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Pesadillas veraniegas: Freddy Krueger

Por José Manuel Morales

En la década de los ochenta la productora americana New Line Cinema se encargó de traernos todos los veranos nuevas pesadillas protagonizadas por aquel ser de cara quemada, guantes de cuchillas, jersey a rayas y raído sombrero. Freddy Krueger que nació de la violación de una serie de reclusos psiquiátricos a su madre Amanda Krueger, una monja de la institución mental. Desde joven empezó a dar muestra de que estaba como una cabra: Mutilando ratones de laboratorios y fue objeto de burlas de sus demás compañeros que lo veían como un bicho raro, lógico. De adulto disfrutaba pegando a su esposa (¿Quién coño se casaría con un tipo así?)y ya para colmo fue un asesino de niños que aterrorizó a los vecinos de la calle Elm, por eso no tardaron en ajusticiarlo en la hoguera de su casa cuando el Estado no fue capaz de enviarlo a la cárcel. Fueron los mismos padres de los niños que habían muerto o habían sido abusados por el tal Freddy. Éste, muerto ya, hizo un trato con los guardianes del infierno para no morir del todo y poder presentarse en los sueños de los niños para matarlos. Si te mataba en el sueño, te mataba de verdad, ahí radicaba el terror que aportaba Freddy a los niños y no tan niños de la calle Elm. Vale, pues con esta sencilla premisa se elaboraron nada menos que cinco películas (me limito a los años ochenta). Luego vendría algún que otro intento de revitalizar la saga sin éxito alguno. La idea, el guión, el nacimiento del asesino fue obra del reputado Wes Craven que leyó un par de relatos de dos casos en Indonesia de gente joven que se había negado a dormir y que decían tener miedo de morir y donde, tras caer rendidos por el sueño, acabaron muriendo finalmente. Eso dio que pensar al bueno de Craven que ideó un asesino de vil aspecto sacado de uno de sus viejos recuerdos: En una de esas noches de verano de las que disfruta todo niño pudo ver en mitad de la noche como en la calle un viejo borracho de aspecto siniestro se paseaba y como este se quedó parado cuando observó que el joven Wes le miraba asustado. De ahí sacó la idea para la imagen desgarbada del cruel asesino. Finalmente, lo acabó bautizando con el nombre de un compañero de clase que le molestaba de niño y le atribuyó garras afiladas sabedor de que en todas las culturas es una señal de miedo y terror. De ahí, de esas serie de ideas nació Freddy Krueger, y este se dedicó a putear, quemar, agujerear, rajar y, sobre todo, matar a una serie de chavales que andaban asustados por el tipo este porque se daban cuenta de que estaban cayendo como moscas uno detrás de otro. Atribuido con una buena dosis de socarronería y humor negro, logró no sólo cargarse a una buena panda de prepúberes americanos sino llevar bastante dinero a la nueva productora, que comenzaba en el sector.

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Que tuviera éxito, que Freddy y todo lo que le rodeaba se convirtiera en parte de tradicción americana tuvo buena culpa Robert Englund, aquel que le dio vida. Un actor de reparto de aquella serie de los lagartos alienígenas que fue en busca del papel con aspecto, según cuenta el mismo, desdeñoso. El actor se ganó pronto el papel e introdujo el fetiche del sombrero de ala para poder jugar con la mano libre de las cuchillas. Aportó magistralmente su forma de moverse y caminar y le dio cierto toque sexual al criminal al querer “juguetear” con las chicas que le solían tocar como sus némesis.

La historia de Freddy fue un filón para la productora, el productor Robert Shaye y Robert Englund, que quedó más encasillado que el actor que hacía de padre policía en Cosas de Casa (veáse la serie de Steven Urkel) y nos amenizó cada julio con sus entregas en los cines. Al menos eso tengo yo entendido que entonces yo era aún un renacuajo, por eso y porque estamos en este verano delicioso del que estoy disfrutando tanto te traigo este recuerdo del vil asesino de rostro quemado a la parrilla y guantes con cuchillas. Puede que Freddy Krueger sea sólo un recuerdo, que ya nadie se acuerde de él, pero mientras tenga mis Dvd en mi repisa y algunas escenas grabadas en mi mente yo me acordaré de ti, Hijo de mil dementes.

Comentarios

  1. Adrian Pena

    Me aterraba de pequeño. Luego ves las películas y verdaderamente sólo merece la pena la primera, hay alguna bastante pasable entre el resto, pero la primera es una obra maestra del terror.

  2. Verónica F.

    1, 2…Freddy viene por ti
    3,4…Cierra la puerta
    5,6…Coge un crucifijo
    7,8…Mantente Despierta
    9,10…Nunca más domiras

  3. Javier Fernández López

    Bueno, versiones del cántico hubo varias en la saga, a cada cual mejor. Sobre el artículo, para mí Freddy Krueger rompe con el esquema de villano slasher tradicional, el típico gigante de más de dos metros que te persigue por las calles andando pero que curiosamente corre más que Usain Bolt. La clave de Krueger, el miedo que ofrece, es el simple hecho de que una vez dormido, no despertarás. Puede que la saga perdiese fuerza con cada entrega, pero lo cierto es que resulta terriblemente entretenida por su originalidad.

    Sobre todo me quedo con esa trilogía que hay dentro de la saga, las pertes 3, 4 y 5, dedicadas a un mismo hilo argumental: el poder de los sueños. Obviamente la primera entrega es superior, y en España fue un acierto la voz que doblaje para Robert Englund, aunque tuvo varias durante la saga.

    El remake me pareció excesivamente malo, todo lo contrario al crossover ‘Freddy vs Jason’, que me pareció una genialidad en cuanto a entretenimiento y puesta en escena. Y ‘La nueva pesadilla de Wes Craven’ merece un poco de reconocimiento en cuando a originalidad del guión, todo un trabajo esquemático y elaborado a modo de pseudo-realidad.

  4. Miguel Ávalos

    La primera parte es un clasicazo, esa película es eterna. En cuanto a su modo de matar Freddy Krueger es bastante más original que los otros de su misma quinta, pues ataca desde los sueños y eso es aun más aterrador si cabe, sus cuchillas ponen la guinda. Enhorabuena por la crítica, me ha gustado mucho. Un saludo.

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