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S.O.S.: Cinéfilos, vayamos al rescate

Por Gerardo Gonzalo

No sé si el cinéfilo nace o se hace, lo que sí sé, es que si no tienes unos guías, alguien que te haga prender una chispa, algún elemento que te empuje y oportunidades de canalizar esa pasión, es difícil que empiece a florecer.

En mi caso hay varios culpables, por un lado está uno mismo y su curiosidad, pero luego hay agentes exógenosque te ayudan a fascinarte por algo. Yo pertenezco a una generación donde el Polvo de estrellas de Carlos Pumares era la religión nocturna de cada día, además recuerdo cómo me apasionaba escuchar hablar de cine americano clásico a José Luis Garci, o el día que  descubrí  la Filmoteca en el cine Doré de Madrid, (qué fácil fue fascinarse, el primer día que entre allí día daban Lolita y Ciudadano Kane). Con todo esto, uno puede concluir en que no sólo se  puede disfrutar del cine con las pelis que alquilaba en el videoclub, donde triunfaba Eddie Murphy, sino que otros estilos, latitudes y épocas son posibles.

Y un papel fundamental para poder realizarse en un tiempo donde internet estaba inventándose, era tener el privilegio de vivir en una ciudad como Madrid,  que probablemente ha sido hasta hace poco la que ha ofrecido, en cuanto a su variedad, la mejor cartelera del mundo. El poder acceder a tan maravilloso aprendizaje a lo largo de los años, se debió principalmente a los cines Renoir, los Alphaville (hoy Golem) y, en los últimos años, a  los cines Verdi.

Hace pocos meses ya sentí un escalofrío al escuchar el anuncio de González Macho, dueño de los Renoir y distribuidor, de que tenía que renunciar a seguir trayendo ese otro cine que nos enriquecía,  sólo visible a través de la pantalla grande y en V.O. gracias a él.

La verdad, no sé qué sería de mí sin los Renoir, me hubiera quedado en el entrañable Eddie Murphy. Aún recuerdo como pude ver en sus salas mis primeras películas de Bergman (Ingmar no Ingrid), El séptimo sello y El manantial de la doncella, o como gracias a estos cines descubrí  el que para mí es el mejor director de cine contemporáneo, Zhang Yimou, con La semilla del Crisantemo o La linterna roja,  y a otros directores orientales, un cine de latitudes ignotas para casi todos, que podría no haber descubierto nunca. Pero qué decir de los Alphaville, aún recuerdo como fui a ver, no una, ni dos, sino tres veces Delicatessen, y como se mantuvo en esos cines una eternidad de tiempo. Pero son tantas cosas las que me han dado estas salas, mi primer Haneke, mi primer Jarmusch, el primer Tarantino de Reservoir Dogs, los films de Ken Loach, Kieslowski, Egoyan

Podría no terminar, pero pretendo remarcar el hecho de que  es un lujo no suficientemente valorado poder disfrutar de determinado cine, y de hacerlo como se debe, en pantalla grande y en versión original.

Tras la estela de estos cines, hace poco más de una década, y desde Barcelona, desembarcan en Madrid los cines Verdi, con igual propósito, con una excelsa y cuidada programación, pero además ofreciendo el impagable placer de ver algunos clásicos en toda su grandiosidad.  No puedo dejar de agradecer la posibilidad que me han tendido de ver El Padrino I y II, en copia restaurada, films cima del arte cinematográfico, pero cuya magnificencia no pude vislumbrar hasta que no la vi en semejantes condiciones. O asistir al colorido y belleza de El hombre tranquilo, o descubrir un film que me quedó pendiente de ver,  y que los Verdi me han permitido recuperar como se debe, que es el caso de El festín de Babette. Repito, cuanto impagable disfrute.

Pues bien, tras el ya comentado puñetazo que me infligió los problemas de los Renoir, el dueño de los Verdi dice ahora que los espectadores,nosotros, le estamos abandonando, y que si después del verano no volvemos a sus salas, sus cines de Madrid no se comerán el turrón.

Es dramático que se pierda la costumbre de ir al cine, y más aun, que sólo determinados blockbusters americanos tengan asegurada su exhibición, y que otro tipo de cine desaparezca. Sé que la subida del IVA no ayuda, pero si no apreciamos la diferencia que hay entre ver una película en una pantalla de 50 cm de largo por 30 cm de ancho, respecto a verla en una de 10 metros por 6, con su sala oscura, y su ritual, no creo que podamos llamarnos cinéfilos. Por supuesto que del DVD, blue ray, Internet (por cierto que gran plataforma es filmin) son útiles, nos permiten revisar, ver, ahondar, descubrir… pero nada es comparable a una sala oscura, con una gran pantalla, llena de gente que comparte contigo las emociones de lo que ves.

Sólo nos piden que volvamos, que no nos carguemos con nuestra desidia este vehículo de conocimiento, entretenimiento y transmisión cultural, que es una sala de cine y su magia. Está en nuestra mano y el que las entradas valgan 1 euro más que con el anterior IVA, no puede ser excusa. Es muy fácil, intentemos salvar los Verdi, los que viváis en Madrid, id a sus salas, yo por mi parte, 24 horas después de oír a su dueño pedirnos ayuda, y atormentado por mi mala conciencia (hacía meses que no acudía a sus salas) me fui a ver dos películas en la misma tarde,  por cierto, y como casi todo lo que estrenan, magníficas, y de ahora en adelante marcaré con ellos una cita semanal para disfrutar de sus estrenos. Si unos cuantos hiciéramos este ejercicio, no sólo salvaríamos algunas salas, sino lo que es más importante, estaríamos salvando  una parte de nosotros mismos.

Aún podemos hacer algo, está en nuestra mano, el cine, sin cines, no es cine.

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Comentarios

  1. Íñigo

    Voy a serte sincero: ojalá viviese en Madrid solo para echaros una mano yendo a esos cines. En unas vacaciones pasé por el Doré, y aún ponían “Valor de ley” y “Cisne negro”. Si hubiese estado más de tres días…

    Pero me ha tocado en suerte vivir en León, que no es una ciudad muy cinéfila, tira más por los vinos y la cecina. Pero al menos nací en Salamanca, que sí tiene una tradición cinematográfica, una Cineteca y buenos cines (los Van Dyck, por ejemplo).

  2. Jorge Valle

    Yo también soy de León, aunque ahora vivo en Salamanca (muy buenos los cine Van Dyck, siempre con cine interesante, mientras que en León solo llegan superproducciones y blockbusters americanos)

    • Íñigo

      Hola, me alegra saber que no estoy solo. En León solo hay dos: el Van Gogh y el Odeón (antiguo Cinebox). Eso me hace pensar en que no vivo en una ciudad, sino en un pueblo. Pero León es un buen sitio para vivir.

  3. juanignaciodn@hotmail.com

    Yo soy más viejo que tú, Gerardo, y en el caso que nos ocupa casi es una ventaja. Quiero decir que yo conocí los cines de barrio con dos películas, en los que entraba a las cuatro de la tarde y salía, porque me echaban, cerca de las doce. A veces quedábamos el acomodador y yo, y él sí se quería ir a su casa. En aquella época sí que había pantallas grandes, y con cortinas que se descorrían despacito. Es verdad que me tragaba muchos nodos, pero nadie se lo creerá, hubo una época en que ponían cortos, ¡cortos en el cine!

    El éxito que tuvo una peli bùlgara que se llamaba ‘Cuerno de cabra’, la pusieron durante más de dos años en el Pompeya (otro de la Gran Vía que ya no existe, éste no quedó ni para teatro). De las primeras en v.o., la gente iba porque al principio de la película aparecía una violación, ésa fue la primera educación sexual que tuvimos justo al morir Franco.

    En fin, que yo me aficioné en plan serio al ver ‘El violinista en el tejado’, en unas vacaciones navideñas, las de 1.971. Hasta entonces solo recuerdo verme todas las de los Hermanos Marx en el cine Sainz de Baranda, verlas como aficionado, porque afición debía ser lo de estar una semana seguida yendo a ver ‘Un día en las carreras’.

    Mi crítico de cabecera fue Alfonso Sánchez, la gente solo se cachondeaba de su voz, pero yo escuchaba lo que decía. Era un hombre que no le gustaba hablar mal de ninguna película, la que no le gustaba no la comentaba y asunto concluido.

    Sigo yendo al cine, pero ya en plan más tranquilo. Antes veía una película y cuando volvía a casa me la escribía secuencia por secuencia. Rarito que es uno. Me pasaba dos horas viendo una peli y casi el mismo tiempo escribiéndola en casa.

    Id al cine, que mola.

  4. Juan Ignacio

    Si sale mi nombre sólo, mejor, a ver si me van a escribir de alguna institución psiquiátrica.

    Gracias.

  5. Manuel G. Mata

    Muy en desacuerdo con tu post Gerardo. Procuro ir al cine una vez por semana, vivo en Córdoba, tengo tres complejos en los que solo en uno de ellos hay cabida para las cintas más arriesgadas, el resto buscan taquillazo para tener beneficios. Lo primero de todo: El cine es caro. Aquí no baja de los 6,50 con carnet joven, pero es que cuando vivía en Madrid iba entre semana a las cuatro de la tarde a los Renoir para no darle un sablazo a mi maltrecha economía. Las salas, las distribuidoras, las productoras y el gobierno nos roban en nuestras narices. En teoría, con la llegada de las copias digitales, los gastos de distribución y exhibición son más bajos, por lo que la entrada debería ser más económica ¿Qué ha pasado? Que nos la han metido diciendo que la copia que se exhibe en digital (no en 3D) debe ser más cara por tener mayor calidad. Gol en las Gaunas, y no me vale la excusa de adaptar un cine entero para las copias digitales, cuando en Andalucía, por ejemplo, si no estoy mal informado, la junta te subvenciona con un 60% la apertura de un complejo de salas (Al menos era así en el año 2007, no me interesa la política y tampoco sé qué fiabilidad tienen estos datos, pero me lo dijo el dueño de unos cines) . Por otra parte, la subida del IVA ha sido un sablazo brutal, y ha sido el causante de que la gente haya vaciado las salas, pero es que las mismas salas no han sabido reinventarse, el hambre agudiza el ingenio, pero ninguna ha hecho algo por intentar motivar que la gente vaya al cine, solo llorar ¿Qué tal un 2×1 en el menú de palomitas, por ejemplo? ¿Qué tal con la compra de cuatro entradas la quinta es gratis? En Córdoba los cines de El Tablero están sacando cada dos por tres ofertas, y aguantan el tirón, porque no le queda otra. Y luego está internet. Vivimos en un mundo en el que lo que queremos lo queremos aquí y ahora, y el cine eso no nos lo da. No hablo de piratería, hablo de tener acceso a portales de cine que tienen un amplio catálogo a muy buen precio, y al final lo que miramos es la pasta. El cine está destinado no a desaparecer, pero sí a ser como el teatro, a ser un artículo de lujo al que sólo irán unos cuantos, mientras que el populacho consumirá en internet todo lo que se le ponga por delante, bien pagando o bien gratis, que para eso paga un dineral de internet. La solución no la tenemos nosotros, la tiene el gobierno, las compañías telefónicas y los exhibidores y distribuidores. A nosotros nos queda rezar porque no nos roben más. Yo ya hago suficiente acudiendo al cine una vez por semana. Dos si pillo una buena oferta.

  6. Gerardo Gonzalo

    Gracias por tanta participación, además así hemos descubierto un looby leonés. Lamentablemente lo de León para mi que ya no va a tener arreglo, incluso puede ir a peor, porque igual, los pocos y blockbusteros cines que teneis, el día menos pensado acaban cerrando, que hay varias capitales de provincia que no tienen ya ni uno.

    En cuanto a Juan Ignacio, sí, yo creo que eres al menos una generación o dos mayor que yo, pero en lo esencial, creo que si hubiéramos nacido en la misma época, hubiéramos hecho lo mismo, si cambiamos a Pumares por Alfonso Sánchez y mis maratones en la filmoteca por los cines de barrio con programas dobles que podías ver una y otra vez, el tema es parecido. Respecto para lo que a ti fue “Cuerno de vaca” no se me ocurre una equivalencia a finales de los 80 principios de los 90, pero lo que si te puedo decir, es que siendo un film que desconocía, la primera vez que oí hablar del mismo fue hace una semana, una compañera de trabajo me habló de la misma al enterarse de lo mucho que me gusta el cine, y me habló de esta película en los mismos términos que tú, con lo cual, si bien no soy supersticioso, no puedo pasar por alto tan extraodinaria casualidad, y por supuesto, tengo que verla (a pesar de su deprimente argumento), y hacer la consigueinte crítica en esta web. Respecto a lo de tus rarezas, no te preocupes, quien esté libre de pecado, ….

    Por último, y retomando el tema Cines Verdi, que gran oacasión tenemos de disfrutar y de paso ayudar yendo a ver la extraordinaria “El último concierto”, quizás la mejor película que hay ahora en cartel, interpretada por un grandioso plantel de actores a los que además podemos escuchar con su voz original, que gran excusa para ir.

  7. Gerardo Gonzalo

    Querido Manuel:

    No estamos tan en desacuerdo, a ti y a mi nos gusta el cine, y hacemos un esfuerzo por ir, yo quiero que no cierren los cines Verdi, porque además son de los pocos que dan una programación buena, alternativa, diferente y respetuosa con la inteligencia del espectador.

    Que el IVA ha hecho daño, por supuesto, pero en lo que respecta a la asistencia a los cines, no tengo claro que si estos en vez en de valer 6,50€ valiera 5,15€, se llenarían como hace unos años, no creo que ese sea “todo” el problema, la gente ha dejado de tener el hábito de ir al cine, y el IVA es la puntilla, pero el toro llEva herido de muerte hace ya bastante rato.

    La cuestión es que yo se que nunca voy a tener ningún problema para ver la última de Tom Cruise en pantalla grande, pero es que además de ver la última de Cruise, me gustaría ver también la última de Haneke o Lars Von Trier, y eso si está en peligro, y como soy muy básico, a mi lo único que se me ocurre es ir y pagar mis 6,50€, que es más barato que una cena, un libro, una copa en una terraza, y no te digo ya un partido de fútbol, y además de disfrutar de una buena película, mi dinero va a parar a un señor, que no conozco, pero que al menos sé que busca la calidad en lo que programa, frente al beneficio, y que piensa que el cine es una expresión artística que debe entretener, y no un bien de consumo de usar y tirar.

    Pero es que además el concepto “cine” me parece indisociable del concepto “salas de cine” y tanto es así que no creo que alguien que ha visto, por ir a ejemplos archipopulares, “Avatar” o “La vida de Pi”, “Origen”, …. en la pantalla de un ordenador, pueda hablar con la misma propiedad y criterio que el que las ha visto en una pantalla grande, para mi es que no es lo mismo, lo siento, es como ver “Las Meninas” en un libro o verlas en el Museo de Prado, yo puedo describir el cuadro perfectamente viéndolo a través de las páginas de un libro, pero la emoción, la impresión del mismo, sólo te la transmite su visión en directo, pues para mi eso es el cine, y no quiero que cierren ni los Verdi, ni los Renoir, ….y por supuesto tampoco el Museo del Prado.

  8. Áralan Aidir

    Hola, Gerardo. Enhorabuena por tu artículo y muy de acuerdo con él. Sin embargo, también estoy de acuerdo con Manuel G. Mata en casi todo lo que dice.

    La gente no va al cine porque es muy caro. Y es que es verdad, es muy caro. El Verdi no cuesta 6.50; cuesta 9 euros, como casi todos los de la capital. Pero no es solo eso. Es que si vas en coche, te toca pagar zona azul o zona verde. Si vas en transporte público, mínimo 1.50. O sea, suma y sigue. En cualquier otro cine, imagina que te entra hambre o sed y te pillas una botella de agua o unas palomitas (de lo que no soy fan). Ya se te pone la gracia de dos horas en más de 15 euros. Y si vas en familia, de 45 no baja (dos adultos, un niño). Si vas una vez a la semana, son 180 euros al mes. 60 euros si vas solo. Claro, puedes ir el día que es más barato. O no, porque curras.

    O sea, es bastante más caro y eso a la gente le echa para atrás, sobre todo desde el 2008, fecha a partir de la cual España no levanta cabeza económicamente y los despidos se han multiplicado. ¿Qué ha hecho el cine para adaptarse a esa realidad? Algunas cadenas intentar darte una tarjeta para que alguna entrada te salga gratis, o que los niños no paguen más de 5 euros. Hay combos. Y va el gobierno y multiplica el IVA. Demencial. El precio de la entrada se ha disparado, incluso con copias digitales (como han dicho), cuando los gastos de distribución son irrisorios. Y eso ya huele mal. Y la gente, lo que hace es reaccionar: se la baja de internet, que si me quieres tomar el pelo, ya tengo yo otra salida, tío listo.

    ¿Pero por qué la gente va a otras? Van a ver otras porque tienen efectos especiales, paisajes grandiosos, buen sonido… O sea, películas de cine. Es gracioso que lo más descargado en internet es lo que tienen ingresos millonarios en taquilla. Las películas minoritarias no suelen tener nada de espectacularidad, no tienen efectos sonoros notables, paisajes…; suelen ser historias intimistas de calle y habitación, por lo que la gente no encuentra mucha diferencia entre verlas en casa en su pantalla LED de 52″ (¡900 euros, oiga!), bajársela en HD con una calidad de proyección infinitamente mejor en gama de colores y definición que el proyector de cine. Aunque tú y yo sabemos que hay gente a las que os gusta los rituales, yo solo suelo fijarme en lo que me van a poner en pantalla, no en quienes me rodean, a veces gente verdaderamente latosa. Sin embargo, sí me gustó el ambiente de cine que sentí en Avatar y Ágora. Había expectación, había tensión y la sala prorrumpió en aplausos al finalizar la proyección durante más de treinta segundos (Cinesa Proyecciones en ambas ocasiones, fantásticos audio y vídeo, he de decir, con butacas en grada para evitar a los Fernandos Romay -sí, yo también visité la sesión continua de pequeño en esos cines Usera, Niza, Oporto y Liceo, ya todos cerrados-). Tienes razón, eso es impagable. También es verdad que se da poco. Pero tampoco se entiende que una sala pequeña con calidad de audio y vídeo inferior, sin butacas en grada, incómodas y con entradas sin numerar te cueste lo mismo que otra sala que ofrece todo eso.

    Y, me parece a mí, la gente va al cine a entretenerse, la mayoría, no a seguir viendo historias de problemas sesudas, porque bastante sesuda y problemática es ya su vida como para seguir sufriendo por las de otros.

    Dicho lo cual, los cine Verdi los tengo al lado de mi casa. Son buenos cines, pero tampoco con un gran audio y vídeo, sin butacas en grada, con películas que gustan y con otros que no gustan, independientemente de lo que cada cual considere como buena película o mala. Me encantó The Last Quartet, Mud me pareció normal, Cruce de Caminos me aburrió un poco. Y estas películas las encuentras en salas de otras cadenas de cine. Es decir, la gente al final mira la cartelera y va si no es caro, si lo que ve le atrae en base a sus gustos e intereses. Si se anima a ir, elige el mejor cine, donde está más a gusto.
    Sí es verdad que Verdi tiene iniciativas geniales, como la de ver los clásicos de nuevo en cine. Pero, seamos honestos, a estas van pocos.

    Saludos y enhorabuena por el artículo, repito. Transpira un sentido y profundo amor por este nuestro mundo del cine. Ojalá no lo perdamos nunca.

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