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Saga Crepúsculo

Por Jon San José Beitia

Todo empezó por el año 2008 con la adaptación de una de las historias más esperadas por un sector del público. Estamos en el año 2015 y me aventuro a hacer la crítica de todo un movimiento. Después del paso del tiempo y la divulgación de todas las películas de la saga Crepúsculo, me encuentro en disposición de hacer una crítica global del conjunto. No creo que en la actualidad haya nadie dispuesto a hacer una crítica de todas y cada una de las películas realizadas.

Antes de poner a caldo a la saga quise darle una oportunidad y dedicarme a ver las películas sin prejuicios, asimilando las licencias y las bases de un relato amoroso juvenil imposible entre una mujer y un vampiro. Crepúsculo rompía con los tópicos establecidos durante años sobre los vampiros, ofreciendo una nueva visión donde pueden pasearse a sus anchas por el día e incluso tener un brillo especial.

La saga está protagonizada por unos, por aquel entonces desconocidos, Kristen Stewart y Robert Pattinson, que, actualmente, gozan de gran fama y han llegado a protagonizar un romance tormentoso e imposible fuera, incluso, de la pantalla. Supongo que son ironías de la vida.

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Las películas ofrecen la visión de un romance edulcorado, desarrollando los impedimentos y dificultades a los que debe hacer frente la pareja, incluyendo problemas para mantener una relación sexual, celos y enfrentamientos con otros vampiros y la intromisión de hombres-lobo en relaciones ajenas. Todo escrito de golpe puede resultar confuso y de alguna manera es lo que ocurre con el universo Crepúsculo, donde todo es extremadamente rebuscado y forzado. Jamás pude imaginar que un embarazo iba a dar para dos películas. Esta curiosidad demuestra que las productoras querían sacar el máximo partido del relato escrito por Stephenie Meyer, para sacar notorios beneficios económicos, sin pensar en el desgaste que eso suponía para la franquicia. En el mundo real dicen que un embarazo da numerosos quebraderos de cabeza y que puede ser eterno, pero nada es equiparable a la eternidad que supone contemplar un embarazo durante casi la totalidad de dos películas.

Toda la saga cuenta con unos discretos efectos especiales que no terminan de ser convincentes, los hombres-lobo y diversas situaciones no llegan a ser creíbles. Mención especial merece el empleo de efectos digitales y animatrónicos para crear a la hija de la pareja protagonista. Un osado y esperpéntico experimento que denota la poca inteligencia de las productoras. Con lo fácil que hubiera sido emplear a unos bebes de diferentes edades en lugar de abusar de unos nefastos y ridículos efectos especiales.

Las interpretaciones y aportaciones del reparto son muy limitadas, haciendo que solo pueda destacar la presencia de ciertos intérpretes de renombre, pero que durante la saga no brillan con luz propia. Todas las películas de la saga emplean diversas canciones y melodías tiernas, ideales para rellenar interminables minutos vacíos y para llenar las arcas de las productoras que se frotan las manos pensando en la venta de discos de la banda sonora. Como ocurre con la batalla final, todo lo presentado y desarrollado durante la saga de Crepúsculo, resulta como una maldita pesadilla donde todo lo vivido se queda en nada. Supongo que después del paso de los años, ese es el legado que quedará en la memoria de todos los que hayan visto Crepúsculo, nada.

A raíz del éxito de la saga Crepúsculo nacieron y se dio luz verde a numerosos productos de temática adolescente con romance imposible de por medio, pero eso ya es otra historia.

Jon San José Beitia

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