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Las brumas del misterio

Por Marcos  Cañas Pelayo

Las brumas del misterio la siguen envolviendo como un extraño tesoro. Corre el año de 1932 y se estrena una película atípica, La isla de las almas perdidas, dirigida por Erle C. Kenton, adaptación de la novela de H. G. Wells (el guión cinematográfico fue obra de Waldemar Young y Philip Wylie). Sin duda, una trama capaz de levantar ampollas y cuestionar la moralidad de su época.

El corazón de este film es una Ítaca remota donde un brillante científico, aunque muy heterodoxo, llamado doctor Moreau, se ha alejado del mundanal ruido, las burlas de sus colegas y los ojos indiscretos. Nada menos que Charles Laughton, látigo en mano cual pre-Indiana Jones, encarna al protagonista central de esta locura, la Casa del Dolor, un lugar perdido y propio de una desquiciada pesadilla.

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Un remanso de muy particular paz que se verá alterado con la llegada de Edward Parker (Richard Arlen), marinero superviviente de un naufragio; la buena fortuna de Parker parece haberse agotado tras eludir a la muerte, puesto que no hay anfitrión más inquietante que el buen doctor, quien, pese a sus corteses modales civilizados, parece esconder un amplio abanico de secretos. Poco a poco, los obstáculos amables para su retorno a la civilización y los brazos de su prometida se irán tornando más agresivos y preocupantes.

A pesar de suponer apenas 70 minutos de metraje, la película sería una gran influencia para el género, incluyendo un remake con el mismísimo Marlon Brando, La isla del doctor Moreau, película noventera y, de justicia es reconocerlo, sumamente criticada desde su estreno. Los propios Simpson han bebido del mito para una de sus historias de Halloween, convirtiendo al bueno del doctor Hibbert en otra versión del excéntrico y moderno Prometeo, el cual lleva su secreto a los animales, en vez de a los humanos.

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Una revisión insular del mito de Frankenstein, con una figura que juega a ser demiurgo y Noé en una única persona. La Paramount apostó por dar luz verde a un film que traspasa fronteras que podrían levantar ampollas en los existencialismos más remilgados.

Dentro del reparto sobresale la figura de Bela Lugosi, uno de los nombres indispensables dentro del género, quien acompaña, no exento de dudas, la empresa del doctor Moreau, quien se mostrará dispuesto a todo con tal de conseguir sus desafiantes propósitos.

El mítico intérprete magiar que encarnó a Drácula y fue todo en el celuloide (gran estrella, parodia de sí mismo, figura en su ocaso, rescatado por el timburtonizado Ed Wood) brinda una magnífica contrapartida a Laughton, en un papel que no es uno de los más rescatados en su longeva trayectoria, algo bastante injusto.

Con todo, es Kathleen Burke es la actriz que se lleva una de las más míticas creaciones de la Casa del Dolor: La Mujer Pantera. Si  alguien duda de su relevancia, que piense en un estreno que ocurrió, apenas unos años después, en las salas norteamericanas: Cat People (1942), donde los celos de una mujer llamada Irene terminaban asemejándose demasiado a los de cierto felino.

La Pandora con garras que crea el talento de Moreau, la trampa amable de su isla y su experimento más interesante, sin duda, una ventana abierta a muchas realidades que solamente podían insinuarse en aquellos momentos. Desenfreno, volver al estado primitivo, sensualidad, jugar a ser una deidad, etc. A pesar del blanco y negro, la falta de medios o lo apresurado de su desarrollo, da igual, las creaciones del doloroso domicilio perduran en el recuerdo de los espectadores.

 Algo que empezó a interesar, y mucho, a la audiencia. No en vano, en 1944 se lanzaría The Curse of the Cat People, si bien, el primer remake de la isla, antes que el que contó con Brando, hubo de esperar hasta 1977, contando con el potente triunvirato de Burt Lancaster (magnífico en la ambigüedad de su antihéroe), Michael York y Barbara Carrera, película no demasiado citada últimamente y que merecería casi tanta reconsideración como su ilustre predecesora.

No en vano, Laughton logró aquí uno de sus primeros grandes papeles protagonistas para las pantallas norteamericanas que se acostumbrarían a verle y a disfrutarle. Actor de talento inmenso y voz inconfundible, su carácter difícil, inseguridades y caprichosa lengua le hacían un tipo difícil de tratar en ocasiones por compañeros de reparto, pero pocos pueden dudar de su carisma en escena. Aquí, saca el jugo del médico que logró aparecer antes de los códigos en los que se sumió a la temática terrorífica en Hollywood.

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Y es que Moreau sigue teniendo el don de ser un mito literario y cinematográfica que recuerda la seducción y los riesgos que lleva querer convertirse en el hacedor de normas y ser superior dentro de sus isleños, sus creaciones. “¿Cuál es la ley?” pregunta entre hogueras y ante sus aterrados súbditos, recordando el peso de su látigo sobre el pueblo que él mismo ha creado.

Bajo sus exquisitos modales, se esconden muchos silencios y preguntar por aclarar, como termina descubriendo Ruth, la abnegada prometida de Parker, encarnada por Leila Hyams. A pesar de las apariencias, la presencia de la novia del aventurero es fundamental en la trama, más allá de la damisela en apuros (en este caso, es ella quien va en la búsqueda de la persona amada desaparecida y no al revés) o la sufridora dama velando en el hogar el regreso del varón.

Además, Ruth logra ejercer función del otro lado de la tentación, un nuevo fruto del árbol que Moreau no quiere que sus acólitos prueben. Si Parker puede ser tentado por la pantera, su prometida ejerce la misma influencia sobre las rígidas leyes de la comunidad impuesta en las brumas misteriosas de un lugar recóndito, perdido y primitivo. No es bueno que descubramos que los dioses son mortales y sus cuellos pueden quebrarse con la misma facilidad que los de cualquiera.

Es en esa filosofía vital de deseo, dolor, muerte y vida donde se pueden perdonar todos los defectos atávicos de época a esta creación, donde volvemos a aceptar la tarjeta de embarque para navegar insensatamente a la deriva con este capitán Ahab, esperando, ahora y siempre, descubrir todos lo oculto.

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Un viaje que sigue mereciendo la pena.

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Comentarios

  1. Enrique Fdez. Lópiz

    Muy interesante y buena tu crítica. Saludos cordiales de tu colega de ojocritico. Felicitaciones!
    (Una pregunta, las fotografías ¿las buscas tú o las pone la Web?)

  2. Muchas gracias, Enrique, me alegra mucho que te haya gustado. Generalmente, le mandó a los compañeros de la web algunas fotografías que puedan ayudar a acompañar el artículo; sin embargo, luego ellos las seleccionan acorde con el formato y que queden maquetadas de la mejor forma. 1 cordial saludo

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