Image Image Image Image Image Image Image Image Image

El hilo de Ulises

Por Marcos Cañas Pelayo

Hay hilos de la vida que son más resistentes que otros. De hecho, su contacto con el resto provoca un desgaste en sus compañeros, como si su energía fuera absorbiendo todo a su alrededor. Así describió Homero y la tradición griega la fuerza vital del Ulises, el fecundo en ardides y engaños, eterno viajero y superviviente de naufragios. Poco le hubiera costado al monarca de Ítaca ver paralelismos entre sí mismo y el Barrabás de la novela de Par Lagerkvist.

Sus páginas, una ficción relativa al reo que, según el Nuevo Testamento, salió absuelto en perjuicio de Jesús de Nazaret. Ladrón, asaltante y con contacto con el grupo de los zelotas, el golpe de fortuna que le salva de la cruz no hace replantearse al protagonista su vida, aunque el recuerdo del hombre que murió en su lugar empieza a rodear a buena parte de su círculo.

barrabas2

El prestigioso Dino de Laurentis puso todos sus recursos para adaptar esta película bíblica atípica a la gran pantalla, contando con una estrella de la talla del camaleónico Anthony Quinn, un intérprete que puede resultar verosímil como el prófugo Barrabás, un aventurero griego o Papa de Roma. La carismática presencia de este actor permite tolerar a un personaje tan desagradable como comienza siendo el indultado, hasta el punto de generar una incómoda empatía en el espectador.

Y es que, dejando sentimientos religiosos (o la ausencia de los mismos) de cada cual aparte, la carga que empieza a pesar sobre los hombros del antihéroe no dejar de ser la misma que la que soportaba el bueno de Matt Damon en Salvar al soldado Ryan. Un sacrificio ajeno del que es imposible ser digno. La cuestión empeora cuando se le revela que su prostituta preferida, Raquel (nada menos que Silvana Mangano), ha caído en la red de discípulos del ejecutado Nazareno, lo cual provoca que medie un abismo entre los dos. Para los seguidores del burlescamente llamado rey de Jerusalén, Barrabás se torna en un nombre maldito, reflejo de la injusticia.

Los viejos hábitos nunca mueren y poco tardará el reincidente en volver a traspasar las fronteras de la ley. Sin embargo, una extraña marca de Caín parece haberse tatuado en su piel, una capacidad única para superar situaciones límite con las autoridades romanas, los temibles trabajos en las minas de sal, la esclavitud e, incluso, los combates en la arena.

La transformación de Quinn a lo largo del film es impresionante. Todo un ejercicio de adaptación al medio, a la altura de su propio personaje. Junto con la mencionada Mangano, otro de sus principales acompañantes es una estrella del celuloide transalpino, nada menos que Vittorio Gassman, quien servirá de contrapunto al descreído y cínico protagonista, siendo Sahak, compañero de fatigas, aunque con una personalidad muy divergente a su acompañante.

barrabas3

Sin duda, estamos ante un péplum atípico, con un personaje con muchas sombras que permite diálogos que sobrepasan con mucho los parámetros normales donde debería moverse el género. Viene a la mente el monólogo del antiguo reo ante Poncio Pilatos (Arthur Kennedy), en el cual argumenta que, si bien él ha cortado unos cuantos gaznates, ¿cuánto de esos crímenes no habrán cometido los legionarios de ese gobernador?

Buena parte del mérito hay que dárselo a un director a revindicar, Richard Fleischer, quien genera una atmósfera extraña y que hace este metraje un tesoro a desenterrar.

Apenas unos años después de esta cinta de sandalias arena, este autor marcaría uno de los hitos de la ciencia ficción en la década de los 60, Un viaje alucinante. Menos revindicada, Barrabás merece algo más que una mención en notas a pie de página en las enciclopedias, ya que el cineasta encargado de hacer esta co-producción italo-americana dejó su particular sello y estilo.

Pocas catalogaciones han sido más atinadas para este experimento que la otorgada por uno de los usuarios de la página Filmaffinity, Taylor, quien hablaba de “El oscuro reverso de la épica bíblica” para más de dos horas de una montaña rusa de remordimientos, instinto de supervivencia y búsqueda desesperada. El otro lado de la moneda, el que podía presentar el Judas Iscariote de Harvey Keitel en La última tentación de Cristo.

Mario Nascimbene juega con maestría con una banda sonora inquietante y que acompaña las tribulaciones del personaje, sobre el que se va cerrando un círculo de acontecimientos inesperados. Pese a ello, la capacidad de Quinn para transmitir en ansía de seguir adelante de Barrabás, quien, a fin de cuentas, como reclama borracho en las calles de Jerusalén (más que decentemente recreada, así como las agobiantes escenas en las minas cubiertas de azufre), no es el culpable de haber salido liberado; o, cuanto menos, no es más responsable que el resto.

Laurentiis y su productora pusieron mucho más de lo que cabía esperar, generando un producto cuya manufactura es difícilmente superable dentro de los medios de los que se disponía en la época. No en vano, el oponente que encontrará un veterano Barrabás en la arena de gladiadores no es otro que Jack Palance, impecable para este papel de antagonista. Los malvados suelen ser uno de los medidores de la calidad de un péplum, en este caso, muy pocos intérpretes pueden transmitir el gusto por la crueldad y la habilidad mortífera con la que su gladiador se mueve por el Coliseo. Su pique con Quinn es uno de los momentos más memorables de la cinta.

barrabas4

Un carácter épico que no exime a muchas secuencias de un realismo que acerca a la verdadera esencia de la época. Así ocurre con momentos tan tenebrosos como las lapidaciones reservadas a mujeres públicas y personas blasfemas. Fleischer mueve su cámara con inteligencia para mostrar el horror, sin edulcorar nada, pero sin llegar a ser gratuitamente explícito.

El equipo italiano de aquellos días estaba a la altura de los mejores estudios. Una huella que podemos rastrear en la cuidada fotografía de Aldo Tonti, entre otros, reflejo de una técnica que en nada desmerece a filmes coetáneos de la época. No en vano, el material con el que trabajaban era fruto de un autor ganador del premio Nobel de literatura. Si bien Lagerkvist da al sentimiento religioso un peso fundamental en su obra, la cantidad de mensajes que esconde su versión fílmica puede resultar atractiva al creyente, a la persona que profesora otra religión y quien no alberga ninguno de esos sentimientos, pero gusta de una buena trama de personajes atormentados.

Tal vez, uno de los secretos de esa fascinación sea que, desde el principio, el Barrabás de la ficción es mucho más terrenal que otras figuras heroicas de filmes bíblicos, de romanos y mitológicos. Su moverse entre dos aguas y su forma de ver, entre fascinado y aterrado, el surgimiento de una nueva fe, lo hacen mucho más de carne y hueso de lo que se puede esperar en el celuloide.

Al más puro estilo de George R. Martin, desfilan personalidades fascinantes y que uno cree acompañarán a Quinn en todo el viaje… justo para desaparecer de un plumazo. Una meritoria capacidad para mostrar la brutal lucha del día a día en la Antigüedad, alcanzado un fuerte tono oscuro en los momentos que acontecen en el trabajo de subsuelo y las catacumbas. Fleischer y el equipo artístico logran desorientar a los ojos de Barrabás y a quienes siguen su recorrido.

Un viaje que los espectadores podemos compartir desde muy diferentes ópticas y que refleja características únicas y atípicas. Un film que es ya un clásico de las programaciones televisivas en vacaciones de Semana Santa.

It's only fair to share...Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on LinkedIn0Email this to someone

Escribe un comentario