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Romance con disfraz de Western

Por Borja Álvarez “Jita”

El género del western es muy engañoso en algunas ocasiones. Puede parecer un género resumido en: “hombres rudos vestidos de vaqueros, bebiendo whisky con frecuencia y esperando un tiroteo en cualquier momento”. También parece que el papel de la mujer está muy limitado en ellos y que a menudo se abusaba del machismo o los malos modales. La “suciedad” que caraterizó en los años sesenta al spaguetti western es un claro ejemplo de lo que hablo. Pero no siempre ha sido así.

Recuerdo por ejemplo la caballerosidad con las mujeres que desprendía John Wayne en La diligencia, o el romanticismo sepultado del despechado Sterling Hayden en Johnny Guitar. Su mítico diálogo con Joan Crawford lo dice todo:

Johnny: ¿A cuántos hombres has amado?
Vienna: A tantos como mujeres tú has olvidado.
Johnny: ¡No te vayas!
Vienna: No me he movido.
Johnny: Dime algo agradable.
Vienna: Claro. ¿Qué quieres que te diga?
Johnny: Miénteme. Dime que me has esperado todos estos años. Dímelo.
Vienna: Te he esperado todos estos años.
Johnny: Dime que habrías muerto si yo no hubiese vuelto.
Vienna: Habría muerto si tú no hubieses vuelto.
Johnny: Dime que aún me quieres como yo te quiero.
Vienna: Aún te quiero como tú me quieres.
Johnny: Gracias (bebe). Muchas gracias.

He aquí un papel dónde la mujer es representada con carácter y valentía. Otro ejemplo es el papel de Claudia Cardinale en Horizontes de Grandeza, dónde a pesar de aparecer en varios momentos como una mujer frágil y solitaria, tiene un primer enfrentamiento con Jason Robards que demuestra que es una mujer de armas tomar. En mi opinión, el mejor personaje femenino que he visto nunca en un western.

Pero hoy quiero hablarles un western más atípico, Horizontes de Grandeza. Un Western de 165 minutos de duración y en el que apenas hay disparos hasta el tiroteo final. Un tiroteo que para tratarse de una secuencia final es bastante descafeinado.

Pero no importa. La virtud de este western reside en la personalidad y en el contraste de los valores que encarnan sus personajes. Por un lado tenemos a James McKay (Gregory Peck), un refinado marinero procedente del este y que rechaza cualquier signo de violencia. A su prometida, la hija de Henry Terril, un ricachón del oeste que vive en su rancho y que vive enfrentado con la familia Hannassey, cuyos miembros le hacen la competencia por el ganado de la región. Tenemos a la mano derecha del ricachón, Steve Leech,  interpretado por un musculado y serio Charlton Heston. Es aquí es dónde surge el primer enfrentamiento. Ambos están enamorados de la hija, pero Gregory Peck es el afortunado. Sin embargo el subtexto deja claro que el padre preferiría que se casara con un hombre como Charlton Heston, ya que tiene la hombría y la valentía que supuestamente debe tener un hombre.

Por parte de la otra familia tenemos a Rufus (Burl Ives), un padre tosco, con mucho carácter y que hará lo posible por quedarse con todo el pastel. Al hijo de éste, el típico joven que dista mucho de ser lo que su padre espera de él. Su relación es otro de los frentes abiertos de la película.

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Y por último, al personaje más determinante de la historia. La encantadora y adorable Julie (Jean Simmons). La misma mujer que pocos años después nos paralizaría el corazón con sus lágrimas al ver crucificado a su amado Espartaco.  Sin duda hablamos de una memorable secuencia dirigida por ese genio llamado Stanley Kubrick. En esta ocasión su personaje nos roba el corazón con su mirada y su bondad. En la historia es dueña de un terreno con abundante cantidad de agua y que por tanto resulta vital para el ganado. Una mujer que por su perfil y su forma de ser encaja a la perfección con Gregory Peck . Y es a partir de ahí cuando nuestra suspicacia crece y empezamos a elucubrar qué pasará en el film, quién acabará con quién, y cómo acabara la lucha de ambas familias por hacerse con el terreno de la joven.

Todas estas relaciones están dirigidas con sutileza, casi sin disparos, con la misma calma y tenacidad que requiere el caballo Trueno en la película –otra secuencia para enmarcar- y lo más llamativo, sin besos. Sí, sin besos. Porque en Horizontes de grandeza los silencios dicen más que las palabras, porque es una película en la que el deseo y la pasión se esconden y se ocultan, pero en la que hay que estar muy ciegos para no ver lo que hay detrás del disfraz.

Precisamente hay una secuencia en la que la máscara cae por su propio peso. Como es un poco larga sólo explicaré la parte final. Ocurre casi al final de la película y es cuando Gregory Peck acude a por Jean. Al llegar allí, tiene lugar una conversación cruzada con ella, Burl Ives y Buck. Ya por el tono de la voz, la actitud, y sobre todo, por el rostro de los personajes, se intuye lo que está pasando, pero falta saber cómo esta pasando, lo que va pasar y cómo va a pasar:

Hay un plano de los cuatro en pantalla y Gregory Peck se acerca dónde esta Jean Simmons. Burl Ives le dice que espere un momento. A lo que Peck responde con un : “No me marcharé de aquí sin ella”. Burl mira a Jean y comienza una magistral lección de cine:

 “Intenta protegerle. ¿Por qué?”

Jean no contesta, Ives mira a ambos durante apenas unos segundos y dice:

Creo que no hay necesidad de responder a eso. Usted viene aquí descaradamente desarmado, arriesgándose mucho, intentado detener una disputa que no es suya. ¿Por qué?”

Primer plano de Peck en el que enmudece y mira a Jean. Contra plano de Jean, la cual también permanece en silencio. Plano nuevamente de los cuatro e Ives le dice a su hijo:

Y bien Buck, ¿estás ciego?”.

Primer plano de Buck en el que le queda claro a él –y al espectador por si había alguna duda- de cómo se puede narrar el amor con semejante mutismo.

Vean la película y disfruten de esa escena porque comprobarán que William Wyler era un maldito genio y Horizontes de Grandeza un film para atesorar.

PD: La película fue filmada con Cinemascope para que el formato ancho y gracias a la profundidad de campo, los paisajes tuvieran la mayor amplitud posible. Así que les aconsejo que vean la versión remasterizada (a poder ser en formato Blu-ray) porque es una auténtica gozada.

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Comentarios

  1. Enrique Fdz. Lópiz

    ¡Vaya! Muy bueno. Felicitaciones. Enrique Fdez. Lópiz

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