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El guateque VS. La cena de los idiotas

Por Íñigo Bolao

En el nuevo artículo sobre comparaciones de películas para decidir cuál de las dos es la mejor por los colaboradores y lectores de OjoCrítico.com nos encontramos ante dos comedias ambientadas en dos cenas muy diferentes: una en la que nos encontramos ante la jet-set de Hollywood, y otra en París… Las dos acabarán desternillantemente mal porque en ambas participan dos metepatas a los que cogemos mucho cariño. Se trata de El guateque (1968) y La cena de los idiotas (1998).

Antes que nada hablemos un poco de ambas películas. La primera, dirigida por el director de comedia y célebre por su película Desayuno con diamantes (1961), Blake Edwards (1922-2010), tiene como protagonista a un patoso pero encantador y educado actor extra de origen indio llamado Hrundi V. Bakshi (Peter Sellers). Tras haber destruido por accidente un fuerte durante el rodaje de una película épica parecida a alguna de David Lean (1908-1991), un productor escribe su nombre sobre una hoja que cree ser una lista negra con nombres de otros trabajadores del cine que no volverán a trabajar en ninguna otra película; pero lo que no sabe es que se ha equivocado, y que el nombre de Bakshi figura en realidad en la lista de invitados de una cena en la que estará la créme de la créme del sector.

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Desde que nuestro patoso pero carismático protagonista entra en casa, cada situación cómica se sucede durante la cena: tan pronto el extra pierde su zapato en las interminables fuentes de la casa, después se rasga el vestido por accidente. También se encuentra con camareros que se emborrachan, pulsa botones que hacen desplazar partes de la casa o hacer que un manneken pis lance su chorro de agua un poco más arriba para mojar a cualquier invitado. Si a ello le añadimos músicos rusos que saltan y bailan y jóvenes adolescentes hippies, y concienciados, que cuelan una cría de elefante pintado por todas partes en la casa, la risa está asegurada.

Aunque hoy día puede no resultar tan espectacular, El guateque recoge muchos elementos de las películas cómicas que la precedieron, incluyendo las de humor slapstick de la época muda. Peter Sellers (1925-1980), el actor fetiche de Edwards, y conocido por haber interpretado al Inspector Clouseau en la saga de La pantera rosa, creó su personaje recogiendo técnicas y formas de hacer gracia empleadas por Chaplin, Buster Keaton o del personaje creado por el director francés Jacques Tati (1907-1982), Monsieur Hulot.

Además, el director se sirvió del film para mostrar el tipo de personajes tópicos existentes en el Hollywood de los sesenta: el productor que piensa sólo en sus propiedades («Salva los cuadros», es lo único que dice cuando pasa algo), el cazatalentos arisco, la joven estrella francesa salida de la Nouvelle Vague, la exuberante actriz italiana que pudo haber trabajado con Visconti, Fellini o De Sica, o el fortachón cowboy de los western de serie B, entre otros. Es, en fin, una caricatura del conjunto de personajillos que se movían en aquellos lares.

Treinta años después, otro cineasta destacado en la dirección de películas cómicas, el francés Francis Veber (1937), estrenó otra cinta ambientada en una cena… de idiotas. La cena de los idiotas, basada en la obra de teatro homónima del mismo Veber, trata sobre un hombre de mediana edad llamado Pierre Brochant (Thierry Lhermitte) que, junto con sus compañeros de trabajo, se dedican cada semana a un macabro juego: invitar a un hombre idiota que cualquiera de ellos conozca a cenas durante las cuales aprovechan para reírse de él y de sus singulares aficiones (como tirar bumeranes durante el tiempo libre u otras).

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Un día, un compañero le cuenta a Brochant que ha encontrado al que probablemente sea el idiota perfecto: un chupatintas del Ministerio de Finanzas llamado François Pignon (Jacques Villeret), un hombre impulsivo pero simpático cuya mujer se ha separado de él y que se dedica a hacer maquetas de grandes monumentos arquitectónicos con cerillas. Brochant invita a Pignon, pero desde ese momento todo esta gafado, y de una situación mala pero cómica se pasa a otra peor y aún más desternillante. De ahí que nos quedemos con la pregunta de quién es el más idiota: ¿el que lo es y es una víctima, o el que se ríe del inocente?

La cena de los idiotas se encuentra entre las mejores comedias de la historia del cine francés, y del cine europeo en general. Por su historia y sus diálogos ingeniosos, corrió de boca en boca entre miles de personas y llegó a estar en cartelera durante más de un año. Llegó a recibir tres premios César (Mejor Actor para Villeret en el papel de François Pignon –muy merecido-, al Mejor Guión y al Mejor Actor Secundario). Además, de ella se hizo un remake en Estados Unidos en el año 2010, y la obra de Veber se ha representado en el teatro en muchos países, recientemente en el nuestro, y puede verse actualmente en el Teatro Rialto de la Gran Vía de Madrid (¡daos prisa, porque se representan las últimas funciones!).

Pero en fin, ahora os toca decidir a vosotros -lectores constantes que “videan” películas como locos en el cine o en la tele, en Youtube o en cualquier otra página de internet- cuál de estas dos comedias es la mejor según vuestras valoraciones: si la historia de un metepatas que pone patas arriba un guateque típicamente sesentero o la de dos hombres de quienes intentamos averiguar quién es el más idiota. Una vez más, el debate está abierto.

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