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La saga Scream, de Wes Craven

Por Javier Morales

SCREAM 4: NUEVA DÉCADA, NUEVAS REGLAS

Diez años y pico, casi once, transcurrieron desde la que se consideraba última entrega de la saga, entonces trilogía,  que muchos declararon ya moribunda en aquel entonces. Y el grandísimo genio y saber hacer de Wes Craven, uno de mis directores favoritos al que no perdoné su última metedura de pata, My soul to take, resucitó, volvió de entre los no muertos y remató con una Scream 4, fantástica desde cualquier punto de vista.

La primera entrega, la original, escrita por K. Williamson en el 96 revolucionó el concepto de cine de terror, del slasher más comercial, sentando unas reglas básicas que ha ido desmontando en las entregas sucesivas, trasladadas del Woodsboro inicial a la universidad y a Hollywood. Pero esta cuarta parte no quiere regresar al origen en sí mismo, es muy consciente de sí misma, de la cinta que es y de que tres películas han nacido antes que ella, su intención es hacer una parodia de la forma más divertida posible y siempre desde el respeto, haciendo exactamente lo que la mayoría de remakes hacen con los originales: vulgarizarlos o convertirse en una pantomima seguida de un número. Y Craven, resucitado, nos hace un regalo directo al corazón de cualquier fan de la saga.

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Y no sólo resucita Craven, sino que lo hace acompañado del cast original, una Neve Campbell por la que los años no pasan, sigue igual de sosa y afortunada a la hora de recibir la puñalada que muchos fans ansiamos, Courtney Cox (ex-Arquette) haciendo una Gail Weathers recauchutadamente adorable y un David Arquette de Dewey estupendo.

A estas “glorias” del ayer se suma un reparto fantástico que renueva la sangre coagulada de la saga, destacando Hayden Panettiere, para comérsela, mucho más que en su papel de Héroes, Emma Roberts, de sobrina robaplanos y el pequeño de los Culkin, siniestro como siempre.

Y lo bueno de Craven es que nunca se ha acabado de tomar en serio esta saga, los chistes, las referencias y auto-referencias, los guiños cinéfilos desde el clásico El fotógrafo del pánico hasta los más recientes remakes de Aja, siguen presentes para gusto y degustación de cualquier fan.

«Nueva década, nuevas reglas», dice un personaje sabiamente en la película. Para Craven, en definitiva, son gracias a Dios las mismas: entretener, asustar y apuñalar. Aaaay, cómo echaba de menos el sonido del cuchillo…

Y muy a pesar de que ciertos sectores de crítica y público vean esta saga como “otra más de terror bobo”, Scream es y será siempre una auto parodia; Scream 4 es ni más ni menos eso,  una genial, brillante  y divertida caricatura sobre los remakes cinematográficos de los que el “sagrado”  Hollywood se nutre actualmente para hacer caja, fundamentalmente en el género del terror.

Es la propia saga la que nos ha dado las reglas a seguir para comprenderla y tomarle cariño inevitablemente:

Reglas para sobrevivir a una película de terror: ser virgen, nada de drogas y no decir NUNCA “enseguida vuelvo”.

Reglas para las secuelas de una película de terror: Tiene que haber más y mejor elaboradas muertes.

Reglas para acabar  una trilogía de terror: El asesino deberá ser prácticamente sobrehumano, todos, incluido el protagonista, puede morir y hay que olvidar todo lo que se sabe del pasado.

Y lo dicho, “Nueva década, nuevas reglas”.

Scream 4 está muy lejos de la original y de ser la magistral película que revolucionó el slasher, pero tanto el director Wes Craven y como el Kevin Williamson son más que conscientes de ello, y lo explotan a rabiar. Vuelve a innovar. Vuelve a sorprender. Vuelve a hacernos un guiño de complicidad.

Once años después…

Lo mejor: Wes sigue en forma. Stab 7… ¿Por qué no Scream 7?

Lo peor: miércoles 20 de abril. Primera sesión, 16:00 horas. Nadie en la sala. Al lado, Torrente, también 4, hasta la boca… ¿Pero qué pasa? ¿Pero qué invento es éste?

SCREAM 1 : ¿CUAL ES TU PELI DE TERROR FAVORITA?

Originalísima historia de terror adolescente  que supuso una inmensa revolución en el género en la lejana ya (ay) década de los 90. En un principio, y visto el exitazo en que se convirtió, Craven firmó para que se hiciera una trilogía (cuánto nos gusta una trilogía, ¿eh?), que sin tomarse demasiado en serio a sí misma hacía una tesis con un toque paródico fabuloso del cine de terror de la época y ponía patas arriba el mundo de las películas de miedo para adolescentes.

El genio y reconocidísimo  maestro del terror, Wes Craven, a quien se daba por casi retirado del mundo del cine por  aquellos entonces, logró reinventarse a sí mismo mediante precisamente el reciclaje de  las bases que él mismo había usado en sus magistrales producciones durante las décadas anteriores.

Scream se ha convertido en  una auténtica película de culto dentro de su género. Bien apartada de ser la típica película de adolescentes bobos y salidos que van cayendo uno tras otro víctimas de un despiadado zumbado, da un paso más allá, con irrepetibles  homenajes al cine clásico y a su estructura y más concretamente al cine de terror, que sirve de base argumental para que Ghostface despierte sus ansias asesinas en una especie de “Trivial” del terror.

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El verdadero y más grande encanto de Scream es que, mediante un modesto y casi despreocupado ejercicio de auto consciencia, logra sobrepasar la pantalla con algo no utilizado hasta entonces en el cine de terror serio, con una cuidada y logradísima fórmula meta-cinéfila, es decir: usar el cine dentro del cine para que lo que se proyecta en ambas pantallas, la real y la grabada, provoque cambios en el estado de ánimo del espectador.

El director utiliza una variopinta galería de personajes con los que es prácticamente imposible no empatizar, en la que hay de todo, la protagonista amargada Neve Campbell, en el papel de víctima doliente acosada por un personaje misterioso, Ghostface, versión cómica de dos iconos del terror como Michael Myers y Jason Voorhees y  que tiene que aguantar soportar los errores del pasado de su madre continuamente, tenemos también al oscuro  novio misterioso pero enamorado, la amiga salidilla, el amigo que es auténtico “friki” de pata negra, Randy, un Jamie Kennedy impagable, una reportera sin ningún tipo de escrúpulos, capaz de lo que sea por lograr su noticia en exclusiva, una brillante Courteney Cox, y el que sería su marido en la vida real, David Arquette como Dewey, agente de policía… Todos ellos, con un guión rococó firmado por Kevin Williamson interpretan una máster class del género de  terror y cómo ha sido considerado en el séptimo arte de los últimos tiempos, de la mano de quién lo ha vivido en primera persona, el genial e incomparable  Craven.

Durante el metraje podemos encontrarnos prácticamente todos los clichés del género (jóvenes lerdos, alcohol desmedido, sustos tontos, sustos listos, chicas sensuales, sangrías… Muchas sangrías y, sobre todo, un divertimento de cabo a rabo que hacen de la cinta un espectáculo redondo, y estos son usados siempre a favor de un espectáculo ciertamente divertido.

El mérito principal que ha hecho de Scream lo que hoy es, se debe sin duda a la capacidad de sorprender de su autor, un más que renombrado director de terror, que nos demuestra que es capaz de reírse de sí mismo regalándonos una nueva visión de slasher en la que hasta hace su propio cameo, a lo Hitchcock, como limpiador llamado Fred y que casualmente viste jersey de rayas rojas y verdes a lo Krueger.

Otro de los grandes aciertos de la película es la personificación del Mal en lo que el mundo fan ha llamado “Ghostface”,  un asesino que parece seleccionar a sus víctimas, las acosa por teléfono para poner en marcha su juego  macabro sobre cultura cinematográfica de terror dándoles falsas esperanzas de que tienen una oportunidad de salvarse… Pero es imposible. Él sabe más. Él es la enciclopedia del terror. Él es el propio Craven.

La película es una auténtica joya de visionado imprescindible para cualquier fan ya no del terror, sino del cine en general, porque te vaya o no el slasher, esta es una cinta que ha creado escuela. Una muy potente escuela en las dos décadas posteriores.

Lo mejor: El inesperado e impactantísimo prólogo con Drew Barrimore como protagonista, que empieza a recibir incesantes llamadas de un acosador hasta que, justo en el momento en que hemos empatizado con ella, el bueno de Wes, se la cepilla. Así nos deja claro que Scream va a por todas y que debemos abrirnos a la falta absoluta de prejuicios. El tono auto paródico no impide disfrutar al máximo de una seria reflexión sobre las influencias en el cine a parte de los esperados buenos momentos de terror y el suspense no deja de estar presente a lo largo de todo el film.

En esta cinta, Randy, el freak, enumera las tres reglas básicas e ineludibles que han de  cumplirse a rajatabla si se quiere sobrevivir en una película de terror:

-Nunca jamás practicar sexo. Y mejor si se es virgen, sumas puntos, jejeje.
-Nunca tomar drogas ni bebidas alcohólicas.
-Nunca, nunca, nunca digas “enseguida vuelvo” porque está claro que no volverás.

Lo peor: Nada en absoluto.

SCREAM 2: UN ESTUDIO SOBRE LAS SECUELAS EN EL CINE DE TERROR

El segundo capítulo de la saga debe entenderse como un incisivo estudio irónico acerca de  las repetitivas películas de cine de terror adolescente, sus remakes cansinos que no aportan nada y, sobre todo, las secuelas.

En esta ocasión, se nos ofrece una elaboradísima discusión casi doctoral sobre el mundo de las secuelas que acaba siendo un resumen y fiel reflejo de las mismas. Y la cosa funciona. ¿Qué digo “funciona”?, es puramente deliciosa.

Jamie Kennedy, el Randy superviviente a la masacre de Woodsboro  vuelve a darnos unos apuntes básicos sobre las reglas férreamente establecidas para las segundas partes de un género, el slasher, el terror, en el que toda la saga se encuadra.

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Como bien explica Randy a sus amigos, toda secuela de terror que se precie debe tener muchas más muertes que su original, también más litros de sangre, efectos especiales y acción. Y todo esto, Scream 2 lo cumple a la perfección.  Scream 2 es una secuela y como tal avanza y progresa. En la película hay una charla en clase genial en la que los alumnos opinan sobre si segundas partes alguna vez fueron buenas. El padrino 2 o El imperio contraataca parecen salvarse en su opinión.

Esto es metacine en su más clara vertiente.

A esas dos segundas partes, yo añado sin ningún reparo Scream 2.

Porque, para empezar, los asesinatos, la sangría y las escenas de acción son mucho más elaboradas y espectaculares. Independientemente de la auto parodia, las continuas reflexiones sobre cine, los clichés del cine de terror y los constantes e inteligentes guiños (reaparece como quien no quiere la cosa el jersey de Fredy), la cinta roza cotas altas de tensión a la par que diversión, en torno a  una historia de asesino psicópata zumbado bastante torpe, que sigue cayéndose, resbalando, chocando contra puertas y ventanas en un homenaje en tono de humor a los asesinos de los grandes slashers de los ochenta, desde La matanza de Texas a Las colinas tienen ojos, pasando por Halloween y Viernes 13, que casi ni se despeinan en el ejercicio de sus fechorías.

En cuanto al reparto, los personajes están mucho más definidos. Ya ni Sidney ni Dewey son aquellos inocentones que acababan siendo simples, se han fortalecido, se han vuelto mucho más fríos y preparados, como precisamente ocurría en las segundas partes de los slashers mencionados. Sidney vive como la Cassandra de la obra que interpreta en el instituto, ojo avizor aterrorizada por las máscaras del reparto teatral.

Repite el resto del reparto -los supervivientes, entiéndase- Courtney Cox, Liev Schraeder como Cotton Weary y el simpático Jamie Kennedy. Y el tito Wes renueva dando un poco de sangre nueva (ejem) con  Sarah Michelle Gellar, que ya protagonizó uno de los slashers de la época Sé lo que hicisteis el último verano, Jada Pinkett Smith, Omar Epps, Timothy Olyphant y Jerry O’Connell, víctimas o no tanto, de esta nueva gamberrada..

Craven consigue enganchar de nuevo al público con Scream 2, que si bien dista bastante en su resolución a la primera parte, sigue brillando en esa hábil y efectista manera de combinar el terror y la auto parodia como nadie ha logrado.

La escena inicial de Scream 2 tiene lugar en unos cines en los que se proyecta Puñalada (Stab), interpretada por Tory Spelling haciendo de Sidney, como ya predijo la Prescott, es, simplemente una maravilla.

Lo mejor: Aparte de lo dicho, hay tres momentos que me encantan de Scream 2: la escapada de Sidney del coche en el que está Ghostface sin conocimiento, el apuñalamiento de Dewey en el estudio de sonido, sin que nadie pueda socorrerla y el asesinato en la furgoneta de televisión. Magistrales.

Lo peor: El final. Craven se empeña tantísimo en que no llegue la típica Jessica Fletcher de turno y se huela la tostada, que acaba metiendo en el ajo a más de un asesino y con implicaciones no del todo claras. Pero Wes es de esa selecta clase de directores que pone en pantalla justo lo que realmente el espectador quiere ver sin renunciar a su creatividad y autoría. En el fondo, el espectador quiere que pillen al asesino, que Sidney supere sus temores y tenga una larga vida (ejem… Aquí no me considero muy reflejado) y que Dewey y Gale terminen juntos.

Y eso es justo lo que pasa.

SCREAM 3: OLVIDEN TODAS LAS REGLAS HASTA AQUÍ APRENDIDAS

Uno de los grandes encantos e innumerables aciertos de las dos primeras películas de la saga Scream es que a la vez que asustaban y tenían en vilo al respetable -como parte del género de terror que son-, los chistes y situaciones cómicas obra del guión casi perfecto de Kevin Williamson funcionaban a la perfección..

En Scream 3, ya no está Williamson, aunque se mantiene, y de buena, el sello característico de la franquicia, ahora guionizada por un esforzado Ehren Kruger al que se le pidió mucho, utilizar el material del que disponía en las dos cintas anteriores y seguir el tono paródico-terrorífico marca de la saga.  Y aunque mejorable, lo hizo bastante decentemente, añadiendo a esos toques de humor  negro de las dos primeras partes, divertidas referencias al humor destinado al gran público, con ideas discutibles como llamar a uno de los personajes  Jennifer Jolie, efectivamente, en clara alusión a Aniston y Angelina, que por aquel entonces se tiraban de los pelos.

Wes Craven que no paró de sorprendernos en las dos primeras entregas se vería examinado mucho más minuciosamente en la tercera, por ser precisamente eso, una tercera parte, y aquí ya no valía el referente de la trilogía de El Padrino. Así, en esta tercera parte  se le pedirá que vuelva a sorprendernos desde el principio. Y qué carajo: Lo consigue. Era un arduo desafío, pero tengamos en cuenta que hablamos de uno de los genios, así, con mayúscula, del cine.

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El inicio es tan sorprendente o más que los dos anteriores, el maestro Craven echa mano de un nuevo juguete: El asesino esta vez utilizará no sólo una electrónica a ratos voz, sino que con un “aparatejo” de los chinos, usará las voces de todos los personajes. Así, cada vez que se oye una voz al otro lado del teléfono el espectador, más ilustrado que los actores y sus personajes, no sabrá si es la voz verdadera o la del aparatito. Toma ya.

Para más inri, la peli comienza prácticamente con la muerte de Cotton Weary  que se nos revelaba en la segunda parte como el gran héroe de la historia. Y esta no es una muerte inicial más. En las dos primeras, se nos ofrece un personaje durante unos minutos, que acto seguido es sacrificado en pos de la sorpresa inicial, pero son personajes ajenos realmente a la historia, mientras que Cotton era parte, y decisiva, de la misma.

Pero con la merma del personaje de Cotton la cosa no pierde enteros. El reparto está fantástico, no porque realmente sean grandes actores en una fabulosa interpretación, sino porque la labor de casting es redonda. Tenemos todos los estereotipos habidos y por haber repartidos entre los supervivientes de las dos primeras y las nuevas incorporaciones, que logran una química grupal estupenda.  Destacables y desternillantes son  los múltiples cameos de tipos reconocidos /reconocibles del cine, Roger Corman, Kevin Smith y Jason Mewes.

Kevin, en una impresionante aparición, ilumina el camino del actor y el espectador siendo él quién en esta ocasión tiene la labor de darnos las indicaciones y explicaciones de los cánones y normas a seguir en esto de las terceras partes.

Ahora bien, Craven es muy bueno construyendo normas, pero es igual de bueno saltándoselas.

Los personajes conocen perfectamente las películas en las que Scream se basa, y se burlan de los clichés de las mismas, de modo que es la misma película la que se va autonarrando  anticipándose a las reacciones que conllevarán sus acciones, con diálogos simpáticos, inteligentes y precisos que describen a modo de burla, justo lo que va a pasar.

Pero no olvidemos que la gran fuerza potencial de Scream fue que, aun sabiendo exactamente lo que iba a pasar, el director se las ingeniaba para sobresaltar, sorprender al respetable y hacer uso de los clichés que criticaba para obtener resultados únicos y geniales, con Craven  no estamos nunca  seguros de si va a ser fiel a las pautas y resultados anteriores o si se los va a saltar a la torera para en un nuevo giro volver a sorprendernos. Lo cierto es que si lo hace o no, estamos seguros de que al final saldremos satisfechos, después de dos horas de atención y suspense constante.

Aunque cualquier devoto de la saga sabe de sobra  que habrá al menos una vuelta de tuerca, no se sabe hasta el final, cuando Wes decide y cómo,  quien es en realidad el asesino, tras hacernos sospechar a lo largo de la cinta de prácticamente todos los personajes.

Y ojo, ya  es la tercera vez que Wes lo consigue con un final magistral.

La trama (el argumento, si es necesario conocerlo, sigue los asesinatos en serie que se dan en el set donde se rueda la película Stab 3, la cual es la “segunda secuela a la cinta que los personajes vieron al principio de Scream 2. Ejem… Parece más complejo de lo que realmente es…) comienza con una serie de misteriosas muertes que tienen lugar desde el anunciado e inminente rodaje de la película Puñalada 3 (Stab 3), basada en los asesinatos que se produjeron años atrás en  Woodsboro, es decir, ni más ni menos que en las propias vivencias de la pobre y desamparada Sidney (Neve Campbell) y su entorno.

El uso de metacine como lenguaje en el que Craven se mueve como pez en el agua es precisamente en esta tercera parte en la que mejor se desarrolla. Así, ya no sólo tenemos los acontecimientos reales y la película sobre ellos, sino que además contamos con los decorados de la nueva película, donde se suceden asesinatos y persecuciones constantes

Este Ghostface está quizás mejor descrito, su  puntito psicópata más claro, a pesar de que la idea de un hermano ilegítimo, ese Roman (Scott Foley) que busca venganza contra su hermanastra nos puede resultar demasiado rocambolesco, pero el sabio de Craven lleva la trama a los desconocidos orígenes del personaje, a la par que profundiza en la historia de la madre de Sidney, explicando el porqué de esa obsesión psicopática por la Campbell.

Lo mejor: El tándem que forman las actrices Courteney Cox y Parker Posey la Gail real y su álter ego en el cine es francamente antológico, desternillante e inolvidable. La escena en la que Sidney revive lo que sucedió un tiempo atrás en su casa estando realmente dentro del decorado de Puñalada es genial.

Lo peor: El retorcido final tiene algún puntito suelto (se reconoce al malo muerto antes de que se sepa que es él, y sigue vivo). Aun así Scream 3 es una excelente tercera parte que acostumbrados como estamos al gran impacto de sus precursoras, se  recicla para no caer en un mero tópico y despliega muy, muy bien su juego y su potencial.

Después de treinta años de una carrera cinematográfica en el género del terror plagada de exitazos y filmes de culto muy a tener en cuenta, de obras maestras inolvidables, Wes Craven logra, al menos en estas cuatro ocasiones, lo que muchos otros ya quisieran para sí aunque fuese por una sola vez: reinventar, redefinir, modificar y en cierto modo resucitar un subgénero.

Olé.

SCREAM DESDE DENTRO: “SCREAM, THE INSIDE STORY”

El director  Daniel Farrands rodó en 2011, con un guión fabuloso de Thommy Hutson, este documental, todo un homenaje y una declaración de amor e intenciones sobre la saga, en la que los propios actores de las cintas, como  Neve Campbell y David Arquette, junto a personalidades del mundo del cine como Eli Roth o el mismo Craven, desentrañan argumento, rodaje y el porqué del éxito irrepetible de esta saga a la que hoy, aquí, manifiesto mi más sentido cariño y respeto.

Las malas lenguas, los mentideros del cine, los cotilleos bloggeros, los envidiosos, los ansiosos y demás auguran una quinta parte para 2015.

Ojalá, que cantaba Silvio Rodríguez

Comentarios

  1. Me encanta tu artículo! Me has dado ganas de revisar la saga al completo!!!

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