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Orgullo cinematográfico

Por Fran Ocaña

Poquito a poquito, la sociedad y el cine en particular, van avanzando y la homosexualidad se aborda con más tolerancia, transigencia y entendimiento. Buen ejemplo de ello son los rumores en el mundo de la animación infantil, la segunda parte de Frozen y Buscando a Dory podrían incluir a los primeros personajes homosexuales en la historia de Disney y Pixar. Aunque en el caso de Dory, estrenada ya en nuestras pantallas, parece ser que la cosa sólo ha quedado en rumor. Sin embargo, no nos engañemos, el camino por recorrer en cuanto a respeto y comprensión en este tema es aún muy largo, tanto en la ficción como en la realidad.

Dicho esto, y aprovechando la semana anual de festejos en Madrid del “Orgullo Gay”, aquí dejo mi homenaje a su actual celebración. Una lista con 30 de los personajes y las películas más representativos de la historia del séptimo arte. Que la disfrutéis.

The Imitation Game (Descifrando Enigma) – Benedict Cumbertbach: Uno de los casos más actuales. La vida del matemático Alan Turing interpretada por Benedict Cumbertbach (Sherlock) que le valió una nominación a los Óscars como mejor actor en la penúltima ceremonia en Hollywood. Un científico que ayudó sobremanera a la victoria aliada frente a los nazis en la Segunda Guerra Mundial gracias a que consiguió descifrar códigos secretos alemanes. A pesar de ello, fue repudiado por la sociedad británica por su condición de homosexual. De desagradecidos está el mundo lleno.

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Monster – Charlize Theron: Otra que fue nominada, pero ésta además se llevó el premio, fue Charlize Theron después de dar vida (también biográficamente) a una prostituta lesbiana que asesinó a siete hombres en un año. Fue ejecutada por ello mediante inyección letal. La actriz sudafricana se metió de lleno en el papel, tanto que está casi irreconocible.

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Una jaula de grillos – Nathan Lane: A su vez, un remake de un film francés de 1978, Vicios pequeños. Este máximo ejemplo de la comedia de enredo nos muestra al hijo de Robin Williams a punto de casarse con la hija de un senador un ‘pelín’ conservador. Hasta aquí, nada que se escape de lo corriente u ordinario. El pequeño problemilla viene a darse si tenemos en cuenta que Robin Williams no es católico, sino judío, además de homosexual. A partir de aquí, el teatro que tienen que montar para aparentar ser lo que no son (ni por asomo) será delirante. Y para terminar, si ya eran pocos los obstáculos a salvar, imaginaos que a todo esto le añadimos la pareja de Robin Williams, que no es otro que un clon1 (algo más delgado) de Cameron Tucker (Modern Family), pues como comprenderéis la trama desvaría un poco más si cabe. Y atentos a Hank Azaria como criado, impagable.

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Brokeback Mountain – Heath Ledger y Jake Gyllenhaal: Ang Lee se llevó la estatuilla en Hollywood como mejor director tras contar la historia de dos vaqueros enamorados que tienen que tomar caminos distintos para salir adelante a costa de ocultar sus sentimientos y vivir una mentira el resto de sus días. Película cruda y efectiva que muestra la intolerancia y tozudez con la que comulgaban en los años 60 muchas zonas (sobre todo rurales) de los Estados Unidos. Lo triste, es que más de medio siglo después, tampoco es que haya cambiado mucho la cosa.

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La boda de mi mejor amigo – Rupert Everett:   Algo muy recurrente en el amplio género de la comedia es aquello de colocar como compañera/o inseparable de la o del protagonista a un personaje homosexual con mucha chispa. Rupert es uno de los ejemplos más distinguidos, tanto que su “George” eclipsa la mayoría de las veces al trío ‘matrimonial’ (Julia Roberts, Dermot Mulroney y Cameron Díaz).

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Mejor… imposible – Greg Kinnear: Un símil con el caso anterior que, paradójicamente, resulta a su vez tan diferente. Si entre Julia y Rupert había una fenomenal simbiosis, entre Jack Nicholson y Greg Kinnear ocurre todo lo contrario, al menos en un principio. Jack es un afamado escritor de novelas de amor cuya vida personal esconde otro ‘yo’ bien distinto, es grosero, pedante y homófobo. Y para su mala suerte, su vecino no es otro que un fracasado pintor gay. El perrito de este último, junto a Helen Hunt, darán la vuelta a la historia y conseguirán que ambos comiencen una hermosa amistad (como diría Rick).

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La vida de Adèle – Adèle Exarchopoulus: Muy polémica debido al alto contenido erótico en el metraje, originó algunas críticas negativas tachándola de mostrar las fantasías del director o de aquellos que superficialmente sólo fueran a quedarse con eso. No obstante, La vida de Adèle es probablemente la película sobre amor lésbico más importante de la historia del cine. Realista, emocional e inolvidable; tanto Adèle como Léa Seydoux y su pelo azul.

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Pride (Orgullo) – Ben Schnetzer:   Basada en un hecho real, Pride narra la curiosa y excepcional relación entre un grupo de lesbianas y gays de Londres y una comunidad minera de Gales. En los años 80, durante el mandato de Margaret Thatcher, el sindicato minero convocó una huelga que instó a un colectivo gay a recaudar fondos para la causa. Grupos muy distintos unidos por un objetivo común liderados por un joven entusiasta y tenaz Mark Ashton (Schnetzer).

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Boys don’t cry – Hillary Swank / Mi nombre es Harvey Milk: Los casos más trágicos e impactantes de la sociedad estadounidense sobre el género en los últimos años.

En el primer caso, si profundizamos en el tema, estaríamos ante la excepción de la lista. No hablamos de alguien atraído por personas de su mismo sexo, pues la película narra la historia real de Brandon Teena, que nació como mujer, pero sentía que era un hombre. Es decir, un chico transgénero heterosexual. Hillary Swank se alzó merecidamente con su primer Óscar tras interpretar al infortunado Brandon.

El segundo caso significa todo un hito, se trata de la historia del primer político abiertamente homosexual que ocupó un cargo público en Estados Unidos allá por la década de los 70. Sean Penn le dio vida en la pantalla y gracias a ello se llevó su segundo Óscar de la Academia.

Los detalles de ambas historias quedan en el aire, siempre habrá alguien que no haya visto la película ni conozca el hecho histórico y quizá quiera descubrirlo por sí mismo.

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Criaturas celestiales – Kate Winslet:   El descubrimiento para el séptimo arte de Kate Winslet. La historia sentimental de dos quinceañeras compañeras de colegio (la segunda en discordia fue Melanie Lynskey) que inventaron su particular mundo fantástico gracias a su gran imaginación, lo cual hizo que se creara un fuerte vínculo entre ellas, en una Nueva Zelanda de mitades del siglo pasado que consideraba la homosexualidad como una enfermedad. Basado también en un hecho real.

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Muerte en Venecia – Dirk Bogarde: El gran Luchino Visconti se atrevió, unos años antes de su muerte, con una controvertida  novela de Thomas Mann. Un compositor en crisis se recluye en Venecia una temporada para descansar. Conoce entonces a un andrógino adolescente (Björn Andrésen), del cual queda completamente prendado; no intercambian palabra alguna durante toda la historia, pero eso no es problema para que, irremediablemente, sienta mayor atracción a medida que pasa el tiempo. Es la película más antigua de la lista (1971), lo que le otorga un gran valor, sin lugar a dudas.

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Beginners – Christopher Plummer:   A base de flashbacks, Ewan McGregor recuerda a su recién fallecido padre, sobre todo sus últimos años de vida, en los que después de quedar viudo, abre al mundo su homosexualidad y disfruta el momento, desconocido para él completamente, junto a un hombre bastante más joven que él de una forma inocente y pura. Sensacional el señor Plummer, que se alzó con el Óscar como mejor intérprete de reparto.

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Mi Idaho privado – River Phoenix: Dos estrellas en ciernes por aquella época (1991), River Phoenix y Keanu Reeves, protagonizan este drama realizado por Gus Van Sant, dando vida a dos ‘chaperos’  que forjan una gran amistad. Un ‘trabajo’ que puede dar lugar a equívocos, pues sólo River es gay, y sí, está enamorado de Keanu.

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Fresa y chocolate – Jorge Perugorría / Antes que anochezca – Javier Bardem: La represión homófoba del régimen castrista expuesta, primero, a través de la gran amistad entre dos personas muy diferentes, un adoctrinado comunista (Vladimir Cruz) y un cultivado artista homosexual. Y sí, Jorge también está enamorado de Vladimir.

Y en segundo lugar, gracias a la biografía del poeta cubano Reinaldo Arenas, cuya caracterización por parte de Javier Bardem significó todo un logro en nuestro país, fue el primer actor español de la historia nominado al Óscar como mejor actor principal.

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Mullholland Drive – Naomi Watts: Muchas interpretaciones, como en la mayoría de sus trabajos, se podrían hacer sobre esta obra de culto de David Lynch, pero como la lista es mía, mi conclusión es la que vale en estos momentos, y dicha conclusión añade a Naomi Watts en la nómina. Sí, en esta onírica historieta Naomi es lesbiana y además está enamorada hasta el tuétano de Laura Elena Harring, hasta tal punto de querer matarla si no puede obtener su amor.

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Brüno – Sacha Baron Cohen: El irreverente Sacha Baron y su cruel pero inteligente forma de ridiculizar a la sociedad norteamericana. Rodada, como Borat, a modo de falso documental; Sacha no deja títere con cabeza y se ríe de todo y de todos a través de su “Brüno”, un homosexual reportero de moda austriaco. Evidentemente, los peores parados en esta nueva aventura son los refinados diseñadores y las grandes modelos.

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 Lazos ardientes – Gina Gershon: Tres años antes de que revolucionaran el mundo del séptimo arte para siempre, los hermanos, perdón, las hermanas Wachowski, se presentaron al mundo con un suspense neo-noir con un sensual dueto formado por Jennifer Tilly y Gina Gershon. Jennifer es la novia de un mafioso y Gina su atractiva nueva vecina, una ex-presidiaria homosexual.

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Dioses y monstruos – Ian McKellen: La biografía de los últimos días de vida del director James Whale, creador en cine del mítico Frankenstein (1930). El anciano y solitario realizador encuentra en su nuevo jardinero (Brendan Fraser) un fiel confidente. Le revelará toda su vida artística a la vez que sentirá una gran atracción por él. Ian McKellen bordó el papel.

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Medianoche en el jardín del bien y del mal – Kevin Spacey: Película de Clint Eastwood en la que Kevin da vida a un extravagante millonario coleccionista de arte que organiza una fiesta de Navidad para la alta sociedad. El asesinato del amante (Jude Law) del anfitrión durante la velada, convertirá el convite en todo un juego de misterio encabezado por un John Cusack como reportero ‘detective’ para la causa y nos mostrará a los variopintos personajes que pululan por la distinguida ceremonia (médiums y drag queens incluidos).

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Phillip Morris ¡Te quiero! – Jim Carrey: Jim Carrey protagoniza este mezcla de comedia y drama carcelario que increíblemente está basada en un hecho real. Después de dar por finalizado su aparente matrimonio convencional, una serie de ocurrencias en su nueva vida terminarán por enviarle a prisión. Allí se enamorará de su compañero de celda (Ewan McGregor), lo que desencadenará una serie de intentos de fuga y situaciones surrealistas para estar siempre al lado de su nueva pareja.

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Carol – Cate Blanchett y Rooney Mara: La película más actual de la lista. El director Todd Haynes repite fórmula con una historia en la Norteamérica de la década de los 50 (antes ya lo había hecho con Lejos del cielo, que también tocaba, entre otros embarazosos temas de la época, el de la homosexualidad) narrando la imposible relación entre el personaje que da título al film (Cate Blanchett), una mujer tristemente casada, y Therese (Rooney Mara), una joven aspirante a fotógrafa. Las dos actrices fueron nominadas en la última ceremonia de los Óscars y la cinta fue alabada unánimemente por la crítica mundial.

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Las horas – Julianne Moore: Julianne Moore es la protagonista de la segunda historia de la cinta (la película está dividida en tres episodios unidos por la novela de Virginia Woolf, Mrs. Dalloway). Enamorada en secreto de una vecina suya (también por los años 50), la lectura de dicha novela le hace replantearse su vida y pensar en abandonar a su familia. Si bien Nicole Kidman se llevó casi todos los honores tras encarnar a una sublime Virginia Woolf (Óscar incluido), Julianne también fue candidata como mejor secundaria.

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In & Out – Kevin Kline: En esta película la orientación sexual de Kevin Kline tiene dos momentos clave en el devenir de la historia: sorpresa y confirmación.

Sorpresa: al parecer ni siquiera él lo sabía, pues su vida transcurría sencilla y plácida como profesor de literatura y a punto de contraer matrimonio con su novia de toda la vida. Es un antiguo alumno el que se lo hace saber. Lo malo (o bueno) es que se lo hace saber de una forma un tanto peculiar, en el discurso de agradecimiento tras ganar un Óscar delante de millones de espectadores. Revuelo y estupor se entremezclarán desde entonces hasta la…

Confirmación: No poder bajo ningún concepto colocarse la camisa de manera más que informal para después bailar desenfrenadamente “I will survive” sin parar, terminan por hacer entrar en razón al bueno de Kevin y asumir algo que se veía venir. Dicha confirmación, por cierto, es brutal.

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Philadelphia – Tom Hanks: Brillante actuación de un Tom Hanks que por aquel entonces daba sus primeros pasos fuera de la comedia. El papel de Andrew Beckett, abogado despedido improcedentemente tras contraer el sida, le reportó su primer Óscar de la academia y a su vez significó la primera estatuilla de la historia para un personaje homosexual. Su caracterización y su intensa forma de escuchar (o vivir) ópera, asombrosas.

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Tomates verdes fritos – Mary Stuart Masterson: Hay películas en las que la homosexualidad se abarca de una forma indirecta, detalles sutiles o, en ocasiones, más contundentes son los que marcan dicha orientación. El caso de Tomates verdes fritos, cuya novela en la que se basa sí que profundiza en la relación entre las dos protagonistas, es un gran ejemplo.

No suelo destripar argumentos de ninguno de los largometrajes a los que hago referencia en mis listas, supongo que a nadie le gusta que le cuenten los acontecimientos de una historia que desea conocer por sí mismo, pero con esta película voy a hacer una excepcional excepción, aprovechando una antigua ácida (pero sin un ápice de maldad) crítica que yo mismo escribí hace tiempo, para dar fe del lesbianismo del personaje de Idgie Threadgoode, ante aquellos que niegan dicha homosexualidad (que los hay).

Resumen lésbico de la vida de Mary Stuart (aprovechando tópicos y estereotipos fáciles):

1 – Inicios: siendo una cría se viste como una auténtica señorita para acudir a una boda y se repugna a sí misma. Finalmente asiste con un peto vaquero, algo muy femenino como todo el mundo sabe.

2 – Amor verdadero: en la adolescencia, camino de la madurez, conoce al amor de su vida, la señorita Ruth Jamison (Mary Louise Parker). Varios hechos lo delatan: 1º bañándose borrachas en el río el día del cumpleaños de Mary Louise, ML le comenta a MS que se va a casar. Rotura inminente del corazón de MS, pero rotura plena. La cara que pone MS no es de: “joder se casa mi mejor amiga, voy a dejar de verla, que putada, etc, etc. Su cara es claramente de: “joder se casa mi amor platónico, me has hecho pedazos el corazón maldita perra”. 2º Ni siquiera acude a la boda de la que se supone es su mejor amiga, y no va porque está despechada que te cagas y su orgullo herido de muerte. 3º Para finalizar, no acude a la ceremonia, pero sí sigue a los recién casados a su casa al finalizar la velada como una asesina psicópata. Lo lógico entre superamigas.

3 – Momento soñado por MS: la vida sonríe a MS, ha abierto un restaurante que va de maravilla junto a su amor y el marido de ML no da señales de vida. Se produce el momento soñado, MS y ML están en la cocina preparando unas  recetas cuando de pronto se enzarzan en una lucha de especias y condimentos que acaba con las dos en el suelo rebozadas en mil ingredientes… momento lésbico perfecto. Pero MS está un poco lenta a la hora de atacar y aparece en escena un segundón que manda al traste el momento soñado por MS.

4 – Desahogo y satisfacción de MS: aunque de manera indirecta, acabar con la vida del marido de ML fue un momento clave en su vida. Desahogo y satisfacción porque ya no tendría rival a la hora de cortejar a ML, sería suya para siempre. Y también porque matar al marido de tu amor platónico, aunque políticamente incorrecto, es un sueño hecho realidad. Por cierto, incitación al canibalismo ya que estamos (barbacoa con condimento, sí señor).

5 – Declive de MS, (historia en la que no se profundiza en la película): muere ML y su vida ya no tiene sentido, se siente sola e insegura. Por lo tanto oculta definitivamente su lesbianismo casándose y teniendo un hijo. Hay que decir en favor de la pobre MS que no se la puede reprochar su silencio homosexual, ya que por aquella época y en esas tierras, si le da por salir del armario según asoma la cabeza se la cortan.

6 – Nueva y última etapa en la vida de MS: una anciana MS se dedica a detectar en el ambiente a mujeres con problemas sentimentales para contarle sus historias lésbicas desde un punto de vista muy emocional y con un mensaje de autoconfianza para dar puntilla final a la relación matrimonial de la mujer que escuche su historia.

Fin lésbico.

Postdata: A decir verdad, visto así, tal vez no hay sutileza alguna en el tema, es una película homosexual sin tabúes en toda regla.

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Cuatro bodas y un funeral – Simon Callow y John Hannah: Y otro de los que comulga con la sutileza (ésta bastante más marcada) anteriormente comentada, es este ya clásico, que lanzó a la fama a Hugh Grant. Por desgracia, el funeral al que hace referencia el título, rescata la relación intelectual que hay entre dos de los destacados personajes secundarios de la historia.

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Azuloscurocasinegro -  Raúl Arévalo / Martín (Hache) – Eusebio Poncela: ¿Y quién va a representar a nuestro cine? Verdaderamente es difícil elegir un solo personaje. Almodóvar es, sin duda, el director que más ha escenificado en pantalla el colectivo homosexual (Eusebio Poncela y Antonio Banderas en La ley del deseo, Rossy de Palma en Kika, y de manera más genérica, La mala educación y Los amantes pasajeros), aunque a veces de una forma que roza hasta lo surrealista (Alaska y Eva Siva en Pepi, Luci y Bom…, entre otras), pero por suerte, no el único, de manera más actual Julio Medem, por ejemplo, con su Habitación en Roma. En fin, que es arduo trabajo destacar a alguien en concreto. Asimismo, a nivel internacional es incluso más complicado saber quien ha calado más hondo. Así que no me queda otra opción que elegir de manera subjetiva los componentes de la lista, es decir, los que yo quiero porque yo quiero.

Por un lado “Israel” en la ópera prima de Daniel Sánchez Arévalo, Azuloscurocasinegro, un drama social adolescente, en el cual ponía el toque de humor a la historia en la mayoría de las escenas mientras iba aceptando su homosexualidad a la vez que descubría también la de su padre. Supuso el lanzamiento del ahora ya conocido Raúl Arévalo (La isla mínima).

Y por otro lado, mi favorito, “Dante” (Eusebio Poncela) en Martín (Hache). Hache es el hijo de Martín, un director de cine argentino que vive en Madrid. Y su mejor amigo es un actor que vive al límite las 24 horas del día, drogadicto y promiscuo, pero sobre todo honesto, inteligente y culto. Toda frase suya durante la película es, cuanto menos, espeluztacular. Aunque su ambigüedad sexual deja muchas dudas, pues como él mismo declara, no le seducen ni las mujeres ni los hombres, lo que verdaderamente le seducía queda claro en una de sus extraordinarias sentencias: “hay que follarse a las mentes”.

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Kiss Kiss Bang Bang – Val Kilmer: Una parodia curiosa, inteligente, con gancho y grotesca del cine negro clásico. Una historia de detectives con una pareja protagonista químicamente notable. Robert Downey es el caricaturizado tipo duro y Val Kilmer fue su partenaire fino, elegante, inteligente y… gay. El bueno de Val lo clavó y con ello se convirtió en el último ganador del premio Satellite al mejor actor de reparto en comedia o musical (2005).

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El señor de los anillos – Elijah Wood y Sean Astin: Sí, joder, todos lo sabemos pero nunca lo decimos, basta ya de tabúes, Frodo y Sam eran pareja. Esa forma de mirarse…  Aunque todo hay que decirlo, la suya es una historia desgarradora y triste. Si no es por Sam la odisea de la pareja no pasa ni de la Comarca, la de veces que le salva el culo al señor Frodo. Pero Frodo, con una actitud altiva y arrogante nunca lo tiene en cuenta y no hace más que infravalorarle kilómetro a kilómetro del camino. Todo el mundo sabía que esa relación estaba abocada al fracaso y el final de la historia no hacía otra cosa que corroborar todo lo anterior. El final es cruel, pero evidentemente predecible vistos los acontecimientos: Frodo Bolsón se lleva toda la gloria y deja tirado a Sam sin darle explicaciones.

En fin, la intrahistoria de la Tierra Media tiene estas cosas, que le vamos a hacer.

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Las aventuras de Priscilla, reina del desierto:   Esta comedia dramática y road movie australiana, protagonizada por un trío rocambolesco de drag queens (un impresionante Terence Stamp, Hugo Weaving antes de ser “Elrond” o “el agente Smith” y Guy Pearce, también antes de protagonizar Memento o L.A. Confidential), es quizá el film de mayor culto en la comunidad gay. Bajo una aparente imagen hiperestereotipada, sobre todo gracias a una ‘loquísima’ Guy Pearce, Priscilla realmente fue la primera película sobre el tema en mostrar las inquietudes y emociones de sus protagonistas, algo que en realidad no debería sorprender porque no dejan de ser las inquietudes y emociones de cualquier persona humana, pero lo dicho, como la imagen en el séptimo arte se ha usado frívolamente de manera persistente pues acabó siendo toda una novedad; novedad agradable, pionera y, por suerte, rompedora de clichés. Con Priscilla, que por cierto, era el nombre del autobús con el que los protagonistas realizan el gran viaje por el continente oceánico, cerramos la lista.

Alguno os faltará y alguno os sobrará, pero ya sabéis, es mi lista y me la llevo. Sólo espero que os haya entretenido un mínimo. Y para una posible segunda parte acepto sugerencias. Hasta la próxima.

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1   Bueno, realmente el clon es Cameron Tucker y no al revés. Sin lugar a dudas, los guionistas de Modern Family se fijaron en Nathan Lane, o al menos, de vez en cuando les vendría su imagen al cerebro a la hora de crear el personaje interpretado por Eric Stonestreet.

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