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Quince títulos olvidados del cine español reciente

Por Toni Ruiz

Repaso a películas desconocidas o infravaloradas que avivarán nuestro patriotismo cinematográfico.

El lacerante y acertado recordatorio que mi compañera Asia Crochi hizo hace varios días a propósito de la maltrecha salud de la industria cinematográfica nacional ha espoleado al españolito que llevo dentro y lo ha lanzado a la labor casi imposible de rescatar algunos títulos del cine patrio contemporáneo que valen la pena y que, sin embargo, han pasado desapercibidos.

Y es que, si bien nuestro cine me produce una constante sensación de vergüenza e indignación, que aquí a cualquier cosa se la llama “original” y cualquier peli mediocre sobre la Guerra Civil -léase las acartonadas Las trece rosas o La voz dormida- cuenta con el entusiasta beneplácito de todos los actores pseudorojos, que las obras de los “indiscutibles” maestros como León de Aranoa, Amenábar, Coixet o Almodóvar suelen recibir mil nominaciones a los Goya ,y no siempre en función de su calidad, y que tenemos festivales chovinistas (Málaga) en los que nos miramos el ombligo -lleno de roña- en vez de limpiárnoslo y que muestran un desatino vergonzoso a la hora de dar sus premios. También es cierto que de vez en cuando aparece algún título digno de ser visto. Lo peor es que, encima de que no está la cosa para tirar cohetes, nos permitimos pasar por alto proyectos admirables. Estas son algunas de las películas realizadas desde el año 2000 que en su día fueron ignoradas o al menos no recibieron la atención, los premios ni la afluencia de público que merecían:

1) LA MITAD DE ÓSCAR, de Manuel Martín Cuenca (2010)

El almeriense Manuel Martín Cuenca cosechó excelentes críticas y cierta atención por parte de la Academia -un Goya y dos nominaciones más en total- con sus dos primeras cintas: La flaqueza del bolchevique (2003) y Malas temporadas (2005). Sin embargo, casi nadie ha oído hablar de La mitad de Óscar, un melodrama intimista que supone su obra más redonda y madura.

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En ella Martín Cuenca nos relata la historia de Óscar, que lleva una existencia monótona y anodina como vigilante de seguridad en una salina del Cabo de Gata.  Su hermana María, con quien comparte un turbio secreto del pasado, irrumpe en la solitaria vida de él tras una larga separación acompañada de su novio francés y ambos tendrán que reajustar sus vidas. Los hermanos están encarnados por Rodrigo Sáenz de Heredia y Verónica Echegui, ambos excelentes. Y en el caso de Verónica Echegui, no sólo interpretativamente. (Sé que este comentario puede parecer inoportuno, pero acabo de verla y de mirarla en la portada del último número de  Fotogramas -un homenaje al destape, encima- y no he podido resistirme.)

Desprovista de música y con una desnudez casi ascética, bressoniana, acrecentada por la imponente aridez del desierto almeriense, La mitad de Óscar es una maravilla que exprime al máximo el poder evocador de la imagen y sacude nuestros sentidos y nuestras emociones de manera contundente y certera. Todo ello a través de planos estáticos por los que los protagonistas transitan, entrando y saliendo en una realidad que parece serles ajena. Los dos únicos movimientos de cámara de toda la película llegan al final y no son azarosos: enmarcan un largo plano sostenido medio (¡de ocho minutos!) en el que se desarrolla la última conversación entre los hermanos. Con el amanecer a punto de romper en el margen izquierdo de la pantalla, el diálogo entre Óscar y María avanza a la par que el sol despunta en el horizonte e impregna toda la escena de la luz del Mediterráneo, tan bella y cálida que hace todavía más cruel el momento de la despedida. Lo más hermoso que he visto en una película en años.

Que una película tan contemplativa y minimalista cree además una constante y pausada descarga eléctrica de tensión dice también mucho del talento de su director, y contradice a los autores que nos torturan con muermos pretendidamente artísticos. No, el aburrimiento no es un peaje obligado para ver este tipo de cine.

He dicho anteriormente que La mitad de Óscar carece de música. No es cierto. Posee la música de los sonidos de la vida y de la naturaleza, de la respiración, del zumbido de fondo que es el silencio, de un palustre sellando un nicho, de unas pisadas en la arena, del eco de pasos nocturnos en una calle vacía, del interruptor de una lamparita que nos deja a oscuras, de caricias dadas con las yemas de los dedos, del mar, del motor de un coche alejándose quizá para siempre, del viento que azota furioso el paisaje erial sin encontrar obstáculos que lo frenen, como las pasiones que luchan por contener los personajes . Una música que junto con las imágenes proporciona una impresionante experiencia sensorial y sentimental. Fabulosa. Formidable. Imprescindible.

Tras esta joya, el último proyecto de Martín Cuenca es Caníbal, thriller psicológico con muy  buena pinta protagonizado por Antonio de la Torre, que también aparece en La mitad de Óscar (y en el 99% de las películas españolas), acerca de un insociable sastre granadino que se dedica a asesinar a mujeres de Europa del Este y acaba enamorándose de la hermana gemela de una de sus víctimas. Tuvo su première internacional el pasado 6 de septiembre en el Festival de Toronto, en cuya página oficial encontramos esta alentadora descripción: «tomando prestados muchos elementos del cine negro, esta película inquietantemente embriagadora, enriquecida por la magnética y compleja interpretación central de Antonio de la Torre, cautivará al público». El crítico Jonathan Holland, escribiendo para el influyente Hollywood Reporter, ha calificado esta película de «memorable», «tan escalofriante como conmovedora», afirmando que «el público saldrá de Caníbal con sus perspectivas transformadas, algo que muy pocas películas pueden enorgullecerse de hacer».  La presencia de Caníbal en este evento supone todo un escaparate internacional para Martín Cuenca, pues hablamos de un festival que ha sido catalogado como «el segundo después de Cannes en términos de presencia de estrellas y actividad económica» (revista Variety, 1998) o como «el más útil y más activo, aunque el mayor sea Cannes» (Rogert Ebert en el National Post, 1999). En Toronto sólo se entrega el Premio del Público y, para hacernos idea de su categoría, en los últimos años dicho premio ha recaído en películas como El lado bueno de las cosas, El discurso del rey, Precious, Slumdog Millionaire, Promesas del Este, Hotel Rwanda, Zatoichi, Amélie, Tigre y dragón, American Beauty o La vida es bella. En 1988 lo ganó Mujeres al borde de un ataque de nervios.

En España, antes de su estreno comercial, la cinta estará en la sección oficial del Festival de San Sebastián, que se celebrará del 20 al 28 de septiembre.

 Y perdonen por haberme extendido más de la cuenta con Caníbal, pero las expectativas depositadas en ella son muchas tras la inolvidable experiencia que supuso ver y sentir La mitad de Óscar.

Lo mejor: Todo.
Lo peor: Nada.

2) LA NOCHE DE LOS GIRASOLES, de Jorge Sánchez-Cabezudo (2006)

Desconozco por qué el creador de este prodigio (su primera y única película) no ha vuelto a hacer cine y se ha decantado en su lugar por la ficción televisiva, en la dirección compartida de Guante blanco, Hispania y Gran Hotel y en la dirección en solitario de esa espléndida propuesta llamada Crematorio (2011), sin duda la mejor serie nacional en años.

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El caso es que allá por 2006, Jorge Sánchez-Cabezudo dirigió y escribió el guión de un thriller rural en el que un intento de violación y una conclusión precipitada acaban conduciendo a los protagonistas a una trágica espiral de la que les será imposible salir bien parados.

Todo el reparto realiza una labor convincente, pero la interpretación de Manuel Morón, con quien Jorge Sánchez-Cabezudo volvió a contar para Crematorio (qué bien hace de corrupto retorcido y de tarado peligroso este tipo), va más allá de todo elogio.

En cuanto a su repercusión, el Círculo de Escritores Cinematográficos, que suele estar mucho más fino a la hora de entregar sus galardones que la tendenciosa Academia del Cine Español, le concedió dos premios de ocho candidaturas, por lo que La noche de los girasoles no fue totalmente relegada al olvido. Sin embargo, su recaudación en las taquillas fue paupérrima y recibió tan sólo tres nominaciones a los Goya (no se llevó ninguno) en un año en las que las apreciables pero sobrevaloradas El laberinto del Fauno, Alatriste, Volver y AzulOscuroCasiNegro acapararon el interés de los medios de comunicación. Sin duda, poco reconocimiento para una película oscura, desasosegante, milimétricamente precisa y con el aroma del mejor Hitchcock. Punto.

Lo mejor: El guión, la asfixiante atmósfera y el depravado personaje de Manuel Morón.
Lo peor: Sale Mariano Alameda, el Íñigo de Al Salir de Clase.

3) 25 KILATES, de Patxi Amezcua (2009)

Otro estimable thriller que pasó inadvertido y en el que unos delincuentes de poca monta, padre e hija (Manuel Morón -¡de nuevo!- y Aida Folch), intentan dar el golpe que cambie sus vidas para siempre, ayudados por el cobrador de deudas (Francesc Garrido) de un mafioso. Estafas, matones, amor y corrupción policial en una inteligente, trepidante, desnuda y desgarrada muestra de cine negro.

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Además, con 25 kilates el Festival de Málaga increíblemente mostró acierto en su concesión de premios -mejor película, actor y actriz-, aunque en una sección paralela (ZonaZine) y no en la principal, faltaría más. En los Goya, por supuesto, ni se oyó hablar de este filme, pues estaban ocupados nominando a Camino y a Los girasoles ciegos (más Guerra Civil).

Habrá que estar atentos a Patxi Amezcua, quien en noviembre estrenará su segunda película, Séptimo, cinta de suspense sobre un padre que pierde a sus hijos en un edificio de manera inexplicable. Auspiciada esta vez por grandes productoras argentinas y españolas como Telecinco Cinema y protagonizada por Ricardo Darín y Belén Rueda, es de prever que la proyección mediática de este título sea mucho mayor. Esperemos que Amezcua no pierda estilo y pegada con su paso al cine comercial.

Lo mejor: El ritmo impuesto por un guión y montaje ejemplares, el retrato del lado más gris de Barcelona, Manuel Morón y la boca de Aida Folch, aunque no luzca todos sus encantos como en El artista y la modelo.
Lo peor: No acaban de saltar todas las chispas que deberían entre los personajes de Aida Folch y Francesc Garrido.

4) NO TENGAS MIEDO, de Montxo Armendáriz (2011)

Con mayor o menor acierto pero indudable arrojo, Montxo Armendáriz (Historias del Kronen, Secretos del corazón, Obaba) es un cineasta que siempre ha ido por libre. Con No tengas miedo vuelve a hacerlo. Sin ceder ni al morbo fácil ni a los clichés dictados por lo políticamente correcto, el realizador navarro explora con valentía, respeto y sutileza lo compleja que puede ser la relación entre verdugo y víctima de abusos sexuales. Lluís Homar lo borda como padre perturbado, y la irregular Belén Rueda está notable como la madre que prefiere mirar para otro lado con tal de no complicarse la vida, pero inopinadamente, es Michelle Jenner, con una sobrecogedora interpretación cargada de matices y una mirada que traspasa la pantalla, la que se adueña de la función cada vez que aparece en escena.

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A algunos escandalizará la aparente “objetividad” con que la película muestra la crudeza de una situación tan dolorosa y la tomarán por connivencia. Otros en cambio agradecemos que Montxo Armendáriz huya de un maniqueísmo sensacionalista, que muestre a padre e hija como seres con múltiples aristas y que confíe en la inteligencia del espectador para que este saque sus propias conclusiones.

No tengas miedo fue un fracaso absoluto en la taquilla española, y aunque contó con el respaldo de la crítica especializada, sólo recibió una nominación menor a los Goya (mejor actriz revelación). Menos mal que de nuevo mi adorado Círculo de Escritores Cinematográficos mostró mejor criterio, otorgándole cinco nominaciones (película, director, actriz, actriz de reparto, actriz revelación), que se materializaron en un premio (el de mejor actriz para Michelle Jenner).

Lo mejor: Michelle Jenner.
Lo peor: Algún estancamiento en el guión.

5) TRES DÍAS, de Francisco Javier Gutiérrez (2008)

Probablemente la más conocida de las películas de la lista, Tres días ganó un Goya (al mejor sonido) y cuatro galardones en el ScreamFest, el festival de cine de terror más importante de los Estados Unidos. Pero lo más asombroso de todo es que fue multipremiada en la sección oficial del Festival de Málaga que, por extraño que parezca, dio un espaldarazo a una película que lo merecía. Aun así, ni por esas esta sorprendente obra tuvo un recorrido reseñable en la cartelera.

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El argumento se centra en las últimas horas de La Tierra, amenazada por impacto de un meteorito y en cómo a pesar de tan inminente fin su protagonista (Álex, solvente Víctor Clavijo) lucha por hacer lo correcto y defender a los suyos del acecho de un psicópata (Lucio, acojonante Eduard Fernández). Thriller, película de catástrofes y drama familiar, esta cinta apocalíptica es tan espectacular como emotiva, con una portentosa fotografía que capta toda la desazón que nos produciría que nuestro planetita se fuera al garete, una turbadora violencia tanto explícita como implícita y un desenlace que deja sin aliento. A su lado, las recientes Fin y Los últimos días (pésima la primera, pasable la segunda), con las que guarda concomitancias temáticas, se quedan en pañales, por no hablar de ArmageddonDeep Impact (ídem).

Y si a alguien le sorprende que, dado su notable éxito crítico, Tres días esté en una lista de películas ignoradas, he aquí el porqué: mereció muchísimos más premios y los espectadores deberían haber acudido en masa a los cines.

Habrá que seguirle la pista al cordobés Francisco Javier Gutiérrez. Para los que no estén familiarizados con su filmografía, una recomendación: vean sus cortometrajes El cuerpo (1998), Brasil (2001) y La habitación de Norman (2002), todos ellos inquietantes y, en el caso de Brasil (mejor corto en Sitges), simplemente magnífico.

Lo mejor: Prácticamente todo.
Lo peor: El desequilibrio interpretativo en el duelo entre Víctor Clavijo y Eduard Fernández. Y eso que el primero no está mal, pero es que Eduard Fernández se sale.

6) OPEN 24 H, de Carles Torras (2011)

El estimulante director Carles Torras había rodado dos películas corales sobre conflictos propios de la juventud -Jóvenes (2004) y Trash (2009)- que llamaron mi atención hace tiempo. Con Open 24h, su tercer largo y primero en el que se encarga en solitario de la dirección y el guión, me cautivó directamente.

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Estos tres títulos le han proporcionado un amplio reconocimiento en su Cataluña natal, recibiendo por ejemplo, seis nominaciones a los Premios Gaudí por esta Open 24h. No obstante, a escala nacional su cine sigue siendo completamente menospreciado.

Recurriendo a una puesta en escena de engañosa sencillez, Torras retrata con un blanco y negro casi expresionista la angustiosa opresión a la que nos somete nuestro día a día en el mundo actual.  Al igual que en La mitad de Óscar, el protagonista (Héctor, Amadís de Murga) lleva una vida tediosa y rutinaria y tiene un trabajo deprimente, también como vigilante. Como si esto no fuera bastante, ha de enfrentarse además a problemas legales y familiares que acaban sobrepasándolo y llevándolo a un desenlace brutal. Puesto que todo sucede con contención y a un ritmo pausado, este estallido de violencia final es tanto más resonante.

En definitiva, continente y contenido se funden en una cinta en la que tanto su lenguaje visual (que ha sido comparado con el de Michael Haneke o Jaime Rosales) como la nauseabunda realidad que se muestra a través de él son un verdadero puñetazo en el estómago.

Lo mejor: La asfixiante sensación de hastío existencial que consigue transmitir al espectador.
Lo peor: Lo mismo, pues se corre el riesgo de contagiarse de ese hastío y acabar asqueado de la propia película.

7) LAS VOCES DE LA NOCHE, de Salvador García Ruiz (2003)

Salvador García Ruiz es un desconocido para el gran público que cuenta con una breve pero interesantísima filmografía compuesta por Mensaka (1998), El otro barrio (2000), Las voces de la noche (2003), y Castillos de cartón (2009), además de haber sido coguionista de la película de temática gay Cachorro (2004).

En el caso de Las voces de la noche, García Ruiz se encarga también del guión, adaptando una novela de la italiana Natalia Ginzburg, polifacética autora a la que de paso aprovecho para reivindicar y que no sólo posee una obra literaria de primera categoría sino que fue diputada del Partido Comunista Italiano y actuó en El Evangelio según San Mateo de Pier Paolo Passolini.

Con sensibilidad, delicadeza y una puesta en escena aparentemente funcional que sirve para resaltar gestos y atmósferas que esconden mucho más, García Ruiz hilvana un relato intimista, melancólico y amargo que se cuece a fuego lento. La historia de amor entre Elisa (soberbia Laia Marull) y Jorge (correcto Tristán Ulloa) y sus encuentros en la habitación del hotelito que se convierte en su refugio clandestino rezuman autenticidad y van dejando un ineluctable poso de desengaño y nostalgia.

Todo ello aderezado por la lírica y neorromántica música de Pascal Gaigne, compositor habitual de Salvador García Ruiz y artífice también de las bandas sonoras de El sol del membrillo, AzulOscuroCasiNegro, Piedras, Silencio Roto o Siete mesas de billar francés.

La película apenas se exhibió en los cines y recibió una sola nominación a los Goya (mejor guión adaptado), en una edición en la que triunfó Mar Adentro y en la que las pésimas Tiovivo c. 1950 y La mala educación consiguieron un buen puñado de candidaturas.

Lo mejor: Ese pedazo de actriz llamada Laia Marull.
Lo peor: Algún flashback innecesario y un excesivo decaimiento del pulso dramático en algunos tramos.

8) EL OTRO BARRIO, de Salvador García Ruiz (2000)

Pues sí, otra peli del mismo autor, concretamente la segunda que dirigió Salvador García Ruiz. Tras la buena acogida de su ópera prima (Mensaka, Goya al mejor guión adaptado), El otro barrio fue premiada por el Círculo de Escritores Cinematográficos (mejor guión adaptado) y en el Festival de Cine de San Sebastián, con una Mención Especial del jurado del Premio Nuevos Directores «por el espléndido retrato de un complejo entramado de relaciones personales y sociales en el mundo urbano», en palabras del jurado. La Academia de Cine tuvo la deferencia de nominarla al Goya al mejor guión adaptado, aunque sin concedérselo, por supuesto (se lo llevó la atractiva pero inferior Krámpack). Y en la taquilla, claro está, un rotundo descalabro.

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Una lástima, pues esta adaptación de la novela homónima de Elvira Lindo huye de efectismos y del sentimentalismo fácil y es absolutamente emotiva. Con el barrio de Vallecas como telón de fondo, la película narra la historia de Ramón (Jorge Alcázar), un adolescente ingresado en un centro para menores cuyo caso es llevado por Marcelo (Álex Casanovas) y cómo ambos tienen que enfrentarse a mentiras, secretos y conflictos emocionales.

Lo mejor: Un guión perfecto y los secundarios, sobre todo Alberto Ferreiro (Aníbal, compañero de Ramón).
Lo peor: La duración es un pelín excesiva (126 min.) y los actores principales podrían estar mejor.

9) DIAMOND FLASH, de Carlos Vermut (2011)

La primera vez que vi Diamond Flash me pareció una “frikada” de proporciones considerables y mala de cojones. Cosas del caprichoso destino, volví a verla poco después y entonces, sin dejar de parecerme una “frikada”, disfruté muchísimo con ella. No sé cómo me sentiría si la viera por tercera vez, pero no haré la prueba por si acaso y me quedaré con el buen sabor de boca que me dejó y que me lleva a incluirla en esta lista de joyitas.

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El autor de esta “marcianada”, Carlos Vermut, es un dibujante de cómics cuya obra desconozco y que define su película como «un thriller dramático de mujeres, con superhéroes y algo de giallo» que contiene también pederastia, maltrato de género y pinceladas de humor. Se encarga no soóo de la dirección sino de la producción, el guión y la fotografía, por lo que estamos ante un Juan Palomo total.

Estrenada directamente en la plataforma de cine online Filmin, Diamond Flash fue durante varios días la película más vista en este portal, y la revista Caimán Cuadernos de Cine la eligió como una de las dos mejores cintas españolas del año, junto a Blancanieves de Pablo Berger. Asimismo, fue premiada en el alternativo Festival Rizoma, pero ni así consiguió ser distribuida en cines, aunque el boca a boca la convirtió en una de las revelaciones en los círculos underground de nuestro país.

La historia gira en torno a cinco mujeres que están relacionadas de algún modo con un enigmático personaje llamado Diamond Flash y está compuesta en realidad por piezas inconexas de un rompecabezas que el espectador debe construir. La evidente carencia de medios es suplida con creces por unos diálogos brillantes, virtuosos y desorientadores encuadres, una atmósfera extraña y misteriosa y un guión que juega siempre con las expectativas del espectador y que incluye una vuelta de tuerca final.

Eso sí, la película exige una buena dosis de paciencia y una predisposición a dejarse envolver por el clima que va creando poco a poco a través de las conversaciones (mostradas en poderosos primeros planos de las actrices) que en ocasiones se prolongan más de lo necesario y pueden resultar levemente exasperantes.

En 2014 verá la luz el próximo proyecto de este personalísimo realizador, un thriller llamado Magical Girl que promete ser igual de bizarro y que cuenta con un presupuesto cercano al medio millón de euros, frente a los 20.000 euros de su propio bolsillo que Vermut invirtió en Diamond Flash.

Lo mejor: Su audacia conceptual.
Lo peor: Sobra metraje.

10) HONOR DE CABALLERÍA, de Albert Serra (2006)

Otra arriesgada marcianada, versión libérrima de El quijote a cargo del inclasificable director catalán Albert Serra y destinada a provocar reacciones encontradas. Unos la encontrarán sugerente e hipnótica, mientras que a otros les parecerá una majadería, la paja mental de un moderno con ínfulas. A mí, que con este tipo de películas siempre me puedo colocar en cualquiera de los dos extremos, la historia me provocó sensaciones y me convenció la parquedad de una puesta en escena que huye de todo artificio, en la línea de los ya nombrados Carles Torras, Manuel Martín Cuenca o Jaime Rosales (o de Bresson, Haneke y otros muchos referentes anteriores) pero cimentando un conjunto más radical, abstracto y críptico.

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Honor de caballería mantiene el aire caballeresco e idealista de la obra de Cervantes, pero cambia el castellano antiguo por el catalán y, muy especialmente, sacrifica el sentido de aventura y la vitalidad de la novela (en la película hay una ausencia total de acción) en busca de un clima más espiritual. Como hemos dicho, y al igual que sucede con otros creadores contemporáneos de similares características como el tailandés Apichatpong “Joe” Weerasethakul (Symdromes and a Century, El tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas), el resultado puede resultar inerte y prosaico o trascendental y poético, según nos pille el día, pero no dejará indiferente a nadie.

Recientemente, Serra ganó el Leopardo de Oro a la mejor película en el  Festival de cine de Locarno con Historia de mi muerte (Historia de la meva mort), que narra un encuentro entre Casanova y el Conde Drácula. Este reconocimiento podría ampliar algo las miras comerciales de un director que hasta ahora se ha movido siempre en circuitos de prestigio pero muy reducidos. De hecho, su obra goza de bastante predicamento en Cataluña y Francia, como avalan su premio Gaudí al mejor director y sus dos participaciones en la Quincena de los realizadores del Festival de Cannes.

 Al igual que Caníbal de Martín Cuenca, Historia de mi muerte se presentó también hace unos días en el Festival de Toronto, donde se la ha calificado como «deliciosamente excéntrica y exquisitamente detallada».

Su preestreno español tendrá lugar en el Museo Reina Sofía de Madrid, el próximo día 18 de septiembre. En Francia la verán antes, el 12 de septiembre, nada menos que en el Pompidou, otra muestra de la estima en que el eruditismo (¿esnobismo?) francés tiene a Albert Serra, y también de lo erudito (¿esnob?) que es el director catalán. Esperemos que su “frikismo” intelectual sea de nuevo digerible y enriquecedor.

Y de nuevo me ha columpiado con una digresión acerca de un título que no es del que en un principio estaba hablando. Volviendo a Honor de caballería:

Lo mejor: Lo insólito y valiente de la propuesta.
Lo peor: como a tantos otros títulos experimentales, le sobra por lo menos media hora. Ya que supone un esfuerzo (con recompensa) adentrarse en un filme tan poco convencional como este, el director podría haber mostrado un poco de piedad aligerándonos la carga.

11) CRAVAN VS CRAVAN, de Isaki Lacuesta (2002)

Un gerundense que junto con Albert Serra y Carles Torres conforma el trío de autores catalanes jóvenes “peculiares” de mayor proyección en la actualidad. Con una gramática visual desnuda y precisa, su concepto de la puesta en escena tiene mucho que ver con el de otros muchos jóvenes directores españoles que hemos mencionado. Más aun con José Luis Guerín, que de hecho podría estar en esta lista, pero al que no incluyo porque, aunque no sea un cineasta de reventar taquillas, sí es ya un nombre consolidado en nuestra industria con una importante legión de seguidores (y un Goya, tres premios en San Sebastián, dos en Sitges). Y, por supuesto, animo a ver cualquiera de sus películas (si se tiene predisposición para este tipo de cine), sobre todo las deliciosas Tren de sombras (1997) y En la ciudad de Sylvia (2007), aunque su obra con más repercusión haya sido En construcción (2001).

Es cierto que Lacuesta ha triunfado ya en los Festivales de Sitges y San Sebastián (fue Concha de Oro con Los pasos dobles en la edición de 2011), pero no parece estar aún en primerísima línea y por ello tiene espacio en esta selección. Además, puede que éste sea un momento adecuado para resaltar su filmografía, pues en 2014 estrenará su primera película comercial (aunque sin financiación de organismos oficiales) y accesible al gran público. Será la comedia Murieron por encima de sus posibilidades, con un reparto encabezado por José Coronado, Emma Suárez, Raúl Arévalo y Carmen Machi.

Como Guerín, Lacuesta tiene predilección por el cine documental y experimental, y es en ese ámbito en el que se inscribió su debut Cravan vs Cravan. El director catalán se centra en la apasionante figura de Arthur Cravan (1887-1918), un excéntrico boxeador y escritor, precursor del dadaísmo, sobrino de Oscar Wilde, provocador, bohemio hasta la médula, dandy («cuando veo a alguien mejor vestido que yo me escandalizo») y que desapareció misteriosamente durante una travesía en el Golfo de México. Tenía solo treintaiún años.

Otro boxeador y artista como él, el francés Frank Nicotra, en calidad de alter ego contemporáneo, investigará las intrigantes circunstancias de la vida de este elusivo y resbaladizo personaje, una búsqueda que el lenguaje visual y el montaje de Lacuesta hacen aún más fascinante y en la que se difuminan las nociones de lo auténtico y lo falso. Planea todo el tiempo el concepto posmoderno de que la realidad no es más que una construcción.

Lo mejor: Absorbente y mágica de principio a fin por su juego entre ficción y realidad y por el carisma de Arthur Cravan.
Lo peor: Algo repetitiva a veces.

12) SUEÑO Y SILENCIO, de Jaime Rosales (2012)

El cineasta catalán que más éxito crítico ha cosechado en la última década es probablemente Jaime Rosales, al que no he unido a Lacuesta, Serra y Torres en el grupo de la nueva generación de directores catalanes peculiares con mayor proyección porque tiene algunos añitos más que ellos y porque cuenta ya con un gran número de adeptos. Lo mismo ocurre con otros realizadores como Cesc Gay o Marc Recha, que ya han rebasado la cuarentena. El primero de ellos también se ha hecho con un hueco indiscutible en el panorama cinematográfico nacional, mientras que el segundo aún está relegado a un segundo plano del que no me afanaré en sacar porque sus películas nunca me han convencido del todo. También podríamos destacar a la jovencísima Mar Coll (Barcelona, 1981), quien sorprendió a todos con Tres días con la familia (2009), película recomendable pero que figura en esta lista de títulos olvidados porque en su día obtuvo numerosos premios como el Goya al mejor director novel.

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Cataluña, desde luego, tiene cantera.

Centrándonos en Rosales, su trayectoria es francamente envidiable, habiendo recibido el Premio de la Crítica Internacional en la Quincena de Realizadores de Cannes y dos nominaciones a los Goya por su primer largometraje (Las horas del día, 2003), tres premios Goya -incluyendo mejor película y mejor director para el propio Rosales- con el segundo (La soledad, 2007) y el Fotogramas de plata a la mejor película por el tercero (Tiro en la cabeza, 2008). En este espacio hablaré de su cuarto título que, a pesar del nivel de consagración de su autor, fue total e inmerecidamente minusvalorado.

Con el mismo desconcertante lenguaje fílmico que él y otros tantos han enarbolado en esta especie de nouvelle vague española que vivimos actualmente, Rosales experimenta practicando una osadía narrativa que supedita el guión a la exploración formal. Lo hace con un afán naturalista (de nuevo con reminiscencias bressonianas), jugando con desafiantes encuadres que cortan a los personajes por la mitad o los dejan enteramente fuera de nuestra visión como meras voces marginales y con largos planos fijos. De hecho, reserva los pocos travellings que usa para escenas de paisajes naturales o urbanos sin presencia humana.

Todo ello en un riguroso blanco y negro, más grisáceo que de claroscuros expresionistas, que refuerza la sensación de tristeza y desolación que permea la película. Y, junto con la desolación, la incomunicación, hecha cine mediante prolongados silencios y diálogos en los que los protagonistas apenas se miran a la cara o ni siquiera aparecen en el plano. Porque esta es una película de ausencias más que de presencias, y lo poco que sucede a nivel argumental (la muerte de una niña, de la que no somos testigos) tiene que ver, no por casualidad, con el sentimiento de ausencia y pérdida.

El resultado final consigue trascender la monotonía que se muestra, transmitir espiritualidad y lograr momentos de gran desazón pero, aunque esto suena muy bien sobre el papel, a veces no alcanza la fuerza necesaria. Es en esos momentos cuando Sueño y silencio entra en barrena y su vanguardista narración no suma sino resta y resulta pretenciosa y difícil de digerir. La mayor parte del tiempo, sin embargo, la cinta vuela alto, elevada por conversaciones triviales que desprenden verdad y que se rodaron sin repetir tomas, sobre todo cuando  en ellas interviene Yolanda Galocha .La actuación de Oriol Roselló, en cambio, es forzada y carente de espontaneidad. Ambos son intérpretes no profesionales pero, mientras que ante la primera hay que quitarse el sombrero, a él la falta de tablas se le nota.

En resumen, Sueño y silencio es una película atractiva pero imperfecta, ante la cual, como afirma Oti Rodríguez Marchante en ABC, uno reacciona «con un marcado signo de interrogación en la cabeza y otro de admiración en el pecho, y con la duda de si ha visto algo muy pequeñito o algo muy, muy grande».

Lo mejor: Las alturas trascendentales que alcanza su sencillez y Yolanda Galocha.
Lo peor: Pierde fuelle en algunos segmentos.

13) DICTADO, de Antonio Chavarrías (2012)

El desigual Antonio Chavarrías (Las vidas de Celia, Volverás) consigue con Dictado su obra más redonda que, sin embargo, pasó sin pena ni gloria por la cartelera y fue vapuleada sin piedad por gran parte de los críticos. Algunos como Sergi Sánchez arremetieron contra su mezcla de géneros (drama familiar, thriller fantástico) y el choque entre la atmósfera de realismo y lo siniestro de la trama, cuando el hecho de que esta terrorífica historia esté impregnada de cotidianeidad es precisamente lo que la hace más intrigante.

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Otro gran acierto de la película es el carácter sostenido de la ambigüedad y el suspense que despliega, con una casi absoluta ausencia de sustos facilones que hace que resulten mucho más impactantes los contados momentos en que Chavarrías tira por el camino de los golpes de efecto (para evitar spoilers diré que uno de ellos tiene que ver con una bañera y otro con un vómito un tanto particular).

Junto con todo esto, la película se enriquece con la exploración de temas que dan casi tanto miedo como la línea argumental principal, como el sentimiento de culpa, la desconfianza, las inseguridades, las obsesiones y las frustraciones de la vida adulta.

 Juan Diego Botto y Bárbara Lennie son los encargados de mostrar todas estas emociones, encarnando a una joven pareja con problemas para concebir que acoge a Julia (Mágica Pérez), la hija de un amigo de la infancia de él. Obviamente, la cría trae de todo menos tranquilidad a su nueva familia, sobre todo a su nuevo papaíto, quien vive las nuevas circunstancias como una amenazante pesadilla.

Lo mejor: La combinación del elemento paranormal y un ambiente naturalista.
Lo peor: Juan Diego Botto, muy blandito, con una actuación plana que habría requerido una mayor profundidad e intensidad.

14) CARNE DE NEÓN, de Paco Cabezas (2011)

Recuerdo que comencé a ver esta película con una leve mueca de asco, pues su director era el guionista de Spanish Movie y Ladykiller, morirás por ella (aunque también de la más respetable Bon Appétit) y su protagonista Mario Casas, al que elegiría sin dudarlo para otros menesteres pero que como actor no vale demasiado.

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Mi sorpresa fue considerable cuando comprobé que el buenorro de Casas cumple y que la película funciona y mantiene un ritmo endiablado. Sus secuencias de acción y violencia poseen fuerza, la galería de personajes del submundo marginal y delictivo es muy cachonda y está mostrada con un divertido tono de comedia negra y Ángela Molina y Dámaso Conde (memorable Infantita) se lucen en jugosos papeles secundarios.

Deudora en su estética, montaje sincopado y trivialización de la violencia del cine de Tarantino, Danny Boyle o Guy Ritchie, Carne de neón, sin ser sustancialmente original (¿qué es original hoy en día?), sí aporta un resultón toque cañí que entronca con la mejor tradición picaresca de nuestro país.

No nos engañemos, Carne de neón no revolucionará la historia del séptimo arte, pero animo a los cinéfilos a acercarse a ella sin prejuicios, pues tan lamentable es ver una película porque aparezca el teen idol de turno como ir de exquisitos y perderse un título apreciable por el mismo motivo o porque el proyecto nazca con vocación comercial.

Vocación comercial, por cierto, frustrada, pues la cinta fracasó estrepitosamente en la taquilla española (fue sólo octava en su estreno y enseguida dejó de exhibirse) pese a apoyarse en una esforzada campaña publicitaria y a que Mario Casas venía de arrasar con la vomitiva Tres metros sobre el cielo.

Veremos si Paco Cabezas (que además es paisano mío y de mi quinta) tiene más fortuna con su próximo proyecto, Tokarev, un thriller estadounidense con “caritas” Nicolas Cage como mayor reclamo.

Lo mejor: La españolización de los códigos “tarantinianos”.
Lo peor: Sus momentos sentimentales chirrían un poco.

15) EL CALLEJÓN, de Antonio Trashorras (2011)

Y, para concluir, una elección por la que más de uno se me tirará a la yugular. Motivado por todo lo (malo) que he leído acerca de esta película y por el hiriente 3’2 que los usuarios de filmaffinity le otorgan, me erijo aquí en su defensor. Lo admito: El callejón me gusta y es mi guilty pleasure particular.

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Antonio Trashorras (crítico de cine, coguionista de El espinazo del diablo, responsable de La Hora Chanante y Muchachada Nui, etc.) realiza un incomprendido ejercicio paródico a la par que homenaje al giallo más delirante de Argento, Bava, Fulci y compañía, cuyo carácter juguetón se advierte desde los títulos de crédito iniciales. Igual hablar de reescritura es excesivo, pues no aporta nada nuevo (aunque la presentación de Benidorm como ciudad fantasma es un puntazo), pero sí estamos ante un logradísimo pastiche de los slashers y pelis de terror italianas de serie B con veinte veces más energía que la inmensa mayoría de películas del abúlico cine español.

Usando los códigos visuales del mencionado giallo, con colores saturados e irreales, terror a plena luz de la noche, primeros planos de ojos aterrorizados y atmósferas de pesadilla, Trashorras nos sumerge en una historia que divierte muchísimo y que solamente puede causar irritación desde la respetable falta de apego al género que la inspira.

Para irritantes otros ejemplos recientes de terror español (Los ojos de Julia, El cuerpo) que con sus impostadas solemnidad y estilización se tomaban demasiado en serio a sí mismos y resultaban por ello irrisorios.

En definitiva, un entretenido cóctel que tiene para colmo como ingredientes unos dignísimos efectos especiales y una actriz -Ana de Armas- de sensual belleza (aunque se agradecería que enseñara más carne). Estoy convencido de que la cinta ganará con el tiempo.

Lo mejor: Su frescura y falta de pretensiones.
Lo peor: Se echa en falta algo de humor, y los personajes no están muy dibujados, pero, ¿qué más da?

Con esta lista he intentado abarcar distintos géneros y distintas maneras de hacer cine. Porque hay que convencerse (y yo el primero) de que en España no faltan proyectos variados e interesantes, sino que a menudo estos proyectos son desdeñados y, por hache o por be, acaban teniendo una nula o escasa distribución mientras pestiños autoriales o comerciales se llevan todos los elogios y las pelas. Citando a mi admirado crítico de cine Carlos Colón, del Diario de Sevilla, esta penosa situación «puede tener algo que ver con la presión de las multinacionales y todo eso. Pero, sobre todo, tiene que ver con el público… Las taquillas son las urnas de la democracia cultural». Ejerzamos pues nuestro derecho al voto y pongamos de nuestra parte para que el buen cine nacional e internacional gane la partida a la mediocridad imperante hoy en día.

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Comentarios

  1. Íñigo

    De todas las que has mencionado solo he visto “La noche de los girasoles”. Y de los cineastas “peculiares” tan solo oí hablar de Lacuesta. Creo que en el canal de Youtube TCM hay un vídeo sobre estos directores “underground”.

    • Toni Ruiz

      Gracias, Íñigo. Te animo a ver algunos de las otras pelis. Algunas son una pasada.
      Un abrazo.

  2. Sara Márquez

    De las que señalas solo me han interesado 25 kilates y 3 Días. El resto (de las que he visto) no me gustan nada y a las que no he visto ni me acerco pero de todas formas es un interesante artículo. Nos habla de nuestros propios gustos.

    • Toni Ruiz

      Gracias por leer mi artículo, Sara. Y claro que el artículo habla de mis gustos, como toda crítica. Pero te aseguro que en la lista hay títulos que responden a mis “gustos” y otros que son auténticos peliculones que te vas a perder si no te acercas.
      Un saludo.

  3. René

    Exhaustivo repaso del cine español menos conocido. He visto ‘La mitad de Óscar’ guiado por tus entusiastas palabras… ¡y te doy las gracias por haberme hecho descubrir esa maravilla, Toni Ruiz! ¡Qué películón! Además han seleccionado ‘Caníbal’, que también mencionas, para representar a España en los Óscars. Coincido también totalmente en tu valoración de ‘Carne de neón’, es mucho más interesante de lo que creía a priori.

    Seguiré viendo películas de la lista, aunque la de Rosales me echa para atrás porque no soy muy fan de este director.

    Enhorabuena por lo lo que expones y por cómo lo expones, un artículo de categoría

    • Toni Ruiz

      Gracias por tus palabras, René.
      Realmente me llevo constantes decepciones con el cine español, pero creo que es justo salvar estos títulos y algunos más, y me alegra que tú también hayas disfrutado con ‘La mitad de Óscar’, espléndida. Con respecto a Rosales, yo tampoco le cojo siempre el punto.
      Un saludo.

  4. Lourdes lueiro

    Hola Tony, de las que mencionas solo vi Tres días, que no me disgustó nada, me pareció sobretodo interesante y diferente a lo que estamos acostumbrados a ver en el cine español la verdad, me animare a ver alguna de las que recomiendas, un saludo

    • Toni Ruiz

      Sí, lo cierto es que ‘Tres días’ es una película muy distinta a lo que se suele hacer aquí, donde casi siempre andamos a vueltas con lo mismo.
      Muchas gracias por leer mi artículo, Lourdes. Un saludo.

  5. Javier Fernández López

    Ayer mismo vi ‘No tengas miedo’. Empieza muy bien, pero el final me pareció algo flojo. Michelle Jenner estupenda. Gran artículo!

    • Toni Ruiz

      Sí, Íñigo, quizá en el tramo final la película decae algo y hay algún “estancamiento en el guión” en esa parte, como digo en mi análisis. Muy de acuerdo contigo pues, pero aun así ‘No tengas miedo’ me sigue pareciendo notable.
      Muchas gracias por leer mi artículo y por tus palabras.

  6. He visto una gran mayoría de las que mencionas, y estas son mis impresiones:

    25 kilates, la noche de los girasoles, Carne de Neón y tres días son grandes películas que pasaron desapercibidas tanto en cartelera como por la gala de los Goya. No obstante creo que el festival de Málaga no es un buen baremo. Es otro festival en el que reina el amiguismo, y me baso en el premio a mejor guion novel para Krebinsky (véase miembros del jurado de ese año y productor de la película gallega)

    Me quedé dormido con Diamond flash, le doy mucho mérito a su bajo presupuesto, pero es muy lenta. La mitad de Oscar es un corto alargado hasta el largo, otro ladrillo.

    Como gran amante del cine español intentaré ver todas las que mencionas. ¡Enhorabuena por el artículo!

  7. Toni Ruiz

    Totalmente de acuerdo con el poco valor de los premios del Festival de Málaga. Atinan de higos a brevas. Me alegra que hayas disfrutado de las películas que he nombrado, pero disiento acerca de tu opinión sobre ‘La mitad de Óscar’, que a mí me parece espléndida.
    ¡Muchas gracias por tus palabras!

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