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Pongamos que hablo de Madrid… a través del cine y de la tele

Por Íñigo Bolao Merlo

No pasa un año sin que haga este viaje. Y me encanta hacerlo. Acompañado de mi padre, que es quien conduce, salimos pronto de León. Tomamos la A-6, dejando atrás varias localidades del interior de Castilla y León: Benavente, Tordesillas, Medina del Campo, Arévalo… El que dijo que “ancha es Castilla” tenía más razón que un santo, porque a veces el viaje se hace muy cansino con tanto campo alrededor, pero estoy tan acostumbrado que ya no me importa. Tras pasar por un peaje próximo a la localidad de Los Ángeles de San Rafael (Segovia), entramos en el túnel de Guadarrama. Luces y más luces se suceden ante mi vista junto con las de los demás coches y camiones que viajan…quién sabe a dónde. Y, al llegar al final del túnel, cuatro gigantescas torres de acero y cristal se alzan en el horizonte, sobresaliendo a veces de una neblina extraña de polución. Hoy en día son el símbolo de Madrid.

Madrid. La capital de España. Es una ciudad de contrastes, como cualquier gran ciudad, pero con la particularidad de que tiene un curioso espíritu de aldea rural –tal vez porque la mayor parte de sus habitantes son hijos de inmigrantes rurales que salieron de los campos y dejaron su impronta en cada barrio y esquina de la ciudad. Cuando camino por sus calles no dejo de pensar en la célebre canción de Joaquín Sabina Pongamos que hablo de Madrid, y en lo acertado de sus palabras cuando la describe, convenciéndome el maestro de que es mejor pasar por allí y no quedarse demasiado tiempo porque si no pierdes la cabeza. Pero también pienso en una versión posterior que hizo un grupo de rock de Hortaleza, los Porretas, y luego me digo a mí mismo: “Sí, creo que me puedo quedar aquí un poco más. Aún no lo he visto todo y no lo he vivido todo en la capital”. Es entre estas dos canciones donde se encuentran los dos extremos madrileños: el desencanto y el encanto de la vida cotidiana en aquella urbe, el lado malo y el lado bueno de vivir allí.

Por supuesto, toda capital de todo país que se precie ha tenido que ser rodada para el cine o para la televisión. Y la mayor parte de la producción cinematográfica y televisiva nacional se ha rodado en Madrid. En menor medida, en el resto de las grandes ciudades españolas (Barcelona, Valencia, Sevilla, Bilbao, Málaga…), y mucho menos en lo que se ha dado en llamar “la España de provincias”, de la que yo vengo y que necesita de tantas cámaras para rodar historias. Es por eso que este artículo de OjoCrítico.com trata sobre algo de lo que ningún colaborador ha escrito hasta el momento: la historia de una ciudad a través de sus imágenes filmadas. Vamos a ir viendo la ciudad periodo por periodo, resaltando algunas películas y series de televisión más o menos conocidas, incluyendo incluso imágenes de televisión y del NO-DO para hacer del viaje algo un poco más completo.

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Por cierto: no quiero empezar el artículo sin unas dedicatorias, que es la primera vez que las hago. Primero a tres amigos que conocí en León durante mis años en la universidad: Daniel Hidalgo Alonso, compañero del Máster de Secundaria, que lucha día tras día por hacerse un hueco como actor en la urbe; Elena Rodríguez Mata, tan guapa como ella sola y que se ha amoldado muy bien a la vida allí; y Henar Gómez (“Henarina” para los compañeros de la carrera), con quien coincidí en muchas asignaturas de la Licenciatura en Historia. Y segundo, a todos los lectores madrileños y, en general, a toda la ciudad, por existir y por darle a España un toque con el que no sería la misma. Bueno, no perdamos más tiempo y empecemos el recorrido con el acompañamiento musical de Roque Baños.

DESDE LOS ORÍGENES HASTA EL MADRID DE ALATRISTE.

Muchas ciudades tienen unos orígenes oscuros e imprecisos. En el caso de Madrid no lo son tanto. Sobre una zona situada entre los ríos Manzanares, Jarama y Henares, que en su día estuvo habitada por grupos humanos de época paleolítica y neolítica, tribus carpetanas, colonos romanos y lugareños hispano-godos, y en tiempos del emir de Córdoba Muhammad I (852-886), se fundó un enclave llamado Magerit, cuyo significado ha sido difícil de averiguar por los lingüistas. Hoy en día se considera que procede de la palabra árabe magra, que quiere decir “cauce” (de un río). Madrid es desde sus inicios la ciudad de los cauces: de agua y de pobladores, desde el norte hasta el sur, y desde el este al oeste, unos cauces que nunca se agotan.

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¿Por qué los musulmanes fundaron Madrid? Por razones estratégicas: desde principios del siglo IX las tropas cristianas del Reino de Asturias habían comenzado un proceso de reconquista y de repoblación desde la cornisa cantábrica y los emires cordobeses temían que llegaran hasta Toledo, la antigua capital visigoda. Fue por ello que se construyó un alcázar, la pequeña localidad fue amurallada y sirvió de base militar para proteger Toledo; aunque también para que los moros librasen sus incursiones en territorio cristiano. El rey leonés Ramiro II (930-951) la ocupó temporalmente en el año 939 tras la victoria de Simancas, y sirvió de base para que las tropas del visir Muhammad ibn Abi´ Amir, Almanzor (967-1002), arrasasen el norte de España sin miramientos.

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Pero todo cambió en 1085: Toledo fue conquistada por el rey de León y Castilla Alfonso VI (1065-1109) y Madrid cayó sin ofrecer resistencia. Hasta la primera mitad del siglo XVI siguió siendo una pequeña localidad a la que se le fueron dotando de fueros y de pobladores. Llegó a ser la sede de varias cortes convocadas por los reyes de la Corona de Castilla, e incluso un coto de caza y lugar de vacaciones para éstos durante toda la Edad Media. Su población participó en los principales sucesos de la época (la batalla de Las Navas de Tolosa de 1212, revueltas anti-señoriales y anti-judaicas, guerras civiles, la revuelta comunera de 1519 a 1521…) y es por esa época cuando se construyó una nueva muralla, el alcázar medieval, la Iglesia de San Nicolás y la famosa Casa y Torre de los Lujanes en la Plaza de la Villa.

Por cierto, por aquellos tiempos es cuando también aparece el famoso escudo de la localidad después de que en 1202 se resolviese un pleito por el aprovechamiento de los campos entre el concejo y el cabildo eclesiástico de la villa. Como símbolo de ese acuerdo, aparecen de manera conjunta en el escudo los símbolos del oso (como representación de la Villa de Madrid, que vivía de la caza de este animal) y el madroño (simbolizando al Cabildo eclesiástico, que vivía del pastoreo) junto a las siete estrellas de plata de alrededor que representan la constelación del Carro u Osa Mayor, y que podemos también ver en el escudo de la bandera de la comunidad autónoma.

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De la época anterior a la capitalidad de Madrid no tenemos apenas películas ni series de televisión. Solamente varios planos generales por ordenador de vistas de la ciudad junto al dramático inicio lleno de intrigas políticas, y en interiores, de la serie Isabel (2012-2014), en el que se produce la muerte del rey Enrique IV (1454-1474), una muerte que da inicio a la Guerra de Sucesión Castellana de 1474 a 1479 entre Isabel I y Juana “la Beltraneja”. Y nada más. Sería de agradecer que se rodasen películas y series ambientadas en la época anterior al periodo que vamos a ver a continuación.

Felipe II de Habsburgo (1556-1598), el “rey prudente”, tan controvertido que se ha creado en torno a él una “leyenda negra” por sus enemigos –como en la escena de arriba-, y una “leyenda rosa” entre sus aliados, el monarca más poderoso de su tiempo, tomó la decisión de convertir a Madrid en la capital de la Monarquía Hispánica en 1561 y, salvo en el periodo comprendido entre 1601 y 1606, en el que la capitalidad pasó a Valladolid, sigue ostentando esa posición en España. Al situarse allí la corte real, Madrid creció y prosperó: en apenas cuatro décadas pasó de 20.000 a 85.000 habitantes, todos ellos venidos de todos los rincones de la Península Ibérica. La ciudad expandió sus límites físicos y surgió de esa manera el famoso Madrid de los Austrias, uno de los focos turísticos más importantes de la capital, con su Plaza Mayor, la Puerta del Sol y tantos palacios y conventos.

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En el Madrid de este periodo vemos, tanto en series como en películas, una ciudad repleta de personajes de todo tipo: reyes, cortesanos aduladores, sacerdotes obsesionados con el mantenimiento de la fe católica, jugadores de cartas, pendencieros y don Juanes que luchan a capa y espada, prostitutas, pícaros que siempre tienen hambre, pobres de solemnidad… Hay dos reinados en los que los directores de cine y de televisión se han centrado mucho: el de Felipe II en películas tales como Don Juan en los infiernos (Gonzalo Suárez, 1991), La conjura del Escorial (Antonio del Real, 2008) o en la serie de Antena 3 La Princesa de Éboli (Belen Macías, 2010); y el de Felipe IV (1621-1665) en El rey pasmado (Imanol Uribe, 1991), Alatriste (Agustín Díaz Yanes, 2006) y en esa serie que gusta a muchos, disgusta a otros tantos, protagonizada por un héroe mitad espadachín, mitad ninja, titulada Águila Roja (2009).

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Vamos a prestarle un poco más de atención a la ciudad en el siglo XVII. ¿Qué se podría resaltar de ese Madrid en el que vivieron los Austrias, el Duque de Lerma, Olivares, Lope de Vega, Quevedo o Calderón de la Barca? En general, la época del Siglo de Oro se representa en aquel Madrid con un claro exotismo cortesano que oculta la cruda realidad de una ciudad, y de un Imperio Español, que se estaban desmoronando después de haber alcanzado su cenit en el siglo XVI. Si tomamos toda la producción fílmica y televisiva, se podría decir que habría tres mundos, tres “Madrid” en el que se centraron muchos realizadores y que vamos a ver a continuación.

El primero es el mundo de oscuras calles y tabernas llenas de gente de poco lustre donde la vida no valía nada, como en las ciudades contemporáneas rodadas para el cine negro. Es el mundo del personaje de Diego Alatriste (Viggo Mortensen), creado por Arturo Pérez-Reverte (1951) en la saga literaria, y en la fallida, pero entretenida, película de Díaz Yanes (1950) sobre la decadencia de un imperio sostenido por hombres rudos y violentos que no eran los más honestos ni los más piadosos, pero que eran valientes y nada más que meros testigos del final de una era.

https://www.youtube.com/watch?v=nxG__69q_oU

https://www.youtube.com/watch?v=AVaIvsw3NUw

El otro mundo es el de los pícaros, a medio camino entre el anterior y el de la corte. Un autor anónimo, en el siglo XVI, mostró con El Lazarillo de Tormes una realidad que hasta entonces no se había tratado en España: la de hombres y mujeres, de distintas edades, que buscaban comida y dinero sirviéndose de su ingenio y astucia para lograr lo que se proponían de un modo poco honesto. No solo Madrid conoció ese mundo de la picaresca, sino también Sevilla, Barcelona, e incluso las demás posesiones del imperio, que fluía sin que la Corona ni la Iglesia lo detuviesen. Un actor y director que mostró muy bien ese mundo fue Fernando Fernán-Gómez (1921-2007) en una serie histórica de Televisión Española, El pícaro (1974), sobre las aventuras y desventuras de un modelo de pícaro, Lucas Trapaza. Como muestra, dejo aquí el primer capítulo para que los lectores lo puedan ver en cualquier momento.

https://www.youtube.com/watch?v=9Xvj14a9AN0

Y por último está la corte de los reyes, tanto en el antiguo Alcázar de Madrid como en el palacio de El Escorial, a varios kilómetros de la ciudad, casi como un brazo o extensión de Madrid. Allí vemos un mundo corrupto y cada vez más cerrado en sí mismo, donde se había perdido el sentido de la realidad para gobernar un imperio tan grande como el que era el nuestro. Un corte repleta de otra clase de pícaros: los nobles de alta o baja cuna que aprovechaban cualquier circunstancia para medrar en política o para llenar sus arcas. Y junto a ellos estaban los clérigos que impedían, bajo la Contrarreforma, la libertad de pensamiento y la tolerancia religiosa. Nunca la corte española fue tan corrupta y oscura como en tiempos del rey Felipe IV, un monarca que nunca estuvo interesado en el poder, sino en el ocio y en los misterios del sexo y del cuerpo femenino (al menos, en su juventud) en la cinta de Imanol Uribe (1950) El rey pasmado, la adaptación de la novela de Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999) Crónica del rey pasmado (1989).

https://www.youtube.com/watch?v=NCOviT7qwKQ

https://www.youtube.com/watch?v=ARYCCSG9ekw

Y al finalizar el siglo XVII, con una población de 140.000 almas, Madrid era la capital de un imperio que pasó a ser una segunda potencia, una sombra que se consumía por sí misma. El último monarca de la casa de Austria, Carlos II (1665-1700), casado dos veces, sin hijos y enfermo de cuerpo y mente, firmó un testamento para designar a un sucesor a la corona española. El beneficiado sería un nieto del rey de Francia, Luis XIV (1643-1715), y con él España entró en una guerra de sucesión. Era Felipe de Anjou, Felipe V de Borbón (1700-1746), y con su dinastía comenzó una nueva era para Madrid, a la que le pondremos otro acompañamiento musical: el del compositor italiano afincado en la capital Luigi Boccherini (1743-1805).

EL MADRID ILUSTRADO Y GOYESCO.

https://www.youtube.com/watch?v=p0f-rQV–jU

Cuando Felipe V llegó a Madrid en 1701 para tomar posesión de la corona real se debió de quedar estupefacto al ver la ciudad por primera vez. La capital imperial no era como París, la ciudad de las Luces; se había convertido en un lugar anticuado, oscuro, hediondo, malsano para la vida de hombres y mujeres, niños y ancianos. Y desde aquel primer instante, los primeros Borbones tenían las ideas claras: no solo reformarían las instituciones españolas y lo que quedaba del imperio, sino que también modernizarían Madrid para convertirla en una verdadera capital europea, a la altura de la de Francia y de las de otros reinos europeos.

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Sobre los restos del viejo alcázar, destruidos por un incendio en 1734, se construyó el Palacio de Oriente, y con Carlos III (1759-1788), el gran rey ilustrado y el primer “alcalde de Madrid”, la capital se expandió hacia el este y el sur, donde se encuentra el Parque del Retiro y el distrito de La Latina respectivamente. Se construyeron la Puerta de Alcalá, el Real Observatorio y los Jardines Botánicos. Antes de Carlos III se crearon los edificios de las reales academias, se trazaron nuevos paseos como el del Prado, donde comenzaron las obras de lo que sería el Museo del Prado… Madrid, con 168.000 habitantes en 1800, debía ser, ante los ojos de propios y extraños, una ciudad abierta y luminosa, el símbolo de lo que querían construir los ministros ilustrados en España, y que acabaría conviviendo con el mundo castizo.

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Un momento: ¿castizo, a la altura del siglo XVIII? Pues sí, el mundo castizo que todos conocemos de Madrid apareció ya después de novecientos años de vida urbana. Castizo, según el diccionario de la Real Academia Española, quiere decir “genuino, puro y típico de un determinado lugar”. Comenzaron a hacerse habituales la presencia de aquellos “manolos” o “majos” madrileños vestidos con su tradicional traje de chulapos junto a esas mujeres vestidas de chulapas, conocidas también como “manolas” o “majas”, todos ellos pertenecientes a las clases bajas de la ciudad; unas clases bajas que, a falta de pan, vino o dinero, tenían un enorme orgullo y chulería que demostraban a diario. Ese mundo surgió frente a una aristocracia que, en un intento por no parecer demasiado afrancesada, se vestía como el pueblo para disfrutar de los eventos sociales de la época. En fin, nos encontramos ante una realidad sociológica que fue retratada por el que podríamos considerar como el gran cronista de Madrid y de España en su tiempo: Francisco de Goya (1746-1828), maño universal.

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Es precisamente la mirada de Goya sobre Madrid y su gente lo que ha trascendido en las películas y series ambientadas en esta época. Y una de las primeras películas ambientadas en el Madrid del periodo es Goyescas (1942), dirigida por Benito Perojo (1894-1974), un musical típico del escapista cine español de la década de 1940 sobre dos mujeres, la condesa de Gualda y Petrilla (ambas interpretadas por Imperio Argentina), parecidas físicamente y con una gran voz, aristócrata la primera, tonadillera de clase baja la segunda, que luchan por el amor del mismo hombre haciéndose pasar la una por la otra y viceversa, mostrándose escenas típicas de los cuadros y escenas costumbristas que Goya tuvo que realizar cuando trabajó en la Real Fábrica de Tapices y cuando sirvió como pintor de la corte del rey Carlos IV (1788-1808).

https://www.youtube.com/watch?v=nAaO-CNE2jk

Pero volvamos un momento a Goya. No en su obra pictórica en sí, sino en lo que él vivió y vio en su época y que lo vemos reflejado en tantos cuadros suyos. El siglo XVIII fue una época de grandes cambios, de revoluciones, de luchas entre un sector de la población que quería modernizar España y otra mitad que quería seguir manteniendo las tradiciones. El duelo a garrotazos se cernía sobre el país como base para el nacimiento de la España, y el Madrid, contemporáneos. Como anticipo, antes de que llegase el maestro en 1775 para trabajar en la Real Fábrica de Tapices, se produjo en la capital el Motín de Esquilache de 1766, un acontecimiento tratado en la película de Josefina Molina Esquilache (1988).

https://www.youtube.com/watch?v=BOWDNs9uB-c

https://www.youtube.com/watch?v=Nzt8kUbmNiM

Y cuando Goya se instaló en la ciudad castiza, él vio todo lo que pasaba en la ciudad: los choques entre el pueblo y las élites –en los modos de hablar, de vestir, de pensar y de vivir-, las conspiraciones e intrigas palaciegas que se daban en la corte, los deseos de permanencia de las tradiciones y los intentos de introducir el cambio social… Otro maño universal, Carlos Saura (1932) muestra todo eso en la película Goya en Burdeos (1999), en la que un anciano don Francisco (Francisco Rabal), exiliado en Burdeos, recuerda su vida y juventud (haciendo de Goya de joven José Coronado), plasmada en todo lo que pintó y dibujó. Él captó lo que se ha dicho al principio del artículo: que Madrid, desde siempre, ha sido una ciudad de contrastes.

https://www.youtube.com/watch?v=n9I8_Ya5ccw

https://www.youtube.com/watch?v=_VAJ7YZ2VaI

            Otra serie de Televisión Española, Goya (José Ramón Larraz, 1985) sirve también para que el espectador vea todo ese mundo que había en Madrid por entonces, y uno no deja de hacerse esta pregunta: si la mirada de Goya es considerada como contemporánea en una época de cambios, ¿qué había en el ambiente madrileño para que Goya lo ilustrase o para que lo supiese ver? Una buena pregunta… sobre la que no nos podemos detener, porque el Madrid goyesco e ilustrado estaba a punto de desaparecer, primero, con las repercusiones que trajo consigo el Motín de Aranjuez de marzo de 1808, y luego con la revolución que desde Francia importaron las tropas de Napoleón Bonaparte (1799-1815). Allí, el 2 de mayo de 1808, España y Madrid cambiaron… a sangre y fuego.

https://www.youtube.com/watch?v=P00CqwdroUI

https://www.youtube.com/watch?v=Ydd-ciFsrHM

EL MADRID DE LAS REVOLUCIONES Y DE LOS DESASTRES.

https://www.youtube.com/watch?v=e6gdu6Xag8c

Aparte de duro, debía de ser extraño vivir en el Madrid del siglo XIX. Extraño en el sentido de que tenemos, en fotografías, en novelas, en artículos periodísticos, en cuadros, en zarzuelas… más de una imagen de Madrid en aquel momento. Está el Madrid de las clases sociales más bajas, el de las clases más altas, el Madrid de los escritores románticos, el de los escritores realistas, el de los absolutistas y tradicionalistas junto al de los liberales moderados y progresistas, el que es visto desde España y el que es visto desde el extranjero, etc. Madrid, como Londres, París, Berlín, San Petersburgo o Nueva York, es percibido como una ciudad con muchas caras, el símbolo inequívoco de que ya es una ciudad contemporánea propiamente dicha.

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Y a pesar de que el siglo XIX fue un siglo muy dramático para España con tantas guerras, revoluciones, pronunciamientos militares, cambios de régimen y de gobiernos, de protestas, de independencias y desastres coloniales en América, de aventuras en el Norte de África, de tanto “tejer y destejer”, de atraso económico y tecnológico, de lento crecimiento demográfico, todo ello ubicado en un mundo atascado en una realidad agraria, de campesinos analfabetos y caciques controladores; a pesar de todo aquello, Madrid seguía vivita y coleando.

Su población no paraba de recibir inmigrantes y de crecer –poblacional y físicamente. A pesar de las pérdidas de la primera mitad del siglo, pasó de unos 157.000 habitantes en 1842 a poco más de medio millón de habitantes en 1900. Su fisonomía seguía cambiando con nuevas construcciones y con una tímida industrialización: el Congreso de los Diputados en 1850, la línea ferroviaria Madrid-Aranjuez y la Estación de Atocha en 1851, el Canal de Isabel II en 1858, las líneas de tranvía en 1871 y los primeros ensanches madrileños a partir del Plan de Ensanchamiento dirigido por Carlos María de Castro de 1860, que abarcaría la zona de los distritos de Salamanca, Chamberí y Arganzuela.

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Con esa época histórica como referente, las producciones cinematográficas y televisivas españolas son más abundantes que en las épocas de los Austrias y de la Ilustración. A nivel televisivo, Televisión Española realizó, durante la década de los sesenta, la serie Diego de Acevedo (Ricardo Blasco, 1966), sobre un oficial del ejército español que lucha contra los franceses durante la Guerra de Independencia (1808-1813). Recientemente, y en una época en la que está de moda rodar las intrigas políticas históricas, se han hecho dos producciones en las que se mezcla la política, el thriller y el típico casticismo madrileño: el primero es un telefilm sobre uno de los mayores misterios de la Historia de España, el asesinato del político liberal progresista y militar Juan Prim (1814-1870) en Prim. El asesinato de la Calle del Turco (Miguel Bardem, 2014); y la adaptación de las novelas de Jerónimo Tristante (1969) sobre un detective adelantado a su tiempo, la serie Víctor Ros (2014).

Antes de eso, durante las primeras décadas de existencia del cine español lo que los directores de cine y guionistas mostraban, dado el peso de los gustos en materia de ocio de la inmensa mayoría de la población –madrileña y española- eran las adaptaciones de zarzuelas, el tipo de espectáculo que más gustaba en Madrid en el siglo XIX, e incluso durante el primer tercio del siglo XX. Y las hay, tanto mudas, como sonoras. Por ejemplo, de La verbena de la paloma, de Tomás Bretón (1850-1923), se han hecho hasta tres versiones distintas: una muda en 1921, dirigida por un pionero del cine español, José Buchs (1896-1973); otra sonora en 1935, por cortesía del ya mencionado Benito Perojo; y otra más en color, en 1963, por el principal director de la tendencia cinematográfica oficial del Franquismo, José Luis Sáenz de Heredia (1911-1992).

https://www.youtube.com/watch?v=fR6iv1sCI5g

Del siglo XIX también se podrían destacar algunas de las cintas que dirigió otro maestro del cine español de los años cuarenta y cincuenta. Se trata de Edgar Neville (1899-1967), un genio del cine, hijo de una familia aristocrática y que aprendió el oficio en Hollywood durante su edad dorada…pero que tuvo que desarrollarse en una época tan difícil como la del primer Franquismo, aunque tuvo una mayor libertad creativa que otros directores en aquel momento. Aunque su cine es tan escapista como el de otros autores, Neville supo captar muy bien los aires del Madrid en el que creció y rodó las historias que le contaban sus padres y sus amigos y conocidos.

Neville

Una de ellas es El crimen de la calle de Bordadores (1946), una versión que hizo sobre el histórico crimen de la calle Fuencarral. Pero también está La torre de los siete jorobados (1944), sobre un joven que descubre que, debajo del Madrid que conoce, hay una ciudad secreta donde un grupo de jorobados se dedican a distintos crímenes. Incluso se atrevió a rodar una cinta titulada Mi calle (1960), en la que narra la vida de un barrio madrileño que es testigo de los cambios por los que pasó desde finales del siglo XIX hasta los años de la posguerra tras la Guerra Civil Española. Si Madrid tiene un cineasta realmente propio, ese es Neville.

https://www.youtube.com/watch?v=e3hq0epE8Tc

Pero el Madrid mejor mostrado es el de las adaptaciones que se han realizado sobre la obra literaria de Benito Pérez Galdós (1843-1920). Como Goya en el siglo XVIII con el pincel, el novelista con su pluma actuó como el retratista de las múltiples realidades de la España del siglo XIX: la de los ricos y la de los pobres, la de Madrid y la de la “España de provincias”, la de aquellos que aún seguían aferrados a las tradiciones y las de aquellos otros que querían el progreso para que España estuviese a la altura del resto de Europa, el mundo de los teatros, los cafés de tertulias, las tabernas de barrio. En cada novela, Galdós describe con todo lujo de detalles aquellos edificios, calles, plazas, avenidas, cafés y mesones que frecuentó y que fueron el alma de la vida de los madrileños de por entonces.

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Posiblemente la mejor adaptación de Galdós situada en el Madrid del siglo XIX sea la que el director Mario Camus (1935) hizo en 1980 sobre la novela Fortunata y Jacinta (1886-1887), la historia, una vez más, sobre dos mujeres de dos clases sociales diferentes: una, Fortunata (Ana Belén), que vive en la miseria; y la otra, Jacinta (Maribel Martín), que vive en la opulencia. Ambas, enamoradas del mismo hombre, Juanito Santa Cruz (François-Eric Gendron), un auténtico “viva-la-virgen”, intentan conquistarle o retenerle sin que ellas se conozcan la una a la otra.

http://www.rtve.es/television/fortunata-jacinta/

En fin, tenemos un Madrid ubicado en una época histórica que conocemos muy bien por la cantidad de series y de películas rodadas que se han hecho. Un Madrid que vivió entre dos desastres: el del 2 de mayo de 1808, y el del 25 de abril de 1898, cuando una potencia emergente, los Estados Unidos de América, acabaron con los restos del imperio colonial español en América y Asia. Aquello fue un auténtico varapalo para Madrid en particular, y para España en general. Nuestro país, y nuestra capital, se quedaron congelados en el tiempo. Pero no sería por mucho tiempo, porque el siglo XX estaba a la vuelta de la esquina, pero con un inicio muy triste que puede expresar bien Lluís Llach con su música.

EL MADRID COSMOPOLITA Y CAINITA (1900-1939).

https://www.youtube.com/watch?v=F2mxr9AaW7g

El siglo XX no empezó con tranquilidad para nadie, y menos para los madrileños. Las diferencias ideológicas, económicas y sociales entre sus habitantes, heredadas del periodo anterior, acabarían desembocando en el estallido de la Guerra Civil Española (1936-1939). Españoles contra españoles, unos como Caín y otros como Abel (y viceversa), partidarios de distintos proyectos para construir la España del futuro, chocaron entre sí. Monárquicos liberales y carlistas, republicanos moderados y radicales, anarquistas y socialistas, falangistas y comunistas… todos ellos, nuestros antepasados más directos, protagonizaron el acontecimiento más trascendental de la España del siglo pasado, del que Madrid fue una víctima más.

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A pesar de que para unos el tema es cansino y ya no da más de sí, y para otros no está del todo zanjado, es inevitable mencionar la Guerra Civil en este apartado en particular, y en el artículo en general, por lo que históricamente supuso y porque, al ser un gran momento histórico de nuestro país, todas las cámaras de diversos directores de cine y de televisión se han centrado en ella, de un modo más o menos superficial, desde una óptica u otra. De ahí que haya surgido el tópico, bastante acertado y comprensible, de que el cine español trata solo sobre la Guerra Civil Española, porque supuso un antes y un después en nuestra historia, como lo sería también la Transición.

Pero atención: antes de la guerra seguía habiendo vida en Madrid. Al llegar casi al año 1940 la ciudad ya superaba el millón de habitantes y seguía expandiéndose. En este periodo varias localidades rurales, que hasta entonces tenían una vida independiente de Madrid desde el punto de vista administrativo, se convirtieron en nuevos distritos de la ciudad: Carabanchel, Vallecas, Puente de Vallecas, Vicálvaro, San Blas-Canillejas y una parte de los actuales distritos de Chamartín y Tetuán. Más adelante, en la década de 1920, el urbanista Arturo Soria creó la Ciudad Lineal, un proyecto urbanístico novedoso que se había aplicado en otras ciudades de Europa y que acabaría siendo otro nuevo distrito. Y en la década de 1930 surgieron los barrios de Argüelles y Ciudad Universitaria como base para el distrito de Moncloa-Aravaca.

Otros nuevos proyectos de infraestructuras y obras públicas se empezaron a edificar en Madrid, cambiando la imagen de la ciudad por completo. El más importante de todos ellos es, sin lugar a dudas, la Gran Vía, con tres tramos realizados entre 1910 y 1930 para descongestionar el tráfico en el interior de la ciudad, y en donde se construyeron edificaciones de la talla del Edificio Metrópolis, el Edificio Grassy o el Edificio Capitol. Se construyeron también los tramos de las primeras líneas del Metro, que forman parte, en la actualidad, de las líneas 1, 2 y 3: Valdecarros-Pinar de Chamartín, Las Rosas-Cuatro Caminos y Villaverde Alto-Moncloa. Entre otros proyectos se amplío en sucesivas ocasiones el edificio del Banco de España, se construyó el Edificio Telefónica, el primer rascacielos de la ciudad y de España; en la década de 1930 comienza a entrar en funcionamiento el aeropuerto de Madrid-Barajas; y fue erigida la Plaza de Toros de Las Ventas, el gran centro del toreo español junto a La Maestranza de Sevilla.

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En el Madrid de este momento también nos encontramos con la emergencia de compañías, marcas y elementos que, desde ese momento, estarían completamente asociados a la cultura popular madrileña junto con el casticismo heredado del pasado. Los cafés que ya contaban con una vida de tertulia entre escritores, artistas y bohemios, como el Café Gijón, albergaban a las grandes figuras de la Edad de Plata de la cultura española. La Residencia de Estudiantes en la que estuvieron Luís Buñuel, Federico García Lorca y Salvador Dalí alojaba a la nueva élite intelectual y cultural del país. Dos pequeñas tiendas de confección fueron abiertas en esa época, sin saber sus primeros dueños que se convertirían en dos de las cadenas de tiendas y centros comerciales más importantes de la España del siglo XX: El Corte Inglés y Galerías Preciados. Doña Manolita ya era una popular casa de loterías, la cerveza que producían los hijos de Casimiro Mahou se hacía más popular entre los madrileños (aunque el vino seguía imperando en cada mesa) y, en dos años como 1902 y 1903, se fundaron los dos equipos de fútbol principales de la ciudad: el “galáctico” Real Madrid Club de Futbol y el “colchonero” Club Atlético de Madrid.

En este Madrid de luces y sombras vivió un personaje interesante y, en su día, muy desconocido: Arturo Barea Ogazón (1897-1957), un escritor perteneciente al grupo de autores españoles que tuvieron que partir al exilio tras la guerra. Escribió la trilogía literaria La forja de un rebelde (1940-1945), que Mario Camus llevó a la televisión en 1990. Una serie de Televisión Española en la que vemos, de un modo muy sintetizado, y desde la perspectiva del propio Barea, la España del primer tercio del siglo XX y, cómo a partir de sus experiencias vitales, decidió dedicar su vida al Socialismo y luchar por los derechos de los trabajadores y de los pobres, llegando a militar en el Frente Popular como diputado por Toledo en 1936, y siendo testigo de primera mano de la guerra en Madrid.

https://www.youtube.com/watch?v=nLEovStcDPo

https://www.youtube.com/watch?v=wrWPNyZZwgE

https://www.youtube.com/watch?v=rfg0zOYk7gc

Aparte de esa producción, algunas de las novelas e historias de los escritores de la Generación del 98 (Unamuno, Baroja, Valle-Inclán…) de principios de siglo llegaron a tener sus adaptaciones literarias. Del propio Pio Baroja destaca la adaptación que Angelino Fons hizo de la novela La busca (1966), sobre un joven provinciano (Jacques Perrin) que quiere ganarse la vida en un entorno que le resulta demasiado engañoso y hostil (incluso por los suyos) como para lograr lo que desea, siempre permaneciendo en un estado de búsqueda e insatisfacción perpetuas. Y de Ramón María del Valle-Inclán hay otra adaptación: la que Miguel Ángel Díez hizo sobre la obra de teatro Luces de bohemia en 1985, con Francisco Rabal en el papel de Max Estrella y con Agustín González como su compañero Don Latino de Híspalis.

https://www.youtube.com/watch?v=Hz8_g2IVnVQ

https://www.youtube.com/watch?v=jJr7-bGSxrY

Por otra parte, atrevidos pioneros y cineastas españoles que vivieron la transición del cine mudo al cine sonoro comenzaron a rodar en Madrid desde la década de 1920. El cine había llegado tarde a la capital y había desembarcado antes en Barcelona, y de las películas ambientadas en su propia época destacan las adaptaciones literarias, zarzuelas y comedias en las que se añadían números musicales, hechas casi a la manera del cine de estudios similar al de Hollywood o al de algunas películas francesas de René Clair. Se había creado, con muchas limitaciones, un cine para evadirse por unos instantes de la cruda realidad del momento.

https://www.youtube.com/watch?v=mECjyx1YOUs

Pero lo importante de este artículo es casi lo que se ha dicho antes: que de lo que se ha rodado del Madrid de aquel momento abundan para el cine y la televisión las historias sobre la Guerra Civil. Las bicicletas son para el verano (Jaime Chávarri, 1983), La hora de los valientes (Antonio Mercero, 1998) o Las 13 rosas (Emilio Martínez-Lázaro, 2007) son ejemplos de ese género tan abundante, más centrado, al menos hasta la década de los 2000 –cuando hubo una tendencia imperante del realismo social en nuestro cine-, en cuestiones que los españoles se hacían tras el fin de la dictadura de Franco (el modo de ver las cosas, la sexualidad, la libertad de pensamiento, los sueños e inquietudes vitales más básicas…), junto con el deseo de recuperar un pasado perdido. Y sobre los momentos anteriores se podría añadir que del Madrid de Alfonso XIII y de la dictadura de Primo de Rivera hay pocas historias, abundando de ese periodo las situadas en la España de provincias y de zonas como Cataluña, el País Vasco y Andalucía.

Pero sigamos con nuestro relato. El 1 de abril de 1939 acabó la guerra después de que, según aquel célebre discurso radiofónico leído por Fernando Fernández de Córdoba, las tropas nacionales alcanzasen sus últimos objetivos militares estando “cautivo y desarmado el ejército rojo”. El ejército nacional venció al ejército republicano. Franco llegó al poder y comenzaron los duros años de la posguerra para los madrileños y para el conjunto de España. Unos respiraron aliviados y otros esperaron lo peor tras el final. Según uno de los protagonistas de Las bicicletas son para el verano no había llegado la paz; había llegado la victoria.

https://www.youtube.com/watch?v=QH4OjDrtRN4

DE LOS AÑOS DEL HAMBRE HASTA EL DESARROLLISMO (1939-1975).

Incluso con Franco en el poder entre 1939 y 1975, Madrid y España seguían constituyendo un mundo de contrastes en el que se podía pasar de la copla al pop “ye-ye” en apenas unas décadas. De una época llena de penurias, hambre, “pertinaces sequías”, control político de los derechos y libertades, etc., se pasó a otra de bonanza, “desarrollismo”, hogares llenos de comodidades y miles de turistas invadiendo las playas y ciudades del país. Desde un régimen autoritario, apoyado por varias familias políticas (el ejército, la Iglesia, la Falange y pequeños grupos de monárquicos), se intentó convertir a España en una especie de paraíso autárquico y totalitario similar al de la Italia de Mussolini. Cuando el proyecto fracasó, la Segunda Guerra Mundial llegó a su fin en 1945, y los enfrentamientos entre Estados Unidos y la Unión Soviética marcaron la época de la Guerra Fría, se buscó desde Washington D.C. en el régimen de Franco a un buen aliado al que, desde el exterior y el interior, había que modernizar económica y socialmente y apoyar militarmente.

https://www.youtube.com/watch?v=lKf_Nb2DHYc

https://www.youtube.com/watch?v=EPz4FvCSeD4

Los treinta y seis años que conformaron lo que popularmente se conoce como “los años del NO-DO” vieron crecer a Madrid aún más de lo que cabía esperar. En 1970 la población era de más de tres millones de habitantes, muchos de ellos inmigrantes rurales de diversas zonas de Extremadura, La Mancha y las dos Castillas que acudieron a la gran ciudad para prosperar y vivir mejor que en sus localidades natales. Creció también por nuevas anexiones de municipios (Hortaleza, Barajas, Fuencarral-El Pardo…), llegando hasta la zona de Villaverde en 1954. Pero ya no era solo la ciudad de Madrid la que crecía, sino también una serie de pueblos y pequeñas ciudades que se convierten en núcleos suburbanos con la construcción de las famosas viviendas de protección oficial, aunque persistían barrios de infraviviendas que acabaron convirtiéndose en focos de criminalidad y pobreza. El extrarradio de Madrid, tal y como lo conocemos, apareció por estas fechas, con Móstoles, Leganés, Getafe, Alcorcón, Coslada, Fuenlabrada, Alcobendas o San Sebastián de los Reyes como localidades representativas.

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Y a nuevos tiempos, nuevos edificios y costumbres. Junto a las nuevas líneas del Metro y las primeras autopistas, se edificaron en torno a la Plaza de España los otros dos rascacielos más importantes de la urbe: la Torre Madrid y el Edificio España. Fueron erigidos los dos estadios de fútbol del Real Madrid y del Atlético de Madrid, el Santiago Bernabéu en 1947 (llamado antes de 1955 Nuevo Chamartín) y el Vicente Calderón en 1966 (antes llamado Manzanares hasta 1971) Así mismo, en 1964 comenzó a proyectarse, en torno a la Plaza de la Castellana, el complejo de rascacielos empresariales de AZCA. La vida cosmopolita y castiza de la ciudad se combinaba con las nuevas costumbres y gustos que importaban los turistas de Europa y de Estados Unidos, lo que hacía que Madrid, en fin, se consolidase como una ciudad más moderna y abierta al resto del mundo.

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En lo que se refiere al cine y a las series de televisión ambientadas en la época de Franco, tenemos aún más variedad y producción. Varias series españolas han mostrado los cambios de Madrid –y del país- durante el periodo, entre ellas las dos series de telenovelas Amar en tiempos revueltos con su continuación Amar es para siempre, que desde 2005, primero en Televisión Española y luego en Antena 3, muestran la vida en una pequeña plaza del interior de la ciudad con personajes que tan pronto aparecen como desaparecen. Contamos también con Cuéntame cómo pasó (2001), que sigue emitiéndose en La 1 y en la que se aprecian los cambios de España desde los últimos años de la dictadura hasta, por el momento, los primeros años de la democracia, en el ficticio barrio de San Genaro.

https://www.youtube.com/watch?v=nKLk5X8m6NM

Dejando atrás las series, vamos con las películas, e iremos viendo cómo se mostraba el Madrid de Franco por décadas, de una manera muy breve. Sobre la década de 1940 tenemos, rodadas en la propia época, un cine mayormente cómico y escapista (con cintas como Ella, él y sus millones, Juan de Orduña, 1945) hasta la década de los ochenta, cuando títulos basados en grandes novelas españolas como La colmena (1951), de Camilo José Cela y adaptada al cine por Mario Camus en 1982, o Tiempo de silencio (1961), de Luís Martín-Santos y llevada al cine por Vicente Aranda en 1986, mostraban una realidad muy distinta: una España que no se podía tener en pie, con hombres y mujeres que hacían lo posible por sobrevivir en un entorno muy duro y hostil, reprimidos en algún aspecto de sus vidas y de un modo más explícito o implícito.

https://www.youtube.com/watch?v=XjWMfteIAFA

https://www.youtube.com/watch?v=WHsM_PKK0cU

Ante la cruda realidad de la época, algunos cineastas como José Antonio Nieves Conde, Luís García Berlanga, Juan Antonio Bardem o Marco Ferreri decidieron mostrar el Madrid de la década de 1950 como un lugar en el que los problemas materiales y sociales de los españoles (el conseguir dinero para vivir mejor, huir de la dura vida en el campo, obtener una vivienda u ocultar secretos y negocios ilegales) eran la principal preocupación. Son los años de Balarrasa (1950) y Surcos (1951) de Nieves Conde; Esa pareja feliz (1951) y Muerte de un ciclista (1955), la primera realizada por Berlanga y Bardem, la segunda en solitario por Bardem; y del El pisito (1958) o El cochecito (1960) de Ferreri con guiones de Rafael Azcona. Pero también son los años de un cine más amable en el que, ante unos tiempos aún difíciles, se apelaba a los buenos sentimientos de los ciudadanos de Madrid, lo cual se refleja en cintas como Historias de la radio (José Luis Sáenz de Heredia, 1955), Manolo guardia urbano (Rafael J. Salvia, 1956) o El tigre de Chamberí (Pedro Luís Ramírez, 1957).

https://www.youtube.com/watch?v=Q4rO5x_maUM

https://www.youtube.com/watch?v=YZG_oZ6KGBo

https://www.youtube.com/watch?v=Cuzkl3fmUsU

A la altura de las décadas de 1960 y de 1970 las representaciones fílmicas sobre Madrid incrementan en número y se tratan múltiples perspectivas: las de quienes tienen las mismas aspiraciones que en la década de 1950, como en ese gran título de Berlanga y Azcona de 1963 llamado El verdugo o de quienes viajan allí solo por curiosidad (La ciudad no es para mí, Pedro Lazaga, 1966); la de aquellos que vivieron el Franquismo aparentemente bien, pero que fueron reprimidos por sus padres en algún momento de sus vidas y desean satisfacer sus deseos en el presente, por ejemplo, en la película de Mario Camus Los pájaros de Baden-Baden (1975) o José Luis Garci con su ópera prima Asignatura pendiente (1977), a caballo entre la dictadura y la Transición; y está también la mirada de la juventud que desea vivir en un mundo distinto, también reprimida pero que podía desviarse hacia el crimen o la perdición, como en el desconocido thriller de Eloy de la Iglesia La semana del asesino (1972).

https://www.youtube.com/watch?v=lvIhNpuImLU

https://www.youtube.com/watch?v=O9I3502b3co

https://www.youtube.com/watch?v=Hc0Jvs6Sv6E

Y entonces ocurrió lo que tenía que ocurrir. Lo anunció con voz entristecida Carlos Arias Navarro, Presidente del Gobierno, en televisión. Franco falleció el 20 de noviembre de 1975, casi dos años después del atentado contra Luis Carrero Blanco, su mano derecha. Era la crónica de una muerte anunciada, pero que sorprendió a todos los españoles, entristeciéndose unos, alegrándose otros. Aunque con una sensación compartida de incertidumbre nunca antes vivida, porque miles de personas se habían acostumbrado a vivir bajo Franco, tanto si estaban a su favor como en su contra. Comenzó la Transición pero… ¿acabaría bien? ¿Qué pasaría con Madrid, con España?

EL MADRID DE LAS “MOVIDAS” (DESDE 1975 HASTA HOY).

https://www.youtube.com/watch?v=lYKDpMlkeqY

Terminamos el artículo partiendo con este vídeo. Entre la primera imagen, rodada en 1975, y la segunda, en 2014, pasaron casi cuarenta años. Cuarenta años de monarquía parlamentaria, de democracia, de apertura a Europa y al mundo, de modernización y de nuevos problemas para España y la capital. En medio ha habido de todo en Madrid: muchas elecciones democráticas, una intentona de golpe de Estado el 23 de febrero de 1981, manifestaciones por unas razones u otras (las más relevantes las del 15 de mayo de 2011), fiestas y celebraciones diversas, como cuando la selección española de fútbol ganó el Mundial de 2010… y, desgraciadamente, los mayores atentados de nuestra historia, los del 11 de marzo de 2004 en la Estación de Atocha.

Más y más contrastes marcan la vida madrileña en ésta época que se podría llamar perfectamente “la de las “movidas”, no solo en referencia a la “Movida” de los años 80, sino también porque Madrid ha vivido una historia reciente muy agitada, a nivel político, económico, social y cultural. Agitada sí, pero no revuelta como en épocas pasadas. Una selección de varios “cachitos de hierro y cromo” puede servir para que comprendamos mejor ese “paisanaje” que tanto Joaquín Sabina como los Porretas, como dije al principio, retrataron en esta ciudad, invivible pero insustituible a la vez, donde todo coincide con todo de un modo casi caótico:

https://www.youtube.com/watch?v=wYD_FXAALx4

https://www.youtube.com/watch?v=2ZK5zNkFgXc

https://www.youtube.com/watch?v=jI-a_j0Y7GY

https://www.youtube.com/watch?v=DCwqJWm0T5Y

https://www.youtube.com/watch?v=si5r94XuGdg

https://www.youtube.com/watch?v=ybLtvYFkIyE

https://www.youtube.com/watch?v=LvU_fQHGuXU

A nivel demográfico, Madrid perdió población entre las décadas de 1980 y 1990, posiblemente debido a dos razones: quienes emigraron volvieron a sus pueblos de origen ya enriquecidos después de tantos años de trabajo para vivir bien el resto de sus días, en ocasiones también porque ya no había trabajo para nadie por los efectos de la crisis de 1973, originadora del persistente paro estructural español; pero también sucedió que miles de habitantes prefirieron residir en el extrarradio de la capital, en nuevos barrios de viviendas unifamiliares y bloques de viviendas de protección oficial, algo común en muchas ciudades del mundo en la actualidad.

Sin embargo, y según los datos del censo de 2011, Madrid ha vuelto a superar los tres millones de habitantes, sobre todo con la llegada de gente de otras partes de España que buscaban lo mismo que sus padres y abuelos: el ganar mucho dinero en un buen puesto de trabajo para medrar y el estar en un lugar donde se pueda participar en una vida social muy intensa. Pero es importante decir también que la población creció por la llegada de inmigrantes procedentes de los países del Tercer Mundo situados en África, América Latina y Asia, tanto legales como ilegales. Lógicamente, y por las recurrentes expansiones de los límites físicos de la misma, también se explica ese crecimiento. A efectos reales, y si incorporamos toda el área metropolitana, la población de Madrid y su entorno se situaría entre los cinco y los seis millones de habitantes.

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Y en cuanto a las construcciones, el paisaje urbanístico madrileño se fue expandiendo y cambiando, siendo una ciudad cada vez más interconectada (gracias sobre todo al tren de alta velocidad AVE) pero con unos índices de contaminación atmosférica cada vez más elevados. El skyline conformado por los rascacielos de AZCA edificados desde la década de 1970, el edificio de Torrespaña (conocido popularmente como el “Pirulí”) de los años 80, y las cuatro torres del Business Area de principios del siglo XXI han transformado por completo la imagen de la ciudad ante el visitante, junto a las decenas de centros comerciales, polígonos industriales y “colmenas” de pisos de los alrededores. El paisaje es, en fin, típico de cualquier núcleo de población habitado por una sociedad contemporánea cualquiera.

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En este Madrid hay más películas y series sobre el periodo que estamos viendo, historias entrelazadas de gente muy diversa en edades, clase social, procedencia, género, raza… Hay un Madrid para familias y vecinos más o menos agradables, en tono de comedia, desde la “familiar” familia del doctor Nacho Martín (Emilio Aragón) en la serie de Telecinco Médico de familia (1995-1999) hasta esas insoportables, pero representativas del país, comunidades de vecinos ilustradas en Aquí no hay quien viva (2003-2006) y en La que se avecina (2007). De por medio, los dramas y las realidades de cada hogar a lo largo de 40 años de historia: cinco películas como ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (Pedro Almodóvar, 1984), Barrio (Fernando León de Aranoa, 1998), El bola (Achero Mañas, 2000), La flaqueza del bolchevique (Manuel Martín Cuenca, 2003) o Hermosa juventud (Jaime Rosales, 2014) son ejemplos de la evolución de la vida en familia y en los barrios de Madrid por cada clase social.

https://www.youtube.com/watch?v=T5I2Fk9Agkg

https://www.youtube.com/watch?v=Q7lxdGqwypk

https://www.youtube.com/watch?v=2CZzec4vQIU

Hay también un Madrid criminal, de callejones donde negocios ilícitos y grandes golpes se realizan en las sombras, un Madrid de drogas, prostitución, corrupción y de terrorismo. Algunas series policiacas como Brigada Central (1989-1992) o El comisario (1999-2009) ahondaban en varios crímenes y fenómenos de delincuencia típicos de la España de los ochenta, los noventa y los dos mil. Pero el cine ha sido un poco más prolífico. Por ese Madrid de sombras, tan noir pero ibérico, deambulaban personajes muy diversos: bandas de quinquis que robaban coches y bancos como la de Deprisa, deprisa (Carlos Saura, 1981); las pesquisas que hacía ese hombre de aspecto triste con bigote llamado Germán Areta (Alfredo Landa) en las dos partes de El crack (José Luis Garci, 1981 y 1983); las pasiones de una pareja atípica formada por un terrorista de ETA (Carmelo Gómez) y una yonqui (Ruth Gabriel) en la adaptación que Imanol Uribe (1950) hizo en 1994 de la novela de Juan Madrid Días contados; José Luis Torrente (Santiago Segura) “apatrullando” la ciudad en la saga de Torrente; y un viejo lobo que busca terroristas yihadistas llamado Santos Trinidad (José Coronado) en No habrá paz para los malvados (Enrique Urbizu, 2011).

https://www.youtube.com/watch?v=bZt6TrFCzc0

https://www.youtube.com/watch?v=V7W-8bZNHVU

https://www.youtube.com/watch?v=5XjSL5QYtF0

https://www.youtube.com/watch?v=hsdBXK_7Xi8

Le toca el turno a la juventud. Y no, no estoy hablando de los retratos de adolescentes que se ven en series como Compañeros (1998-2002) o en Física o química (2008-2011), sino en las sucesivas generaciones de jóvenes que poblaron Madrid con sus sueños, sus inquietudes, sus deseos, sus placeres. Las comedias de finales de los setenta y principios de los ochenta como Tigres de papel (Fernando Colomo, 1977) u Ópera prima (Fernando Trueba, 1980) mostraban a una juventud que se hacía intelectual, política, refinada o simplemente usaba todo eso para ligar o relacionarse. En los ochenta, durante la “Movida”, los jóvenes estaban más locos y querían vivir hasta el límite, tal y como lo enseñaba Pedro Almodóvar en Laberinto de pasiones (1982) o de nuevo Colomo en Bajarse al moro (1988). Y en los noventa y principios de siglo no había más que desencanto y nihilismo por todas partes entre los hombres y las mujeres, y si no que se lo pregunten a los protagonistas de Historias del Kronen (Montxo Armendáriz, 1995) o de Stockholm (Rodrigo Sorogoyen, 2013).

https://www.youtube.com/watch?v=wIEPI1c24Wg

https://www.youtube.com/watch?v=rTQ60KqJoAI

https://www.youtube.com/watch?v=BzhoK7OpOpQ

https://www.youtube.com/watch?v=YEMkEFPqtBA

Por otra parte, hay otras historias aparte de los tres retratos que más abundan en el cine español ambientado en el Madrid de 1975 hasta el de hoy. El mundo de la política no se ha tratado demasiado, salvo en los años de la Transición, cuando se estaba consolidando el régimen surgido de la Constitución de 1978 en cintas como El diputado (Eloy de la Iglesia, 1978) o Siete días de enero (Juan Antonio Bardem, 1978). El mundo de los ancianos tampoco ha sido muy filmado, y algunas excepciones las encontramos en películas como Elsa y Fred (Marcos Carnevale, 2005). Un añadido es el del mundo de los inmigrantes ilegales, mostrado por Montxo Armendáriz en Las cartas de Alou (1990). Y luego están tantas y tantas películas de género rodadas por directores muy dispares… como Álex de la Iglesia (1965), posiblemente uno de los cineastas que, junto a Edgar Neville, Luis García Berlanga, Marco Ferreri y  José Luis Garci mejor supo aprovechar la idiosincrasia y la vida madrileña para ambientar sus historias.

https://www.youtube.com/watch?v=l0c3rOGzNAc

https://www.youtube.com/watch?v=Az5w1V11FS4

https://www.youtube.com/watch?v=OOKPeW5lOm8

https://www.youtube.com/watch?v=OoZfKOF-Amw

Y por aquellos lugares paseo cada año, junto con mi padre, y con quien sea que nos acompañe; generalmente, mi familia, pero me gustaría que lo hicieran también algunos amigos míos de la universidad que estudiaron conmigo –e incluso algunos colegas extranjeros que hicieron la beca Erasmus y tuve la suerte de conocer. Paso a paso, calle por calle, me fijo en cada detalle de Madrid: cada edificio, cada monumento, cada anuncio o cartel, cada turista y lugareño. He vivido durante toda mi vida en la pequeña ciudad de León, y cuando pienso en un lugar como Madrid me sigue atenazando el mismo pensamiento: ¿cómo me puede atraer tanto un sitio en el que jamás sería capaz de vivir? ¿Qué belleza tiene? ¿Qué cosas hacen de Madrid un lugar tan especial?

En un intento por responderla, casi por aproximación, yo diría que si Madrid gusta y es tan especial, si ocupa un lugar importante en tanta gente, es porque es realmente única. ¿En qué sentido? Londres es una ciudad única por ser el centro de la civilización occidental en su momento de máximo apogeo, el siglo XIX. Paris lo es por la cantidad de belleza artística que inspira. Nueva York por su modernidad, siempre se está reciclando, como pasa con Tokio o Berlín. La vecina Lisboa por su apertura hacia el océano, hacia el Nuevo Mundo. Y Roma por el peso de la historia, por todo lo que permanece a lo largo de los siglos. Debo insistir: ¿qué es lo que hace de Madrid un lugar tan único? ¿Por qué, como Eduardo Noriega al principio de Abre los ojos (Alejandro Amenábar, 1997), nos resulta atrayente incluso estando vacía del todo?

https://www.youtube.com/watch?v=MVutgve0t9s

Creo que, después de escribir este extensísimo artículo y tras ver tantas secuencias, he llegado a una conclusión. Madrid es única porque, a pesar de los avatares del tiempo y de los desastres que han cometido muchos seres humanos, es abierta y acogedora. No importa de dónde vengas ni lo que vas a hacer mañana, porque Madrid siempre recibirá a quien quiera acudir. Sí, tal vez sea una afirmación un poco exagerada sabiendo que vivir allí es cada día más caro (el precio de las casas y de los alquileres, junto al de los productos, están por las nubes para alguien de mi tierra), e incluso es difícil conseguir un trabajo o pagar una matrícula universitaria en aquel lugar. Y sobre todo habiendo tanta contaminación y población. También es cierto que ese sentido acogedor, o no es tan cálido, o simplemente no se puede encontrar en una gente que, marcada por la vida metropolitana, piensa más en sí misma que en los demás y quiere hacerlo todo enseguida, a veces con malos modos… ¡como en cualquier otra gran ciudad!

Pero en ocasiones siempre ha surgido ese espíritu acogedor que ha hecho de Madrid un lugar que nunca podrá desaparecer del mapa. Es como su esencia vital. Y ese espíritu acogedor se ha proyectado hacia toda España desde el siglo XX. Pienso que la verdadera revolución del siglo XX español, lo que hizo que España cambiase de verdad, fue el dejar de cerrarnos tanto entre nosotros y hacia el extranjero y el compartir todo lo que tenemos con propios y extraños. Ese es el gran regalo que Madrid le ha hecho al país y al mundo… sin desmerecer los que han hecho otras zonas de España (como el de mi tierra, Castilla y León, desde donde hemos aportado al conjunto nacional un sano sentido de la sensatez heredada de nuestros antepasados rurales).

Bueno, no me queda más remedio que decir una cosa para acabar del todo (¡tranquilos, que ya queda poco!). Hagáis lo que hagáis, estéis donde estéis, amigos lectores, que sepáis que, en cualquier momento del año, tal vez por trabajo, estudios u ocio, nos veremos en la “ciudad de los cauces”, en el centro castizo por antonomasia, en esa ciudad habitada por hombres y mujeres que en la mayor parte de las ocasiones son, como describió Loquillo, “feos, fuertes y formales” como John Wayne. Nos veremos en Madrid. Yo me bajaré en Atocha. ¿Y vosotros?

https://www.youtube.com/watch?v=2EmHYHGabKc

https://www.youtube.com/watch?v=R8Daqud9Gk8

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Comentarios

  1. Enrique Fernández Lópiz

    Comentario estupendo, bien escrito, documentado y elaborado, y encima sobre una ciudad que a mí también me encanta. Felicitaciones colega Iñigo Bolao

  2. Lidia

    Hace ya cinco años que tuve que salir de mi ciudad, Madrid. La echo de menos en muchas cosas; y desde luego que es un gran plató de cine, el primero de España. Así que este artículo grande en tamaño y en calidad no es que me haya gustado, es que me ha entusiasmado. Enhorabuena a su autor.

  3. Iñigo

    Muchas gracias por leer y por vuestras palabras, Enrique y Lidia.

  4. Miguel Ávalos

    ¡Enhorabuena por tu artículo Íñigo! Personal, sentido, completo y didáctico
    Muy recomendable para quienes quieran hacer un buen recorrido recordando tanto fechas históricas como también los comienzos y avances del Séptimo Arte en nuestro país. Amen de en que temas se han centrado los diversos Directores Españoles en sus Films.
    Uno de los mejores artículos que he tenido el gusto de leer, y eso que en Ojocritico “El listón está altísimo”

    Y si, muy cierto, Madrid es abierta y te acoge, desde que la conocí cuando era niño me identifiqué enseguida con ella.
    Sin mencionar que es la Ciudad de España donde hay que vivir si se quiere actuar, escribir y dirigir profesionalmente para ganarse la vida mediante ello.

    Enhorabuena de nuevo Íñigo y gracias por un artículo tan fantástico!!
    Nos vemos en Atocha xxxxdddd

    • Iñigo

      Gracias por leer y comentar, Miguel. Ya nos veremos, jejejeje.

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