oportunidad de ponerme un díptico bastante intrigante de secuelas de, respectivamente, una que ya de por sí era fabulosa (Sin City) y otra cuyos niveles de caspa todos conocemos pero que, por lo menos, tenía gracia (Machete). No hace falta pensar mucho para adivinar la calidad de Sin City: Una dama por la que matar y Machete Kills.

Empecemos con lo evidente.

Machete Kills es mala. Ni que decir tiene. Vuelven a contratar al último mexicano con el que tienes que joder. Lo solicita el presidente de los EEUU… que resulta que es Charlie Sheen (detalle curioso). De hecho (y realmente esto no sé si es un punto a favor o en contra), gran parte del humor de esta nueva entrega, al igual que su predecesora, sólo que de manera más exagerada… es la inclusión de muchos, muchos, muchos, muchos, muchos, muchos, trescientos kilos de, cuatro montañas de cameos famosos. Un puñado de ellos son raros, raros, raros… hasta el punto de que uno de los personajes, que se camufla utilizando un sinnúmero de caras nuevas (el Camaleón, o algo así) es la excusa perfecta para hacer colar un montón de rostros conocidos porque sí y punto, desde el transexual de Sons of Anarchy hasta la cantante del filete en la cabeza. Mención aparte a Mel Gibson, un villano que no sabemos muy bien por qué está ahí ni por qué es precisamente él, pero tampoco vamos a firmar en Change.org para quejarnos.

Una vez ya has aceptado que la película es una basura y que la vas a suspender en Filmaffinity a menos que incluya un giro final revolucionario (y os digo que sí hay giro, pero… digamos que es más gracioso el principio), puedes sentarte a disfrutar. Entre otras cosas, vas a ver gente despedazada por las hélices de un helicóptero. En serio, varias veces. Literalmente para aburrir. Machete don’t innovate. Lo que sí es innovador, por llamarlo de alguna manera (y muy serie B), es un cañón muy especial que ya me gustaría tener en casa.

En definitiva, las sobradas han aumentado. Pero hay veces en las que si amontonas sobradas, no obtienes sobrasada, sino una película bastante cansina (y un pareado como para pasarme por el machete).

Un 4.

Es hora de que prosigamos a la parte peliaguda.

Como hemos visto, es muy difícil convertir la mierda en chocolate. Ahora bien, como convertir el chocolate en mierda es demasiado sencillo, pasa muy a menudo. Con Sin City no se ha hecho una excepción. Lo más intrigante es cuando realmente no sabes si la mierda sencillamente sabe mal o es tan insípida que no te enfurece, te es indiferente. No lamentas haberla ingerido, pero sientes que acostarse a mirar el techo habría sido más útil.

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Exagero un poco, pero tiene bemoles que yo venga con ganas, entre otras muchas cosas, de ver a Eva Green en tetas (cosa que no es muy difícil en estos días de Google, el “frame exacto” y porque a las tetas de Eva Green el mundo las conoce de sobra) y que en vez de interés, sienta vergüenza ajena. De su interpretación, de su segmento concreto (el peor de la película) y del conjunto en general. Justin Chang lo expresó mejor que yo: Es realmente raro que una película que cuenta con tal cantidad de pechos desnudos, golpes a la entrepierna y cabezas cortadas, te tenga mirando el reloj cada 10 minutos“. Y la verdad es que tampoco hay tanto de todo eso en una secuela que parece más bien la versión desnatada de su antecesora. Es la Coca-Cola Light de la maldad, como diría nuestro buen amigo Mike Myers.

Desnatada en actuaciones, desnatada en ritmo, en utilización del monocroma (que esta vez parece fluorescente) cuyos cambios de color se antojan casi gratuitos, desnatada en violencia gráfica, en diversión, en todo. Es tan desnatada que incluso parece una secuela barata y costó 65 millones de dólares, frente a unos 40 de la primera parte… ¡mucho mejor empleados! Y, amigos y amigas, no me extraña que recaudara la mitad. No me extraña este flop tan gigantesco.

Vayamos de menos grave a más. El segmento de Joseph Gordon-Levitt es el más decente. No tiene un personaje entrañable o memorable, pero es digno. Veni, vidi, vici y le joden. La historia de venganza más clásica del mundo con un final que no vi venir. ¡Ups! De no ser por eso último, ni siquiera la habría tomado en cuenta. Bien. La parte con Jessica Alba es simple y llanamente aburrida y previsible (de bailes suyos, hay también literalmente para aburrir… ¡ya ves tú, ver a Jessica Alba bailar aburre!). Ni siquiera se esfuerzan en que me parezca sorprendente esta historia sobre una chica que lleva años planeando su vendetta y, mediante un engaño, tiene su oportunidad. Para empezar, el Mickey Rourke brutal, impío e indestructible (que bien podría hacerle mojar sus calzoncillos de miedo a Hulk) de la primera, aquí parece un toro manso, un matón al uso. Para terminar, porque esta es la historia que cierra el filme, ni siquiera hay sabor de boca. Se termina como pensabas que lo haría, sin muchas filigranas, sin ninguna sorpresa, como si no quisieran darle un final, como si se hubieran cansado de escribir cuando maquetaban… Y por último, el capítulo con Eva Green y Josh Brolin es directamente bochornoso. La femme fatale solamente es sexy porque ya la Green lo es de fábrica, porque San Dios la hizo así; porque lo que es mojo, no tiene ninguno, más bien una actitud de plástico. El guión es malo y todo lo que debería ser intrigante o visceral es ridículo y risible.

El caso es que esto no es Sin City, no es la montaña rusa de atrocidades surrealistas e historias insólitas que vi en 2005; es la película sobre venganzas y gángsters más perezosa y barata del mundo (hipérbole), pero con un diseño de producción muy fashion.

Otro 4 al canto.

Rodriguez, vete de vacaciones, que estás sin ideas.

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Comentarios

  1. Javi Marrero

    Fantástico artículo. Buena manera de despedazar dos películas que, a pesar de no haberlas visto, sospecho que cumplen con la calidad de la que hablas aquí. Es decir, muy poca.

    Machete Kills directamente no tenía más atractivo comercial que más de lo mismo de la primera entrega, la aparición de Charlie Sheen con otro nombre (wat), Sofia Vergara y sus “metratetas”, Lady Gaga y la niña de Spy Kids a la que la pubertad y la adultez le han sentado de p**a madre. Sin más. Ni la vi, ni me arrepiento de no haberla visto.

    En cuanto a “Sin City 2″, Robert Rodríguez ha denunciado a los responsables de su distribución. No sé si llegó siquiera a estrenarse en España, la fase de publicidad fue prácticamente nula (salvo ciertos pósters polémicos de Eva Green y pocas cosas más) y “Guardianes de la Galaxia” se estrenó casi a la vez en EEUU y arrasó con la taquilla, dejando vapuleada a la cinta de Rodríguez tanto en recaudación como en la crítica. Es decir: desastre de arriba abajo.

    Un saludo bro

  2. Jaro

    Pues a mi Machete Kills me encanto, de Sin city 2 no puedo decir nada porque no la he visto.

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