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No tan héroes

Por Benjamín Obiang

La evolución en el mundo de las series ha traído consigo nuevos estereotipos. La progresión en la profundidad de las historias y consecuentemente de sus personajes ha hecho que los productores cuiden más la psicología, la historia, las virtudes, etc.

Si hace unos años me hubiesen dicho que triunfaría una serie en la que el protagonista era una persona sin un atisbo de sentimientos que disfruta asesinando a sus víctimas, me hubiera echado las manos a la cabeza. Lo que es totalmente cierto es que más que excepciones se ha convertido en una especie de propensión a que los protagonistas sean personajes con un lado muy oscuro.

Uno de los menos conocidos es Tom Kane, Alcalde de Chicago, protagonista de la serie –tristemente cancelada- Boss. A pesar que el personaje se adentra totalmente en la política, nos recuerda bastante a alguno de los que trataremos más adelante. Quien se aferra al poder utiliza toda clase de estrategias para mantenerse en su trono, blandiendo espadas, teniendo ojos en sus espaldas, sacrificando su familia y su inocencia.

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Si hay alguien que es capaz de unificar un traje de chaqueta con grandes inseguridades ese es Don Draper. A la vista se presenta como una persona infalible en su trabajo, un Don Juan con las mujeres y casi el prototipo de cada hombre. Sin embargo sus actividades extramatrimoniales, su pasado turbulento y su visión confusa sobre la vida le convierten en una persona inestable. Estos ingredientes unidos al gran contexto en el que se sitúa Mad Men, convierten a Don Draper en un personaje para la historia.

Quizás, el más “comercial” y conocido sea el gran Gregory House. Protagonista de la serie Dr. House MD, no sólo se define por su comportamiento misántropo y su gusto por la soledad, sino que a esto se le añade dos aspectos/dolencias algo atrevidas para una serie de la FOX: su adicción a las drogas y una cojera permanente. Estos factores, unidos a la gran inteligencia y capacidad de intuición de House le convierten en un profesional que no se deja llevar por los sentimientos, es más, su gran mente “asesina” a esos sentimientos analizando a sus pacientes únicamente como unos enigmas.

Sin embargo, la joya de la corona de esta serie de personajes es el interpretado por el desaparecido James Gandolfini. Por supuesto no requiere presentación, pero por si hay algún despistado que sepa que hablamos de Tony Soprano, protagonista de una de las series más aclamadas de la historia: Los Soprano. Si hay quien se ha sorprendido de cómo un protagonista puede sufrir una cojera, de ser un mujeriego o de hacer lo que tiene que hacer en cada momento, Tony va más allá. Capo de la mafia, sociópata, asesino, adúltero; es decir, una persona que nunca querríamos tener de compañero. El gran dibujo del personaje, la majestuosa interpretación de James Gandolfini y la historia donde se ubica hace que sea, posiblemente, el mejor personaje que se ha hecho en televisión.

La pregunta es, ¿cómo amamos a estos protagonistas dotados de caracteres contrarios a lo que creemos que tiene que existir en una sociedad? Lo que está claro es que el espectador, cada vez más, exige más a la hora de disfrutar con el personaje: no sólo en sus virtudes, si no en sus fallos. Nos preguntamos el porqué de sus actuaciones, cuál es su historia, qué es lo que quiere realmente y si puede cambiar. En resumidas cuentas, en un triunfo de los creadores de estos personajes.

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Comentarios

  1. Lenny

    Y hay un montón más… hemos pasado de héroes valientes, caballerosos y con gran moralidad a adorar a delincuentes como Enoch “Nucky” Thompson de “Boardwalk Empire” que tan bien interpreta Steve Buscemi. Otras series con “malos” que son un imán para las audiencias podrían ser “Breaking Bad”, “Homeland” y como no “Juego de tronos”.

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