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Julio Medem: El hombre del otro lado del agujero

Por Íñigo Bolao

No es un misterio que todas las personas viven el día a día por las leyes de la causalidad y de la lógica, intentando desenvolverse en un entorno lleno de dificultades mayores o menores. Hasta que, de la manera más inesperada, un hecho casual desencadena una transformación en nuestro interior tan dolorosa que acabamos durante un tiempo en un infierno. No obstante, si se tiene la suficiente fuerza de voluntad como para salir del agujero, y se admite que la vida no es siempre estructurada y ordenada, entonces se consigue lo que antes no se tenía: el equilibrio interior entre el raciocinio y las emociones; y si eso se comparte con quienes más nos aman, habremos dado un paso de gigante en esta vida.

Este párrafo podría describir a la perfección el cine de Julio Medem, un director muy singular y con quien, respecto a su obra cinematográfica, han salido a la palestra opiniones de toda clase. Muchos cinéfilos ven en sus filmes algo especial y diferente que merece la pena disfrutar, pero otros han incidido en el carácter vacuo, falso e inconsistente de cada una de sus películas. Quienes han trabajado con él (actores, técnicos…) defienden que estar a las órdenes de Julio es toda una experiencia. Pero para los que vemos las películas de manera crítica no compartimos lo mismo ante el resultado que vemos.

¿Dónde habría que situar a este guipuzcoano para no desestimarle en la misma medida en que no hay que apreciarle demasiado? Este artículo para OjoCrítico.com, al igual que las anteriores entregas sobre directores de cine, trata sobre su vida, obra e influencias, siendo Medem uno de los valores cinematográficos más importantes del cine español de la década de 1990. Y, para ir abriendo boca, aquí tenéis un video sobre su cine en general:

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SU VIDA.

Julio Medem Lafont nació en San Sebastián (Guipúzcoa) el 21 de octubre de 1958, siendo el hijo de un matrimonio burgués vasco de diversas procedencias. Por parte de padre, Julio desciende de alemanes y de valencianos, mientras que, por parte de madre, tiene antepasados vascos y franceses. De sus cuatro hermanos, Julio tuvo siempre una especial relación con su hermana Ana, pintora, y quien murió en un accidente de coche en 2001, a los 36 años de edad. Tras su muerte, el cineasta trabajaría en el guión de una película inspirada en ella y que supuso un auténtico fiasco de público y crítica: Caótica Ana (2007).

Su familia se mudó a Madrid con el nacimiento de otro de sus hermanos, Alberto, y durante su adolescencia tuvo dos encuentros importantes en su vida. Primero con el amor, a los 14 años, cuando estuvo enamorado de una vecina que nunca le correspondía y, destrozado por ello, escribió una novela nunca publicada titulada Mi primer día. El segundo encuentro fue con el cine, cuando Julio vio en una sala uno de los títulos más importantes del cine español: El espíritu de la colmena (1973), de Víctor Erice (1940). A partir de ese visionado, Medem deseaba dedicarse al cine. Su pasión por el medio era tan grande que, junto con su hermana Ana, cogía a hurtadillas la cámara Súper 8 de su padre para hacer pequeños cortometrajes.

Al mismo tiempo que hacía sus primeros contactos con el celuloide, Julio tenía otras aficiones. Se dedicaba al atletismo, y obtuvo la mejor marca española en 110 metros valla. Habiendo rechazado la candidatura para ser becado por España en los Juegos Olímpicos de Montreal de 1976, comenzó sus estudios superiores en la Universidad del País Vasco, donde hizo la Licenciatura de Medicina y Cirugía General, descubriendo así su interés por Sigmund Freud (1856-1939) y la neurología para dedicarse a la Psiquiatría.

Después de licenciarse comenzó su carrera cinematográfica y su vida personal estuvo marcada por dos matrimonios. El primero con Lola Barrera, con quien tendría dos hijos: Alicia, quien padece síndrome de down, y cuyo nombre cogió Julio para nombrar a su productora, Alicia Produce, centrada sobre todo en la realización de sus películas y de proyectos relacionados con la Psiquiatría y los trastornos psicológicos; y Peru, quien hizo el papel de Otto de niño en Los amantes del Círculo Polar (1998). Años después contrajo segundas nupcias con una de sus colaboradoras más asiduas, la directora de arte Montse Sanz, siendo el fruto de su relación una niña, Ana.

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SU OBRA.

Julio Medem comenzó su carrera cinematográfica en un momento interesante para la industria del cine en el País Vasco. A partir de la década de los 80, y gracias al impulso dado por una serie de profesionales vascos del cine español, como el productor Elías Querejeta (1934-2013), o una serie de directores -junto al ya mencionado Víctor Erice se encontraban otros nombres como Montxo Armendáriz (1949) o Imanol Uribe (1950)-, las instituciones autonómicas vascas, junto a las del Estado central, promocionaron a una serie de nuevos talentos que contribuyeron mucho a la evolución de la cinematografía nacional en la década de los noventa. Surgió lo que se conoce como el Nuevo Cine Vasco del que, aparte de Medem, forman parte Enrique Urbizu (1962), Alex de la Iglesia (1965), Juanma Bajo Ulloa (1967), Icíar Bollaín (1967) y Daniel Calparsoro (1968).

Tras haber realizado sus primeros cortos en Súper 8, Medem pasó a dirigir cortometrajes de 35 milímetros, entre los cuales destacan Patas en la cabeza (1985) o Las seis en punta (1987). Incluso rodó un mediometraje de media hora de duración titulado Martín (1988) para una serie televisiva producida por Querejeta para Televisión Española titulada Siete huellas siete, dentro de la cual colaboró también la hija del productor, Gracia Querejeta (1962).

En todos ellos, al mismo tiempo que trabajaba como crítico de cine en medios como el periódico El Diario Vasco, el cineasta donostiarra comenzó a abordar varios de los elementos que caracterizarían a toda su filmografía: el amor, el azar, la muerte y un gusto por lo surrealista para mostrar la existencia de una realidad oculta detrás de la que estamos acostumbrados a ver.

Después de haber experimentado con el mundo del cortometraje, Julio comenzó a trabajar en su primer largometraje. En principio tuvo la dificultad de que su guión, escrito en colaboración con uno de los mejores profesionales del guión en España, Michel Gaztambide (1959), era tan oscuro y excéntrico que ninguna productora se atrevía a llevarlo adelante; parecía una historia creada por David Lynch (1946). No obstante, con la obtención de financiación del Ministerio de Cultura a través del Sistema de Ayuda para la Creación de Guiones, y con el apoyo de la productora Sogetel-Sogepaq, consiguió rodarlo. El resultado es una de las películas españolas más renovadoras del panorama cinematográfico nacional: Vacas (1992).

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La cinta trata sobre la rivalidad entre dos familias de un pequeño valle guipuzcoano, los Irigibel y los Mendiluce, a lo largo de tres generaciones, desde el final de la Tercera Guerra Carlista (1872-1876) hasta la Guerra Civil Española (1936-1939). Durante ese período de tiempo la violencia, la pasión, la locura y la muerte se desatan en un lugar donde sus habitantes quieren escapar, ante la mirada impertérrita de las vacas, que representan esa represión mental y espiritual que conduce a la demencia, y que conectaba bastante bien con la sensación en la que se encontraban los vascos a raíz de los problemas del nacionalismo y del terrorismo de E.T.A. (en español, siglas de Patria Vasca y Libertad).

Aunque confiesa que en sus inicios no era tan buen director, y se puede apreciar que el guión no es muy convencional –tiene una estructura circular y la historia se divide en cuatro capítulos-, Julio Medem hizo una película insólita, en la que fueron descubiertas una serie de nuevas caras para el cine español.

Entre los actores principales destacan Carmelo Gómez (1962), que interpretó a tres personajes de la familia Irigibel, junto a Emma Suárez (1964). Ambos aparecieron en Vacas por primera vez como pareja cinematográfica. También puede verse en sus inicios a Karra Elejalde (1960) y al veterano actor Txema Blasco (1941). Destaca también la participación de Ana Torrent (1966), a modo de homenaje por parte de Julio a Erice y a El espíritu de la colmena. Dentro del apartado técnico, habría que mencionar también la impecable banda sonora de uno de los hombres más multi-premiados de la historia de los Premios Goya, y uno de los profesionales del cine más internacionales de nuestro país: el compositor Alberto Iglesias (1955).

Aunque su estreno en los cines pasó muy desapercibido, a la crítica le entusiasmó la ópera prima del cineasta. Parecía que algo cambiaba en el cine español, un hecho que había confirmado un año antes la primera película de Juanma Bajo Ulloa, Alas de mariposa (1991). De la nada emergían nuevos talentos, mientras que la calidad de la producción nacional mejoró notablemente. Por su trabajo, Julio obtendría el premio Goya al Mejor Director Novel, y Vacas fue premiada en un gran número de festivales internacionales.

Después de Vacas, Medem estrenó su segunda película, La ardilla roja (1993), ganadora del Premio de la Juventud en el Festival de Cannes, y en cuyo guión Julio trabajaba mientras movía el de su ópera prima. En este film, definido como una “comedia surrealista de misterio”, se muestra la historia de Jota (Nancho Novo), el ex cantante de un grupo de música llamado “Las moscas”. Con el abandono de su novia, Elisa, otra componente del grupo, Jota decide suicidarse tirándose al mar desde un paseo marítimo.

No obstante, un suceso inesperado se lo impide. Una mujer motorista llamada Sofía (Emma Suárez) sufre un accidente del que sobrevive, pero pierde la memoria. Jota se enamora repentinamente de Sofía y la engaña constantemente para hacerla creer que es su novia de toda la vida, Elisa (a quien llama también Lisa o Eli). Un día, y para sacarla del hospital, se le ocurre huir con su nueva novia para pasar las vacaciones de verano en un camping llamado “La ardilla roja”, sucediéndose allí la pasión con el humor, y quedándonos con una serie de preguntas: ¿se descubrirá la verdad sobre la pareja?, ¿está Lisa realmente amnésica?, ¿de qué huye esta misteriosa mujer?, ¿y quién miente a quién?

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La ardilla roja polarizó a la crítica cinematográfica española: unos vieron en ella una sucesión de vacuas imágenes sin sentido y otros la consideraron como una película interesante. Curiosamente, una persona a quien le gustó mucho el segundo film de Medem fue… ¡a Stanley Kubrick (1928)! Según parece, al gran director neoyorquino le llegaban películas de distintas productoras y vio en la forma de hacer cine del vasco algo único. Seguidamente el director de Senderos de gloria (1957) habló con Steven Spielberg (1946) para que éste tuviese en cuenta a Julio para uno de sus próximos proyectos, que resultó ser La máscara del Zorro (1998), aunque al final Medem no pudo participar en él.

Aun así, por La ardilla roja, de la que se puede tener la sensación de que no es una película muy redonda, el compositor Alberto Iglesias recibió su primer premio Goya a la Mejor Música Original. Emma Suárez, que realizó uno de los mejores papeles de su carrera cinematográfica (y que nunca estuvo tan guapa como en la segunda película del guipuzcoano), resultó nominada, pero no recibió ningún premio.

Pasaron tres años desde La ardilla roja, y Julio Medem había estrenado su tercera película, la que muchos consideran la segunda mejor de su filmografía, en un momento en el que el director fue siendo cada vez más conocido en el panorama nacional y europeo, aunque más por la crítica que por el público.

Canal de Youtube de Julio Medem

Dicha película fue Tierra (1996), y supuso el resultado de muchos años de trabajo. Julio comenzó a escribir el guión a partir de finales de la década de los 80, y originalmente iba a llamarse Mari en la tierra. En un principio la película estaba concebida como una cinta rodada en blanco y negro y en 16 milímetros, pero los productores no estaban de acuerdo y, finalmente, se rodó en la forma en que se quiso que se hiciera. En relación con Tierra hubo también un problema: Medem quería que el papel protagonista fuese interpretado por Antonio Banderas (1960), pero rechazó el papel, y Carmelo Gómez, ganador del Goya al Mejor Actor por Días contados (1994) de Imanol Uribe, accedió a interpretar un papel realmente difícil.

El argumento es, si cabe, aún más complejo y singular que el de Vacas o el de La ardilla roja. Ángel (Gómez) es un hombre solitario que padece desdoblamiento de personalidad y que se considera a sí mismo un ser “mitad hombre, mitad ángel; medio vivo y medio muerto”. Trabaja en una empresa familiar dedicada a la fumigación y a la eliminación de plagas en los campos llamada “Urtzi: fumigaciones y pesticidas”. Un día recibe el encargo de acabar con una plaga de cochinillas que está dando a los viñedos de una comarca un extraño sabor a tierra. Durante su estancia, y mientras se dedica a su labor, el protagonista se enamora de dos mujeres que representan los dos lados opuestos de su personalidad: Ángela (Emma Suárez de nuevo), la mujer estable y calmada, dueña de su hogar de la que “el ángel” de Ángel se enamora; y Mari (Silke), una chica joven que representa el deseo sexual y las pasiones terrenales correspondientes a la naturaleza mundana de Ángel. No obstante, ambas son “propiedad” de Patricio (Karra Elejalde), el hombre de pueblo irreflexivo que no se permite largas disquisiciones y con quien Ángel se enfrenta.

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A primera vista, y por lo que se puede ver en las escenas de arriba, la película Tierra puede resultar un tanto artificiosa y superficial. Los personajes dicen más de lo que deberían, e interpretar papeles demasiado complejos siempre es difícil. Carmelo Gómez, Emma Suárez y Karra Elejalde estaban en su mejor momento; mientras que Silke había estudiado el manuscrito en forma de diario que Medem había realizado para Mari en la tierra con el fin de construir su personaje. Ello resultaba una tarea difícil para una actriz novel, y eso no sería un caso único en la filmografía de Medem: también pasaría con Paz Vega (1976) o Manuela Vellés (1987).

Sin embargo, y si como espectador se cambia un poco de enfoque –parece que Julio nos obliga a ello-, se puede disfrutar de la película. La banda sonora de Alberto Iglesias (con la que ganó, por segunda vez, un Premio Goya) y la magnífica fotografía de Javier Aguirresarobe (1948), que podría recordar un poco a la de Néstor Almendros en Días del cielo (1978) de Terrence Malick (1943), contribuyen a dar a la película una ambientación sorprendente que hipnotiza desde el comienzo.

Parecía que Julio estaba mejorando como director de cine. Tierra resultó nominada a la Palma de Oro en Cannes, pero la película del británico Mike Leigh (1943), Secretos y mentiras, se la llevó. Y en una gala de los Goya marcada por el triunfo abrumador de El perro del hortelano de Pilar Miró (1940-1997), y la gran Tesis de Alejandro Amenábar (1972), el film se llevó un premio más, a los Mejores Efectos Especiales, para otro profesional del cine español con muchos años de experiencia en ese campo y con decenas de “cabezones” en su haber, el extremeño Reyes Abades (1949), junto a Ignacio Sanz Pastor.

Toda esa experiencia como director le permitió hacer la que es considerada por los cinéfilos como su mejor película, además de ser el film con el que el gran público conoció a Julio Medem, y a partir de la cual ya se aprecian mejor los rasgos más característicos de su cine. La película en cuestión es Los amantes del Círculo Polar (1998).

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En la cuarta película de Medem, los protagonistas son Otto (Fele Martínez) y Ana (Najwa Nimri), dos jóvenes amantes que se conocen desde niños, habiendo una insólita historia de amor entre ambos que se fue construyendo en base a constantes casualidades. Los dos tienen un sueño que intentan cumplir con todas sus fuerzas, pase lo que pase: citarse en la localidad finlandesa de Rovaniemi, situada en las proximidades del Círculo Polar Ártico, para así poder culminar juntos un ciclo que empezó desde que se conocieron y para encontrar, en palabras de Ana, «la casualidad más grande de todas.»

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Sobre la película en su conjunto, habría que decir que, aunque un poco lenta y con una cierta falta de emotividad, es muy cuidada desde el punto de vista técnico y estilístico. La fotografía de Gonzalo F. Berridi, inspirada en uno de los filmes que más cautivó a Medem, Tres colores: azul (1993), de Krzysztof Kieslowski (1941-1996), da a la película una sensación de frío al espectador, lo opuesto a Tierra, cuya fotografía transmite calor. Junto con un buen montaje de Iván Aledo, ganador de un Goya, y otra impecable composición musical de Iglesias (con la que ganó un Goya más), además de contar un guión de estructura circular similar al de Vacas, la cinta fue todo un éxito en España, llegando a recaudar cerca de tres millones de euros (volviendo a las antiguas pesetas, unos 500 millones). Marcó a toda una generación de jóvenes cinéfilos y adolescentes y se cuenta entre una de las mejores películas del cine europeo de los últimos veinte años. Hasta el grupo donostiarra La oreja de Van Gogh hizo una canción inspirada en la película de Medem con el mismo título.

El éxito de Los amantes del Círculo Polar animó a Julio a realizar una película con polémica, siendo el polo opuesto a su anterior film. Fue, además, el primer largometraje español rodado con cámara digital de alta definición. Evidentemente, se trata de Lucía y el sexo (2001).

Y, ¿cuál es el argumento de esta película que por sus desnudos y escenas de sexo no ha dejado indiferente a nadie, tanto para lo bueno como para lo malo? La quinta película de Medem trata sobre la historia de amor de Lucía (Paz Vega) y Lorenzo (Tristán Ulloa). Él es un novelista de éxito, mientras que ella es una camarera que está completamente enamorada de él tras haber leído todas sus novelas. Ambos mantienen una relación en la que el sexo juega un papel importante, haciendo realidad juntos sus fantasías más secretas.

Tras seis años de noviazgo, los protagonistas se han separado por razones misteriosas: Lucía ha huido de Lorenzo, viviendo en la isla de Formentera junto a la propietaria de una pensión, Elena (Najwa Nimri), quien años atrás tuvo una hija con Lorenzo; mientras que Lorenzo, tras el abandono de Lucía, se encuentra en sus momentos más bajos como escritor y llega al límite de su experiencia con el sexo con una joven llamada Belén (Elena Anaya) para compensar la pérdida de la protagonista. Tanto Lucía como Lorenzo intentarán averiguar qué ha sido de cada uno de los dos, mientras los espectadores averiguamos por qué se rompió la relación.

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Independientemente de que una parte del público español –e internacional- la viese por las ya mencionadas escenas de sexo, o por disfrutar de una historia de amor tan intrincada y confusa, estando dotada de una estructura guionística que recordaría a otra película de David Lynch, el caso es que Lucía y el sexo supuso para Medem un éxito aún mayor que Los amantes del Círculo Polar, recaudando más de 5’5 millones de euros en taquilla. Mucha gente la sigue tildando de estúpida y falsa, destacando la opinión del crítico de cine Carlos Boyero, que la consideró como «gilipollez pseudoromántica, manierista, cargante.»

A este respecto, es cierto que es una historia sobre el pasado al que todos nosotros tenemos que enfrentarnos para poder seguir adelante (literalmente, aparece representado en forma de un agujero al que Lucía cae, donde residen los miedos de la protagonista). Pero hay que tener en cuenta que ciertas temáticas del cine español (sexo y desnudos) ya abundaban demasiado, generándose los tópicos tan testarudos que desprestigian al cine patrio. Además, los críticos dan en el clavo a la hora de decir que el film de Medem puede ser demasiado artificioso en algunos diálogos o en ciertas situaciones que pueden ser poco creíbles.

A pesar de todo, y en un año de éxito para el cine español gracias a Lucía y a Los otros de Amenábar, la película obtuvo dos premios Goya: a la Mejor Actriz Revelación para Paz Vega, y a Alberto Iglesias por su banda sonora, siendo hasta el momento, la última colaboración entre el compositor y el cineasta.

En definitiva, Julio Medem logró consolidarse como un cineasta de prestigio en Europa. No obstante, toda gloria es efímera, siendo la década de los 2000 para el director no tan exitosa, y todo comenzó con el que probablemente sea el documental más polémico de la historia de la cinematografía nacional.

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La pelota vasca: la piel contra la piedra (2003) fue un intento por parte de Julio de intentar explicar el porqué del conflicto vasco, por medio de una serie de entrevistas a víctimas del terrorismo de E.T.A., líderes políticos y destacadas figuras de la prensa, las universidades y la cultura. El cineasta ahondó en las raíces del nacionalismo vasco, en la polarización social existente en su tierra natal y en la política del gobierno central respecto al terrorismo y el independentismo desde los últimos tiempos de la dictadura de Franco (1939-1975), hasta los gobiernos de Felipe González (1982-1996) y José Mª Aznar (1996-2004).

Estrenada durante el Festival de Cine de San Sebastián de 2003, el documental trajo consigo una enorme polémica. Dos de los entrevistados pidieron retirar sus testimonios del film y hubo una serie de protestas convocadas por el gobierno de Aznar contra el documental por su carácter partidista. A pesar de todo, fue el documental español más visto en salas de cine comerciales (casi 400.000 espectadores aproximadamente).

El siguiente proyecto cinematográfico de Medem fue estrenado en 2007, y resultó ser un auténtico batacazo. Incluso algunos de los incondicionales del cine del donostiarra la denostaron. Caótica Ana, realizada en homenaje a la hermana del director, como se ha mencionado anteriormente, es la historia de Ana (Manuela Vellés), una joven pintora de cuadros naif que es descubierta por una cazadora de talentos y mecenas llamada Justine (Charlotte Rampling). Ana se traslada a su mansión, donde convive con otros artistas tan excéntricos como ella y, durante ese tiempo, la artista realiza un viaje interior y exterior en el que entra en contacto con varias facetas de su personalidad, ligadas misteriosamente a la muerte y al dolor.

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Narrada como si de la cuenta atrás de una sesión de hipnosis se tratase, hasta llegar a cero, supuso un fracaso, profesional y personal para Julio, por muchas razones: el público y la crítica vieron en ella demasiada ingenuidad y artificiosidad en la historia y en las imágenes como en sus anteriores filmes. El personaje interpretado por Vellés fue definido por el crítico Francisco Marinero como «un personaje inexistente, casi un mero vehículo de los caprichos visuales y las opiniones de su creador», mientras que el director defiende que creó un personaje casi de la nada (vio en la actriz un diamante en bruto con el que había que trabajar desde el principio).

Aparte, Medem invirtió en el proyecto mucho dinero, quedándose casi arruinado. Aun así, en ella hubo un cambio de colaboradores, destacando en la composición musical Jocelyn Pook (1960), quien trabajó a las órdenes de Kubrick en Eyes wide shut (1999) y en la fotografía Mario Montero quien recurrió a un tipo de cámara llamado la “lente flotante” para rodar los rincones más inaccesibles.

El fracaso de Caótica Ana provocó una crisis en el cineasta. Según un artículo del periódico El País de 2008, el director confesó que estuvo meses encerrado y escribiendo guiones diferentes a todo lo que hizo anteriormente. Sintió la necesidad de empezar de cero, de recuperar al público que había ganado con sus anteriores cintas y a no dejarse afectar por los críticos como en el pasado.

Por un lado, uno de los resultados de ese nuevo comienzo fue un proyecto de encargo, Habitación en Roma (2010), una adaptación de la película chilena En la cama (2005), del director Matías Bize (1979). La historia original, escrita por el guionista Julio Rojas, trata sobre el encuentro entre un hombre y una mujer que se desconocen y que viven una intensa historia de sexo y amor en una habitación de hotel durante todo un día, antes de que se separen para, tal vez, no volver a verse jamás.

En la adaptación española, las protagonistas son dos mujeres, una española, Alba (Elena Anaya), y una rusa, Natasha (Natasha Yarovenko); una lesbiana, la otra no. Ambas están en Roma de paso, pero juntas pasan por lo mismo que los protagonistas de la historia original, revelando ambas secretos y deseos antes de despedirse para siempre, aunque después de la jornada acaban totalmente transformadas. Evidentemente, y al igual que con sus anteriores películas, la impostura y la desnudez priman en Habitación en Roma, aunque técnicamente Julio siguió progresando, colaborando una vez más en la banda sonora Jocelyn Pook e incluyendo en la película el tema Loving strangers, del grupo Russian Red.

Aunque Julio pudo recuperarse de su batacazo con Caótica Ana y no se sintió tan afectado por la crítica, pudo publicar una novela histórica. Aspasia, amante de Atenas (Espasa, 2012) trata sobre otra historia de amor, la de Aspasia y Pericles, dos de los personajes más destacados de la esplendorosa Atenas del siglo V a.C., en plena Grecia Clásica, un periodo por el que Medem siente verdadera devoción. Originalmente iba a ser un guión cinematográfico, pero el proyecto era tan descomunal que Julio decidió convertirlo en novela, realizando su escritura en su nueva residencia en Los Ángeles, California.

Recientemente, Julio colaboró en un largometraje colectivo titulado Siete días en La Habana (2012), junto a Benicio del Toro y Gaspar Noé, entre otros directores. Su capítulo, La tentación de Cecilia, trata sobre una cantante llamada Cecilia (Melvis Estévez) que duda entre irse de Cuba con un cazatalentos español llamado Leonardo (Daniel Brühl) o quedarse con su novio José (Leonardo Benítez). Y, en la actualidad, el cineasta está trabajando en un nuevo proyecto del que no se sabe cuándo saldrá a la luz, pero confesó que lo rodaría en Estados Unidos, en los bosques californianos de secuoyas en los que cineastas como Hitchcock rodaron películas como, por ejemplo, Vértigo (1958). ¿Es casualidad que el vasco naciese el mismo año que una película tan intrincada como la del maestro londinense del suspense?

SU INFLUENCIA, ESTILO Y TRASCENDENCIA.

El cine de Julio Medem cuenta con elementos tomados de la obra de buena parte de los grandes directores del cine de autor europeo. En muchas entrevistas dijo sentirse influenciado por cineastas de la talla de Ingmar Bergman (1918-2007), Andrei Tarkovsky (1932-1986) y, fuera de Europa, por Akira Kurosawa (1910-1998). También es evidente que sus películas comparten con las de David Lynch el gusto por las historias intrincadas y un tanto surrealistas.

No obstante, fueron tres cineastas los que más marcaron al director guipuzcoano: el ya mencionado Víctor Erice con El espíritu de la colmena, con la que Julio vio que el cine era algo más que un mero entretenimiento pasajero; Kieslowski y su forma de mostrar el poder de las emociones con La doble vida de Verónica (1991) y la trilogía de Tres colores (1993-1994); y por último, el director maldito español por antonomasia, Iván Zulueta (1943-2009), director de la película Arrebato (1979), una rareza de culto surrealista reivindicada tras su muerte que inspiró, no sólo a Medem, sino también a un cineasta que daba sus primeros pasos en el sector por aquel entonces: Pedro Almodóvar (1951).

Fuera del terreno meramente cinematográfico, influyeron también en Julio todas las teorías sobre la psicología, el psicoanálisis y los trastornos mentales que puede padecer el ser humano, aprendidas en la universidad. Junto a la enfermedad de su hija Alicia, todo ello sirvió para que Julio produjera, a través de Alicia Produce, documentales sobre estos trastornos (Uno por ciento, esquizofrenia y ¿Qué tienes debajo del sombrero?, ambas de 2006) y películas como Yo, también (2009).

Asimismo, Julio es una persona totalmente sensibilizada con su País Vasco natal, tanto en lo referente a la política, como en la cultura. Sus películas -sobre todo, Vacas- están influenciadas por la pintura del surrealista Vicente Ameztoy (1946-2001), quien colaboró como director artístico en el filme. También le marcó bastante la música del cantautor Mikel Laboa (1934-2008), siendo incluidos algunos de sus temas en La pelota vasca. La mitología vasca fue utilizada también por Medem en películas como Tierra: el personaje de Mari (Silke) recibe ese nombre por la antigua divinidad vasca precristiana del mismo nombre, conocida también como la Dama de Amboto; mientras que la empresa de Ángel, “Urtzi”, significa “Dios”.

En música, Julio es un gran admirador de una de las figuras más destacadas del panorama nacional, Antonio Vega (1957-2009), exlíder de Nacha Pop, para quien dirigió el videoclip de la canción Océano de sol (1994), del álbum del mismo nombre e hizo una breve aparición en Caótica Ana. También es amigo del cantante vasco Txetxo Bengoetxea (1961), quien participó en la banda sonora de La ardilla roja junto con el grupo 21 Japonesas, del que fue vocalista.

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En lo tocante a su estilo cinematográfico, Julio Medem gusta de utilizar planos complicados, además de darle una gran importancia a la fotografía y a la composición musical, que refuerza el estado de ánimo de los personajes y que muestran el carácter oculto que subyace en muchas de sus cintas. Además, hay un componente lírico que persiste en la forma de hacer cine del director de Vacas, como en las novelas del realismo mágico, apreciable en los diálogos y en los mundos filmados. Ello supone que el espectador se vea obligado no a razonar, sino a sentir cada elemento de sus películas. Es un cine más literario y poético que meramente cinematográfico.

Así mismo, Julio es un inconformista con su propio cine, pero no tan radical como Lynch o Lars von Trier (1956). Es alguien a quien le apasionan una serie de temas, pero no duda en tratarlos y mostrarlos de una manera diferente a la anterior, al mismo tiempo que crea personajes más complejos y situaciones más extrañas con cada película.

La temática de cada uno de sus filmes suele girar en torno a una serie de premisas. La primera es el hecho de que todas las personas estamos conectadas por la casualidad y el azar. No hay un plan preestablecido, como tampoco nadie decide por nosotros. La relación de Otto y Ana en Los amantes del Círculo Polar está construida por ese elemento tan infrecuente pero decisivo; y Ángel en Tierra se encuentra con que en el pueblo en el que trabaja más de una persona se llama así.

La segunda premisa es la profundización en la naturaleza femenina. Y es que Medem es uno de los cineastas contemporáneos españoles que más ha ahondado en este tema, al igual que la directora catalana Isabel Coixet (1964). Las mujeres de sus películas son personas que tienen la sensibilidad a flor de piel (como Lucía en Lucía y el sexo), capaces de estar a la altura de cualquier hombre (como Lisa en La ardilla roja) pero defendiendo siempre su libertad (como Mari en Tierra o el retrato que hace del personaje de Aspasia). Por otra parte, los hombres, o son personas demasiado sensibles a las situaciones o al entorno que les rodea (como Peru Irigibel en Vacas o Lorenzo en Lucía), o claros machistas (Patricio en Tierra).

La tercera es, evidentemente, el sexo. Julio hace un retrato de éste diferente al de otros cineastas. Mientras que unos lo consideran como un elemento placentero, y otros ven en él una herramienta más para ejercer el poder, el guipuzcoano lo muestra como algo transformador. Del sexo surge a veces una nueva personalidad, otras veces el verdadero amor y en otras se convierte en la pesadilla que ciega a los personajes de sus películas.

Otras premisas que definen el cine de Julio Medem son: la visión de la realidad de manera alternativa dado, a menudo, por un trastorno mental (permanente o duradero), como el de Lisa (amnésica), Ángel (desdoblamiento de personalidad) o Ana en Caótica Ana (una sesión de hipnosis hace que contacte con sus sub-personalidades), los viajes transformadores, a nivel interno y externo y, al igual que Bergman, el misterio de la muerte y el sentido de la vida.

Por último, y a la hora de valorar su filmografía y su trascendencia en la evolución del cine español, lo cierto es que Julio Medem, a pesar de que no es un gran cineasta y sus obras no son muy notables, abrió puertas a la evolución del cine español, y le proporcionó una cierta categoría. Una tarea a la que también contribuirían, en la década de los 90, sus colegas de profesión (Bajo Ulloa, De la Iglesia o Amenábar).

Se podría decir que en los años noventa, una época de grandes transformaciones en la industria del cine a nivel mundial y en la que cada país aportó interesantes propuestas, España vivió una especie de “Edad de Bronce” tras la “Edad de Plata” que hubo en las décadas de los 60 y 70 con el Neorrealismo español (Berlanga, Bardem…) o el Nuevo Cine Español (Saura, Suárez, Camus, Erice…). La producción nacional fue adquiriendo una mayor calidad técnica y variedad en los temas, habiendo cineastas inspirados en el cine europeo, como el propio Medem, o en el estadounidense, como Amenábar o, ya desde la década de los 2000, Juan Antonio Bayona (1975), que querían que el cine español fuese “algo más”. Y, ciertamente, se logró… pero no del todo; aún subsisten tópicos, escasean recursos y sigue habiendo debates que impiden una consolidación definitiva en el funcionamiento y la acogida del cine español.

En definitiva: el cine de Julio Medem no es convencional y presenta sus ventajas e inconvenientes, obligándosenos como espectadores a verlo con otro enfoque. Si algún lector es un cinéfilo en toda regla, entonces podrá disfrutarlo. No obstante, debo advertir que este cine tan singular se encuentra al otro lado del agujero de ese misterio tan grande que es la mente humana. Y el cineasta vasco nos invita a que entremos en él. Todo depende de vuestra decisión…

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Comentarios

  1. Irene Pardo

    Interesantísima aproximación a un director muy especial en el mejor y en el peor sentido de la palabra.

    • Iñigo

      Muchas gracias por comentar, Irene. Con el cine de Julio siempre hay extremos, incluso entre el público y la crítica, y mi artículo tenía que recoger un poco de ambas partes para alcanzar una síntesis adecuada. No ponerme demasiado duro, pero tampoco ser muy benevolente.

  2. Yunque

    Saludos! He llegado a este escrito realizando búsquedas por la red y debo decirle que me ha impresionado la figura de Julio Medem. Había visto algún título suyo pero no tenía conocimiento de que fuera un autor tan renombrado. Completaré su filmografía. Felicitaciones por el trabajo y saludos desde Puerto Rico!

    • Iñigo

      Saludos Yunque. Es un director importante en el cine español reciente, con sus más y sus menos, pero importante. Si tienes curiosidad por el cine español, tengo en esta página otro artículo sobre Luis García Berlanga si quieres echarle un vistazo. Un saludo y espero que te sirva de algo mi artículo.

  3. elena

    Me ha encantado tu análisis, lo comparto, es un autor curioso e interesante aunque es cierto que tanto simbolismo a veces te hace perder el hilo, a mi me gusta, suele llegarme … Un slaudo,

    • Iñigo

      Muchas gracias por leer y comentar, Elena. Un saludo igualmente.

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