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Paul Verhoeven: El polémico holandés errante

Por Íñigo Bolao

Violento, erótico, polémico, desgarrador, explosivo, pero siempre cuestionador y atrayente. Son palabras que podrían definir bastante bien el cine del director holandés Paul Verhoeven, más conocido por sus trabajos en Hollywood (Robocop, Instinto básico…) que en su Holanda (o Países Bajos) natales. Nos encontraríamos ante un cineasta que ha sido a menudo despreciado por la crítica, aunque sus películas tuvieron una gran acogida de público por la promesa de acción que estas ofrecen o por el retrato que hace del sexo. Aun así, siempre esconden una observación del Ser Humano inteligente y auténtica en el sentido de que todos somos criaturas egocéntricas y primarias detrás de una máscara de buenos modales.

¿Qué podríamos decir sobre él en la actualidad? ¿Es un maestro competente, o un cineasta pasado de moda? ¿Resulta ser un anatema para el buen gusto o un autor más interesante de lo que parece? En este artículo sobre la vida, obra e influencias de Verhoeven para Ojo Crítico serán respondidas estas preguntas. A modo de presentación disponéis de un video que, a grandes rasgos, habla de su cine, aunque está en inglés y no se ha podido encontrar uno en español. De todos modos, buena parte de lo que se muestra lo detallo en los siguientes párrafos.

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SU VIDA.

Paul Verhoven nació en Ámsterdam (Países Bajos) el 18 de julio de 1938, siendo el hijo de un maestro de escuela y de una sombrerera. Durante su infancia vivió el episodio más oscuro de la historia de su país en el siglo XX: la invasión alemana del 10 de mayo de 1940 durante la Segunda Guerra Mundial, y la ocupación de Holanda por éstos hasta el 5 de mayo de 1945, Día de la Liberación y, además, fiesta nacional hasta nuestros días.

De modo que el conflicto más devastador de la historia influiría hasta tal punto en su vida y su filmografía que no es de extrañar que sea un cineasta que muestre con tanta insistencia la violencia. Por poner un ejemplo, en 1943, habiéndose mudado con sus padres a la ciudad de La Haya, Verhoeven vivía cerca de una base de cohetes V1 y V2, constantemente bombardeada por la aviación aliada, y fue testigo de primera mano de los efectos de la destrucción desde el cielo, casas ardiendo, cuerpos de personas muertas en las calles, y el hecho de experimentar una situación de constante peligro.

Una vez finalizada la guerra, y estando Holanda en un momento de prosperidad económica tras una dura posguerra, Paul finalizó sus estudios de primaria y secundaria e ingresó en la Universidad de Leiden de 1955, la más antigua, prestigiosa y conservadora universidad del país, también conocida por las duras novatadas a las que son sometidos en cada curso los nuevos alumnos. Obtuvo el doctorado en Matemáticas y Física, al mismo tiempo que comenzaba a convertirse en todo un cinéfilo y daba sus primeros pasos en el mundo del cortometraje, yendo a clases sobre cine en la Academia Neerlandesa de Cine, fundada en 1958.

Posteriormente, hizo el servicio militar en la Real Marina Holandesa, habiendo realizado durante su paso un documental sobre este cuerpo en 1965. Tras su paso por la vida militar, Paul contrajo matrimonio en 1967 con Martine Tours, de cuya relación tuvo dos hijas: Claudia (1972) y Helen (1974). Posteriormente, Verhoeven ingresó en el Jesus Seminar, una institución perteneciente al Instituto Westar de investigación religiosa fundada en 1985 por Robert W. Funk (1926-2005), encargada de estudiar los orígenes de Cristianismo, así como de averiguar cómo era el Jesús de Nazaret histórico.

 Su paso por ésta tuvo como resultado la publicación en Holanda, en 2008, de un libro sobre el Jesucristo histórico, Jesús de Nazaret: un retrato verídico, junto a Rob van Scheers, del que se ha basado en la realización de una película sobre este personaje, de la que aún no se sabe cuándo será estrenada.

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SU OBRA.

La carrera cinematográfica de Paul Verhoeven comenzó con la realización de varios cortometrajes a principios de la década de los sesenta, estando por entonces muy influenciado por la Nouvelle Vague francesa y por las películas de Federico Fellini (1920-1994) y Luis Buñuel (1900-1983). Estos trabajos permitieron a Paul trabajar en la televisión holandesa, destacando en la dirección de una serie histórica de aventuras muy popular en su país natal, Floris (1969), sobre un caballero holandés de principios del siglo XVI, Floris van Roozemond, que lucha por recuperar el castillo que le han arrebatado tras haber viajado por el mundo.

Esta serie supuso, por un lado, el descubrimiento del que sería uno de los actores fetiche del cineasta: Rutger Hauer (1944), más conocido en su papel del replicante Roy Batty en Blade Runner (1982), de Ridley Scott (1937). Por otra parte, también supuso el inicio de una estrecha colaboración con el guionista Gerard Soeteman (1936), autor del guión adaptado de la primera película holandesa en ganar el Óscar a la Mejor Película Extranjera: El asalto (1986), de Fons Rademakers (1920-2007).

El debut de Verhoeven en el mundo del largometraje llegaría en 1971 con una comedia sobre el mundo de la prostitución en el Barrio Rojo de Ámsterdam titulada Delicias holandesas (titulo en español de Wat zien ik!?), basada en dos novelas de Albert Mol. Trata sobre dos mujeres prostitutas, Greet (Ronnie Bierman) y Nel (Sylvia de Leur), que fantasean con dos hombres esperando a que llegue una vida mejor para ellas. Es en esta primera cinta con la que Paul Verhoeven muestra el sexo y el erotismo en su filmografía, así como con Floris empezó a recurrir a la acción.

Por aquel entonces, a principios de la década de los setenta, uno de los temas que muchos cineastas exploraban era el de la libertad sexual y el amor libre tan reivindicados por la juventud del momento desde la década anterior, exponiendo tanto sus ventajas como sus inconvenientes. Verhoeven pudo tratar ese asunto, tan debatido en los Países Bajos de su tiempo, en un film basado en la obra del novelista Jan Wolkers (1925-2007): Delicias turcas (1973).

La película trata sobre un escultor promiscuo de vida bohemia llamado Eric Vonk (Rutger Hauer), quien siempre se acuesta con mujeres. Un día conoce a una adolescente llamada Olga (Monique van de Ven), de quien se enamora, contrayendo ambos matrimonio posteriormente. No obstante, la vida de libertades sexuales que llevan provoca la ruptura de la pareja, tanto por las trabas que impone la conservadora familia de Olga sobre Eric como por el fin de la pasión entre ambos. El personaje de Hauer se ve sumido en un infierno en el que intenta olvidar su relación teniendo sexo con otras chicas, pero finalmente se vuelve a encontrar con Olga, hospitalizada por un cáncer que le provoca la muerte. Así, de manera simbólica, el sueño de la juventud de la década se ve destrozado, no por el conservadurismo, sino por la cruda y dura realidad de la vida humana.

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Delicias turcas supuso para Paul Verhoven el reconocimiento y la denostación en su propio país. Media Holanda la consideró una película demasiado absurda y pornográfica; la otra mitad la reconoció como una obra maestra con una historia de amor singular. Fue, además, la película más taquillera de los Países Bajos, siendo premiada en el Festival de Cine de su nación en 1999 como la Mejor Película Holandesa del Siglo XX, y fue nominada al Óscar a la Mejor Película Extranjera de 1973 (premio que se llevó La noche americana, de François Truffaut). Cuarenta años después, y desde el punto de vista actual, se podría decir que la película ha envejecido un poco mal. A ratos es interesante y a ratos no, pero es un documento útil para comprender a los jóvenes de aquellos años, de Holanda y de Europa Occidental en general.

Dos años después de haber conseguido un gran éxito con su segunda obra, Verhoeven siguió consolidando su carrera. En 1975 fue estrenada Katty Tippel, basada en las memorias de la escritora Neel Doff (1858-1942). Katty (Monique van de Ven) es la hija de una familia de campesinos holandeses de finales del siglo XIX que, abandonando el mundo rural, emigran a Ámsterdam en busca de prosperidad. Debido a la falta de recursos y al hambre que pasan sus padres y hermanos, Katty comienza a ejercer la prostitución, conociendo a clientes de la burguesía que le permiten ascender socialmente, siendo ella testigo de la extensión del socialismo entre la clase proletaria, así como de los conflictos y de las desigualdades sociales de la época.

En 1977 el cineasta holandés causó de nuevo sensación en su país y en el extranjero con otro de sus filmes más célebres: Eric, oficial de la reina. Inspirada en otro libro, Soldado de Orange, escrito por el héroe de guerra holandés Eric Hazelhoff Roelfzema (1917-2007), trata sobre cuatro estudiantes de la Universidad de Leiden que deciden alistarse en el ejército holandés para luchar contra los alemanes en la Segunda Guerra Mundial.

Uno de ellos, Eric Lanshoff (Rutger Hauer), es testigo de cómo, tras la ocupación, la población neerlandesa queda o bien sometida, o bien se ve obligada a colaborar con el enemigo, o bien resiste frente al invasor alemán. Junto a su compañero de estudios, Guus LeJeune (Jeroen Krabbé), Eric realiza todo tipo de misiones para luchar contra los ocupantes con el apoyo de los británicos: espionaje, sabotaje, bombardeos sobre Alemania siendo piloto de la RAF, etc.

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Con esta entretenida película bélica, Paul Verhoeven rodó la que hasta entonces era la película con el presupuesto más elevado del cine holandés, y resultó nominada al Globo de Oro y al Círculo de Críticos de Nueva York a la Mejor Película Extranjera en 1979. A ello habría que añadir que de esta cinta existen varias versiones de distinto metraje; aún así, y de acuerdo con los datos de la página Filmaffinity, la duración de la versión sin censura es de 165 minutos.

Tres años después, el director pasó del éxito al escándalo en su país natal con Spetters/Vivir a tope (1980), una película sobre tres adolescentes aficionados a las carreras de motocross que se enamoran de la misma mujer, una vendedora de un puesto de salchichas (Renée Soutendijk) que se aprovecha de ellos para poder mejorar su situación social. La historia, con un tono post-punk, parece demasiado simplona, pero Verhoeven la utilizó para criticar, una vez más, los prejuicios y el conservadurismo de la población en su país natal, de tal manera que media Holanda se escandalizó ante el tono visceral y rudo del film; tanto que fue formado un Comité Anti-Spetters que prohibía el estreno de la película en cualquier cine neerlandés.

Ya en plena década de los ochenta, Verhoeven decidió rodar una película mucho más estilizada que las anteriores, y el resultado fue uno de los mejores thrillers eróticos de la década: El cuarto hombre (1983), basada en la novela homónima del escritor Gerard Reve (1923-2006). El actor Jeroen Krabbé (1944) interpreta al propio Reve, un novelista bisexual y católico que tiene extraños sueños. Un día, huyendo de sus acreedores, viaja a la localidad de Vlissingen para dar una charla sobre literatura, conociendo allí a una admiradora de su obra, Christine Halslag (Renée Soutendijk), de la que se enamora. De repente, los sueños de Reve vuelven, y en ellos observa que tres hombres mueren a manos de una mujer-araña que resulta ser Christine. ¿El novelista podría ser en un futuro no muy lejano la cuarta víctima, el cuarto hombre, como indica el título? Por haber realizado una película con una trama más solida y con toques “hitchcockianos” y surrealistas, la película fue premiada con el Premio FIPRESCI del Festival de Toronto de ese año.

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No obstante, Paul Verhoeven estaba cansado de hacer cine sobre cuestiones sociales y tan europeo, y deseaba volver al cine de acción, sin que abandonara su peculiar estilo. Como precalentamiento antes de aventurarse a hacer cine en Hollywood, y con presupuesto norteamericano, dirigió Los señores del acero (1985), la antítesis de la serie Floris. En ella, un grupo de mercenarios de principios del siglo XVI, encabezado por Martín (Rutger Hauer en su última colaboración con Verhoeven), tras ser engañados por el señor de una ciudad italiana, Arnolfini, que se sirvió de ellos para recuperarla, deciden vengarse de él secuestrando a la princesa Agnes (Jennifer Jason Leigh), la prometida del hijo de Arnolfini.

En esta cinta, que gira en torno a la idea de que la muerte nos hace iguales a todos los seres humanos, Verhoeven demostró su capacidad para dirigir películas de alto presupuesto para el gran público, y pudo trasladarse a los Estados Unidos. Su estilo se volvería más visceral y escandaloso con cada película a partir de un proyecto que en principio había rechazado (literalmente, Paul tiró el guión a la basura, pero su mujer lo recuperó). El resultado fue una cinta con la que más de un cinéfilo habrá crecido: Robocop (1987).

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El argumento de Robocop, un título inolvidable de la ciencia-ficción de los ochenta, gira en torno a la muerte de un policía de la ciudad de Detroit, Alex Murphy (Peter Weller), convertido por una empresa que controla el Departamento de Policía (y el Detroit de un futuro no tan lejano), Productos Omnio Consumo (P.O.C.) en un super-policía robótico llamado Robocop. Éste no solo hará frente a la oleada de criminalidad que barre la ciudad, sino que también hará indagaciones sobre su verdadera identidad.

Sobre la cinta, hay que decir que parece una simple película de acción, pero Verhoeven no se queda ahí. A su manera, el director proporciona información sobre los Estados Unidos en la época del presidente Ronald Reagan entre 1981 y 1989: el miedo existente a una guerra nuclear con la antigua Unión Soviética; la situación de inestabilidad permanente en la que se encontraba el planeta; la manipulación de los medios de comunicación; el machismo al que se llegó después del feminismo de las décadas de los sesenta y setenta; una idea mal entendida del progreso, y la oleada de criminalidad surgida en el país desde principios de la década de los setenta.

En cierto sentido, también Paul mostró un tema profético que, hoy en día, parece haberse cumplido: ¿pueden las corporaciones y las empresas como P.O.C. controlarlo todo frente a los poderes públicos? Poco más de veinticinco años después del estreno de Robocop parece que sí, aunque de manera lenta y progresiva.

Y de un título de acción y de ciencia-ficción inolvidable pasamos a otro que tampoco ha sido olvidado. Se trata de Desafío total (1990), basado en el relato de Phillip K. Dick (1928-1982) Podemos recordarlo por usted al por mayor (1966). En el año 2084, Doug Quaid (Arnold Schwarzenegger), un trabajador normal y corriente, decide someterse a un tratamiento con alucinógenos en un laboratorio perteneciente a la empresa Recall para viajar al planeta Marte. No obstante, los efectos del tratamiento no salen como se esperaba, y Doug se encuentra en una realidad de la que no estamos seguros de si es auténtica o ficticia. Se podría decir que Desafío total es una de las últimas películas en tratar un tema recurrente en el cine de los años ochenta: la existencia de un mundo lleno de superficies y falsas apariencias que esconde una realidad que nunca sospechábamos que existía.

Aún en Hollywood, Paul Verhoeven regresó al género del thriller erótico antes utilizado en El cuarto hombre con otro de sus títulos más célebres y con el que en España se produce cada año cuando se repone en la televisión el “efecto Pretty Woman”: tiene mucha audiencia por algún detalle y no por la película en su conjunto. Evidentemente, no es otra que Instinto básico (1992).

Nick Curran (Michael Douglas), un detective de la policía de San Francisco que pasa por momentos bajos, recibe la orden de investigar el asesinato de una estrella de rock. La principal sospechosa del asesinato es la escritora de novelas de intriga Catherine Tramell (Sharon Stone en el papel que la dio a conocer), quien en sus novelas describe detalladamente cada uno de los asesinatos que presuntamente ha cometido. En medio de la investigación, Curran acaba cayendo preso en las garras de Tramell e intenta liberarse de ella, pero la pasión le va desbordando poco a poco. Respecto a Instinto básico vuelve a haber una división muy marcada entre quienes la detestan y quienes la admiran, pero desde su estreno sigue no dejando indiferente a cualquier espectador con pequeños detalles: el célebre cruce de piernas durante el interrogatorio, el picahielos, etc.

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Desde entonces, Paul Verhoven estrenó una serie de películas que fueron un auténtico fracaso, tanto de crítica como de público. Primero llegó la tan denostada Showgirls (1995), sobre el mundo de las mujeres de espectáculos en la decadente ciudad de Las Vegas y de la envidia existente entre ellas; después fue estrenada Starship Troopers (Las brigadas del espacio) (1997) sobre un grupo de soldados espaciales del futuro que invaden un planeta lejano y en la que el director holandés criticó toda forma de totalitarismo; y, por último, El hombre sin sombra (2000), sobre un científico (Kevin Bacon) que, tras haber descubierto la fórmula para hacer invisible la materia, decide experimentar consigo mismo, volviéndose de manera irreversible en un hombre invisible que va enloqueciendo.

La carrera de Paul llegó a un punto muy bajo a finales de la década de los noveta. Por un lado, había cometido demasiados excesos técnicos y sus tramas ya no funcionaban para con el público. Por otro lado, la industria cinematográfica estadounidense había evolucionado tanto y había dado unos pasos tan agigantados que Verhoeven ya no tenía sitio en el nuevo Hollywood. De modo que no tuvo más remedio que volver a su Holanda natal. Con la experiencia de los años, y reencontrándose con viejos colaboradores, el cineasta rodó una película notable, la otra cara de la moneda respecto a Eric, oficial de la reina, que resultó ser El libro negro (2006).

Ambientada de nuevo en la época de la ocupación alemana de Holanda durante la Segunda Guerra Mundial, la actriz Carice van Houten (1976), conocida sobre todo por su personaje de Melisandre en la serie Juego de Tronos, interpreta a Rachel Stein, una mujer judía que es capturada por fuerzas de las SS. Rachel consigue huir, pero es testigo de una masacre de judíos cometida por estos soldados, así como del robo de joyas y de dinero.

Como venganza, decide unirse a la Resistencia holandesa, siendo su misión hacerse pasar por una mujer de raza aria llamada Ellis de Vries para infiltrarse en el cuartel general de las SS. Allí seduce al capitán Ludwig Müntze (Sebastian Koch) para obtener información vital sobre los movimientos de los alemanes y para acabar con presuntos colaboracionistas. Mientras que Müntze acaba descubriendo la verdadera identidad de la protagonista (y se enamora de ella), Rachel consigue averiguar que existe un “libro negro” en el que están registrados los nombres de los principales colaboracionistas que trabajaban para la Alemania Nazi infiltrados en la Resistencia. E incluso sus pesquisas la conducen al descubrimiento de que los invasores pretenden robar los bienes arrebatados a los judíos holandeses fallecidos en la guerra.

A diferencia del film protagonizado por Rutger Hauer, en El libro negro se muestra que las fronteras entre el bien y el mal son más difusas de lo que parece; tan pronto se lucha contra el enemigo como luego se une a él. E incluso aborda un tema que durante mucho tiempo fue espinoso: el tratamiento antisemita que existía por parte de la población holandesa hacia los judíos, de modo que el fenómeno no fue exclusivo de la Alemania de Hitler, sino también de otros países europeos.

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Brillante desde el punto de vista narrativo y técnico, con una hábil mezcla entre el suspense, el thriller y el género bélico, y habiendo superado en cuanto a presupuesto el récord marcado por Eric, oficial de la reina en su país, el film de Verhoeven fue nominado a múltiples premios, recibiendo el Becerro de Oro a la Mejor Película en el Festival de Cine de Holanda de 2006. Así, Paul Verhoeven había recuperado el prestigio que había perdido en Hollywood.

Finalmente, en los últimos años Verhoeven ha estado trabajando en una serie de proyectos. Para la televisión, dirigió un mediometraje en 2012 titulado Steekspel (que significaría “Engañado”), sobre un magnate que celebra su cumpleaños con sus seres queridos, desmoronándose todo a su alrededor debido a una serie de sucesos sórdidos relacionados de algún modo con él. Aparte del ya mencionado proyecto sobre el Jesucristo histórico, también está comprometido en una adaptación del videojuego The Last Express, del creador de Prince of Persia; y Fuerza oculta, sobre un hombre que lucha contra el fundamentalismo islámico.

SUS INFLUENCIAS, ESTILO Y TRASCENDENCIA.

Las influencias cinematográficas de Paul Verhoeven han sido siempre muy variadas, pero cabe destacar a una serie de grandes maestros. Uno de ellos fue Alfred Hitchcock (1899-1980), de quien el cineasta holandés cogió prestado el elemento de suspense, así como la actitud “voyeurística” de sus personajes para poder rodar sus thrillers eróticos. También reconoce haber recogido elementos de Luís Buñuel y de Federico Fellini para retratar situaciones surrealistas o en las que la realidad está salpicada de superficies y elementos barrocos que la ocultan. Incluso tomó de Ingmar Bergman (1918-2007) elementos religiosos, su gusto por la Edad Media con El séptimo sello (1956) y el conflicto interno dado por la falta de fe.

Fuera del ámbito cinematográfico, el estilo cinematográfico de Verhoeven puede encontrarse también en otros elementos: en la educación católica que recibió de niño, e incluso en sus investigaciones sobre Jesús de Nazaret; la vivencia personal de la Segunda Guerra Mundial en su país; en las historias de ciencia-ficción y en personajes de cómic como Tintín (llamado en la zona neerlandesa Kuifje). Sobre Paul influyó también su formación universitaria en Matemáticas y Física, junto a la literatura de los escritores holandeses de posguerra (Reve, Wolkers, etc.), sensibilizada ante los grandes cambios socio-económicos y socio-culturales experimentados por la población holandesa desde el fin de la guerra.

Si algo define el estilo de este director es la exageración en la forma de ser de los personajes, violentos, rudos y egocéntricos, como el propio mercenario Martín interpretado por Rutger Hauer en Los señores del acero; también en los aspectos técnicos y visuales, dando el toque escandaloso y “gore” que caracterizan películas como Delicias turcas en cualquier plano o imagen con contenido poético.

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Otro aspecto a tener en cuenta es el retrato que hace de las mujeres. Generalmente suelen ser fuertes y decididas, tremendamente inteligentes y con muchos recursos, siendo capaces de vencer cualquier obstáculo para conseguir lo que sea, llegando incluso a humillar a los hombres. El personaje de Katty Tippel (Monique van de Ven) es el de una joven que consigue superar las dificultades de la época en la que nació, inspirado en un personaje histórico, la propia Neel Doff; Christine Halslag (Renée Soutendijk) y Catherine Tramell (Sharon Stone) son dos de las femmes fatales más sorprendentes del cine contemporáneo; así como Rachel Stein en El libro negro quien, en la identidad de Ellis de Vries, recuerda a una Marlene Dietrich posmoderna.

También se podría añadir la capacidad del director para cuestionar cualquier tema aparentemente tabú en la sociedad: las relaciones sexuales y el egoísmo de las relaciones de pareja en Delicias turcas; la homosexualidad en El cuarto hombre; los intereses empresariales en Robocop; el nacionalismo exacerbado y populista en Starship Troopers; y el antisemitismo en la ya mencionada El libro negro. Cabe decir que son puntos que muchas veces pasan desapercibidos a no ser que se sea un buen observador de películas.

Aparte, hasta hace poco tiempo, Verhoeven acostumbraba a trabajar con un mismo equipo de profesionales, rotando muchas veces entre película y película. Junto a guionistas como Gerard Soeteman o Joe Eszterhas (1944), el director contaba con dos directores de fotografía en distintos proyectos: Jan de Bont (1943), quien, aparte de sus trabajos con el director, fotografió grandes éxitos de taquilla como La jungla de cristal (1988), e inició su propia carrera como director de películas de acción como Speed (1994); y el alemán Jost Vacano (1934), quien trabajó en Das boot: el submarino (1981) antes de emigrar a Hollywood.

También se pueden mencionar a dos compositores de bandas sonoras en su etapa hollywoodiense: Basil Poledouris (1945-2006), quien compuso la banda sonora de Robocop, entre otras; y el maestro Jerry Goldsmith (1929-2004), muy conocido en la filmografía de Verhoeven por su impresionante trabajo en Desafío total. Aquí dejo el tema principal, célebre entre todos nosotros por sonar en la previa de los partidos de la Liga Española de Canal Plus.

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No obstante, y a pesar de ser un profesional consumado, el cine de Paul Verhoeven no tuvo una gran trascendencia sobre otros cineastas. Sus méritos más importantes fueron el haber dado a conocer el cine holandés fuera de su propio país, junto a haber contribuido en la evolución del cine estadounidense para, paradójicamente, ser víctima del resultado de esa evolución. También hizo despegar la carrera de un gran número de profesionales de la industria, más concretamente actores y actrices como Rutger Hauer o Carice van Houten, que siguen siendo grandes y respetadas celebridades en los Países Bajos, aparte de haberse dado a conocer entre el público internacional. Caso aparte es el de Sharon Stone, quien llegó a ser toda una estrella a nivel global por tan sólo haber interpretado la escena más tórrida del cine de los noventa.

En la actualidad, parece que este polémico holandés errante se ha convertido en un viejo maestro al estilo de El Bosco o Rembrandt en el terreno cinematográfico. Pero dentro de él sigue habiendo un niño travieso que espera sacar todavía su as en la manga en cualquier pantalla. Así que recemos, porque lo que muestre al público puede hacer tambalear el mundo.

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Comentarios

  1. Irene Pardo

    Adoro a Verhoeven, me encantan su fuerza atrevimiento. Es una lástima que parece que no hay muchos de su talla, no siquiera él mismo ahora.
    Fabulosa y original mirada la que has hecho a este director, Iñigo.

  2. Íñigo

    Muchas gracias, Irene. Ha sido un placer hacer este artículo, siempre me documento y le doy mi enfoque, que siempre trata de ser comprensivo y nada destructivo. Cuando lo terminé me entraron ganas de viajar a Holanda, jejeje.

  3. Miguel Ávalos

    Pedazo de Director Verhoeven, sin duda. Sus películas siempre han dado la talla, traten del argumento que traten. Uno de esos selectos Directores que no se corta un pelo. Así se hace.
    Felicidades por el artículo Íñigo, muy completo, didáctico y personal. De 10.
    Un saludo para ti!

  4. D4sser

    “Desde entonces, Paul Verhoven estrenó una serie de películas que fueron un auténtico fracaso, tanto de crítica como de público. [...]”

    He escuchado esto varias veces, y ha sido ahora leyendo este artículo cuando me ha dado por investigar un poco. Desgloso la taquilla (fuente: imdb.com) que tuvieron sus últimas películas americanas:

    - Showgirls: $37,702,961 (Worldwide) (Costó: $45,000,000)
    - Starship Troopers: $121,214,377 (worldwide) (Costó: $100,000,000)
    - El hombre sin sombra: $191,200,000 (Worldwide) (Costó: $95,000,000)

    Suma (redondeo) $350 millones $240 millones

    BENEFICIO: $110 millones

    Un director que en 5 años, los que distan entre la primera y la última película del balance, ha proporcionado 110 millones de dólares de beneficio. Entonces, ¿qué es eso de “director que llega a su punto bajo”, o que “sus películas ya no funcionan con el público”?

    Está claro que le botaron de “jolibud” por algo, por lo que sea, pero no por no reportar beneficios ni porque “se quedara descolgado” del “nuevo” cine. Quizá fue una decisión que simple y llanamente tomó (vuelve a Holanda inmensamente rico, con su gente), ya que ni siquiera se acostumbró a hablar inglés según cuenta él mismo.

    Espero que mi comentario sirva a la gente para que piense por sí misma y que no se limite a repetir lo que le dicen. Un saludo.

    • Íñigo

      Hola D4sser. En primer lugar muchas gracias por comentar y por compartir tu información, lo cual me anima a buscar más información y a escribir mejor mis artículos.

      La verdad es que no sabremos por qué Verhoeven se fue de Hollywood. Tal vez es por lo que dices tú, porque se hizo tan rico que decidió volver a su país natal. Pero también es cierto que su cine, a pesar de lo que pudo recaudar, no empezó a gustar tanto en Estados Unidos. Con “Starship Troopers” el publico se pensaba que iba a ver la típica película de ciencia-ficción de nobles soldados del espacio contra alienígenas malévolos, pero en realidad es una parábola del Totalitarismo; los “buenos” son en realidad los “malos”.

      Lo que quiero decir es que para el público estadounidense las películas de Verhoeven no eran tan “americanas” en el fondo, en los valores que transmitía, y mucha gente se sintió decepcionada. Y para la crítica no gustaron tanto porque ya rezumaban un poco del cine de los 80; el estilo barroco de hacer cine de la década anterior ya no tenía sentido en la década de los 90, que se tendía más hacia lo alternativo y a combinar distintas referencias e influencias fílmicas, como sí hizo Quentin Tarantino. Salvo con “Starship Troopers”, que ha sido poco valorada, con “Showgirls” y “El hombre sin sombra” se repite un poco el estilo de “Instinto básico”. Y te estoy hablando del efecto que tuvieron en Estados Unidos, no en Europa o en otras partes.

      Un saludo y repito, gracias por comentar.

      • D4sser

        Interesante el apunte acerca de los valores. No me había parado a pensarlo pero sí, los americanos son muy suyos, y puede que el amigo Verhoeven hiriera “sensibilidades”.

        En cuanto al estilo, discrepo rotundamente que se quedara rezagado. Es obvia su maestría y su polivalencia y su capacidad de mover películas de presupuestos muy elevados y, este punto es clave, películas “tecnológicas”, de hecho los “fondos verdes” son su especialidad.
        Por no hablar de su dirección de actores, si pudo dar empaque a Schwarzenegger en Desafío Total y a los chavales de Starship Troopers, aunque le hubieran cargado, no sé, con Tori Spelling, la hubiera hecho pasar por una Emma Thompson.

        Bueno, creo que por ahora, a menos que se anime a escribir una autobiografía, se mantendrá como un misterio su salida de Hollywood.

      • Jude

        No se quedó rezagado ni dejó de ser provechoso.
        Lo que quedó es relegado. A finales de los 90 la industria empezó más ferreamente a acotar lo que quería o no en sus películas.. Querían el pulso de buenos directores ( OliverStone, Verhoeven, MacTiernan,… ) Si, lo querían a priori, pero tan pronto empezaban a poner cortapisas, preferían coger a directores jóvenes muy manejables y que no planteasen problemas.. algún niñato medio gilipollas y muy friki que venga de hacer videoclips.
        ( Así surgió David Fincher,.. pero este no resultó tan gilipollas y sí tuvo carrera después.. pero mira lo que cuenta de Alien 3.. o mejor dicho, lo que no cuenta porque nunca hace declaraciones sobre esa película )

        Verhoeven podía haber seguido y hacer más películas como Hollowman.. Pero un tío con su talento y su energía.. prefirió hacer las maletas y buscar alternativas en otro sitio. A pelotas a este tío no le gana nadie. Y menos los ejecutivos de Hollywood.

        Ahora la industria le da trabajo a directores que no pongan veladuras a ningún tema. Y que en los tiroteos en vez de sangre salga polvo de color indefinido.

        • Iñigo

          Interesante aportación, Jude. Estados Unidos es un país muy puritano con sus cosas y sí, Verhoeven pudo haber seguido, pero los americanos son como son. Es posible que “El libro negro” se hubiese podido hacer allí, pero hería sensibilidades el tipo de trama, y le resultó más cómodo hacer esa película -con una Carice van Houten tremenda- en su país de origen que en América.

          Un saludo y gracias por leer y comentar.

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