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La mujer y el cine negro

Por Javier Morales

La construcción cinematográfica de lo femenino como encarnación del mal y los prototipos enfrentados de perversidad-ingenuidad en el cine negro y de terror.

Desde que el mundo es mundo, muchos han sido los retratos de mujeres destructoras, malvadas, y retorcidas que usando sus encantos seducen y destruyen al hombre definiendo una dualidad que marca al hombre como símbolo del bien y a la mujer como personificación absoluta del mal, presente desde que se empezó a construir una historia, desde la mitología grecolatina y sus sirenas, sibilas y hechiceras hasta la tradición judeocristiana, que en numerosas ocasiones relaciona a la mujer con la serpiente, bestia o prostituta, encarnando la fuerza del mal.

El imaginario de los tiempos ha reducido y limitado tradicionalmente a la mujer con la dicotomía virgen-prostituta, existiendo un tipo de mujer pasiva y abnegada y otra, carnal, fascinante y dañina que alcanza su culmen en la figura de la mujer fatal.

Para hallar las raíces de este arquetipo habría que profundizar y seguir el rastro dejado a lo largo de toda la Historia del Arte y la Cultura. El personaje de Pandora guarda similitudes con la Eva cristiana, se la consideró la primera mujer, enviada al mundo como castigo al robar Prometeo el fuego del Olimpo y entregarlo a los hombres. Pandora poseía una impresionante belleza y una excesiva curiosidad, que la llevó a abrir la caja que le había entregado Zeus, con todos los males que azotan al mundo. Interpretaciones caducas psicoanalíticas identifican simbólicamente dicha caja con la vagina.

También siguieron forjando esos caracteres femeninos la bella Helena y Clitemnestra, que recibieron la muerte como castigo a sus ardides de mujer mala. Circe y las sirenas, Medusa,Yocasta, y hasta Hera, esposa de Zeus caracterizaron también ese ejemplo de mujer malvada y las Amazonas que usaban a los hombres sólo para procrear, llegaron a la conclusión de la posible independencia casi absoluta del varón. El cristianismo no ha sido más benévolo en el tratamiento de la feminidad. Eva, seducida por la serpiente, pecó al coger la manzana del árbol prohibido y arrastró con ella a Adán. En las tradiciones judías, no fue Eva, sino Lilith –adaptación del demonio babilónico Lilit- la primera mujer creada por Dios. Si Eva es la pecadora, Lilith –mezcla de mujer y serpiente- puede considerarse como la absoluta encarnación del Diablo.

La Iglesia teniendo como referentes a estas malévolas féminas no cesó de condenar a las mujeres diabólicas, que osaron disponer libremente de su sexualidad, alcanzar la independencia del varón y vivir una vida distinta de la marcada en los torcidos renglones del dogma, asesinando en masa a toda aquella mujer considerada bruja. El progreso, la modernización y la urbanización inherentes a la Revolución Industrial junto con el acceso de las mujeres a la esfera y la vida pública, alejada de ese modelo de mujer “perfecta”, supuso una nueva amenaza para el hombre que ve peligrar su privilegio social asociado al género.

La mujer fatal tiene una notable proliferación de imágenes femeninas perversas a finales del XIX , imágenes indiscutiblemente atractivas tanto por el miedo que provoca su independencia como por lo atractivo de su sexualidad libre y expuesta y el hombre ve la necesidad inmediata de poseerla, pero también de someterla y neutralizar su amenaza, imponiendo nuevamente, en respuesta a ese modelo de femme fatale considerado negativo, otro distinto, el de la mujer sumisa y piadosa, dedicada a la maternidad y el hogar. Así, la doble moral de la época conllevará que el hombre se case y elija como madre de sus hijos a una representante de este modelo, pero buscando en todo momento a través de la fantasía encontrar una mujer fatal que apacigüe sus más bajos deseos.

En la literatura del XVIII encontramos ya varias imágenes precursoras del modelo de mujer fatal, en obras como Las diabólicas ,Manon Lescaut ,Las amistades peligrosas, Carmen o La caja de Pandora. Lo mismo ocurrió en la pintura, donde se diferenciaban los rasgos bondadosos en las mujeres dignas a la vez que lo atractivo, lo enigmático y sexualmente llamativo que encarnaban las malas mujeres representadas.

Y llegamos al cine. El cine mudo utilizó el estereotipo de mujer malvada en un buen puñado de producciones de las que surge la vamp, procedente en su mayoría de la mitología clásica y cristiana y antecedente directo, primero de las mujeres en el cine de gángsters de los treinta y después, de la femme fatale.

Mujeres extremadamente maquilladas, sinuosas como serpientes, en semidesnudez incitadora al placer que arrebatan la cordura del hombre. Pero no fue hasta iniciados los cuarenta cuando surge el verdadero cine negro como tal y con él, una de sus protagonistas, la arpía, la mala de la película. Porque desde los albores de la humanidad el género femenino se reservaba la única dedicación de la reproducción y todo cuanto escapaba a dicha función encarnaba la fuerza del mal. De ahí que este cine asocie la astucia, la locura y la maldad a determinado tipo de mujer.

El film noir y sus estereotipos. Al hacer referencia al cine negro, al film noir, nacido a la luz de un acentuado consumo de literatura policial, observamos tanto una peculiar y marcada narrativa argumental como un ejercicio de estilo propio, con unos estereotipos femeninos perfectamente delimitados y antagónicos, pero construidos desde una óptica puramente masculina, que al representar a la mujer la proyecta como idealización de sus propios anhelos y deseos. En esta pulsión de fascinación masculina por lo prohibido, por el mal y el pecado surge de entre todas las tipologías la de la femme fatale como el arquetipo más subyugante de todos ellos, y a pesar de nacer desde esa óptica masculina y misógina acaba robando planos y espacios que deberían pertenecer al hombre que los crea. En las primeras películas lógicamente se contaron historias en las que la mujer fatal aparecía, bien como eje de la trama, bien como objeto secundario. Dotada de un rostro ambivalente podían mostrarse como ángeles o como el mismo demonio, generando en el espectador amor y odio al mismo tiempo, seduciendo con una mirada perversa de indudable carga sexual, con el cabello suelto como elemento transgresor y seductor, de belleza imperfecta y a veces algo andrógina, movimientos felinos y curvas sinuosas, envueltas en pieles, encajes y transparencias impensables para la mujer real en la calle, maquilladas en exceso y perfumadas, artificiales y misteriosas a partes iguales. La mujer fatal es generosa y pérfida, fácil y a la vez inalcanzable; sólo la posee el que se convierte en su esclavo. Con apariencia a veces frígida, ofrece un placer infinito como total dominadora de la relación. Una vez el enamorado cae en sus redes, la fatal ya conocía sus sentimientos planificados por ella misma y se muestra indiferente convirtiendo al amante en marioneta a su antojo.

Tengamos en cuenta que el cine negro es dado a cuestionar tanto las barreras estables y morales de la sociedad en que se desarrolla, resaltando lo pervertido, pero llegado un momento el personaje de la femme fatal no va a ser de una maldad pura y escalofriante. Existirá un por qué, una justificación o un recoveco que haga entendible la empatía del público con estas grandes estrellas, hasta el punto de que en la década de los cincuenta no es muy común encontrar mujeres absolutamente malvadas en el cine negro y sí ya en el de terror.

El cine en sus comienzos bebió hasta la saciedad de las fuentes literarias, pictóricas e incluso musicales, adaptando la copla en la que la mujer es la dolida o la causa del dolor. A pesar de ello, en los inicios, afectado por la moral puritana del sistema, el cine se resistió a introducir figuras de mujeres perversas y seductoras reivindicando el estereotipo contrario, el de la ingenua bondadosa tantas veces encarnada por actrices como Lilian Gish.

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En Europa sin embargo nos saltamos ese paso y nuestro cine creció creando imágenes de seductoras mujeres devora-hombres. Así, el cine danés introdujo la bendita figura de la vamp, seductora perversa, mujer objeto para el placer ajeno que esclaviza al espectador movida por su sed de violencia y poder, como Asta Nielsen, la protagonista de Hacia el abismo.

El cine italiano, utiliza este nuevo concepto de mujer vamp para representar a la gran prostituta mediterránea, lasciva y sádica, envuelta en joya y pluma como pavo real de mirada retorcida.

En nuestro país optamos por términos intermedios, pero al igual que sucedió con el americano, no tardó en rendirse ante la gran popularidad de las fatales, vampiras que no chupan la sangre de sus víctimas pero los abocan al peor de los finales.

La extraña actriz de mirada perdida, Theda Bara, anagrama de Muerte árabe, apodada como “la mujer más perversa del mundo” alcanzó pronto la fama y se convirtió en la primera estrella prefabricada por la industria, que se encargó de restarle años, teñirle el pelo de un negro imposible y envolverla en un falso halo biográfico plagado de exotismo y misterio. Ella fue Carmen, Salomé y Cleopatra.

Pronto, a su sombra nacieron nuevas actrices fatales en todas las industrias del cine, Mae West y Jean Harlow, Greta Garbo, Rita Haywort y Marlene Dietrich. Barbara Stanwyck, Gene Tierney, Ava Gardner. Todas ellas consiguen lo impensable, el favor incondicional del público.

La mujer anhelada, la fatal, suele aparecer en lugares sórdidos, poco recomendables, oscuros y nocturnos, atacando con su sola presencia el concepto tradicional de femineidad como devota esposa y madre hogareña que sustituye por el peligro, la ruptura de reglas y el deseo sexual. El ser humano por norma trata de esconder sus más bajos instintos, aún a sabiendas de que tarde o temprano saldrá a flote. De ahí la compleja identificación y empatía del público con estas mujeres malas, salvajes, hermosas e hipnóticas que muestran su lado oscuro sin pudor ni remilgo.

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El cine negro como género propio nace como reflejo de la realidad conflictiva del siglo XX. Tiene su germen en el periodo de entreguerras, en medio de una inmensa crisis social y económica marcado por la corrupción, xenofobia, la misoginia y una profunda frustración. Con su estética de claroscuros identifica a la perfección el espíritu de una época en la que el individuo abatido sin una referencia moral a la que agarrarse es testigo y protagonista del surgimiento del lado más oscuro y sombrío de la naturaleza humana. El género se caracterizará así mismo por tener un final punitivo y castigador frente al crimen y el consabido restablecimiento del orden y la ley en la mayoría de ocasiones. Pero a pesar de ello, por muchos finales trágicos y desdichados donde lo masculino vuelve a dominar la situación y la fémina manipuladora pague sus pecados la verdadera triunfadora es ella, la mujer mala, la que cautiva al espectador, fascinado por todo cuanto han visto en pantalla, sin importar ya el mensaje encubierto conservador. Y es esto lo que hace comprensible la proliferación de cintas y mujeres malas en los cuarenta y cincuenta, por encima de otros géneros.

El cine negro de esa época, marcado por la guerra, fue el lugar propicio para que surgieran roles femeninos aún más diabólicos, malvados, viciosos y rastreros. Joan Crawford o Heddy Lamar arrancaron sus brillantes carreras interpretando esos roles. En esa sociedad marcada de la posguerra se observan nuevas tendencias a resumir el papel fundamental de la mujer a la maternidad, después de haber sostenido casi por completo esa misma sociedad mientras el hombre luchaba en la guerra.

Es por ello que la femme fatal no puede salir bien parada, su transgresión, su rebeldía y su negativa a entrar por el aro de la chica buena la abocan a una muerte anunciada, lo que pone de manifiesto el enfoque machista y represor que esconde el género.

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Un punto decisivo para los géneros de cine negro y de terror fue la introducción del componente psicológico por primera vez en las pantallas de los cines de medio mundo. La mujer ya no era mala porque sí, ahora también eran psicópatas, cleptómanas, atormentadas y enfermas mentales que amenazan la familia y los valores tradicionales y nobles con su seducción, engaño y locura.

También aparece el reflejo de la peligrosísima mujer emancipada, universitaria, soltera, sexualmente activa y liberada, triunfadora y compañera del hombre en trabajos antes exclusivos del género masculino. Es cuando se produce esta rebeldía femenina, cuando toma consciencia de sus derechos y posibilidades, cuando pasa a convertirse en “la mujer fálica”, dominadora y castigadora, insumisa.

Pero no nos engañemos, el lenguaje del cine sigue siendo construido desde un plano masculino que entiende a la mujer como oscuro objeto del deseo del hombre y sus fantasías y el cine negro es uno de los géneros donde estas fantasías encubiertas mejor se plasman en pantalla, donde la mujer se exhibe prácticamente como espectáculo. Su cautivador misterio se contrapone con la parte masculina, racional y triunfante que suele estar interpretada por el detective, el protagonista real sobre el que recae el peso de la trama. Este hombre, el detective, es en pocas ocasiones el fin al que la mujer fatal aspira, sino un medio para conseguir sus aspiraciones, riqueza, independencia, o cualquier otra.

Aún así, el papel de la femme fatale es absolutamente decisivo, ella dispone y gobierna su sexo, su cuerpo y su destino, aunque el héroe de turno trunque sus objetivos. Por ejemplo en Que el cielo la juzgue la protagonista opta por algo tan impensable como el aborto. En cintas como Cara de ángel la mujer oculta su perfidia. En otras cintas nos muestra amenazadoramente su rostro impasible y malvado, consciente de su enorme poder de atracción y utiliza la sexualidad que desprende su aparición en escena como araña que teje su tela para obtener sus objetivos sin encubrimientos vanos, como Barbara Stanwyck en Perdición. Y en otras, además, se nos muestra a la mujer absolutamente emancipada, dispuesta a librarse de la carga de un marido, como La dama de Shanghai.

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Tienen una maldad a veces ilimitada y encarnan perfectamente el pecado al ser vengativas, lujuriosas, depravadas. La femme fatal es insensible, fría y cruel, rebeladas contra las convenciones que la sociedad les impone. Pueden amar, pero generalmente de manera enfermiza, pues el amor suele ser meramente un utensilio para lograr poseer lo que ansían, bien sea un ascenso social, un móvil económico o un amor inalcanzable. No dudarán en matar o convencer para que maten por ellas. Así ocurre, por ejemplo en Niágara, en Eva al desnudo y El cartero siempre llama dos veces . Sus armas: sus encantos, su poder sensual y sexual, su atractivo. Lo explotan mediante canciones, diálogos inteligentes y plagados de dobles sentidos, caídas de ojos seductoras, contoneos o bailes en los que un guante que desnuda un brazo simboliza la posibilidad de arrancar un vestido ya de por sí sumamente sensual. El sexo es así trivializado, utilizado como instrumento.

En plena época de censuras, un género como el que abordamos se las tuvo que ingeniar para sugerir más que mostrar, y es ahí casualmente donde radica gran parte de su encanto. Aparecen símbolos que reflejan a la mujer pérfida y liberada, peinados imposibles, joyas fastuosas y movimientos voluptuosos y sensuales que pasarán la criba del censor, junto a símbolos fálicos-no olvidemos que el negro es un género absolutamente masculino-materializados en armas del crimen, pistolas y bastones. Desde esta perspectiva masculina era evidente que el sexo gana la baza al sentimentalismo, es ese arrollador deseo por poseer a la fatal lo que rompe sus más férreas convicciones. Producto de la misoginia y del ensueño de algunos cineastas masculinos, la femme fatale en el cine negro quedó materializada como un personaje realista y onírico al mismo tiempo y representó, de algún modo, los deseos ocultos que subyacían al cumplimiento cotidiano.

La mujer fatal acaba convirtiéndose en víctima de su propia maldad y la violencia masculina y en numerosas películas acaba pagando sus pecados. El asesinato, la traición, la promiscuidad y el adulterio no quedan así impunes, sino que la sociedad “sana”, en la que se desenvuelve la angelical es la que acaba triunfando después de todo. Sirve la hora y media anterior pues, a modo de lección para que el espectador conozca los peligros de la mala vida.

Con el paso de los años esto cambia, y la moralina final no tiene por qué darse. Las malvadas van evolucionando a partir de los 50 hasta nuestros días. El sexo es más explícito, la igualdad de sexos es más real, y el concepto misógino del cine negro se diluye en tramas elaboradas en las que lo realmente atractivo es lo puramente malvado. Ejemplos de ello son Atracción fatal, Instinto básico o L.A. Confidential. Lógicamente en muchas de ellas la femme fatale acaba alcanzando la muerte, como en el caso de Moulin Rouge, pero ya no tanto como castigo sino como final dramático de un romance imposible pero disfrutado.

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En contraposición absolutamente antinómica al de la femme fatal, se presenta el rol de la mujer ingenua, que si bien nunca resultan ser las heroínas del film, acompañan, ayudan, aman y sobreviven con el héroe de la historia. Son esposas ideales, atrapadas en un hogar perfecto, decentes. No frecuentan los lugares oscuros de las fatales, pues su fragilidad desentona fuera del espacio de buena esposa y madre abnegada. Como no supone un peligro para el hombre y cumple los dictámenes de una sociedad estructurada en la puritana decencia, no corre el riesgo al que se precipita la fatal en su destino trágico.

Mención especial merece el tratamiento que a la mujer fatal ha dado el “genio del suspense”, Alfred Hitchcock, en la gran mayoría de sus películas. La impresionante Kin Novak arrastrando al ingenuo James Stewart en Vértigo, Bárbara Harris como cómplice de secuestro en La Trama luciendo todos los abalorios externos de la mujer fatal clásica, Tippi Hedren, tras Los pájaros, enferma cleptómana en Marnie, Janet Leigh, como ladrona y víctima más reconocible del motel Bates en Psicosis, Eva Marie Saint con un aura de peligro y falsedad en Con la muerte en los talones

Innumerables son los papeles tormentosos que el orondo director adjudicó a actrices que acabaron traumatizadas tras la experiencia. Pero si hay una película del magistral director en la que la encarnación de la maldad femenina está bien narrada es en Rebeca. Todos los prototipos femeninos que hemos ido analizando se ven representados en la maravillosa adaptación de la novela homónima de Daphne du Maurier que estrenó en 1940.

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La protagonista absoluta del film al que da nombre es Rebeca, que no llega a hacer aparición física en la cinta en un solo plano. Está muerta, pero su maldad, su perversidad, su erotomanía exagerada, el incesto, el aborto y alguna que otra cualidad considerada negativa en la época está bien presente en los 130 minutos que dura la película. En el polo opuesto se encuentra la joven interpretada por Joan Fontaine. Es la perfecta mujer sumisa, adorable, disponible a cualquier necesidad de su hombre al que ama por encima de todas las cosas. Y finalmente está Miss Danvers, el ama de llaves. Prolongación en vida de la maldad de su señora que no piensa permitir que nadie ocupe su lugar. Son tres personajes perfectamente definidos y diferenciados. Los planos inocentes frente a los peligrosos picados inquietantes nos ayudan a sumergirnos en la trama. Y muy a pesar de saber perfectamente quién es quién en esta película, la que roba planos es la Danvers, la maldad frente a la bondad. Así se pone de manifiesto la empatía extraña que en este género suelen despertar esas mujeres imperfectas, malvadas e insanas que tanto amamos.

El terror. El cine de terror es uno de los géneros más explotados, variados y abundantes de la historia del cine desde sus orígenes, donde veremos que la mujer era o la víctima o la que desataba a la bestia maligna, hasta el actual, en el que el espectador sigue disfrutando como voyeur de los horrores que suceden en pantalla. El cine de terror me sigue pareciendo el que más afecta nuestra psique, ya que consigue atemorizar hasta días después, mientras que nadie llora una semana por un drama o se sigue riendo con un chiste quince días. En este cine, como sucedía en el negro, y pese a que hay cada vez más directoras brillantes-miren si no las hermanas Solka y su American Mary- la mayoría de la producción cinematográfica está en manos de varones, por lo que se convierte en el lugar idóneo para exhibir desnudez femenina en la mayoría de casos, y durante décadas, sin la más mínima justificación.

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El terror bebe de muchos géneros y fuentes, evidentemente no dejó escapar la posibilidad de contar con presencias femeninas inquietantes, víctimas, bestias y también mujeres fatales.

En las primeras cintas de terror protagonizadas por mujeres el horror viene provocado por los sentimientos y la sugestión que ellas nos transmiten.

Igual que sucede con el cine negro, se subvierten las normas encorsetadas de una sociedad tremendamente patriarcal, y la mujer, como rol principal de la historia, permanece activa frente a la comúnmente actitud pasiva del hombre.

En sus inicios en la década de los 30, y centrado en el subgénero monstruo la mujer tendía a representar el casi exclusivo papel de víctima. Pero pronto aparecieron mujeres malvadas, demoníacas, seductoras conscientes de su propio sexo, devora hombres. Y casi a la par surgieron una serie de tópicos que sin pudor se repiten una y otra y mil veces en sucesivas cintas de género, gran parte de ellos protagonizados por mujeres. Así, las llaves que se caen en el último momento, el tropiezo, la pistola que se dispara sola, más allá de ser el típico objeto de rechazo se convierte en una época en gancho absoluto para el público masculino y el adolescente en general, los mayores consumidores de este tipo de cine.

La monstruosidad en el cine es entendida como una anormalidad límite, aterradora e inquietante. En el cine de terror el papel del monstruo es generalmente masculino, con contadas excepciones- Freaks o Cat people no hacen distingos entre géneros-y la mujer es o víctima o hermosa compañera antagonista del mismo.

Entre la tipología que podemos hacer del papel de la mujer en el terror es casi inabarcable. Junto lo ya visto aparecen brujas, hechiceras, poseídas, monstruosas, vampiras, psicópatas, enfermas mentales y mujeres simplemente asesinas que matan a placer y voluntad propia.

Aquí, más que fatales, muchas de ellas son “mujeres abyectas”, mitad humanas y mitad bestias, sin límites éticos ni morales. Se caracterizarán por signos externos, como el vestuario, las largas cabelleras y el exagerado maquillaje. Como resultado de la larga tradición occidental, la sexualidad femenina se ha considerado como algo antinatural. La mujer decente y deseable era aquella que precisamente no manifestaba apetitos sexuales. La mujer en el cine negro y de terror es la contraposición a esta norma. Expresa sin conflicto sus pulsiones sexuales, es completamente sensual y toma el rol activo de la seducción.

En algunas de las primeras cintas de terror mudo, como Vampyr, Häxan o Mandrágora ya aparece la hembra malvada, bruja, contratista del diablo o precursoras del anticristo. Basándose en figuras históricas, como Vlad Tepes y Erzsébet Báthory el subgénero vampírico sigue manteniéndose hasta nuestros días. Mención aparte merece la película española protagonizada por Lucía Bosé en ese rol, o las dos recientes y antinómicas biografías presentadas en Sitges sobre la condesa vampiro.

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Los grandes estudios se estaban forrando sacando jugo a todos los monstruos clásicos, el hombre lobo, Frankenstein, la momia… Pronto decidieron sacar partido haciendo las versiones “la novia/las novias de…”. En algunas de ellas, la esposa brilló tantísimo o más que el marido.

Más adelante se trataron temas como las amazonas y las mujeres bestia, en films como El beso de la pantera, La mujer gato, La mujer salvaje, The She-Creature, La reina del espacio exterior y otras muchas películas en la que el monstruo es una mujer, generalmente de gran atractivo sexual e hipnotismo enmascarado de bestia. Además de la mujer monstruo, como decía surge la mujer malvada, con o sin causa y motivo. Tales son Les Diaboliques, Atracción fatal , ¿Qué fue de Baby Jane?, Psicosis, CarrieEs interesante lo diferentes que son y lo mucho que tienen en común. En la primera, mujer y amante de un hombre de negocios se disponen a liberarse de él ambas, otras hablan de la obsesión, el incesto y la negación al luto, la locura, la necesidad de ser normal, la de volver a la fama de antaño…

Todos estos roles femeninos, al igual que las fatales, no son otra cosa que la más interna expresión del terror del hombre ante la posible destrucción del orden masculino establecido.

Repasando la ingente cantidad de cintas de género, desde la serie B casposa al blockbuster, pasando por el gore y el cine de autor, la mujer ha sido un personaje indiscutiblemente imprescindible, bien como la víctima perfecta bien como la asesina o malvada de turno.

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Clásicos como Viernes 13, Pesadilla en Elm street, Halloween, La matanza de Texas o las más recientes Scream, Hostel, Saw, Camino sangriento y otras muchas, han acabado convirtiéndose en auténticas sagas en las que se han forjado varias Scream Queens que superado el inicial papel de víctima acaban rebelándose contra el malvado logrando en ocasiones acabar con él.

En este género el tema del sexo es también muy importante, pero al contrario que en el cine negro, tiende a ser más explícito y directo, si bien es cierto que en numerosas cintas el primer castigo lo reciben aquellos que lo practican. Raro es el ejemplo contrario, como sucede en Cherry Falls, donde el asesino decide acabar sólo con las vírgenes de la zona.

En el cine de terror el hombre malvado, el asesino, suele estar marcado por un trauma, una enfermedad o una tara. En el caso de la mujer generalmente se mueve por venganza o despecho. Es menos común encontrarnos cintas donde la asesina arrastre los problemas de Jason en Viernes 13 o Tom Hewitt en La matanza de texas. Ellas son en general más controladoras y mejores asesinas. Un ejemplo-maravilloso-es la reciente cinta australiana The loved ones o una de mis películas favoritas de todos los tiempos, A L’Intérieur. Ambas están protagonizadas por mujeres perturbadas que no dudan en torturar y asesinar, aunque a diferencia de lo que veíamos antes del clásico masculino, no matan al azar, sino motivadas y con un objetivo concreto.

Sea como sea, las mujeres asesinas controlan todos los aspectos sin dejar nada al azar, son menos torpes e igual de brutales.

Interesante por otra parte es analizar cómo han tratado al género femenino subgéneros tan bien diferenciados como el Giallo italiano, el terror oriental o el gore. En el giallo, la víctima de un asesino obsesionado es siempre una mujer. Es la víctima absoluta. Mario Bava y Dario Argento, auténticos revolucionarios del terror incorporaron también en alguno de sus filmes la presencia malévola de una mujer, pero el hecho de que la víctima fuera femenina no cambió.

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El cine oriental ha tratado el terror desde sus orígenes, si bien en la primera década del siglo XXI el género tuvo un relanzamiento a nivel mundial tremendo, marcado por cintas como Ju-On de Takashi Shimizu y Ringu, de Hideo Nakata. Sus obras, revolucionarias y espeluznantes, ponen más atención en lo sobrenatural que en lo puramente humano. Las mujeres en estas películas son protagonistas que toman las riendas de la situación para tratar de sobrevivir a elementos que se les escapan de las manos. También el uso de la estética femenina fantasmagórica influyó en su inmensa aceptación en occidente. Largas cabelleras oscuras, camisones blancos y pieles níveas en delicados cuerpos que flotan pusieron los pelos de punta a espectadores de todo el globo.

Finalmente el gore, género canalla donde se desatan las brutalidades más extremas de la retorcida mente humana, ha aprovechado la delicadeza que se supone femenina para objetivizarla y convertirla en fijación absoluta de tortura y sufrimiento. Desde las cintas de La Troma hasta el gore de autor-Martyrs es una de las películas más personales y profundas que recuerdo-las mujeres han supuesto un porcentaje muy elevado en el ranking de víctimas del género.

Como cinéfago consumidor total de todo tipo de cine de terror me rindo absolutamente ante el que proviene de Corea del sur, Australia y Francia. Es un cine innovador, que rompe estructuras y no deja de sorprender y epatar al espectador.

En cuanto a la técnica pura y dura empleada en el género, picados, contrapicados, ángulos cerrados y primerísimos planos, encuadres, secuencias, junto a efectos visuales y sonoros, han contribuido a construir un nuevo lenguaje cinematográfico que por sí solo sirve para desconcertar y aterrar a quienes se sientan a oscuras en la sala de un cine.

Comentarios

  1. Radical

    IMPRESIONANTE artículo. Mis felicitaciones al autor.

  2. Toni Ruiz

    Gran y exhaustivo artículo, sí señor. Enhorabuena. Mi favorita es Barbara Stanwyck en “Perdición”, ese auténtico peliculón.

  3. JESUS PALACIO ROLLÁN

    IMPRESIONANTE artículo, mi enhorabuena al autor. Completo, ameno y profundo, una DELICIA.

  4. juan carlos

    mi más sincera enhorabuena!!!! me encanta la visión! qué gran escritor

  5. Javi

    PERFECTO!!!
    Muchas gracias

  6. Evita

    Es probablemente el mejor artículo sobre cine que he leído en la web, mi enhorabuena al autor.

  7. JUAN RAMÓN

    Me ha encantado y has conseguido que “mi cliché” sobre algunas de las actrices que nombras haya cambiado.
    Mi enhorabuena y felicidades por el artículo.

  8. MAITE

    Cuando acabas de leer solo te queda decir “chapeau”. Felicitaciones.

  9. Ines

    Felicidades!! Me encantó.

  10. Daniel

    Muy preciso e interesante la descripción que realiza sobre este genero, me ha gustado mucho.

  11. Julián Camacho

    La verdad es me ha dejado con la boca abierta , un repaso perfecto a mi cine y mis actrices favoritas , un cine que me da la sensación que difícilmente volverá.

  12. Atilano

    Un artículo trasversal que hace un repaso a una figura, la mujer, muchas veces olvidada y no tenida en cuenta lo suficiente. Además, de un genero, el cine negro, que es uno de mis favoritos.

  13. BELÉN

    MARAVILLOSO, PERFECTO Y COMPLETÍSIMO. QUÉ BUENA RECOPILACIÓN Y REFLEXIÓN.MUCHAS GRACIAS

  14. LUCHI

    Me encanta este artículo, Javier, sigue así.
    Enhorabuena

  15. Sergio

    IMPRESCINDIBLE artículo sobre el film noir
    De lo mejor que he leído al respecto
    Enhorabuena

  16. Eve

    Magnífica página, magnífico artículo y magnífico escritor-crítico.
    Enhorabuena, hacía mucho que no disfrutaba tanto un artículo

  17. Yomi

    Dario Argento es uno de mis ídolos (me encantó Demoni). ¿Para cuando un artículo sobre cine italiano de “terror” de los 80-90? o similares.

    Me gusta ojocritico.com

  18. RAÚL

    Muy bueno! Lo recomendare.

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