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Quizás sea la corriente que está volviendo…

Por Javier García Lorenzo

Tres películas llevamos ya y vamos a por la cuarta. Películas de zoos con dinosaurios que se escapan y se comen a la gente. Y pasándose el rigor científico por la forrera, como debe ser. Aunque no voy a ser tan crítico, daré una de cal y una de arena a esta saga que creíamos extinta.

Jurassic Park (Steven Spielberg 1993)

La primera entrega de la franquicia sorprendió a propios y a extraños: fue un despliegue visual que iba más allá de lo anteriormente visto y los espectadores no reparamos en gastos: el film arrasó en taquilla y su merchandising hizo lo mismo abarcando distintos sectores comerciales. Y en base a esa invasión los niños soltamos la lengua con palabros del calibre de pachycephalosaurus o paleontólogo.

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Los efectos especiales resultaron impactantes por su revolucionaria tocante digital, de la que no soy muy amigo, pero que al ser inferiores a lo que hoy en día puede plasmarse en pantalla, fueron astutamente dosificados y maquillados con la iluminación, con la brevedad de los planos y con la amplitud de éstos en algún caso (por mucho que un dinosaurio de lejos siga siendo un canteo, peor es hacerle soportar al photoshop un primer plano como se hace hoy, ¿no?).

Sin embargo, no hubiera causado tal sensación la puesta en escena si no fuese por los robots animatrónicos, esas obras de arte cubiertas de esculpido látex que se erigieron como el artífice de que los que calzábamos siete felices años por aquél entonces saliéramos del cine con algo grabado en los centros visuales del cerebro para siempre.

Y esa magia no se conformó sólo con secuestrar infancias: no faltaron también adultos que se tragaron lo de la clonación (¡qué poco reconocimiento tiene la escena en la que un monigote aparece en pantalla para explicar en dos patadas un método científico de modo que un crío pueda entenderlo perfectamente!, ¡es de lo mejor de la peli!). En definitiva, la gente salió de las salas creyéndose que eso era la víspera de la clonación real de dinosaurios (vale, los más leídos tal vez no).

Una película con propuesta sencilla, pero bien desarrollada y medida al milímetro: las escenas más chungas tenían a los niños de por medio, y es que si algo sabe Spielberg es hacer cine comercial, pues logró la tensión necesaria poniendo a parir a los niños para que los dinosaurios no sólo entraran por los ojos, si no también por osmosis a través del sudor.

Aunque por lo demás el tio de la gorra se dedicó a violar los fósiles: el velociraptor real resultó ser, como se burlaba el niño de la primera escena, “un pavo de dos metros”… sólo que no de alto si no de largo. Y el tyrannosaurus, por muy quieto que te estuvieras, te iba a ver estupendamente con su visión binocular comparable a la de un halcón…

El mundo perdido (Steven Spielberg 1997)

Pues bueno, aunque en la primera vemos nacer un dinosaurio, en ésta segunda entrega nos cuelan que en realidad eso fue una abubilla y que a los dinos los criaban en una isla a parte. En la que por supuesto nadie con dos dedos de frente pondría un pie… pero la gente va para allá en tropel a encontrar la muerte.

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A parte de escenas infames (como la de la autocaravana con un escaparate por frontal colgando de un barranco y los tyrannosaurus yendo y viniendo de la escena por exigencias del guión más que por regirse según su instinto animal, o esa otra de la niña de siete años metiéndole una patada a un velociraptor del tamaño de un camello para mandarlo a Cuenca atravesando un granero), ésta El mundo perdido comete el error despreocupado de utilizar los mismos animales que ya vimos en la primera: eso implica que, si en siguientes entregas prescindes de ellos, el público entra en colapso cerebral porque le estás ninguneando a sus iconos. Y si sigues con ellos, tendrán que compartir espacio con el resto de bichos que querrás incluir para ofrecer novedades, así que vas a tener que meter un 75% de líneas del guión del palo de “ROAAAAAR, GROOOOOO, URRRRRRGHHHH!!”.

Aunque bueno, también aparecen los compsognathus que se comen a Peter Stormare, actor sueco que encarna al mítico personaje con peor sentido de la orientación en toda la historia del cine: se va tras unos matorrales a mear y se pierde profundamente en el bosque hasta el punto de que nadie le oye gritar mientras le roen la cara.

Película mala, mala. Pero…

Jurassic Park III (Joe Johnston 2001)

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¿Sabéis esas películas de sábado y domingo a las cuatro en antena3?. ¿Películas cutres para la televisión con actuaciones que dan sarampión y que si sus personajes mueren permaneces impávido observando cómo finan o incluso bostezas?. Pues lo mismo pero con dinosaurios.

Jurassic World (Collin Trevorrow 2015)

Para el año que viene nos aguarda Jurassic World, que según dicen volverá a ubicarnos en la isla de la primera película (de la única vamos, las otras dos fueron sueños de Resines) y que, según el pachycephalosaurus Jack Horner (asesor científico o_O vinculado a toda la saga), nos mostrará a una criatura con la que no podremos apagar las luces en una temporada. Supongo que el señor Horner trabaja mucho y no va tanto al cine, porque algunos estamos un poco más curados de espanto de lo que él cree.

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Pero vamos, que a mí lo que me llama la atención es que después de todo lo pasado en esta saga todavía no haya aparecido el genio visionario que caiga en la cuenta de que si pusieran a los animales en fosos de unos cuantos metros de profundidad con paredes de hormigón, la ley de la física sería nuestra amiga porque los dinos no podrían escapar.

Aunque claro, vaya mierda de peli entonces… esperemos que no lo sea de todas formas, pero aviso de que contaba el aclamado director de este presumible taquillazo que tienen en mente rodar otras dos, así que ya sabemos que básicamente el lobby se está frotando las manos pensando en el dineraco que se van a meter en el cuerpo más que en hacer algo interesante. Yo al menos estaré contento porque se aprovechará el filón y saldrán otros productos de mi gusto a remolque, tal vez documentales de la BBC, o videojuegos. Menos da una piedra que un fósil.

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