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¿Qué es una película de terror?

Por Javier Fernández López

A la hora de recomendar una película de terror me encuentro en un dilema. Claro, la gente ve que uno tiene vistas muchas películas, quizá demasiadas. Y han oído hablar, puede que de lejos incluso, de la existencia del terror dentro del sector cinematográfico. El miedo es posiblemente lo más primario que tiene el ser humano. Como nos narraba Christopher Nolan en Batman Begins, el miedo es algo primitivo, un símbolo referido a algo primario y aterrador. Por eso, quizá buscar una película de terror de verdad sea una tarea bastante complicada, porque la mayoría de las ocasiones nos encontramos con cintas que se han ido hacia otros campos para buscar un efectismo alejado del miedo más básico.

Encontrar grandes comedias románticas es más sencillo, podemos irnos a clásicos encantadores como El apartamento o Descalzos por el parque, y si queremos algo más actual tenemos la divertida La boda de mi mejor amigo. Si quieres acción, tenemos grandes referentes del género como La roca, de Michael Bay. Si quieres ciencia-ficción, puedes darle una oportunidad a Blade Runner o puedes disfrutar Matrix. ¿Pero terror? Intentemos buscar algo de terror dentro de la gran filmoteca que tenemos los cinéfilos y, por qué no, buscar además aquellas cintas catalogadas como películas de terror que sigan transmitiendo malas sensaciones en el cuerpo aunque hayan pasada años, quizá décadas.

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En la mayoría de las ocasiones veremos la cinta Psicosis, del maestro del suspense Alfred Hitchcock, valorada como la mejor película de terror de todos los tiempos. Bien, hoy día, y siendo sinceros, es difícil que esta película dé el miedo que pudo dar en su tiempo. No es problema de la cinta, es aquí donde comienza el problema a la hora de intentar recomendar un film de terror que sea bueno, y es que los tiempos han cambiado y la gente no tiene las mismas sensaciones a la hora de ver una película. Hitchcock decía que el suspense no estaba en crear una película en la que el espectador no sabía lo que iba a pasar, sino en que el espectador supiese algo que el protagonista de la película no sabe. Hitchcock se refería a ese suspense básico, que te tiene agarrado al asiento esperando que suceda algo o incluso deseando que lo que sabes que va a pasar no pase, haciendo que tu corazón esté en un puño. Psicosis mantiene esos elementos, transmite tensión, pero los tiempos que corren hacen que la película quede relegada a un segundo plano. Le ha pasado a Psicosis y le ha pasado a El exorcista, considerada también por muchos una de las mejores películas de terror de todos los tiempos, raro de no verla en cualquier lista del género, pero siendo honestos, yo personalmente veo ahora El exorcista y no me transmite demasiado. Entiendo el impacto que tuvo en su época, pero el bajo ritmo de la cinta y el exceso de diálogos que alejaban el argumento de la cinta de la premisa que más atraía, la posesión de una niña, hacen de El exorcista una película, al menos en los tiempos que corren, aburrida. A Psicosis la veo en mejor forma, todo hay que decirlo. Sin embargo, analizando las circunstancias, ¿es justo decir que son películas de terror cuando ahora usted puede verla en su casa y no sentir nada de miedo? Por supuesto, aquellos que vieron la película hace años o incluso de niños dirán que sí, claro que sí, porque conocen la sensación que experimentaron y de alguna forma le guardan un respeto a la película, y posiblemente a la hora de ver esa película que de niño le asustó recuerde también aquella sensación, por lo que seguirá afirmando que la película da miedo.

Sucede algo parecido con It, la adaptación de la obra de Stephen King. Para ser sinceros, la película es malísima, más allá de cualquier lectura filosófica que pueda hacerse. Pero muchos de nosotros hemos visto de pequeños la escena de un payaso que se asoma por una alcantarilla y le coge el brazo a un niño. La escena, si uno la ve de niño, es absolutamente terrorífica, y al verla de adulto posiblemente pienses: “¿Y con esto me asusté yo?” Pero otros pensarán que es lógico que se tuviese miedo, pues el conjunto de la escena va hacia lo más básico. Un niño puede relacionar un payaso con un símbolo divertido. Irónicamente, la película convierte a un payaso en un monstruo aterrador, un recurso que el propio Steven Spielberg (o Tobe Hooper) usó en Poltergeist: fenómenos extraños. Gracias a ésta y a It podemos decir que ese miedo a los payasos que muchos tenemos está justificado, pues seamos sinceros, para un niño de tres o cuatro años la imagen de un hombre pintado de blanco y adornado con colores chillones no es algo precisamente divertido.

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Por ahora, no he encontrado ninguna película que recomendaría a nadie. Necesito un producto más sólido, algo que no caiga por el peso de los años ni por sus aires fantásticos (muchas veces rozando lo infantil). ¡Kubrick! Cierto, cierto, no he hablado todavía de El resplandor. La norma con esta película es no verla doblada, no porque el doblaje en España sea malo (está considerado el mejor del mundo académicamente), sino porque resulta que hubo una cierta polémica con el doblaje. Algunos dicen que hubo una huelga de actores de doblaje, y otra versión dice que fue el propio Stanley Kubrick el que eligió a estos por el tono de su voz, muy parecida a los actores originales. Sea la versión que sea, es mejor ver esta película en versión original si quieres experimentar algo de miedo y no llevarte directamente un chasco. Cuando yo vi esta película con unos diez años, doblada, aunque no atendí mucho a eso, lo que más me llamó la atención fue aquellos rótulos que anunciaban el día de la semana, creando en mí lo que comúnmente llamamos como “risa tonta”. Desde entonces me es imposible tomarme la película enserio. No obstante, admito el mérito que tiene intentar transmitir miedo con un niño paseando en triciclo por los pasillos de una mansión, y lo del jardín en forma de laberinto me parece un recurso para mantener la tensión magnífico. No obstante, miedo, lo que se dice miedo…

Hagamos un pequeño inciso, creo que, personalmente, cuando veo una película de miedo, sé que ha sido mínimamente buena si estoy intranquilo después de verla. El cuerpo se me ha tenido que quedar algo regular, por decirlo de alguna manera. Dicho esto, vamos a seguir buscando, sabiendo perfectamente que muchos de ustedes, lectores, consideren ya como películas de terror a algunas o todas las ya mencionadas películas de este artículo.

Pues fíjense, que me tengo que ir a otro clásico: La semilla del diablo. La cinta de Roman Polanski de 1968 me parece una recomendación perfecta. Inquieta ver a la actriz protagonista, Mia Farrow, ver su cuerpo yendo cada vez más a peor, más delgada, casi demacrada diría. Y esos vecinos… esos sueños… ¡esas banda sonora de Komeda! Y ese final del que aún hoy se sacan cientos de lecturas y análisis… no diré más por si aún no la han visto. Sólo diré que el nivel de terror psicológico de la película es muy alto.

Eso es lo que normalmente buscamos: terror psicológico. Pero desgraciadamente los gustos actuales han perdido ese enfoque, muy difícil de encontrar ahora una película que tenga ese terror psicológico que buscamos.

El maestro de terror Wes Craven creó Pesadilla en Elm Street, la primera de una larga franquicia de películas acerca de un asesino, un psicokiller, que mata en sueños. Freddy Krueger, el amo de los sueños, el hombre del saco, un despiadado monstruo capaz de hacer realidad nuestras mayores pesadillas. Todo pertenece al género slasher, a saber: un villano va persiguiendo a una serie de personajes que van muriendo poco a poco durante el transcurso de la película. Craven, no obstante, creó un monstruo alejado del estereotipo de otros como Jason o Michael Myers. Para empezar, todo el simbolismo que rodea a la película y ese toque sexual, pues Freddy mantiene una especial rivalidad con una chica con la que tiene alguna escena bastante sugerente. De su traje destacaba ese jersey rojo y verde como referencia al daltonismo. Lo más peculiar de la primera entrega fue que la que parecía ser la protagonista, no lo era. Craven puso la atención en otra parte, algo sacado del propio Hitchcock. Usó los sueños para dar forma a las muertes de los protagonistas, aunque en la primera entrega, no se sabe si a propósito, Craven no matizó claramente la diferencia entre el estado de vigilia y el sueño, pues sucesos fantásticos también ocurrían en la realidad.

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Otro referente dentro del género de terror slasher es El muñeco diabólico. El cineasta Don Mancini creó al muñeco asesino Chucky, iniciando una popular saga que terminó siendo una parodia, e incluso autoparodia. Pero la primera entrega no deja de ser un film a tener en cuenta. En un primer momento, Mancini y el equipo de rodaje tenía la intención de que no se supiese quién era el asesino de la película, si Chucky o Andy, el niño protagonista, pero quedaba demasiado claro, por lo que dejaron de lado el suspense para dar rienda suelta a una típica película de terror que, pese a lo típico y convencional del argumento, tuvo especial popularidad entre los más jóvenes. Curioso, pues es precisamente a ese público, sobre todo los más pequeños, los que sintieron pánico con el muñeco. ¡Tu amigo, ése que siempre juega contigo, está matando a todo el mundo y va a por ti! Una película de una premisa similar, aunque más fantástica, es Dolls, de 1987.

Siempre diré una cosa de El muñeco diabólico, y es que considero que tiene una de las mejores escenas de terror de todos los tiempos. Sigue la premisa de Hitchcock: el espectador sabe algo que la protagonista no sabe. No sigan leyendo si no han visto la película y sáltense este párrafo. La película no oculta en ningún momento, pese a intentar ser sutil al principio de la película, que el asesino es el muñeco. Andy, el niño, lo sabe, y después de un par de muertes, la policía cree que es él el culpable de los asesinatos. La madre, angustiada y desconcertada, no sabe qué creer, está descolocada. Su hijo afirma que es el muñeco, al que pide que hable delante de todos para que sepan la verdad. La madre se derrumba, pues, aun siendo su madre, comienza a creer que su hijo está loco. Horas después, su madre llega a su apartamento con el muñeco, mientras su hijo sigue encerrando, a punto de ser llevado a un psiquiátrico. En un momento de locura, la madre se pone enfrente del muñeco y le pide que hable, pero el muñeco simplemente dice una de sus famosas frases programadas. La madre de Andy suelta la típica risa histriónica y se va a la cocina, dejando al muñeco en el salón. Allí ve la caja del muñeco, la coge indignándose de la publicidad de la caja, que afirma que los niños serán felices. Al fin y al cabo, los problemas han empezado desde que ha llegado el muñeco a la casa. Y de pronto, al coger la caja… ¡caen las pilas! Absolutamente magnífico. Me imagino la sensación de la madre, en los dos primeros segundos confusa y luego sintiendo un escalofrío por la espalda que llega hasta el corazón. El espectador grita de alegría al ver que por fin la madre se da cuenta de lo sucedido, pero ahora también sabe el espectador que la madre es consciente de que tiene el enemigo en casa. Eso sí, acto seguido comienza la “americanada”, porque no creo que muchos tuviésemos el mismo valor que muestra la madre.

Otro elemento que suele exprimir el género es la soledad, un sentimiento primario en nosotros, la sensación de estar solos, de gritar auxilio y que nadie nos oiga. Tenemos Alien, el octavo pasajero, de Ridley Scott, como un ejemplo de esta idea, pues sigue aquella idea de que en el espacio nadie puede oír tus gritos, y siguiendo la estructura slasher, lo que era un cuento de ciencia-ficción se acaba convirtiendo en un relato de terror clásico espectacular. La criatura, el xenomorfo, mejorada posteriormente por el cineasta James Cameron en la secuela, se convirtió en un referente del género. Pero otras películas que siguen esta idea, aún no pareciendo, a priori, de terror, son Gravity y Enterrado. Quizá sea esta última uno de los mayores exponentes de terror en la actualidad, pues tenemos a un protagonista totalmente encerrado, sin posibilidad alguna de escapar por sí solo, prácticamente sin movimiento. La atmósfera que rodea a la película es de angustia, desesperación, puede que incluso empieces a imaginar cómo debe estar respirando el protagonista de la cinta. Sólo un móvil mantiene viva la esperanza de un hombre hundido, consciente de que su muerte está próxima.

Cube es otro ejemplo acerca de esto, aunque yo no valoro demasiado bien a la película debido a ese flojo final, pese a ser consciente de lo bien valorada que está la cinta generalmente. A mí, sin embargo, me defraudó, sobre todo el concepto de los personajes.

Una cosa que me suele causar extrañez, personalmente, es cuando relacionan el género zombie con el género de terror. Vale que hay sangre, de acuerdo. Y también hay muertes, y puede que algún susto durante el metraje, pero… ¿Terror?  ¿Miedo? Seamos serios. Quizá los únicos ejemplos válidos de cine de terror con zombies sean 28 días después y [REC], esta última gracias al enfoque de la cámara al hombro aportando frenetismo, haciendo vivir una experiencia en primera persona.

Rob Zombie y Alexandre Aja son ahora mismo dos de los cineastas más destacados del género, aunque destacan más por lo gore que por el plano psicológico de sus películas. Rob tiene su remake (y secuela) de Halloween: El origen, una excelente película con un ritmo muy acertado, unido a un espectáculo sangriento y casi desproporcionado. También tiene en su filmografía la peculiar Los señores de Salem, película un tanto extraña y quizá abstracta para algunos, que más que miedo o pánico, creo provocará risa. Aja, por su parte, dirigió el remake de Las colinas tienen ojos, cuya cinta original está dirigida por Wes Craven. Contiene el mismo elemento de miedo psicológico que películas como Gravity, es decir, el miedo a quedarse solo en la nada, atrapado sin poder pedirle ayuda a nadie. A ello ayuda una banda sonora magnífica y unos planos de las colinas del desierto impactantes. Pero el miedo psicológico deja paso a un desfile de sangre y violencia que convierte a Las colinas tienen ojos en todo un referente gore, pero que quizá decepcione a aquellos que busquen un título más profundo.

Los señores de Salem es una cinta que recurre a elementos religiosos, algo que está profundamente ligado al cine de terror. Así sucede con El exorcista y con la mayoría de películas sobre estos sucesos paranormales, como por ejemplo El exorcismo de Emily Rose, Exorcismo en Georgia o Exorcismo en Connecticut. Pero quizá la mejor dentro de este subgénero sea la reciente Expediente Warren: El conjuro (de la cual vamos a tener un spin-off). Dirigida por James Wan, resulta ser una película absorbente, una genialidad cuya mayor virtud es seguir los recursos más tradicionales y acabar funcionando a la perfección. Terror convencional, sí, pero del bueno.

Exponentes gore sigue habiendo muchos, como la franquicia Saw o la trilogía Hostel. Tenemos también la reciente The Green Inferno, que esperemos que se estrene pronto en España. Pero estaría mal relacionar lo gore con un sentimiento tan profundo como el miedo, pues la sangre y un espectáculo de muertes no tiene por qué dar miedo. El ejemplo perfecto es Posesión Infernal, el remake de la original de Sam Raimi estrenada en el 2013 y que no tiene ni pizca de miedo. Eso sí, raro, rarísimo, será que no des un sobresalto no por un susto, sino por el simple asco o repulsión que puede transmitirte alguna de sus escenas.

¿Qué recomendaría yo? En primer lugar Expediente Warren: El conjuro. En segundo lugar, Las colinas tienen ojos, pues quizás vean en ella algo más que cine violento. Y en último lugar, La semilla del diablo, de Polanski. Pero, ¿dan miedo? ¿son de terror? Si han sentido miedo con ellas, por ende sería justo calificarlas como películas de terror, pero por otro lado no sería justo hacerlo si sólo han sentido un poco de intranquilidad con una escena concreta. Posiblemente por ello el cine de terror esté buscando nuevas vías y casi encontramos más terror en cintas de otros géneros, como Enterrado, que al fin y al cabo es un drama con un fuerte mensaje crítico al sistema.

Esto es todo, espero que les haya gustado esta reflexión. Ah, y si saben de alguna película de terror que dé auténtico miedo y me deje sin dormir alguna que otra noche, por favor, no duden en recomendarla. ¡Un saludo!

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Comentarios

  1. Sandra

    Aunque no es estrictamente de terror, te recomiendo “Caniche” de Bigas Luna, también “Angustia” delmismo director. Y de Agustí Vilallonga “Tras el cristal” que pertenece al género y me resulta insoportable. Para mí la número 1 y aún no superada es sin duda “El repslandor” solo ver la alfombra del Overlook me provoca pavor.

  2. deli turnia

    es una película la foto que sale al principio de las 2 niñas??

    • Celeste

      Si que es una película… es El resplandor de Stanley Kubrick ¿no la has visto? Pues estás tardando en hacerlo :-)

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