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El imperio de los sueños (Parte I)

Por Borja Álvarez “Jita”

Star Wars es probablemente la saga más innovadora en la historia de Hollywood. Enamoró inmediatamente al público y catapultó al estrellato a sus tres protagonistas.

La saga supuso un giro en la manera de ver las películas, pero sobre todo en la manera de hacerlas. Hay muchos logros conseguidos por George que han cambiado el negocio comentó Spielberg.

Hay que situarse en los años setenta, cuando no existían los móviles, los ordenadores y por supuesto internet estaba aún a años luz. Ya existía el video pero ni siquiera estaba de moda. En términos históricos era una época en la que la carrera espacial ya había terminado y los americanos vivían una época de inflación por el aumento del precio del petróleo. Era una nación ausente de líderes y con hambre de héroes. En Hollywood ocurría lo mismo. Las películas eran deprimentes, como reflejo de la sociedad y la política del país. Los grandes estudios atravesaban por una gran crisis y los grandes ejecutivos no sabían qué hacer para conectar con el público más joven.

Para ello buscaron en las escuelas de cine una nueva generación de cineastas (lo que después se acuñó como El nuevo Hollywood), entre los que destacaron nombres como Francis Ford Coppola, Steven Spielberg, Martin Scorsese o Brian de Palma.

George Lucas era por entonces un cineasta independiente, un joven que presumía de no estar atado a Hollywood. Su sueño de hacer películas no afloró hasta su llegada a la universidad, dónde todos los profesores se dieron cuenta de que tenía una visión única. Cuando se graduó, se unió a Coppola (quien tenía una productora independiente) para dirigir su primera película, THX-1138. Cuando los directivos de la Warner Bros vieron la película exigieron a Coppola que devolviera los 300.000$ que le habían adelantado. De ese fracaso nacería su productora Lucasfilm y su primer proyecto, American Graffiti.

Universal se entrometió en el proyecto y eliminó cinco minutos del montaje, “una chapuza” en palabras del propio Lucas. Ya por entonces tenía en la cabeza una historia espacial de los años 30 al estilo Flash Gordon. Empezó a trabajar duro en el proyecto, un proyecto en el que creía y que le gustaba. Era divertido. Quería hacer películas para la gente joven. Me da la oportunidad de impresionarles”.

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Entre sus influencias estaban las obras del académico Joseph Campbell. Obras que hablaban sobre la mitología y lo que se denomina como El viaje del héroe. Lucas llevó el proyecto a Universal Y United Artists pero ninguna se interesó por él, lo que en cierto modo alivió al director ya que quería que estuviese en las manos adecuadas. Fue entonces cuando habló con Alan Ladd Jr., el nuevo jefe creativo de la 20th Century Fox. Alan confesó que la parte tecnológica se escapaba de su imaginación pero que tenía total confianza en George. Había visto American Graffiti y estaba convencido de que era un genio.

Lucas comenzó a escribir en 1974 el guión. La historia resultó ser mucho más ambiciosa de lo que pensaba. El guión tenía unas 200 páginas, había tardado un año en escribirlo y no quería desperdiciar el tiempo empleado. Por lo que la única forma de encarar el proyecto era hacer una película del primer tercio.

¿Cómo conseguir el dinero?

Pues impresionando a los directivos del estudio. Para ello Lucas necesitaba algo realmente espectacular y decidió contratar a Ralph McQuarrie, quien había trabajado como diseñador para Boeing. Ralph, a partir de los dibujos de Lucas, hizo unos dibujos en escala, dónde aparecían figuras diminutas en un grandes entornos. Lucas mostró los dibujos a los directivos y les dijo “No se preocupen sobre como lo haremos. Esa es la idea de cómo serán las escenas en pantalla”.

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Los dibujos conquistaron a los directivos de la FOX y decidieron conceder 8.000.000$ para la película. Fue el momento en el que Lucas pensó en el futuro de la saga y dejó claro que no quería más dinero ni un porcentaje de las ganancias, lo que quería era conservar los derechos para poder hacer las continuaciones. También quería una parte del merchandising, un concepto por entonces muy poco conocido. Con el contrato firmado se centró en conseguir el reparto.

En aquellos momentos su amigo, Brian de Palma estaba haciendo el casting de Carrie, por lo que habló con él y unieron esfuerzos para hacerlo. Lucas tenía claro el perfil de los personajes y de los actores, pero tardó 7 meses en conseguir los actores que quería.

La pulcritud del rostro de Mark Hamill le conquistó ya que Lucas buscaba un personaje con integridad. El director no quería a Harrison Ford para el papel de Han solo porque ya había trabajado con él en American Graffiti. Lucas sólo quería caras nuevas. Sin embargo, utilizó al actor en el casting para leer frases a otros actores y ayudarles. En aquellas pruebas el actor le fue dando al personaje un aire cínico y mercenario, lo que hizo a Lucas cambiar de opinión y acabó contratándole. A Carrie Fisher la contrataron con la condición de que adelgazara 5 kilos.

Para Darth Vader buscaba una actor de gran estatura, por lo que eligió a David Prowse, quien ya había hecho papeles como el de Frankenstein y que además era campeón de culturismo. En el caso de Obi-Wan Kenobi sí tenía claro que debía usar un actor conocido para darle al personaje mucha personalidad. El fichaje de Alec Guinness fue todo un golpe maestro.

Para el personaje de Chewbacca buscaban alguien de mucha envergadura. No buscaron actores en los círculos comunes y un día en una entrevista vieron a Peter Mayhew. Sus 2.20 metros de altura le convencieron definitivamente. Lo mismo pasó con R2D2. Lucas buscaba un personaje divertido e imaginativo y que pudiera caber en la estructura. Para ello contrató a Kenny Baker, un cómico teatral de 1 metro de altura. Para C3PO buscaba un actor con una constitución delgada. Contrató al actor de mimo Anthony Daniels, una estupenda idea teniendo en cuenta cómo se iba a mover el personaje.

En 1975 Lucas fundó la empresa ILM para los efectos especiales, una maniobra extraña ya que la industria había apostado por entornos muy realistas en sus películas. Contrataron a profesionales ajenos al mundo del cine, eran expertos que trabajaban en maquetas y en anuncios. John Dykstra iba s ser el supervisor de los efectos especiales y apostó por el viejo concepto de control de movimiento para duplicar movimientos de cámara. Posteriormente los trasladaron a un microprocesador personalizado (no existían los PC).

Leer Parte II

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