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Ex aequo: Una rareza a convertir en costumbre

Por Íñigo Bolao

Ex aequo (pronunciado “exéquo”) es una locución latina que significa “por igual” y que, en cualquier certamen o entrega de premios, se concede a dos participantes por haber realizado ambos un logro significativo que ha impresionado a los miembros de un jurado. De la expresión arriba mencionada se emplea también en el Derecho otra locución, ex aequo et bono, es decir, “de acuerdo con lo correcto y lo bueno” para resolver cualquier pleito o discusión de manera equitativa.

En ocasiones se ha visto en muchas galas de premios de cine, ya sean los Óscar o los Goya, en Cannes o en Berlín, en San Sebastián o en Toronto, que muchos premios han sido concedidos ex aequo a dos películas, o a dos directores; también a más de un técnico (montador, director de fotografía…) e incluso a actores y a actrices por igual.

Por poner un ejemplo, en la edición de 1979 del Festival de Cannes hubo dos películas que ganaron ex aequo la Palma de Oro: la mítica Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola (1939), y la película considerada como el punto culminante del Nuevo Cine Alemán, El tambor de hojalata, la adaptación de la célebre novela de Günter Grass (1927) llevada al cine por Volker Schlöndorff (1939). En fin, dos películas magníficas recibieron el mismo premio por igual.

Incluso ha habido rarezas bastante curiosas en relación con la concesión de premios cinematográficos por este sistema. Volviendo a Cannes (que es donde más ejemplos hay), en la edición de 1984 Alfredo Landa y Paco Rabal recibieron el premio al Mejor Actor por sus respectivos papeles de Paco el Bajo y Azarías en Los santos inocentes, de Mario Camus (1935); y en la edición de 2006, todo el elenco femenino protagonista de la película Volver de Pedro Almodóvar (1951) recibió el Premio a la Mejor Actriz.

Visto así es fácil pensar lo raro que resulta conceder el mismo premio a dos personas o a dos películas. Raro por la sencilla razón de que más de uno se siente satisfecho de que su película favorita, o su actor, actriz y/o director preferidos han compartido el premio con otros. Si nos ponemos en la piel de quien haya pasado por la situación de haber recibido un premio junto a otro compañero de profesión nos viene a la mente el siguiente pensamiento: “Vaya, mi esfuerzo es tan válido como el de mi colega; juntos hemos hecho con nuestros respectivos trabajos de hacer reír, llorar y reflexionar a nuestro público. Qué maravilla…”.

Y, sin embargo, si pensamos en lo que pensaría un único ganador al recibir un premio, probablemente lo que se piensa en el fondo es algo parecido a esto: “Sí, soy el mejor con mi trabajo y, de momento, nadie podrá igualarme. Ha sido un honor el haber compartido estos nervios con los demás nominados y ha sido un gran orgullo recibir este reconocimiento”. Pero lo que piensa el espectador es: “¿Cómo le han podido dar el premio a él/ella? Bah, que les den por saco, esta gala es un timo…”.

Muchas cosas cambian constantemente en el mundo del cine, y una de las que debería producirse, ya que los espectadores y cinéfilos se están dando cuenta de ello, es la de que se produzca el paso de conceder solo premios a únicos ganadores a más de un nominado. Esto está relacionado con un tema sobre el que se ha discutido hace poco en la prensa y en las redes sociales: la victoria, en la última gala de los Óscar, de Matthew McConaughey por su papel protagonista en la película Dallas Buyers Club, frente a Leonardo DiCaprio por su brutal interpretación en la última película de Martin Scorsese (1942) El lobo de Wall Street (2013).

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Dejando aparte las razones que provocan que un solo ganador reciba un premio, como el conjunto de enemistades y de rencillas que suele haber en lugares como Hollywood, o incluso en cualquier academia cinematográfica del mundo; y evitando también la famosa afirmación, entre cierta y falsa, de Luis Buñuel (1900-1983) de que su película El discreto encanto de la burguesía (1972) recibió el Óscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa porque el aragonés pagó 25.000 dólares para recibirlo –de ahí diría que los norteamericanos tienen sus defectos, pero siempre cumplen sus promesas-, lo cierto es que se deberían conceder más premios ex aequo.

Pero, ¿por qué debería hacerse? La respuesta es muy sencilla. El arte cinematográfico es el arte del trabajo colectivo, en el que todas las personas que trabajan en una película colaboran para llevar adelante un proyecto con mayor o menor fortuna. Habrá quien destaque más o menos, o algún elemento sea el primordial –a veces el guión, otras veces los efectos especiales, o la mirada del actor o de la actriz protagonista-, pero una película es el resultado de meses de trabajo en grupo, y si tiene buena acogida o causa sensación (dando igual que sea comercial o de autor) todos los que participaron en más de una película nominada –y no solo de una- merecen un reconocimiento, porque nos han impresionado con sus trabajos y, como espectadores, les estamos muy agradecidos por ello.

Por lo tanto, se debe reconocer, y premiar, en las mismas categorías, a más de un profesional del cine. Desde el humilde guionista que crea historias de la nada (sobre los guionistas y la verdadera autoría de las películas se hará un artículo aparte), hasta el gran productor con visión de mercado y de entretenimiento capaz de levantar proyectos contra viento y marea, en distintas películas, todos deberían recibir premios ex aequo.

Es por ello que la cultura del único ganador, tan arraigada en nuestro arrogante mundo occidental, y especialmente en Estados Unidos, debería ir siendo reemplazada por la de los múltiples ganadores poco a poco. Un solo ganador, o una sola película ganadora, sería en ese caso la rareza, porque el trabajo del hombre o de la mujer, o el impacto de la película en sí, es tan excepcional que ha dejado boquiabierto al público de todo el mundo.

En fin, ex aequo et bono, “de acuerdo con lo correcto y lo bueno”, que la rareza de conceder premios ex aequo se convierta algún día en costumbre y todos estemos un poco más contentos en este mundo de locos en el que necesitamos el entretenimiento como una droga inofensiva y podamos dar las gracias a quienes han trabajado en las películas por habernos proporcionado ese bien tan necesario. Y porque haya un poquito menos de ego en el mundillo del cine, que falta hace.

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Comentarios

  1. Enrique Fdez. Lópiz

    Felicitaciones, me ha gustado por cierto eso de que en el cine el trabajo es colectivo, y lo bien que estaría esode compartir los premios; me ha gustado tu artículo “Ex aequo: Una rareza a convertir en costumbre” mucho. Felicitaciones

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