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Las últimas controversias cinematográficas

Por Gerardo Gonzalo

El árbol de la vida y Holy Motors

Durante muchos años, y sobre todo desde la irrupción de la nouvelle vague, en el mundo del cine han aparecido films que en un determinado momento han nadado a contracorriente y que suscitan opiniones que se mueven entre la enmienda a la totalidad, y la consideración de obra maestra. Se trata de películas  idolatradas por una determinada crítica, mientras la más generalista se lanza con saña contra estas, y que encuentran el sopor o la indiferencia absoluta en un público mayoritario, frente una minoría fiel seguidor de este tipo de productos.

Aunque podemos encontrar muchos ejemplos al respecto, me animo a escribir un artículo en este momento,  ya que creo que en las dos últimas temporadas, se han producido dos interesantes ejemplos de ello,  que además ejemplifican dos tipos muy diferentes, en origen y finalidad, pero igualmente radicales en sus propuestas narrativas y estéticas.

Estoy hablando de  El árbol de la vida de Terrence MalickHoly Motors  de Leos Carax, años 2011 y 2012 respectivamente.

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En el caso de El árbol de la vida su autoría corresponde al director más hermético, extraño y de culto que existe en el cine norteamericano, Terrence Malick. De él casi nada se sabe a nivel personal, ya que no concede entrevistas ni hace apariciones públicas (vamos lo más parecido que tenemos  a Stanley Kubrick). Es un realizador capaz de iniciar su carrera con dos extraordinarias películas como fueron Malas tierras y Días de cielo, donde ya atisbábamos cierto lirismo, pero que constituyen films de muy fácil seguimiento, que desaparece del mundo durante 20 años, para reaparecer con la magnífica La delgada línea roja, donde ya da muestras de un lenguaje y forma de contar la historia, muy particulares y un tanto herméticos.

En su penúltimo trabajo estrenado hasta la fecha El árbol de la vida, cosecha un reconocimiento muy amplio de la crítica especializada, se alza con la Palma de Oro de Cannes,  es nominada a varios Óscars, e incluso algún crítico ya la incluye entre sus 10 mejores películas de la historia del cine. Pero junto a todos estos reconocimientos, posiblemente también sea uno de los films durante cuyo visionado, más gente ha abandonado la sala antes de terminar la proyección, abrumados por la forma de narrar de Malick, y cariacontecidos porque pensaban que iban a ver una peli romántica de Brad Pitt.

Tras ver el film, reconozco no tener muy claro si me ha gustado o no. Hay momentos  en que me voy (mentalmente) del film, otras que me apasionan, algunos en que quiero que acabe ya, y otros donde rozo la emoción. Al final, termino cansado por el esfuerzo que requiere su visionado, y contento de que terminara, pero al cabo de unos días, todavía evoco alguno de sus momentos y mensajes, que me hacen olvidar en parte los suplicios de concentración que tuve, siendo mi opinión a día de hoy, la de que me gustaría volver a verla.

La historia, … bueno, un pretexto, una situación que busca trascender, explicar cosas más importantes. Con unos parámetros que calcan el planteamiento de La delgada línea roja, con la naturaleza, el hombre y ese ser supremo que asiste de espectador,  Malick traza un relato familiar donde describe, de una manera nunca vista el mundo de la infancia, y la incomprensión que causan las cosas que pasan en la vida, la muerte y los reveses personales, ante un Dios insensible, que como recuerda un sacerdote en el film «no sólo da, sino que también quita». Todo esto plagado en su prólogo y su final, de imágenes apocalípticas bellamente tratadas, y por momentos inacabables, sobre el inicio y el fin del mundo, el cielo y la tierra.

La ensoñación, las reflexiones etéreas, las imágenes del espacio, y la vida familiar contada a retazos, imprimen un tono al film, que creo que exige demasiado al espectador, incluso al más avezado que,  como yo en muchos momentos, y cual boxeador sonado, estoy a punto de tirar la toalla, y pedir una cuenta de protección, en forma de pausa para recuperarme del esfuerzo.

A pesar de todo, el film tiene algo que te acompaña durante bastante tiempo. Algunos conceptos e ideas que se señalan  son de gran fuerza. El relato familiar, aunque a veces pida una mayor linealidad, es fuerte, y algunos momentos (cuando los niños son bebés, o cuando la madre juega con ellos) son de una belleza y emoción sublimes. Pero me reafirmo, en que Malick se ensaña demasiado, y pide demasiado, lo cual puede crear serios y comprensibles rechazos.

Por otro lado, frente a la sublime, delicada, y cuidada estética  de El árbol de la vida, y su intento por explicar “el todo”, un año después aparece un contrapunto europeo, que busca un impacto y provocación menos sutiles,  y que transita por parajes reservados al surrealismo y el esperpento. Se trata de Holy Motors del francés Leos Carax, con sólo 5 películas en su haber en 30 años de carrera, y 13 años desde su anterior película en solitario, Pola X (vamos un poco como Malick, aunque de este sí sabemos más cosas, una de las cuales me causa una profunda envidia, y es que tuvo una relación sentimental con Juliette Binoche).

El film recorre numerosos festivales con éxito dispar, y la crítica aquí es radical, solo cabe o la alabanza más absoluta, que la encumbra a algunas listas de las mejores películas del año, o la descalificación más atroz, considerándola muchos, una tomadura de pelo.

Personalmente  apruebo el film. Me parece interesante, y creo que valió la pena pagar la entrada por verla, con lo cual, esto quizás me haga aparentemente militar en el sector talibán de la cinefilia. Pero también reconozco que no lo considero nada cercano a una obra maestra, y que si bien tiene momentos de gran impacto y audacia, otros resultan de una idiocia notable.

El film retrata las diferentes vidas vividas a lo largo de un día por un personaje, interpretado por Denis Lavant, que no sabemos realmente quién es. A partir de ahí, se suceden situaciones de todo tipo. Me gusta la parte del especialista de Motion Picture (hay momentos de sensualidad estética muy logrados), el señor merde (impactante él, y lo que ocurre), el padre (realismo puro) o el acordeonista (muy potente). La cuestión es que lo que menos me interesa sucede en la segunda mitad de la película, que por consiguiente va de más a menos. El que podríamos intuir como momento culminante (la secuencia con Kylie Minogue, porque sí, has leído bien, entre todo este delicioso disparate está la cantante australiana), no me parece que esté bien rodado, y la parte final de simios y coches parlantes, me parece lo más grotesco y ridículo del film (en esta parte final ya hubo cierto sector del público que no pudo aguantarse, y pude oír alguna expresión como “madredelamorhermoso”).

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No obstante, y viéndolas con la perspectiva que da el que haya pasado algo de tiempo, ambas películas han dejado cierta huella en mí, y ambas tengo ganas de volver a verlas, y encontrar nuevas claves. Con lo cual, más allá de la opinión que pueda tener  en el momento inmediato de su visionado, parecen tener la virtud de haber colocado una bomba de relojería en todos los que las hemos visto, y provocar recurrentes y apasionados debates cinéfilos entre detractores y seguidores de las mismas, y esto, sin lugar a dudas, hace que mi veredicto sea el de la absolución de ambas, puesto que controversias de este tipo, y capacidad de arriesgarse son lo que harán que este arte, el cine, evolucione y siga avanzando.

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Comentarios

  1. Javier Fernández López

    No he visto ‘Holy Motors’, pero sí ‘El árbol de la vida’. Siempre diré lo mismo de ella, y es que como pseudo-documental me parecería una genialidad, una joya de gran calibre. Como película, un desastre. Me acuerdo que en el cine al que acostumbro ir pusieron un cartel en el que si se salía a los veinte minutos de la películas o antes podían escoger ver otra película gratis. Debe haber un equilibrio entre entretenimiento y arte, al menos eso pienso.

    Interesante artículo!

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