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Luis García Berlanga: Un cine de proporciones… ¡austrohúngaras!

Por Íñigo Bolao

Fue uno de los mejores cineastas satíricos de la historia del cine español y de la Europa del siglo XX, y hace casi tres años que nos dejó. Él mostró mejor que nadie que toda la vida en nuestro país se resumía en cuatro cosas: ir de charanga en charanga; que nuestras batallas del día a día se reducían a constantes choques de egos; que, si todo nos iba mal, podía irnos peor; y esa extraña obsesión por el sexo que disciplinados curas y madres conservadoras trataban siempre de reprimir a nuestros padres y abuelos. Vivió el fin de la Restauración y la Dictadura de Primo de Rivera (1921-1930), la Segunda República y la Guerra Civil (1931-1939), el Franquismo (1939-1975) y la España Actual (1975-2010), mostrando mejor que nadie que, aunque en España se hubiese progresado, dicho progreso era superficial, permaneciendo oculto algo rancio y religioso en nuestra naturaleza de lo que nos cuesta desprendernos.

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Luís García Berlanga fue uno de los cineastas más influyentes de nuestra cinematografía y uno de los mejores cronistas de la España de su tiempo, situada entre la permanencia y el cambio. Con un tono mordaz e hilarante, puso patas arriba, con una calculada autocensura hasta 1975, las convenciones morales y sociales de los españoles del momento.

Este artículo trata, brevemente, sobre su vida, filmografía e influencias sobre su cine y sobre otros autores. También con éste quisiera animar a los demás colaboradores de Ojo Crítico a escribir sobre cine español para la revista, el cual siempre está necesitado de una crítica permanente, y que tiene una historia tan singular como el suelo que pisamos.

SU VIDA

Luis García-Berlanga Martí nació el 12 de junio de 1921 en Valencia, en el seno de una familia de terratenientes. Su padre, con la victoria electoral del Frente Popular en febrero de 1936, fue nombrado gobernador civil por la formación de centro-izquierda Unión Republicana de Diego Martínez Barrio, que formaba parte de la coalición arriba mencionada. Con el estallido de la Guerra Civil huyó a Tánger al ser perseguido por las facciones de extrema-izquierda, hasta ser arrestado por las tropas nacionales.

En su juventud, Berlanga, para evitar represalias políticas, y animado por sus amigos, afiliados a FET y de las JONS, se alistó en la División Azul, participando en las campañas del Eje contra la Unión Soviética entre 1941 y 1943, año este último en el que recibió un premio por el Sindicato Español Universitario (SEU) de Valencia por haber escrito un artículo titulado Fragmentos de una primavera en Hoja de Campaña de la División Azul.

Ya de regreso a España, cursó estudios de Derecho y de Filosofía y Letras, hasta que en 1947 ingresó en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas de Madrid, posterior Escuela Oficial de Cine en 1962 y ahora desaparecida con su integración en los planes de estudio de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. Durante sus años de estudio en el instituto, conocería a otro de los “tótems” del cine español de los años cincuenta, Juan Antonio Bardem (1922-2002), con el que colaboraría en la dirección de la película Esa pareja feliz (1951).

En relación con su vida familiar, Luis contrajo matrimonio en 1954 con María Jesús Manrique de Aragón, y tuvo cuatro hijos con ella, entre ellos el periodista y guionista Jorge Berlanga, (1958-2011), con quien escribiría los guiones de Todos a la cárcel (1993) y París Tombuctú (1999); y el músico y compositor Carlos Berlanga (1959-2002), destacada figura de la “movida” madrileña.

Luis García Berlanga moriría en Madrid el 13 de noviembre de 2010, y dos años antes de su fallecimiento depositó en la Caja número 1034 de las Letras del Instituto Cervantes un sobre cuyo contenido ha solicitado que no se revele hasta el centenario de su muerte, en 2021. (¿Cuál será ese secreto?)

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SU OBRA

En 1951, tras haber realizado diversos cortometrajes y pequeños trabajos, Berlanga comenzó su carrera cinematográfica con la ya mencionada Esa pareja feliz, codirigida con Bardem. Esta película, protagonizada por Fernando Fernán-Gómez y Elvira Quintillá, sobre un matrimonio que participa en un concurso de una marca de jabones para ser elegida “la pareja feliz”, y escondiendo ambos secretos turbios, fue realizada en una época simbólica para el cine español. El Neorrealismo Italiano comenzó a ejercer su influencia sobre el cine patrio, surgiendo como resultado filmes que abordaban la realidad nacional de manera crítica y con un cierto tono costumbrista. Ello supuso el abandono del doctrinal “Cine de Estado” promovido por el régimen de Franco a la vez que finalizaba la posguerra y era abandonada progresivamente la política económica autárquica.

Desde aquella película, y a diferencia de Juan Antonio Bardem, el cineasta valenciano se movería entre dicho costumbrismo y la realidad del momento. Utilizó la fórmula del sainete como coartada para esconder las denuncias que realizaba en sus películas. El Neorrealismo Español ya estaba dando sus primeros pasos, y fue el primero de los grandes movimientos cinematográficos de nuestra historia fílmica.

Ahora bien, sólo faltaba su reconocimiento a nivel mundial en diversos festivales, y éste llegó de la mano de una cinta sobre las ilusiones de los habitantes de un pueblecito llamado Villar del Río, coincidiendo con la apertura de España al extranjero en plena Guerra Fría. El resultado fue, evidentemente, ¡Bienvenido, Mr. Marshall! (1952/1953).

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La historia, sobre los habitantes de esta localidad que esperan con ansia la llegada de los americanos para disponer de millones de dólares para hacer sus sueños realidad (y que, al final, les dejan tirados a los pobres), tuvo muchísimo éxito pero, a la vez, causó polémica en el Festival de Cannes de 1952. El presidente del jurado de aquella edición, el actor Edward G. Robinson (conocido por su papel del mafioso “Rico” en Hampa dorada (1930), de Mervin le Roy, intentó prohibirla por ser injuriosa para Estados Unidos. E incluso la polémica vino también porque, a modo de publicitarla, se distribuían billetes de dólar con los rostros de los actores Pepe Isbert y Manolo Morán. Los marinos de la Armada se sintieron escandalizados, y Luis tuvo que declarar en comisaría.

A pesar de todo, la película pudo estrenarse y recibió la aclamación de la crítica y del público. Desde entonces, ¡Bienvenido, Mr. Marshall! es una parte indispensable de nuestra conciencia colectiva. La España de pandereta, jolgorio, intereses e ilusiones nunca estuvo mejor representada que en dicho film, cuyo guión fue escrito por el propio Berlanga, junto a Bardem y el célebre dramaturgo Miguel Mihura (1905-1977).

A ¡Bienvenido Mr. Marshall!, y continuando Berlanga con el uso de su peculiar combinación entre sainete y crítica social, siguieron tres películas más: Novio a la vista (1954), sobre los noviazgos forzados de principios del siglo XX; la notable Calabuch (1956), sobre un científico americano, el profesor Hamilton (Edmund Gwenn), quien, huyendo de sus obligaciones para con el Estado Federal americano de fabricar más bombas nucleares, busca refugio en un pueblecito de la costa valenciana llamado Calabuch; y Los jueves, milagro (1957), una comedia sobre un grupo de habitantes de una localidad llamada Fuentecilla que organizan un falso milagro para que el balneario del pueblo vuelva a recibir visitantes y sea posible reactivar la vida económica del mismo.

Mientras tanto, los tiempos cambiaban demasiado rápido. La integración política y económica del régimen franquista en el concierto de las naciones culminó con la puesta en marcha del Plan de Estabilización de 1959, el paso obligado para avanzar hacia una época de desarrollo económico y de prosperidad nunca antes vista en la historia de España. El modo de vida de millones de españoles ya no volvería a ser igual e, irónicamente, fueron estas transformaciones las que, tarde o temprano, acabaron con el Franquismo, que intentaba adaptarse como podía a los nuevos vientos.

Y, así como cambiaba el país, así cambiaba también el cine español. Con las Conversaciones de Salamanca de 1955, los grandes cineastas del momento plantearon la posibilidad de hacer un cine más conectado con realidad. En el caso de Berlanga, todo cambió con la llegada de un novelista y guionista especializado en el humor negro, que había trabajado en los guiones de dos películas dirigidas por el director italiano Marco Ferreri (1928-1997): El pisito (1958) y El cochecito (1960). Se trataba de Rafael Azcona (1926-2008), uno de los mayores colaboradores del valenciano.

El tándem Berlanga-Azcona fue formado a partir de uno de los grandes títulos del cine español, Plácido (1961). Es Nochebuena, y un grupo de mujeres de la burguesía de una ciudad de provincias deciden organizar una campaña de solidaridad con los pobres para darles de comer y techo, siendo llamada la campaña “Siente a un pobre en su mesa”. Un trabajador de unos urinarios, Plácido (Cassen), participa con su motocarro en la campaña, su único modo de vida, e intenta pagar la última letra del vehículo el día de Navidad, cuando vence, antes de que se la quiten por impago. En el film se suceden todo tipo de sucesos que muestran la hipocresía social de las clases altas y la bajeza de las clases bajas… y al pobre Plácido no le hacen ni caso.

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Dos años después fue estrenada la que probablemente sea la obra magna del cine español: El verdugo. Nunca en ninguna otra cinta del Neorrealismo Español se mostró con tanta inteligencia e ironía el sutil choque entre las tradiciones y la modernidad, la vida y la muerte, España y el mundo.

Aunque más adelante haré una crítica dedicada únicamente a El verdugo (porque lo merece), trata a grandes rasgos de un hombre llamado José Luis (Nino Manfredi), un trabajador de una funeraria que se enamora de Carmen (Emma Penella), la hija de Don Amadeo (Pepe Isbert), un longevo verdugo. Abandonando la posibilidad de emigrar a Alemania, y al casarse con Carmen, la pareja decide comprar un piso, pero para ello José Luis debe ocupar un puesto que le permita acceder a ese lujo… concretamente el de verdugo, heredando la profesión de Don Amadeo, que está a punto de jubilarse.

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Desde 1963, y hasta la muerte de Franco en 1975, Berlanga siguió dirigiendo. Entre Plácido y El verdugo colaboró en el film colectivo Las cuatro verdades (1962), basada en cuatro cuentos del fabulista francés Jean de la Fontaine; además de otras tres películas: La boutique (Las pirañas) (1967), sobre un hombre de negocios de disipada vida; ¡Vivan los novios! (1970), cuyos protagonistas son un matrimonio que intenta esconder el cadáver de la difunta madre del novio (José Luis López Vázquez) para no pasar por un año de luto; y Tamaño natural (1973), protagonizada por Michel Piccoli y en la que un hombre que lo tiene todo en esta vida se encapricha de una muñeca hinchable que la adora como su propia mujer.

Después de más de treinta años de Franquismo, Berlanga, libre de la censura y de cualquier tipo de traba institucional que revisara y censurase sus guiones, estrenó en 1978 La escopeta nacional. En los últimos años de la dictadura, un industrial catalán, Jaime Canivell (José Sazatornil) participa en una cacería en la finca de los marqueses de Leguineche para poder vender sus porteros automáticos a los ministros y hombres de negocios del régimen, aunque a Canivell no le saldrá todo bien, como a otros personajes del cine de Don Luis.

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Asimismo, La escopeta nacional fue la primera parte de una trilogía protagonizada por los marqueses de Leguineche, una familia de vagos aristócratas monárquicos compuesta por un padre indulgente y obseso sexual (Luis Escobar), un hijo también obsesionado por las mujeres (López Vázquez), la iracunda esposa de éste (Amparo Soler Real), el cura de la familia (Agustín González) y su fiel sirviente (Luis Ciges). Seguirían a ésta Patrimonio nacional (1980) y Nacional III (1982).

También, con el fin de la dictadura, fue posible para Berlanga poder hacer una película sobre la Guerra Civil Española. Había escrito una serie de guiones previos que, sin embargo, fueron censurados, hasta que en 1985 sus esfuerzos culminaron con el estreno de La vaquilla. En el Frente de Aragón se celebra una fiesta en la zona nacional. Las tropas republicanas quedan desmoralizadas ante la noticia, y un grupo de soldados, encabezados por el brigada Castro (Alfredo Landa) y el teniente Broseta (José Sacristán) forman un grupo para poder matar a la vaquilla del encierro y aguar la fiesta al enemigo haciéndose pasar por soldados del bando contrario y que así se pueda recuperar esa moral perdida para el bando republicano, siendo la vaquilla una metáfora viviente de España.

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Posteriormente, Berlanga realizó sus últimos trabajos. Rodó en su Valencia natal Moros y cristianos (1987), que trata sobre una familia de empresarios del turrón que intentan vender sus productos en Madrid, siendo además su última colaboración con Rafael Azcona. En 1993 realizó la película con la que ganaría el Goya al Mejor Director, Todos a la cárcel, en la que se celebra el Día Internacional del Preso de Conciencia en una cárcel Modelo como tapadera para trasladar a un preso muy peligroso, siendo una película no tan buena, pero que también recibió en los Goya el premio a la Mejor Película. Junto a dos trabajos en televisión, las series Villarriba y Villabajo (1994-1995) y Blasco Ibáñez (1997), hizo su última película, París Tombuctú (1999), sobre un hombre, cansado de la vida, que hace la ruta París-Tombuctú en bicicleta. Por último, dirigió un cortometraje titulado El sueño de la maestra (2002). Así finalizó la carrera de un gran cineasta.

SUS INFLUENCIAS, ESTILO Y TRASCENDENCIA

El mundo de Luis García Berlanga sería imposible de definir sino fuese por dos elementos aparentemente opuestos entre sí: el Neorrealismo Italiano, el movimiento cinematográfico más influyente de toda la historia del cine; y el ya mencionado sainete, un género teatral humorístico y costumbrista que surgió como evolución del entremés de los siglos XVII y XVIII, y que tuvo en Carlos Arniches (1866-1943) en el siglo XX a su principal representante.

Junto al esperpento de Valle-Inclán y el bagaje literario que llevó consigo en su juventud, se podría decir que su infancia en Valencia, lugar marcado por tres elementos muy “berlanguianos” (la fiesta, la paella y los fuegos artificiales) también pudo haber sido un elemento muy influyente en su estilo. Como curiosidad, la palabra “austrohúngaro”, que tantas veces se repite como golpe de efecto humorístico, viene dada por el hecho de que fue tan graciosa la primera vez que se utilizó que el cineasta la siguió empleando.

Los personajes de sus películas suelen ser personas humildes que desean vivir mejor, con sueños y esperanzas que, por fuerza de las circunstancias, chocan con una realidad repleta de individuos que sólo piensan en sí mismos, pero que disimulan ese egoísmo por medio de una hábil hipocresía. Así se repiten dos temas que son una constante en el cine de Berlanga: los choques de egos (más o menos sutiles) entre las personas y que a sus protagonistas todo les va de mal en peor, comenzando con nada y perdiendo aún más. El caso de José Luis en El verdugo es el más ilustrativo: empieza pobre, pero habiendo llevado a cabo su primera ejecución en su empleo de verdugo, pierde su dignidad, siendo pobre de humanidad desde ese instante.

En lo tocante a su trascendencia, Berlanga fue un cineasta decisivo en la evolución del cine español, y más de un cineasta ha bebido de sus películas. Pedro Almodóvar (1949), por ejemplo, recurre a su mordaz visión de España, sus gentes y costumbres, en películas como Átame (1989/1990), mostrando un anuncio sobre lo poco ahorradores y previsores que somos los españoles. Asimismo, Álex de la Iglesia (1965) y Javier Fesser (1964) reconocen que Berlanga les influyó en su manera de hacer cine. Aquí unas muestras:

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A modo de conclusión, este valiente cineasta ha conseguido, entre otras cosas, dar una imagen fiel de España y haber sentado una base necesaria para la evolución del cine español. Aun así, nuestro cine sigue moviéndose lentamente, intentando adaptarse a los cambios mundiales para mostrar una realidad que satisfaga a críticos y espectadores, españoles y extranjeros. Berlanga supo ganarse el favor de todos recurriendo a una mirada sincera, natural, espontánea y divertida.

Comentarios

  1. Iker Yañez

    Me encantaron sus últimas películas, La vaquilla, Moros y cristianos y Todas a la cárcel. También La escopeta nacional primera parte. No soy un super fan pero consiguió plasmar momentos muy de la realidad, muy españoles que no veremos en ninguna película americana.

    • Iñigo

      Hola Iker, y gracias por comentar. “La vaquilla” es de las primeras películas españolas que ví cuando empecé a convertirme en un cinéfilo, y es de las mejores películas sobre la Guerra Civil Española que se han hecho. “Todos a la cárcel” tiene unos momentos muy buenos, pero no la considero la mejor de Berlanga.

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