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Los nuevos Indies. De sundance a Hollywood. Parte 1

Por Gerardo Gonzalo

Con este artículo, inicio una serie que pretende hablar de los jóvenes cineastas independientes americanos, la mayoría poco conocidos, o directamente inéditos en nuestro país, pero  que un día pueden llegar a Hollywood y convertirse en Soderbergh, o por qué no, continuar en la periferia de la industria y seguir siendo un Hal Hartley. Un repaso a la cantera del cine USA.

MIRANDA JULY

Sin lugar a dudas,  nos encontramos ante un carácter iconoclasta, una artista total de la escena contemporánea que toca casi todos los palos. Nacida en 1974, ha hecho videos y performances, de esos que son carne de cañón de los museos de arte contemporáneo, es escritora, también músico, y por último y en su faceta más reciente, que es la que nos interesa, directora de largometrajes.

Dos son las películas que ha realizado hasta ahora. En 2005 estrena Tú, yo y todos los demás, escrita, dirigida y protagonizada por ella misma, sin lugar a dudas es una película que cayó de pie, y además de forma merecida, ya que tuvo sendos reconocimientos en el Festival de Cannes y en Sundance, y una muy buena crítica de Roger Ebert.

La película está muy bien, es una especie de Magnolia de Paul Thomas Anderson, pero más intimista y menos pretenciosa. Es una historia en las que se relacionan una serie de personas de todos los ámbitos, edades y ocupaciones, en un espacio muy concreto y en un entorno muy plano donde todos sienten la necesidad de cambiar y de hacer algo diferente. El film está lleno de originalidad, hay situaciones chocantes, divertidas, y todas ellas narradas con cierto grado de ensoñación naif que le dan a la cinta un toque de realismo mágico lleno de destellos de romanticismo clásico.

Miranda también protagoniza el film, y la verdad  su físico, como dice ella misma en la película, no permite establecer con claridad si es o no guapa, pero desde luego su técnica interpretativa y su presencia, no dejan indiferentes. Aquí, como en su siguiente película, podemos decir que hace prácticamente de sí misma ya que da vida a una mujer, que si bien trabaja de chófer, su auténtica aspiración es que sus performances hechas en vídeo, sean aceptadas por el museo de arte contemporáneo de su ciudad.

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No obstante, a parte de la historia, y la sensibilidad con que la rueda July, hay que destacar la gran interpretación de John Hawkes, que encarna a su personaje de forma extraordinaria y sobre cuyos hombros recae la mayor parte del peso de la película. Aparte todo el reconocimiento a  una serie de secundarios interrelacionados con una presencia y un peso específico propios en la historia.

En resumen, una muy buena película que hacía albergar muchas esperanzas y expectativas en su siguiente proyecto, que llegó seis años después, en 2011, y que se llamó El futuro.

La verdad es que el planteamiento del film, no puede resultar más atractivo, una pareja, llega a la conclusión de que ha llegado a un punto en la vida en que deben aprovechar el tiempo, deshacerse de sus ataduras e intentar hacer lo que realmente quieren, dejándose llevar.

El film nos sitúa en esta situación de forma muy original, y aquí las licencias narrativas, la magia y la imaginación son bastante más desbordantes que en su primera obra. Pero lamentablemente, tras la puesta en situación, en mi opinión la película naufraga, no sabes ni a dónde van, ni por qué hacen lo que hacen sus protagonistas.

Aquí da la impresión de que se quiere parecer a Michel Gondry, e introduce una serie de elementos arriesgados, que si no los combinas bien, pueden acabar resultando ridículos e incomprensibles. En resumen, la película no resulta  en su planteamiento estético, y yo personalmente, no la entiendo a partir de un determinado momento, una terrible decepción.

Nada más, aquí termina de momento la filmografía de Miranda July, tengo la sensación de que hará cine, pero seguramente de forma espaciada, parece que sus inquietudes son múltiples, y el cine no es una más que una de las mismas. No obstante, y por su primer largometraje, y algunos destellos del segundo -espero con interés su tercer trabajo y siguientes-, creo que deambularán por territorios más cercanos a la órbita de  las montañas de Sundance, que del calor de Hollywood.

Próximo capítulo…  Aaron Katz.

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