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En Hollywood no hay crisis

Por Javier Fernández López

¿Crisis de ideas? Puede que sí. ¿Crisis de talentos? Tal vez sí, tal vez no. ¿Crisis económica? Ni por asomo. Suelo ir al cine una vez por semana, normalmente los miércoles, los días que las entradas cuestan menos de lo habitual, siempre con la memoria puesta en aquellos días lejanos en los que uno iba con mil pesetas al cine y no sólo comprabas felizmente tu entrada, también las palomitas y tu refresco, sobrando por arte de magia algo de dinero. Y no existía eso del día del espectador ni las ofertas, nada de nada. ¿Por qué? Porque no era necesario, porque el espectador no sentía un punzón en su corazón al soltar el dinero para ir al cine.

De pronto, en este camino de la vida, a uno le contaron aquel relato de que el cine estaba en crisis, que con la llegada de Internet y el mercado de DVD’s vírgenes la piratería había aumentado exponencialmente, tanto que empezaban a cerrar salas de cine. Se da la casualidad de que el auge de la piratería en Internet llega unido a la aparición del euro en España allá por el 1 de enero del año 2002.  Recuerdo que las primeras semanas de la nueva moneda todo parecía muy guay. En mi casa, acostumbrado a recibir una moneda de cien pesetas, pasaron a darme una moneda de un euro, cuyo valor era de 166 pesetas. ¡Guau, qué maravilla! Cuando iba a la tienda a comprar chucherías, podía comprar muchas más chucherías, pero inocente de mí la alegría duró poco. A las pocas semanas, comenzó aquello que muchos denominaron como “redondeo”. ¿En que se basaba? En que llegaba la madrina mágica agitando su varita para que ahora, con una moneda de un euro, comprases lo mismo que con una moneda de cien pesetas. Cambiaron los precios de la noche a la mañana, pero aún hoy en España seguimos pensando en pesetas a la hora de comprar. Por eso ir al cine nos sigue doliendo pese a la continua subida de precios en las taquillas.

En el cine que tengo más cercano, podía darme cuenta de este fenómeno. Se pasó de un precio base de 5’50 euros a 6’50, y más tarde a 7’50 euros. En algunos cines el precio de una entrada, sin promociones de ningún tipo, cuesta más de 8 euros. Y sin mencionar los suplementos si la película es en formato IMAX, UltraHD o 3D, que encarece aún más el precio de la entrada de cine. Muchos dicen que es por la piratería, que en España se piratea mucho, y es cierto, pero también somos un país que deja grandes registros en las recaudaciones cuando la ocasión lo merece, tanto aquí como en el resto del mundo. Se puso como excusa que debido a la piratería la gente iba menos al cine y, por ende, lo más lógico es que paguen justos por pecadores, que los que van al cine vean cómo sangran sus carteras.

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Y el problema no es sólo el precio de la entrada. Imaginemos que hemos ido a ver una película el día de su estreno, por ejemplo Ted 2, y queremos además un refresco y unas palomitas. Sin darnos cuenta te puede haber costado la broma cerca de 20 euros, por no hablar de la típica familia que va con sus hijos al cine, quienes se dejan algo más que la piel ese día como si ir al cine fuese un evento especial, cuando debería ser un producto cultural de fácil acceso a todo el mundo. Y cuando digo “fácil acceso”, no me refiero a que sea gratis. No, aquí no se habla de ideas utópicas. Se trata, simple y llanamente, de ir al cine sin estar pensando en si tendré dinero suficiente para poder volver a mi casa en autobús.

Ahora ponen en España la Fiesta del cine como si fuese una fecha reivindicativa, cuando no es más que otro movimiento económico y estratégico más para que se haga una buena recaudación en una semana donde la cartelera no tiene ni siquiera una novedad meramente interesante.

Pero todavía me podrían decir algunos aquello de “sí, claro que hay crisis, la gente no va tanto al cine como antes”. Los datos por delante:

  • Jurassic World: 1,559.5 millones de dólares (Universal)
  • A todo gas 7: 1,511.7 millones de dólares (Universal)
  • Los Vengadores 2: La Era de Ultrón: 1,398 millones de dólares (Disney)
  • Los Minions: 854.7 millones de dólares (Universal)
  • Inside Out: 602.7 millones de dólares (Disney)
  • 50 sombras de Grey: 569.7 millones de dólares (Universal)
  • Cenicienta: 539.6 millones de dólares (Disney)
  • San Andrés: 461.1 millones de dólares (Warner Bros)
  • Mad Max: Furia en la carretera: 367.9 millones de dólares (Warner Bros)

Todas estas películas han sido estrenadas este año 2015, por lo que de una cosa podemos estar seguros: en Disney y en Universal Pictures no se pasa mucha hambre. Pero lo más destacado de esa lista es que tres películas han sobrepasado la barrera de los mil millones de dólares, pero más asusta el hecho de que aún faltan por estrenarse otras películas de gran repercusión mediática como Los Juegos del Hambre: Sinsajo Parte 2 o Star Wars VII: El Despertar de la Fuerza. Por lo tanto, yo me pregunto: ¿De qué crisis están hablando?

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No pueden ser tan ignorantes las personas detrás de la distribución de las películas en los cines cuando ven que los días que más gente va al cine son los miércoles, cuando las entradas cuestan menos de 4 o 5 euros, y aún así sigue siendo bastante caro. El precio de las entradas de cine en eventos como la Fiesta del cine (2’90 euros) no debería ser algo ocasional, debería ser el precio habitual, siendo el fin de semana de estreno de una película el único momento en el que se podría elevar el precio, algo comprensible, más aún si se trata de una superproducción.

Todo esto lo dice alguien que compra películas (sí, para la mente que todavía cree que eso del mercado doméstico desapareció, sí, aún sigue existiendo), que va habitualmente al cine y que incluso repite para ir a ver una película varias veces. Pero no es justo que el espectador, que lo que debería sentir al pisar la moqueta roja es entusiasmo y nervios porque va a haber una película que esperaba con ilusión, que siente la magia de ver cómo se apagan las luces mientras ve los avances de los próximos estrenos, que siente el olor a palomitas y se olvida por unos momentos de todo lo que hay fuera, tenga sentirse a veces incluso mal por haber pagado por una entrada de cine, porque lo veo como una actividad lujosa, algo que a su vez fomenta precisamente la piratería y las descargas ilegales.

Esto lo escribo al ver que la última película de Misión Imposible también está siendo un éxito de recaudación. ¿Crisis? ¿Dónde? La relación entre el artista y el público pasa por no fastidiar al público antes de visionar la obra, evitando así que se rompa la magia de la contemplación. Quizá así iría al cine con algo de riesgo, a ver algo que normalmente no vería. ¿Qué opinan ustedes?

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